100 años de la Revolución Rusa 1917 — 2017

Centenario de la Revolución Bolchevique

La revolución, patrimonio de la humanidad

“El ciclo inaugurado con el asalto al Palacio de Invierno sigue siendo la seña de identidad de nuestro tiempo”, exclamaron los organizadores del acto celebrado ayer en el IFT en un documento profundo que partió del repasó histórico de la gesta proletaria hasta los desafíos del presente

A cien años de la Revolución Bolchevique, una multitud se hizo presente en el teatro IFT ubicado en el barrio porteño de Once, para celebrar la gesta soviética y reivindicar que el futuro de la humanidad será socialista o no será.

Se trató de un acto plural, amplio, en el que decenas de organizaciones políticas, culturales, sociales y sindicales se pusieron de acuerdo para recordar, en su justa medida, la obra de los trabajadores rusos que, comandados por Lenin, tomaron el cielo por asalto por primera vez en la historia y así, de esta manera, cambiar de una vez y para siempre el curso de la humanidad. El mundo dejó de ser el mismo tras la toma del Palacio de Invierno en 1917.

El documento, consensuado por la Comisión Promotora del acto, da cuenta de todas estas características pero, especialmente, emerge como un manifiesto que se planta en el presente y proyecta al futuro: en tiempos de contraofensiva neoliberal, pero también de crisis estructural y civilizatoria del capitalismo, la única salida es continuar la obra iniciada por los trabajadores rusos.

La lectura del documento, que fue seguido con atención por decenas de dirigente políticos nacionales e internacionales del campo popular, estuvo a cargo del periodista Eduardo Aliverti.

“Ocurrió hace exactamente cien años. Un día como hoy, el 7 de noviembre de 1917, en San Petersburgo, capital del imperio de los zares, una vibrante multitud de obreros, campesinos y milicianos tomaba por asalto el Palacio de Invierno” comenzó el documento impulsado, entre otros, por el Partido Comunista y la Federación Juvenil Comunista. A través de los Bolcheviques, los oprimidos “escribían en la Historia de la Humanidad su capítulo más decisivo”.

En este tránsito, “a lo largo de diez días gloriosos que conmovieron al mundo, con el triunfo de la Revolución Rusa, por primera vez ese mundo fue testigo de un acontecimiento que Hegel –uno de los filósofos más leídos por Marx– habría llamado histórico- universal”.

De esta manera, la historia daba lugar a “una nueva sociedad, sin señores ni siervos; nacían un hombre y una mujer nuevos, sin opresores ni sometidas”.

Cierto es que, antes de esa heroica irrupción de los proletarios, “había historias previas: locales y regionales. Una historia europea, otra de América, una de Asia, y así sucesivamente. Pero aquel día de noviembre de 1917, la humanidad toda converge en un solo ciclo histórico: la era de las revoluciones proletarias”.

Así las cosas, “los cimientos tradicionales del viejo orden se conmueven ante el nuevo amanecer que se levanta desde el Oriente europeo, y que irradia un esplendor que ilumina a todo el planeta, irrumpiendo en medio de la guerra para proclamar la paz”.

La novedad de la Revolución Bolchevique era que “desde Espartaco hasta la Comuna de París, todos los intentos para que los explotados y oprimidos se convirtieran en clase dominante y tomaran en sus manos su destino habían sido derrotados, ahogados en sangre. El mundo tenía sus amos y sus esclavos, y esa asimetría había sido exaltada a lo largo de los siglos como el orden natural del universo, tan inalterable como los cíclicos movimientos de los planetas”.

Por ello, no es exagerado afirmar que “la Revolución Rusa hace saltar por el aire, destruyéndolas, todas esas viejas patrañas con la que los poderosos habían justificado su dominio”. Esta característica es la que permitió a los organizadores del acto calificar a la gesta proletaria de los soviets como una revolución copernicana: “los bolcheviques representan en el terreno de la historia lo que Copérnico fue para la astronomía: cambiaron radical e irreversiblemente nuestra visión del mundo y le otorgaron a las clases populares el fuego prometeico que los convertía en hacedores de su propia historia”.

Por eso se dice que, bajo la conducción de Lenin y el Partido Bolchevique, “se abrió una nueva era”. Esta nueva etapa continuó en “China, Vietnam, con la Revolución Cubana, los procesos de descolonización en África y Asia y la proliferación de gobiernos que por doquier desafiaban el orden burgués e imperialista”.

