Sindicales

 

Latinoamérica y su encrucijada 02.08.2017

¿La derecha vino para quedarse?

El secretario sindical del Partido Comunista, Mario Alderete, analiza el proceso regional caracterizado por la llegada al gobierno de progresismos y el retorno de actores de representación política guiados desde Washington.

¿Por qué han caído o sufren un proceso desestabilizador los gobiernos progresistas latinoamericanos? En primer término debemos enfatizar que tales caídas no significan un “fin de ciclo” como se empeñan en hacernos creer los más variados “gurúes” que existen al servicio de la derecha. Pero sí se debe admitir que constituyen una marcha atrás en el proceso de integración que caracterizó a este cambio de época que vivimos y protagonizamos.

En ese sentido, habría que señalar por lo menos dos grandes causas fundamentales que han incidido en tales sucesos: 1) el capitalismo global, conducido por EE.UU que no tolera ningún experimento político-social por menor que parezca y que se le pueda ir de sus manos; y 2) los procesos políticos, los cuales se dieron con insuficiente organización obrera y popular y que a veces fueron propulsores de un clientelismo subsidiado.

El capitalismo salvaje imperante hoy en día, a pesar de la profunda crisis que lo afecta, se ha vuelto aún mas agresivo y anhela seguir haciendo retroceder importantes conquistas sociales, políticas, económicas y culturales históricas y que costaron a los diferentes pueblos sangre, sudor y lágrimas hacerlas realidad.

Los grados de explotación han subido en forma alarmante y las posibilidades reales de respuesta ante tantos atropellos aún son débiles y aisladas. Hay reacciones ante tal estado de cosas pero no hay propuestas de cambios profundos organizadas y hegemonizadas por fuerzas políticas que se propongan construir una nueva sociedad más inclusiva, más igualitaria, de liberación nacional, popular, antiimperialista y postcapitalista.

Simultáneamente, la represión que en realidad nunca fue erradicada totalmente, hoy adopta nuevas formas, por ejemplo: además de la acción represiva en cada lugar de conflicto por parte de fuerzas policiales y de gendarmería se produce la amenaza a luchadores a través de las llamadas “redes sociales” donde se distribuyen falsas noticias y difamaciones, se intensifica la acción de los servicios de inteligencia que “pinchan” la comunicación telefónica, se impone la judicialización del conflicto social, se promueve el temor y el disciplinamiento a través de los medios monopólicos de la información, se procura instalar en forma generalizada el miedo a la pérdida del empleo, se divulga un auge desmedido de la delincuencia ciudadana, lo cual puede funcionar como coartada perfecta para seguir aterrorizando y, llegado el caso, liquidar cualquier obstáculo molesto para el sistema.

En ese escenario de globalización y de marco de contención a todo lo que pueda significar cambios positivos en favor de los más necesitados, el hecho que hayan aparecido gobiernos no completamente alineados con la lógica del capital dominante y que se propusieron levantar la voz contra el amo imperial, ya constituyen un peligro en este cuadro de situación. Sin embargo, ninguno de los gobiernos que surgieron en Latinoamérica en estas últimas décadas, con diferentes grados de desarrollo y profundidad, caracterizados como populares y progresistas intentaron cambios estructurales profundos. No se lo propusieron, en primer lugar, por las limitaciones del clásico reformismo de origen socialdemócrata y además porque, seguramente, juzgaron que las correlaciones de fuerzas geopolíticas actuales no daban para ello.

Sin embargo, tales gobiernos de centro-izquierda que se vinieron dando en la región y que no se plantearon en ningún momento medidas radicales o un Estado no capitalista con proyectos de transformación a largo plazo, lo mismo resultaron una molestia para el propósito neoliberal en curso.

EE.UU., capitaneando la globalización financiera capitalista, impide por todos los medios cualquier iniciativa que pueda cuestionar su hegemonía. Ello, por la razón de ser potencia dominante que pretende continuar ejerciendo su supremacía en cualquier situación y por lo tanto necesita de Latinoamérica como un territorio vital (fuente de materias primas indispensables, de petróleo, de agua dulce, de mano de obra barata y como mercado para sus productos, entre otros beneficios). Por eso pretenden nuevamente hacer de nuestra América su “patio trasero”.

