Documentos

Cien años de Revolución | 11.04.2017

Lenín

Por ti sabemos, Lenin,/que la mejor cuna del partido es el fuego./Por ti comprendemos que el partido puede aceptar/cualquier clandestinidad/ menos la clandestinidad moral. Roque Dalton

Por Rogelio Roldán

Vladimir Ilich Ulianov, conocido mundialmente como Lenin, contribuyó significativamente al marxismo. La lucha de clases expresa uno de sus flancos más agudos en la intensa batalla de ideas que hoy vivimos, de ahí la utilidad de recurrir a la vigencia de su pensamiento y al ejemplo de su práctica política al frente del Partido Bolchevique. Recurrir al maestro desde Nuestramérica y nuestro país, con ojos de militantes del proceso liberador en curso en Sudamérica y el Caribe, de modo de precisar su contenido, el tipo de revolución necesaria y el carácter y la vía de la misma.

En la lucha ideológica en desarrollo en el mundo actual, uno de los temas centrales en discusión es el papel de la política y, más específicamente, del partido político. El macrismo y su aparato duranbarbista, más los medios monopólicos de desinformación, baten el parche contra el pensamiento crítico y la acción política, en especial la de la clase obrera. También un grupo de teóricos autollamados populistas desestiman a Lenin dándolo por “superado”, niegan la totalidad histórica y soslayan la lucha de clases, lo que los lleva a descartar la forma partido en aras de una supuesta recomposición del tejido social y del horizontalismo basista, el cual no va más allá del espontaneísmo. Por eso reviste suma importancia conocer el gran aporte de Lenin a esta cuestión. Al contrario del reformismo señaló la imposibilidad de la evolución económica del capitalismo al socialismo. Aquel ya ni siquiera logra -allí donde lo intenta- volver al Estado de bienestar. El espontaneísmo afirma que con la sola lucha reivindicativa las masas podrían generar autoconciencia y resolver el problema de la explotación, la dependencia y la opresión ideo-cultural.

Lenin vio de manera precisa el problema clave de la revolución: la cuestión del poder. Ligó dialécticamente esa mirada con su convicción de la actualidad de la revolución socialista, esto es el enfoque de todos y cada uno de los problemas particulares del momento en su concreta relación con la totalidad histórico-social, su consideración como momentos de la liberación y desalienación del proletariado.

Al definir el carácter y la vía de la revolución, Lenin encaró este problema central desde la teoría, resultando decisivo su aporte para la práctica: lo hizo desde el ángulo de la organización. Al definir los rasgos característicos de una situación revolucionaria, entre ellos destacó que “las capas inferiores de la sociedad no quieran vivir como antes y que las clases dominantes no puedan vivir como hasta ahora” (…) “la revolución no es posible sin una crisis de la nación entera, que afecte tanto a los explotados como a los explotadores”. En ese marco de honda crisis, sin objetivos, sin decisión, sin voluntad política y sin organización es imposible darle orientación y direccionalidad a la lucha de la clase. En toda su praxis demostró que ese contenido solo se logra con la forma partido revolucionario.

 

Partido

Su concepto de partido es integral y se basa en el papel histórico de las masas y el poder popular. Explica una y otra vez que ningún partido “hace” la revolución, su papel histórico estriba en la capacidad de ver la tendencia general de la época y de preparar la lucha revolucionaria. No concibe al partido como vanguardia autoproclamada que “baja línea”, sino como fuerza organizada, independiente y autónoma, que se constituye en el seno de la clase obrera para acompañar su desarrollo, su politización y su disputa por la hegemonía política y cultural, de manera de erigirse en la otra parte de la lucha de clases, sin permitir que incrustaciones externas la reemplacen y le “dibujen” su política como fuerza subordinada. Es decir, el partido no es un aparato ajeno a la clase, sino que es una fuerza activa, parte íntima de aquella para impulsar su despliegue desde “clase en sí a clase para sí”, como propusieron Marx y Engels. Enfoque que fue totalmente asumido por el Che: “…planificar el uso de la fuerza política para enfrentar al enemigo”.

De ahí la necesidad de asimilar que la importancia histórica de un partido se mide por su capacidad de transformación de la situación política. Nuestros déficit actuales tienen que ver con las dificultades políticas que adolecemos para construir -en férrea unidad con el sujeto social, en el seno de éste- alternativa de poder popular y hegemonía, no con los problemas organizacionales entendidos de modo administrativo. El aporte de Lenin es una ruptura con el enfoque mecánico acerca de cómo se adquiere conciencia de clase y cómo esta se despliega prácticamente. De esa ruptura deviene la exigencia de Ilich en cuanto a la férrea unidad interna y la disciplina partidaria, es decir, del centralismo democrático, sin el cual no se supera el movimientismo y la esterilidad política. Es así porque existe un nexo dialéctico entre la capacidad política y el estado organizativo.

Dicho de otro modo: hace falta consolidar la fuerza como una herramienta que contribuya a crear los hechos políticos del movimiento popular e impedir que los hechos políticos de las clases dominantes puedan concretarse. Más ahora que el daño estructural cometido por el desgobierno del lacayo de Wall Street nos interpela a no dejar pasar las condiciones de acercamiento a la situación revolucionaria que elaboró Lenin y a la crisis orgánica que describió Gramsci.

En resumen, la presencia de la fecundidad de Lenin se expresa en una organización apta para recuperar atributos leninistas tales como capacidad de autonomía -frente a la institucionalidad del Estado y al ideario social hegemonizado por la cultura burguesa dominante- y conspiratividad político organizativa para tributar al despliegue de subjetividad de la clase y del sujeto pueblo.