A partir de ese instante, nadie podrá negar que “lo que antes parecía una imposibilidad fáctica se convirtió, gracias a los camaradas rusos, en realidad, haciendo que la historia abandonase para siempre su monótona sucesión de regímenes oligárquicos, coloniales, antipopulares.

Para decirlo claro: “después del triunfo de aquella formidable marejada de obreros, campesinos y milicianos, el mundo de dejó de ser lo que era. Cambió definitivamente y ya nada sería igual”.

Balance justo

“Más allá de cualquier balance sobre el curso posterior de la Revolución Rusa, es absolutamente indiscutible que, después de los eventos de Octubre de 1917, la Revolución Social dejó de ser un sueño, una irrealizable utopía, para convertirse en una alternativa concreta para todos los pueblos del mundo”, continuó el documento leído porAliverti.

Y agregó: “siglos de derrotas y de feroces escarmientos a los sujetos populares que se alzaban contra sus amos fueron súbitamente arrojados al basurero de la historia”. A un siglo de aquella hazaña consumada en el país más atrasado de Europa, “el mundo cambió radicalmente y para siempre”.

Es preciso destacar, afirmaron los firmantes, que “la universalidad de la Revolución Rusa se comprueba matemáticamente con la sola enumeración de los veintidós ejércitos europeos que se arrojaron sobre la joven república soviética con el afán de ahogarla en su cuna”. Se trataba de un hecho inédito, “nunca antes había ocurrido una cosa igual. Las clases dominantes europeas percibían que ese nuevo mundo naciente debía ser tronchado de raíz, antes que adquiriera fuerza”. Pese a ello, “no pudieron” ya que “los insurrectos representaban la punta de lanza de la historia, una vez derrotados los invasores, ya no habría marcha atrás. Décadas después, tampoco pudieron con ella los ejércitos nazifascistas”.

Sobre el rol que ocupó la mujer en todo el proceso revolucionario y luego en la Unión Soviética, la Comisión Promotora fue clara al afirmar que “entre sus logros mayores, la Revolución Bolchevique arrancó de cuajo las raíces del patriarcado y sentó las bases para la emancipación social de la mujer”. Esto es innegable, “porque las mujeres de la Unión Soviética hicieron avances colosales en la lucha por la igualdad”.

Es preciso recordar que “la Revolución acabó con las barreras que les impedían el acceso a la Universidad. Les reconocieron iguales derechos para ser cabeza de familia y recibir el mismo salario que el hombre en el mismo trabajo, aplicaron políticas sociales de protección a la maternidad, promulgaron el aborto legal, seguro y gratuito, simplificaron el divorcio y ya no hubo hijos ilegítimos. Todos los hijos serían legítimos a partir de entonces”.

También en el plano cultural e ideológico la revolución dio cuenta de todo el potencial de la clase trabajadora: “con la Revolución de 1917 el arte, las ciencias y la educación vivieron un desarrollo jamás visto en la trayectoria de la humanidad. En este sentido, la exaltación de las clases oprimidas que deciden romper sus cadenas fue el estandarte que las vanguardias bolcheviques levantaron con determinación y una creatividad que marcó un Segundo Renacimiento”.

La importancia de todo esto radica en que “la cultura es la arena donde se dirimen las grandes disputas ideológicas en los momentos más críticos de la historia”. Eso significó “la posibilidad inédita de integrar la cultura con la transformación social en curso, y puso fin a su uso como mercancía para consumo exclusivo de una élite, para que el pueblo gozara de sus obras y, sobre todo, para que él mismo participara de su goce y creación”.

El porvenir

“Los avatares de la historia hicieron que, al cabo de poco más de setenta años, la Revolución Rusa se desplomase en medio de la apatía generalizada de la población”, recordaron, con sinceridad, los organizadores.

Ello se debió a que la Revolución “había perdido su rumbo”, lo que “la hizo naufragar”. Sin embargo, “la historia no tiene fin y, más allá de sus yerros, sus aciertos han dejado una huella indeleble, al abrir la era de las revoluciones proletarias” y añadieron que “tampoco hay que olvidar que hablamos de una gran nación que no sólo desarrolló una revolución épica, y la defendió contra viento y marea, sino que también venció a las huestes nazis al costo del sacrificio de millones de hijos e hijas de su valeroso pueblo, con lo que pudo salvar a la humanidad de esa lacra”.

Eso no fue todo, ya que además “con su política pacifista y de respeto a la autodeterminación de los pueblos, pudo contener los impulsos guerreristas del bloque imperial”.