A su vez, las oligarquías vernáculas, terratenientes y ganaderas, articuladas a ese proyecto capitalista, cumplen el rol de aliados tácticos en esa dominación y de ahí que todas reaccionan por igual ante los gobiernos con perfil populista.

Otra cuestión que debe llamar la atención es que la actual sucesión de caídas de gobiernos con propuestas reformistas (en particular Argentina y Brasil) muestra una regularidad sorprendente ya que en todos los casos uno de los “caballito de batalla” de la derecha (nacional o internacional) es la lucha contra la corrupción.

No solo se utiliza ese argumento para mostrarlo como parte de la “pesada herencia” que supuestamente dejan esas experiencias, sino también para agitarlo y amplificarlo, por medio del monopolio de la comunicación pública, con el fin de ocultar la realidad cuyo principal rasgo es el empobrecimiento de los sectores sociales más débiles, la entrega, el nuevo endeudamiento externo, la desocupación creciente y la liquidación de la industria y el comercio nacionales.

Resulta cuanto menos curioso que en un continente marcado por la más absoluta corrupción desde la época de la colonia hasta nuestros días, -lo cual condenamos sin atenuantes- donde la política ha sido campo de acción de las más deshonestas e indecorosas conductas, se levante hoy esta pretendida cruzada contra lo que aparece como el peor de todos los males, cuando en realidad es válido afirmar que esta deshonrosa práctica es algo absolutamente “normal” en las relaciones capitalistas, tanto en los Estados del Sur como en los bien organizados y respetuosos países del Norte.

El capitalismo como sistema, y su principal exponente, EE.UU., no descansan un segundo en su lucha frontal contra cualquier elemento que pudiera cuestionarlos. De ahí que, variando estilos, ya no se necesitan, por ahora, golpes militares sangrientos y se siguen manejando los destinos de los países con mano de acero, impidiendo a toda costa la organización del campo popular y las propuestas de cambio.

 

Experiencias

Ninguna de las experiencias de centro-izquierda latinoamericanas son revoluciones socialistas, salvo Cuba, pero por el solo hecho de que pretendan echar sombras sobre aquellos propósitos ya son evaluadas como un peligro para los capitales.

De lo que se trata, a fin de impedir que se afiance el plan imperial actual de sometimiento tal como rigió hasta la década neoliberal de los 90 con gobiernos partidarios de las “relaciones carnales”, es luchar no solo con el fin de frenar la ofensiva de la derecha neoliberal sino impulsar acciones que propongan la radicalización de medidas estructurales para avanzar en la instalación de un nuevo modelo productivo, terminar con el remanido cuento del “derrame de la copa” y también con una engañosa distribución de la riqueza, “empoderando” al pueblo y al Estado a fin de ejercer una real independencia económica y soberanía política. Pero, para ello, habrá que debatir más en todo nivel y organización acerca de qué tipo de gobierno y poder se necesita y de tal forma, comprender mejor por qué es justa la afirmación de que los procesos políticos populistas no son o no fueron suficientemente fuertes debido a la carencia de una verdadera organización obrera y popular plural, democrática, antiimperialista, de liberación y no solo basada en el apoyo de una masa numerosa, valorable, pero dispersa y desorganizada, y a veces sujeta al subsidio estatal entendido como norma y no como excepción lo cual objetivamente crea las condiciones para la implantación de un clientelismo social.

Todos nuestros países siguieron rigiéndose por modelos de mercado capitalista, con oligarquías nacionales dueñas de buena parte de la riqueza, con inversiones privadas multinacionales, y con Estados que siguieron defendiendo la propiedad privada de los grandes medios de producción (capital financiero, agrario, industrial, comercial). En todo caso, lo que pudo apreciarse en estos años pasados, son importantes procesos de redistribución del ingreso con más sentido social pero que no pasaron de un capitalismo de “rostro humano”, “serio”, keynesiano, con las características propias de la región donde la corrupción es un hecho cultural enraizado, histórico.

