Economía

 

Se desploman los salarios 01.08.2017

La contracara del saqueo

La devaluación de julio acentuó un proceso que comenzó en diciembre de 2015: pérdida del poder adquisitivo de los salarios y ganancias extraordinarias para el agro

Entre diciembre del 2015 y julio de este año el salario mínimo, vital y móvil cayó un 11 por ciento. A contrapelo de la tendencia en la región, el salario mínimo argentino es el único que tuvo un retroceso y confirma que, en el marco de la avanzada neoliberal, es en nuestro país donde se concentra la avanzada más fuerte contra los trabajadores.

Si desde el golpe contra Dilma Brasil suele ser uno de los espejos en los que se mira la derecha vernácula, más aún desde la última reforma laboral, en esta materia el gobierno parece mirar para otro lado: en el país limítrofe el salario mínimo creció un 46 por ciento en el mismo período. Los datos se desprenden de un informe elaborado por el Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda.

La caída del salario mínimo coincide con la mayor devaluación de los últimos quince años. No es para menos, ya que se trata de una verdad evidente sobre la que se hace poco hincapié a la hora de evaluar la depreciación del peso frente a la moneda yanqui. Si los grandes beneficiarios son los sectores exportadores y las multinacionales, los principales perjudicados son los que perciben su único ingreso en moneda nacional. A ello, hay que sumarle el aumento del desempleo y la inflación, lo que redunda en una lógica pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores.

Así, mientras el valor del dólar tiene un fuerte impacto en los productos que fijan su precio según esta variable, los exportadores de soja, trigo y maíz se vieron doblemente beneficiados ya que estos granos experimentaron un aumento del más del 10 por ciento en el mercado internacional.

Pero el salario mínimo no es lo único que baja: el poder adquisitivo de la Asignación Universal por Hijo se desplomó un 17 por ciento desde diciembre de 2015 a esta parte, mientras que el de la jubilación mínima descendió un 16. A su vez, el sueldo promedio de los trabajadores cayó un 8,5 puntos, debido en gran parte a dos fenómenos: magras paritarias y creciente inflación ¿Cuál es el factor común? La fuerte devaluación a la que está siendo sometida la Argentina en un contexto de fuerte endeudamiento.

 

Los que ganan

En su discurso en la apertura de la Feria Rural en Palermo, Macri anunció con bombos y platillos una cosecha récord de 137 millones de toneladas y dijo: este récord “no es sólo una buena noticia para el campo. Cuando crece el campo, crece la Argentina”.

La afirmación del presidente desnuda el tipo de país que él, su gabinete y el bloque de poder que lo sostiene y representa quieren construir, donde la concentración de la riqueza es la contracara de la pérdida del poder de compra de los trabajadores.

Se trata de una Argentina de clase, por ello, cuando en La Rural se anunció que “el campo emplea a un tercio del país” y se destacó “el aporte” que el mismo hace a la economía nacional, se obvió las condiciones en las que trabajan los que producen la riqueza que se apropian. Según la Cepal en el campo argentino trabaja poco más del 10 por ciento de los trabajadores del país y más del 80 por ciento –incluidos los trabajadores temporarios o golondrina- lo hace en condiciones de absoluta precariedad. En ese contexto es que Macri firmó un convenio con Uatre para flexibilizar aún más las condiciones laborales en un sector que, por amplia distancia, emplea la mayor cantidad de trabajo esclavo en el país.

Fuga y endeudamiento en Argentina 01.08.2017

Luna de miel

El fuerte endeudamiento en dólares –que pagaran varis generaciones de argentinos- es combustible para la fuga de capitales.

Desde la llegada de Macri a la Rosada, y a partir de la creación del Ministerio de Finanzas que conduce Luis Caputo, venimos sosteniendo que la política de endeudamiento tiene como uno de sus objetivos principales financiar la fuga de capitales e impulsar la bicicleta financiera.

Las afirmaciones no eran caprichosas. Según el Observatorio de la Deuda Externa de la Universidad Metropolitana de la Educación (Umet), el 40 por ciento de la deuda emitida o tomada por el Estado Nacional -en el último año y medio- fue utilizado para fugar divisas.

Mientras el dólar experimentó su suba más importante en un año durante este mes de julio, el Banco Central decidió subir ayer la tasa de interés en Lebac hasta el 27 por ciento, con el objetivo de planchar el precio de la moneda estadounidense y "aspirar" pesos de la economía para bajar la inflación que, sin dudas, corre al ritmo de la devaluación. El gobierno lo sabe y estos movimientos son un claro ejemplo de ello, aunque después públicamente siga sosteniendo la irrisoria meta inflacionaria que fijó la entidad monetaria.