Este legado, que es patrimonio de toda la humanidad explotada, es la que permite afirmar que “podrán tardar más o menos en materializarse, según los países y las circunstancias de la época, pero el ciclo inaugurado con el asalto al Palacio de Invierno sigue siendo la seña de identidad de nuestro tiempo”.

En la actualidad, “asistimos a una andanada reaccionaria en la economía, la política y la cultura”. Precisamente por eso, “es más necesario que nunca revitalizar, junto con nuestra energía revolucionaria, la unidad en la acción con los sectores populares, y también el trabajo intelectual para alimentar la crítica y la transformación social contra el capitalismo, el imperialismo, el colonialismo, el patriarcado, y también contra el racismo y la discriminación”.

Para esa faena, será fundamental “recuperar la actualidad del pensamiento crítico en Marx, para animar al despliegue crítico de la realidad y lo que se dice sobre la realidad”. Pero algo queda en claro, y es que “el capitalismo, que presumía de eternidad, sabe que tiene sus días contados, aunque todavía le queden décadas de vida”. Como lo recordaba Engels, “la burguesía sabe que su sepulturero ya está tocando a su puerta y que brega por el inexorable desenlace del proceso histórico”.

Este inexorable final “se lo debemos a las y los camaradas rusos que enseñaron el camino y demostraron en la práctica que era posible tomar el cielo por asalto”.

Por eso, “al cumplirse cien años de esa heroica gesta debemos gritar con todas nuestras fuerzas: ¡Gloria eterna a los revolucionarios rusos, a los bolcheviques y a su conductor, Vladimir IllichUlianov, Lenin!”.

Acto en el IFT8.11.2017

El PC celebró la revolución

Una multitud desbordó los dos niveles del teatro en el que el PC, junto a la Comisión Promotora, celebró la gesta bolchevique a 100 años de la revolución que cambió el mundo. Activa presencia de la Fede, el MTL y la Conat

Una multitud colmó el teatro IFT del barrio porteño de Once para celebrar el primer centenario de la Revolución Rusa, la gesta obrera que fundó el primer Estado socialista de la historia y que cambio, de una vez y para siempre, el curso de la historia.

El acto fue una nueva oportunidad para que los comunistas, junto al campo popular, exijan libertad a Milagro Sala y juicio y castigo por Santiago Maldonado.

Como no podía ser de otra manera, una centena de banderas rojas tiño con el color de la lucha y la igualdad las gradas atestadas de personas, cada una de distintas generaciones, pero identificadas con el legado de la revolución.

También se destacaron las banderas negras y rojas del MTL y la Conat, que aportaron ruido y color a la jornada. Uno de los grupos más activos del acto fue el de los jóvenes de la FJC que vitorearon a Lenin, a los héroes de la Segunda Guerra Mundial, a los científicos, intelectuales y dirigentes de un pueblo que partió desde el hambre y la miseria más cruel en la Europa de la primera a guerra a, en menos de 20 años, convertirse en una verdadera potencia científico-industrial, derrotar al nazismo y conquistar el espacio.

Una delegación del Comité Central del PCA encabezada por Mario Alderete y Jorge Alberto Kreyness se hizo presente en la celebración. Junto a ellos Juan Carlos Serra, Chapu Urreli –flamante Secretario del PC de la provincia de Buenos Aires-, Alejandro Forni, Martín Sequeira, Emilia Segotta, Ariel Elger y Víctor Hugo Gómez entre otros.

Uno de los momentos más destacados de la jornada se vivió cuando se proyectó el saludo especial enviado por el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, quien celebró la iniciativo, rescató el legado de la revolución rusa y saludo al Partido Comunista de la Argentina. También envío sus saludos desde el exterior el politólogo y luchador antiimperialista, Atilio Borón.

Entre las figuras políticas y del ámbito cultural se destacaron las presencias de Aníbal Ibarra, Eduardo Sigal, Stella Calloni, Eduardo Aliverti, Herman Schiller y Guillermo Fernández.

Además, se leyeron algunas adhesiones como las de Miriam Lewin, Pedro Waseijko, Envar el Kadri, la Asociación de Maestros y Profesores de La Rioja, el Movimiento Universitario de Izquierda, la Federación Universitaria de La Plata, la Corriente Judía Nacional y Popular, el Comité Argentino de Solidaridad con Venezuela, Forja, la Agrupación 5 de Noviembre, la Corriente Peronista Descamisados, Resumen Latinoamericano, la Corriente Nacional Martín Fierro y el Cefma.