Ahora bien: ¿es posible construir alternativas reales de cambio con estas propuestas? Sí, a condición de hacer realidad la consigna de unidad obrera y popular para cerrar el paso a los ajustes neoliberales con que nos golpea rudamente la derecha nacional e internacional. Hay que crear la fuerza frentista político-social apta para constituirse en poder popular capaz de defender y reclamar profundidad en los cambios en aquellos países hermanos donde aún se mantienen los gobiernos reformistas, impedir la derrota de la experiencia venezolana y la participación intervencionista de las fuerzas norteamericanas, recuperar el gobierno constitucional en Brasil e impedir en Argentina la consolidación de un gobierno expresión de lo mas reaccionario del capital concentrado y la derecha política.

Resulta imprescindible entender la integración latinoamericana como una soberanía ampliada, de tal modo que lo que suceda en cualquier país hermano es como si se tratara de nuestra propia nación.

Debemos terminar con el discurso y la propaganda mediática que, entre otras cosas, se propone hacernos dudar de nuestras propias fuerzas como campo obrero y popular, intentan imponer en el imaginario colectivo el temor o el posibilismo ganados por el discurso neoliberal privatista y represivo. La fuerza de la cooptación, indudablemente, no es poca y a veces muchos dirigentes políticos, sindicales y sociales se suman al enemigo para torcer el brazo del reclamo del pueblo y los trabajadores. Tal es el caso de la actitud conciliadora de la dirección de la CGT en nuestro país, que negocia tras el disfraz de “ayudar a la gobernabilidad” y tolera sin protesta la hasta ahora permanente pérdida de conquistas y derechos.

Pero, si somos capaces de construir la verdadera unidad del campo popular sobre la base de un programa mínimo que englobe los principales reclamos y abra un cauce de lucha por la liberación, seguramente encontraremos el camino alternativo haciendo realidad un horizonte que afirme la segunda y definitiva independencia, justo cuando acaba de cumplirse el bicentenario de la primera.

 

 

Apoyo a los trabajadores de PepsiCo21.07.2017

No están solos

En Cipolletti se realizó una jornada de lucha convocada desde la seccional local del gremio docente Unter. Bárbara Palumbo instó a “ampliar la unidad de los de abajo” en la lucha.

Los trabajadores de PepsiCo no están solos. Por todo el país se multiplican voces y actos de solidaridad con la lucha que protagonizan desde la carpa que emplazaron ante el Congreso Nacional.

Así las cosas, a casi mil kilómetros, en la plaza San Martín de la ciudad de Cipolletti, tuvo lugar el epicentro de la jornada nacional de lucha que fue convocada desde la seccional cipoleña del gremio docente Unter, para reclamar por la reincorporación de los operarios despedidos y para repudiar la feroz represión perpetrada contra los que resistieron el desalojo de la planta que la multinacional posee en la localidad bonaerense de Florida.

Ahí, además de representantes de Unter, se dieron cita integrantes de las dos CTA el Partido Comunista, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, el Partido de los Trabajadores Socialistas, Movimiento Socialista de Trabajadores, ATE, la Agrupación Descamisados y la Multisectorial contra la represión.

También presente en el lugar, la secretaria de la CTA de Alto Valle Oeste, secretaria de Genero de la CTA de Rio Negro y referente provincial de la CoNaT, Bárbara Palumbo, hizo hincapié en lo contundente de la jornada en protesta por el despido y represión a los trabajadores de PepsiCo y destacó “la presencia, además del gremio docente, de diferentes organizaciones políticas y sociales”.

Asimismo, recordó que, como en Cipolleti funciona una coordinadora contra la represión institucional, “se nos facilitó la articulación” en esta actividad en la que también “protestamos contra el ajuste y los despidos que se dan en las diferentes empresas”.

Y, en esta dirección, fue clara cuando destacó que “tememos un clima de conflicto”, por lo que “desde la CoNaT y la CTA de Río Negro hablamos de la necesidad de la unidad en la diversidad” ya que “es necesario poder articular las variadas experiencias, porque muchas veces se hace eje en las diferencias políticas partidarias o en las miradas electoralistas, pero insistimos en la necesitada de articular con la mayor amplitud posible en la calle”.

Tras lo que finalizó destacando que es preciso “ampliar la unidad de los de abajo, porque al fin y al cabo, son los trabajadores y trabajadoras los más perjudicados, junto a los compañeros de los barrios que muchas veces no tienen un puesto fijo de trabajo o están precarizados”.