Mientras, endeudamiento y fuga de capitales se consolidan como dos piedras angulares de cualquier proyecto neoliberal que se instale en países cuyas estructuras económicas son de parcial a completamente dependientes. Argentina, que conjuga dependencia económica en sectores estratégicos y un agudo proceso de concentración de la riqueza, demuestra que a endeudamiento récord se corresponde niveles de fuga de capitales con precedentes solo comparables a los alcanzados tras la crisis del 2001 y la salida de la convertibilidad.

Mientras el dólar no detiene su escalada, la fuga de divisas se profundiza y el Banco Central busca un tipo de cambio flotante a base de financiar su precio con aumento de la tasa de interés.

Vale recordar que un informe de la Universidad de Avellaneda reveló que durante el primer bimestre del 2017 se fugaron del país casi 4 mil millones de dólares, en concepto de giro de utilidades de empresas multinacionales a sus casas matrices, cuentas off shore -como las de Macri y compañía en Panamá-, etc. Estos son los datos que echan por tierra profesiones auto cumplidas anunciadas por el gabinete económico y sus escuderos mediáticos: si algo queda claro en poco más de año y medio de gestión cambiemita es que lejos de llegar inversiones, los dólares se fugan o se atesoran.

La cifra de 4 mil millones de dólares fugados es la más elevada desde 2003 hasta la fecha. No es casualidad. Cuando llegó Néstor Kirchner al gobierno, Argentina aún se encontraba asediada por los coletazos de la salida de la convertibilidad. Hoy la situación es radicalmente diferente. Al asumir la presidencia, Mauricio Macri recibió la administración nacional con niveles de endeudamiento mucho menores al del 2003 -no en términos nominales, sino en términos relativos entre deuda externa y PBI- y en tan sólo 18 meses, multiplicó el endeudamiento y colocó a la Argentina en el primer lugar de países en vía de desarrollo que más deuda tomaron.

Entre diciembre de 2015 y mayo de 2017 Cambiemos endeudó al país en 96 mil millones de dólares. Respecto al total de la deuda externa, según datos publicados por el Ministerio de Finanzas en diciembre de 2016, la deuda pública total registró un total de 275 mil millones de dólares, 35 mil millones más que al momento de asumir el macrismo. Sólo para tomar un punto de comparación, vale recordar que al momento del golpe cívico-militar de 1976 la deuda externa era de 7 mil millones dólares y para 1983 ya había superado los 45 mil millones. En otras palabras, en un año de gobierno Macri endeudó al país igual que la última dictadura.

En términos relativos, la relación deuda-PBI al 10 de diciembre de 2015 era del 39 por ciento. Hoy se ubica en el 54 por ciento, es decir, 15 puntos más. El crecimiento es significativo y, más aún, si se tiene en cuenta para que se utilizaron esos recursos: financiar el déficit fiscal, gastos corrientes, fuga de capitales y bicicleta financiera.

Recientemente, el ministro de economía, Nicolás Dujovne, justificó la política de endeudamiento al sostener que “tres de cada cuatro veces que hemos emitido deuda, ha sido para cancelar deuda”. Sin embargo, la deuda en dólares duplicó los "compromisos heredados"

La deuda en dólares del Estado nacional supera los setenta mil millones de dólares y "compromisos heredados" apenas alcanzaban los 30 mil, incluyendo vencimientos de 2016 y 2017. Por lo cual, la deuda se multiplicó más de 2,4 veces lo requerido por el Estado nacional para hacer frente a "las necesidades financieras". A la luz de los hechos, que desmientan las afirmaciones del ministro, Argentina se endeudó un 60 por ciento más que lo que demandaba estos compromisos.

Todos estos números sirven para demostrar como la relación simbiótica endeudamiento-fuga de capitales-bicicleta financiera está produciendo una herida letal sobre la estructura económica argentina, la cual además, atraviesa un severo proceso de reprimerización. El futuro es incierto y sólo hay lugar para una certeza: con este modelo económico, la fiesta neoliberal la pagaran, una vez más, los trabajadores.