Actividades culturales

Como no podía ser de otra manera, una de las características principales de la celebración fue la fuerte impronta cultural que tuvo, las cuales, dieron cuenta del amplio abanico de expresiones artísticas con las que los trabajadores interpelan su época. Así es como hubo espacio para la música latinoamericana con Karavana –que interpretó Manifiesto de Víctor Jara y El Necio de Silvio Rodríguez-, para el rap de lucha social con Daniel Devita –o Doble-D-, para las danzas armenias con Kaiané o el ballet ruso de Vecherinka y Nicolás Ostrovski, como así también para el tango con Guillermo Fernández.

Por su parte la Orquesta Andina del Suteba Lomas de Zamora interpretó una precisa y emocionante versión del himno nacional argentino que precedió a la proyección de un fragmento del clásico “Oktubre” de Sergei Eisenstein donde se lo pudo a ver a Lenin brindando un discurso a las masas e instando al pueblo ruso a conquistar el poder y defender la revolución. “¡Todo el poder a los Soviets!” era la consigna.

Chapu Urreli en el acto

“Una gesta maravillosa y heroica”

El secretario del PC bonaerense analizó la densidad histórica de la revolución y proyectó su fuerza de cara al futuro para enfrentar los nuevos desafíos

“Hace cien años la humanidad hizo algo maravilloso y fue tomar el cielo por asalto” exclamó ChapuUrreli, Secretario Político del Partido Comunista de la provincia de Buenos Aires, en referencia a ese acontecimiento histórico que, tal como lo definieron los organizadores de la celebración –y en referencia a Hegel- se constituyó en el primer “categórico universal” de la historia de la humanidad.

“Fue una gesta del pueblo, de obreros, campesinos y soldados que decidieron romper las ataduras que los ligaban a un modelo de exclusión, explotación, guerra y miseria” recordó y resaltó el rol y figura de Vladimir Lenin en todo el proceso de organización y consolidación de la revolución. “Lenin sin dudas fue uno de los dirigentes más notables de la historia de la humanidad, formidable, destacado intelectual y organizador sin el cual la gesto de octubre no hubiera podido consolidarse”.

Para el dirigente comunista, una de las notas destacadas de la revolución fue el surgimiento de los soviets de trabajadores, campesinos y milicianos, lo que “constituyó una verdadera novedad para la historia de las clases oprimidas”. Este factor fue, según Urreli, “el verdadero factor determinante de la victoria Bolchevique”. En ese sentido, no es casualidad que “la primera revolución socialista de la historia fuera la rusa, porque en su seno albergaba los principios del centralismo democrático, los fundamentos leninistas del partido y los principios políticos y filosóficos del marxismo ensayado por Marx y Engels”.

Sobre estos principios y características, “la revolución de octubre pudo construir un amplio camino de conquistas e innovaciones inéditas en la historia”. Una de ellas fue que “en ese país inmenso se sacó del hambre y la miseria a millones de personas e incentivo al resto de los pueblos del mundo a seguir su ejemplo”. Por ello, “no fue una azar que las principales potencias imperialistas se hayan lanzado, con todo su poderío, contra la joven república, para ahogarla antes que creciera”. Desde la perspectiva del dirigente bonaerense, esto obedeció a que “desde el primer minuto quedó en claro el significado histórico de esa revolución y la repercusión que iba a tener en todo el mundo y entre los trabajadores”.

El carácter universal de la revolución bolchevique se pudo percibir en los procesos de liberación nacional y social que se dieron en nuestro continente. “La gesta soviética tuvo un legado muy fuerte, que se hizo presente en cada uno de los procesos transformadores que protagonizaron los pueblos latinoamericanos”, evocó.

“Esa gesta tan maravillosa y heroica hoy tiene más vigencia que nunca, y mucho más en el marco de un capitalismo en crisis” exclamó el dirigente. No es para menos. Urreli detalló que “el capitalismo está llevando a la humanidad a un callejón sin salida, a una situación desesperada donde los principales fenómenos son la exclusión social, la violencia y al muerte, la desnutrición y la falta de oportunidades para el pueblo”.

Por último, el dirigente del PC recalcó que “esa gran revolución generó una incontable cantidad de hechos maravillosos que deslumbraron al mundo, todos ellos creación y obra de los trabajadores soviéticos, de los pueblos de la Urss que se cargaron al hombro la responsabilidad de construir la primera experiencia socialista de la historia”. Y culminó con claridad: “nosotros, los comunistas, reivindicamos la gesta de octubre y tomamos su legado para desde aquel proyectar el futuro de la humanidad”.

Revolución Rusa08.11.2017

Cien años que conmovieron al mundo

Desde Moscú a Vietnam y de Bolivia Cuba y Venezuela, en todo el planeta se multiplican festejos que honran a los protagonistas de las jornadas de octubre de 1917.

Con una nutrida movilización que recorrió diferentes calles de Moscú para llegar hasta la Plaza Roja, concluyó el 19 Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros dedicado al centenario de la Gran Revolución de Octubre.

En la marcha que también depositó una ofrenda floral ante la estatua que honra a Carlos Marx, estuvo el titular del PCA, Víctor Kot quien junto a otros delegados de nuestra región, se movilizó con pancartas que exigieron justicia para Santiago Maldonado y la libertad de Milagro Sala.

Como se recordará, este encuentro convocó a representantes de partidos de 103 países que se dieron cita, en San Petersburgo y Moscú donde Kot denunció la dura situación que vive Argentina como consecuencia de un gobierno “que lleva adelante una política de ajuste económico, entrega de la soberanía y represión a los sectores que se oponen a su proyecto” al que definió como “un verdadero Estado autoritario con máscara democrática”.

Asimismo, el secretario general del PCA participó en encuentros bilaterales, entre otras actividades en las que no ocultó su orgullo estar presente en la conmemoración “de la gloriosa Revolución Bolchevique” que, recordó, “marcó un hito en la lucha por la liberación de los pueblos, y que dio origen a la conformación de partidos comunistas como el nuestro que el 6 de enero celebrará sus primeros cien años que celebraremos reafirmando nuestro compromiso con el ideal revolucionario que nos legaron Marx, Engels, Lenin, el Che Guevara y Fidel Castro, entre otros”. Y, en este contexto, rindió homenaje a Patricio Echegaray.

Un fantasma por el mundo

Los pueblos de diferentes puntos del planeta se sumaron con diversas actividades a la celebración del centenario de la Revolución de Octubre. En Cuba se realizó un gran acto en el teatro Karl Marx de La Habana, donde Raúl Castro no dudó a la hora de calificar a las jornadas de 1917 como “uno de los más trascendentales del siglo 20”.

Por su parte, con una amplia programación de actividades, el Partido Comunista de Venezuela conmemoró la fecha que su titular, Oscar Figuera, señaló como uno de los principales hitos de la historia de los pueblos por su emancipación.

“La Revolución de Octubre sacudió a todo el mundo”, dijo el secretario del Partido Comunista de Vietnam, Nguyen Phu Trong, en el contexto de los actos celebrados en este país para festejar el aniversario, tras lo que reafirmó el compromiso con el combate “contra el capitalismo y el imperialismo para abrir una nueva era en la historia humana”.

Y, sin dudarlo, remarcó que “las victorias de la revolución en Vietnam se relacionan con la influencia de la Revolución bolchevique”, al tiempo que reconoció “la ayuda valiosa de los pueblos de la antigua Unión Soviética” que aportaron “a los notables logros alcanzados por Vietnam”.

Mientras que en Bolivia, el presidente Evo Morales planteó que el proceso abierto en Rusia en octubre de 1917 “es ejemplo de liberación y lucha contra las injusticias”, pero también aseveró que “la lucha y las batallas son permanentes” ya que “mientras exista el imperialismo y el capitalismo, la lucha seguirá en Bolivia, América Latina y todo el planeta”.

1917 — Octubre rojo — 201707.11.2017

Octubre y nosotros

A la hora de editorializar, en coincidencia con el centenario de la Revolución de Rusa, la Dirección de NP, elige compartir algunas reflexiones que Patricio Echegaray dejara en un artículo que hizo para el 95 aniversario de las jornadas de octubre. Así honramos a los héroes del 17 y recordamos a quien fuera nuestro secretario general.

Celebrar el aniversario de la Revolución de Octubre -una victoria ideológica, la primera y más importante experiencia socialista del siglo 20 - constituye un acto de toda justicia y un mérito político en la lucha cultural de fondo. Para los comunistas no caben la indiferencia o las dudas sobre el papel jugado por Octubre, que demostró a los pueblos que pueden hacer una revolución, tomar el poder político y dirigir el estado. Es válido entonces interrogarse acerca del significado y vigencia de la revolución rusa, en tanto nuestro Partido Comunista tiene la marca de origen en su defensa. E interrogarse sobre cómo se ha resuelto el examen crítico y autocrítico de esa experiencia.