 

Dólar, Lebacs, pesos e inflación

La economía no arranca, la inflación crece y el gobierno, en vez de fortalecer el poder adquisitivo del salario, fomentar el consumo y el mercado interno, decide subir -cada vez más- la tasa de interés de las Lebacs. ¿Qué significado adquiere está medida en un contexto devaluatorio? El gobierno, conocedor de las maniobras a las que suelen recurrir los grandes tenedores de bonos y el sistema financiero, teme una corrida bancaria. No es para menos. Frente a la escalada del dólar, precisa mantener la rentabilidad de la inversión en Lebacs y así “enfriar” la economía, eufemismo preferido de los liberales para camuflar la pérdida del poder adquisitivo del salario. Si para los trabajadores el límite es el salario en pesos -pues es lo único que poseen-, para los especuladores es variable: si conviene más el dólar, el stock de Lebacs -que equivale al 9 por ciento del Producto Bruto Interno- migrará, indefectiblemente, a la moneda estadounidense.

Así los cosas, la bicicleta financiera podría correr el riesgo de dejar de ser rentable a pesar de la fuerte política de endeudamiento. La demanda de dólares ha ido creciendo a medida que se ha ido confirmando que para este 2017 tampoco habrá brotes verdes. Los especuladores no entienden de amistades ni lealtades. Que los mismos se hayan volcado masivamente a comprar bonos y letras del gobierno nacional y las provincias, no quiere decir que, si el dólar sigue en aumento, decidan salir de esta bicicleta. El problema radica en que fue el propio gabinete nacional el que sentó los pilares fundamentales de su modelo económico a base de endeudamiento y bicicleta.

Si como muestra hace falta un botón, alcanza con observar los movimientos del Banco Central, que sostiene la política de pagar tasas más altas en los plazos más largos y así aliviar los vencimientos que debe enfrentar el Estado nacional. El gobierno se metió en un atolladero en el que, la salida puede ser muy costosa para las finanzas públicas y drásticas para los sectores de la economía cuya actividad y nivel de vida dependen del mercado interno, el empleo y el costo de los alimentos.

Ahora, cuando la cantidad de pesos en Lebacs supera ampliamente a la base monetaria nacional, los riesgos de una corrida bancaria y de una disparada del dólar están más vigente que nunca. Si a ello se le suma las presiones que ejercen los sectores agroexportadores para profundizar la devaluación y la creciente demanda de dólares que las grandes multinacionales demandan para fugar sus dividendos del país, el futuro es preocupante. Si los brotes verdes se mostraban marchitos antes de ser cultivados, con estos últimos comportamientos macroeconómicos, sumado al deterioro en el nivel de vida de los trabajadores, el neoliberalismo más que un bosque floreciente dejará un campo minado.

Devaluación y Estado liberal burgués en la Argentina 01.08.2017

El mito del dejar hacer, dejar pasar

El contexto electoral en el que se produjo la devaluación más fuerte en un año puso en entredicho al discurso de la derecha: ¿intervenir o no intervenir para que el precio del dólar no incida en los precios y el humor social?

El mes de julio cerró con una devaluación del 6,3 por ciento, la más alta en un año y con una tasa de interés en Lebac de más del 27 por ciento. Por su parte, un estudió confirmó que el 30 por ciento de la deuda tomada o emitida por el gobierno nacional fue destinada a la fuga de capitales. Estos datos, que dan cuenta de un acelerado proceso de concentración de la riqueza, saqueo y timba financiera tiene su correlato: inflación y pérdida del poder adquisitivo de los salarios. Así, la Argentina se convirtió en el único país de la región donde, en el último año y medio, cayó el salario mínimo en dólares.

Estos datos de la economía real dan cuenta del difícil momento económico que atraviesan las clases populares. La máxima preocupación del gobierno pasa por “matizar” el impacto que la transferencia de recursos está teniendo sobre los asalariados en el marco del escenario electoral. Se trata de una preocupación genuina: para sostener la bicicleta financiera, el endeudamiento y el acelerado proceso de concentración de la riqueza, la derecha necesita sostener el poder político y, por sobre todo, la legitimidad para continuar con las medidas de ajuste y represión.

En ese sentido, la cotización del dólar es un verdadero dolor de cabeza para un sector del establishment, pero sólo en términos electorales. Como quedó en claro tras el discurso de apertura de la 131 Feria Rural en Palermo, agroexportadores y banqueros se llevan de maravilla con el gobierno nacional. Es una “relación natural” ya que, en la actualidad, la administración del Estado se encuentra en manos de diversos representantes de las diferentes fracciones de clase que conforman el bloque de poder dominante en el país.