Al derrumbarse la Unión Soviética, dando paso a un “capitalismo de corsarios”, como se dio en llamarlo, muchos se dedicaron a descalificar la idea de revolución para todos los tiempos. Recordemos a Alfonsín que pontificó: “se acabó la época de las revoluciones”, abriendo paso así a una serie de acciones ideológicas que han dañado directamente a la democracia, las libertades, la unidad y organización populares, deteriorando la idea del cambio revolucionario.

El llamado progresismo, el consenso de Washington, para justificar el fundamentalismo de mercado o neoliberalismo y otras trapisondas como la iniciativa de consenso encabezada en Buenos Aires por Chacho Álvarez o el “capitalismo serio”, reflejan bien esta realidad y llevan a la social- democracia hacia la derecha neoliberal.

La hostilidad hacia la Revolución de Octubre y el comunismo se ha ido transformando abiertamente en fuerza contrarrevolucionaria, en elemento fundamental del sistema de explotación capitalista y pilar del imperialismo. Al decir de Adolfo Sánchez Vázquez, las ideas transformadoras fueron utopías, la política un sinónimo de corrupción, la globalización fue el nuevo nombre del viejo saqueo imperialista, y la palabra fin de la historia, del trabajo, del arte, de los sueños, fue la estrella del análisis socio político.

Para los comunistas y las fuerzas de izquierda, el capital básico político-ideológico de la Revolución Rusa, que puso al mundo radicalmente en crisis, no debe alterarse en nuestro orden de prioridades. Es un punto crucial en el combate contra la ideología de la colaboración de clases, el espíritu anti unitario y el anticomunismo.

Defendimos con dignidad y honestidad intelectual ese patrimonio cuando se produjo la caída del Muro y de la Unión Soviética, cuyo fin fue una tragedia histórica. Honramos, tomando las palabras de Fidel Castro, a los 27 millones de soviéticos que murieron en la Gran Guerra Patria, que lo hicieron también por la humanidad y por el derecho a pensar y a ser socialistas, ser marxistas-leninistas, ser comunistas, y a salir de la prehistoria.

 

 

1917 – Octubre Rojo – 201707.11.2017

La eterna vigencia de la Revolución

El vicedirector de NP, Rogelio Roldán, reflexiona sobre las jornadas que alumbraron el proceso que llevó a la construcción del primer Estado Obrero, reivindica la actualidad y vigencia del poder popular, el rol de la clase obrera como centralidad del sujeto popular, pero también el del partido y el internacionalismo revolucionario.

La cantidad de publicaciones, coloquios y seminarios, no todos con intención esclarecedora, acerca del centenario de Octubre Rojo, da cuenta de su vigencia, pese a haber sido liquidado por una protoburguesía, es decir la burocracia que escaló posiciones en la Unión Soviética. La importancia de esta revolución radica no solo en que partió a la historia en un antes y un después al capital monopolista de Estado, dominante absoluto hasta ese momento. Alvencer a las catorce potencias agresoras en la guerra civil de 1918-1921, el poder soviético, junto al inicio de la construcción del socialismo, con la derrota política y militar del nazifascismo, dio una alternativa antiimperialista a los pueblos e impuso al sistema capitalista una política para tratar de contenerlo y confrontarlo por medios “pacíficos”: el llamado estado benefactor. También, basado en su potencia económica y militar y en su política exterior pacifista, de respeto a la autodeterminación de los pueblos, impuso a los estados del gran capital concentrado varias décadas sin guerras, al menos no a escala planetaria.Estos elementos demuestran no solo la importancia y originalidad de esa revolución sino y, más que nada, la vigencia de sus propuestas teóricas y políticas.

El historiador marxista inglés Eric Hobsbawm definió al siglo veinte como el “siglo corto”, que se inició con la revolución en 1917 y terminó con su colapso en 1989/90. Este análisis da muestra del contenido central de la época. Los historiadores burgueses se toman de eso para decir que los comunistas somos partidarios de la guerra porque ella sería la única forma de hacer una revolución. Nada más alejado de semejante disparate. La guerra interimperialista de 1914/18 fue la expresión más brutal del comienzo de la crisis general del capitalismo, que había ingresado en su fase imperialista. Cierto es que las agudas contradicciones de la sociedad capitalista,exacerbadas por la guerra, son un componente externo de la situación revolucionaria, pero de ningún modo su condición determinante.

Sin embargo, en los sesudos análisis realizados al respecto, poco se habla de la ideología guía y directriz de aquel “asalto al cielo” como dijeron los poetas. En opinión de quien esto escribe, no se puede analizar esta bisagra de la historia sin estudiar a fondo el papel del dirigente principal de esa revolución, de Vladimir Ilich Lenin, del leninismo. Al aserto de Hobsbawm es útil completarlo con la idea de queel siglo veinte fue el siglo de Lenin. Este, a diferencia de la mayoría de los luchadores de su tiempo, comprendió a Marx y Engels en profundidad, jamás fue dogmático, lo que le permitió visualizar de manera acabada el problema clave de la revolución: la cuestión del poder. Ligó dialécticamente esa mirada con su convicción de la actualidad de la revolución socialista, esto es el enfoque de todos y cada uno de los problemas particulares del momento en su concreta relación con la totalidad histórico-social, su consideración como momentos de la liberación y desalienación del proletariado. Su capacidad de previsión política le permitió ver cuál sería el eje principal que las masas comprenderían y harían suyo, de ahí su planteo de “Paz, pan y trabajo” como objetivo a lograr por medio de la revolución.

Años insurreccionales

Es de destacar que en los años insurreccionales de 1905 a 1907 la opinión dogmática dominante era, como lo narra Lukács, “Los que luchan en las barricadas están extraviados, la revolución aplastada es un error y la revolución victoriosa -que, según ellos, por fuerza debía ser efímera- es criminal...”. Ante semejantes “argumentos” Lenin respondía: “La actualidad de la revolución determina el tono fundamental de toda una época” y ponía el centro de su pensamiento y práctica en el rol histórico de las masas, que crearon los soviets, verdaderos organismos de poder popular alternativo.

A su regreso a Rusia, en abril de 1917 comprende rápidamente la situación que se vivía, que es, de hecho, una suerte de “rareza” histórica. De febrero a octubre de ese año, es el período de la dualidad de poderes, el poder del gobierno provisional burgués de Kerensky coexistiendo en simultáneo con el poder de los soviets. Lenin, con su profunda percepción de la época, da un viraje a fondo en la táctica -plasmado en las Cartas desde lejos, las Cartas de un ausente y las Tesis de abril-, asunto este que al partido bolchevique le costó comprender y aplicar, y apuesta al rol de las masas organizadas.

Es así porque valora la experiencia de 1905 a 1907, la lucha contra la reacción ultraderechista hasta 1910 y la oposición a la guerra interimperialista de 1914-1918, lo que perfeccionó el rol de los soviets como instrumento de la autonomía obrera y el del partido como partido de clase, que asume la función de guía del sujeto social pueblo para ayudar a su transformación en bloque político de la revolución, con centralidad en el proletariado, entendido este como relación social y no como corporación sindicalista.

Concluida la dualidad de poderes, Lenin insiste en convocar al congreso de los soviets y, a la legitimidad política y cultural de masas, a la legitimidad dada por la construcción de la voluntad política de poder y de la herramienta necesaria que éstos ostentan, la apuntala con la insurrección general para tomar todo el poder estatal y liquidar el aparato burocrático militar y cultural del capitalismo dominante. De este rico período data su elaboración en torno a la situación revolucionaria. De paso anotemos que fundamenta la legitimidad de la violencia revolucionaria en defensa de los derechos populares y como elemento de disputa contra el “orden” burgués, es decir la negación de todo derecho y la violencia contra las masas que pretenden cambiar la vida.

Ante las vacilaciones de una parte de la dirección, en especial de Zinoviev y Kamenev, es útil conocer la fundamentación de la insurrección para la toma del poder por parte del proletariado y de los campesinos pobres. Después de las jornadas golpistas de julio, el VI Congreso del Partido Bolchevique ratifica sus propuestas sobre la necesidad de la insurrección. En la primera reunión del Comité Central a la que pudo asistir, el 23 de octubre de 1917, después de un duro debate, se aprueba una resolución determinante a propuesta de Lenin:“El Comité Central reconoce que tanto la situación internacional de la revolución rusa (sublevación de la flota alemana, manifestación extrema del progreso de la revolución socialista mundial en toda Europa y amenazas de una paz imperialista, con el fin de sofocar la revolución en Rusia), como la situación militar (la indudable decisión de la burguesía rusa y de Kerensky y Cía. de entregar Petrogrado a los alemanes), la conquista de la mayoría de los Soviets por el partido proletario, el levantamiento campesino y el giro de la confianza popular hacia nuestro Partido (las elecciones de Moscú) y, finalmente, la evidente preparación de una nueva aventura de Kornílov (alejamiento de las tropas de Petrogrado, concentración de cosacos cerca de Petrogrado, cerco de Minsk por los cosacos, etc.), coloca a la orden del día la insurrección armada.El Comité Central hace constar que la insurrección armada es inevitable y propone a todas las organizaciones del Partido guiarse por ello y desde este punto de vista discutir y resolver los problemas de orden práctico (el congreso de los Soviets de la región Norte, el alejamiento de las tropas de Petrogrado, las intervenciones de los habitantes de Moscú y de Minsk, etc.).La situación es clara: o bien la dictadura de Kornílov, o bien la dictadura del proletariado y de las capas más pobres del campesinado. No es posible guiarse por el estado de ánimo de las masas, porque es tornadizo y no se presta a control; debemos guiarnos por el análisis objetivo y la apreciación de la revolución. Las masas dieron su confianza a los bolcheviques y exigen de ellos no palabras sino hechos, una política decidida, tanto en la lucha contra la guerra como en la lucha contra la desorganización”.