En ese marco y tras una semana en la que nuevamente el dólar fue noticia, en los medios de comunicación del establishment, preocupados por el contexto electoral, surgió la pregunta: ¿debe o no intervenir el Banco Central para mantener la divisa “estable”, al menos, hasta después de las elecciones de octubre?

La pregunta es engañosa ya que trae implícita la conclusión de que el Banco Central puede elegir no actuar. ¿Esto es verdaderamente así? Existen dos niveles de análisis al respecto: el primero, responde a decisiones concretas, con orientación táctica, de política económica, que la máxima institución monetaria del país puede adoptar o no. Esto ocurre, no tan a menudo como se piensa, pero suele ser el marco general en el que se desenvuelve la institución.

El otro nivel refiere al diseño del escenario en el que se desarrolla la política económica en general, y monetaria en particular, del país. Allí la intervención del Estado es directa. Sea en su fase liberal burgués o en su fase intervencionistas -que el Partido Comunista cree necesaria- el juego de intereses, disputas y tensiones se desarrolla en un escenario hecho a medida por las clases que lo hegemonizan.

Es en ese juego de tensiones y conflictos que la Argentina selló una sólida tradición de dependencia económica y subordinación a los intereses del gran capital internacional, lo cual, imprimió sobre el Estado nacional una preferencia estructural hacía el negocio financiero y el capital especulativo que se acentuó en las últimas cuatro décadas. Tal es así que en la actualidad, la fracción de clase dominante por antonomasia de nuestra historia, la oligarquía terrateniente, coloca sus cuantiosas ganancias en el sistema financiero.

La renta financiera a la que “apuesta” la oligarquía criolla -y los pooles de siembra y multinacionales que impulsan el paquete tecnológico de Monsanto en el campo- al misma tiempo condiciona fuertemente el mercado cambiario. Se trata de un doble juego en el que, por un lado la cotización de la moneda depende fuertemente de las liquidaciones de la exportación de cosecha y, por el otro, está última es sensible -por su carácter especulativo- a la fluctuación del dólar. La razón es más que clara: un dólar conviene a los sectores agro-exportadores pero también al sector financiero en el marco de una agresiva política de endeudamiento en moneda estadounidense que impulsa el Ministerio de Finanzas.

 

Mito burgués

¿Los agroexportadores demoran la liquidación de la cosecha a la espera de una devaluación más fuerte? El Ministerio de Agroindustria se encuentra comandado por un hombre de la Mesa de Enlace: Ricardo Buryaile, ex presidente de la Sociedad Rural de Pilcomayo y ex vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas. Una vez más, como nunca antes en la historia argentina, el fuerte nexo entre el Estado y los representantes de las principales corporaciones económicas queda expuesto a la luz de todos.

¿Será por eso que la liquidación de divisas por exportación de granos cayó por dos semanas consecutivas, justo cuando crecía “la expectativa” por un dólar más allá de los 18 pesos? En este marco y a dos semanas de una elección primaria en la que parece que el oficialismo cosechará una derrota frente a Cristina Kirchner, desde distintos sectores del establishment surgió la pregunta ¿debe intervenir el Banco Central para “planchar” el precio del dólar hasta después de las elecciones de octubre?

Vale aclarar que el fuerte perfil liberal burgués que el bloque de poder real le está imprimiendo al Estado nacional tiene como uno de sus objetivos principales tutelar la relación simbiótica entre Estado y corporaciones. A grandes rasgos, el cuerpo jurídico que el Estado argentino fue construyendo desde su Constitución a nuestros días está diseñado para que, en el marco de las tensiones de una sociedad dividida en clases, la balanza siempre se incline para el lado del capital por sobre el trabajo.

“El Estado no debe intervenir en el mercado” suele ser unos de los arietes discursivos preferidos de los liberales ortodoxos. En realidad, es un enunciado que muestra las dos caras de la misma moneda: se exige la no intervención en un escenario que diseña y determina con todo el aparato jurídico y el monopolio de la violencia que ostenta, al tiempo que los grupos económicos y los medios de comunicación del establishment auguran su retiro del mismo. Pero lo que nadie puede negar es la conciencia de clase con la que cuenta el bloque de poder dominante: por ello, cuando la papas queman no sólo se exige la intervención del Estado, sino que se la estima “necesaria y prudente” como se vociferó en estos días respecto al dólar.

En la práctica el Banco Central interviene todos los días en el mercado cambiario: jugando con la tasa de interés en Lebac, vendiendo o comprando dólares o lisa y llanamente dejando hacer. El laissez faire, laissez passer es, más que nunca, una forma de intervenir.