Carácter y vía

Al definir el carácter y la vía de la revolución, Lenin encaró este problema central desde la teoría, resultando decisivo su aporte para la práctica: lo hizo desde el ángulo de la organización. Al definir los rasgos característicos de una situación revolucionaria, entre ellos destacó que “las capas inferiores de la sociedad no quieran vivir como antes y que las clases dominantes no puedan vivir como hasta ahora” (…) “la revolución no es posible sin una crisis de la nación entera, que llegue tanto a los explotados como a los explotadores”. En ese marco de honda crisis, sin objetivos, sin decisión, sin voluntad política y sin organización es imposible darle orientación y direccionalidad a la lucha de la clase. En toda su praxis demostró que ese contenido solo se logra con la forma partido revolucionario.

De ahí que pusiera el centro de su enfoque y de su actividad en el papel de los soviets como instrumento de la autonomía obrera y el del partido como partido de clase. A la par, este enfoque de Lenin sobre el poder soviético es una innovación histórica. Cambia por completo la relación entre los participantes de una revolución, entre lo que se consideraba dirigentes y dirigidos. Es decir, no se trata de una supuesta vanguardia aislada que “baja línea” a las masas como sujeto pasivo, sino de la dialéctica entre ambas organizaciones como fuerzas activas, como protagonistas. Ilich ve a los soviets como elemento importantísimo en la producción de la nueva democracia socialista. De herramientas de lucha se transforman en órganos de poder estatal, pero -esto me parece esencial- debían seguir siendo órganos de combate, no solo contra la reacción interna e internacional, que es el rol de todo Estado, sino contra el peligro de burocratización y autonomización del aparato estatal, que luego la vida confirmó que era el peligro más letal. Lenin los concebía como un poder que también cumplía el papel de control de sí mismo, como un poder realmente democrático, con un sentido explícito de clase.

Precisamente en el rol de los soviets como poder popular -y del partido de clase como orientador del mismo- se basó la estrategia de Lenin para dirigir el proceso de transición socialista, tarea que quedó trunca al momento de su muerte en 1924. A partir de ahí la directiva dogmática licuó el protagonismo obrero y popular subsumiéndolo en un aparato estatal burocrático que vació de contenido a la revolución y terminó por llevarla al colapso siete décadas después.

La actitud ante el contenido de Octubre Rojo es la piedra de toque para precisar la herencia a la que los comunistas renunciamos: el reformismo; y la que reivindicamos: la actualidad y vigencia del poder popular; el rol de la clase obrera entendida como centralidad del sujeto popular; el rol del partido revolucionario, pensado como concentración de fuerza subjetiva que se constituye en el seno de las masas y convierte a la conciencia en fuerza material organizada para la toma del poder y la destrucción del estadoopresor; y el internacionalismo revolucionario. O sea, el gran aporte teórico en cuanto a las regularidades de la revolución.

Esas cardinales enseñanzas son de total pertinencia hoy, ya que el cipayajemacrista avanza, sin freno por ahora, por el camino de destrucción sistemática de toda conquista popular y de la identidad y la soberanía nacional. Para acabar con esta hecatombe urge resolver problemas graves como la crisis de alternativa de poder en el país, definida por la falta de autonomía del movimiento popular, la crisis del proyecto político de acumulación de fuerzas y la carencia de vanguardia revolucionaria, cuestiones estas que reclaman y ponen en tensión la función revolucionaria de nuestro Partido Comunista, quien también cumple su centenario.

Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros02.11.2017

De regreso a Octubre

Partidos comunistas y obreros del mundo se reúnen, en San Petersburgo y Moscú,para conmemorar el centésimo aniversario de la Revolución Rusa. Víctor Kot, secretario general representa al PCA.

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