Economía

 

Breves de economía

27.3.18

¡Encima sequía!

Carnes de pollo y cerdo, pero también la leche, son productos en cuyos precios impactará la sequía que afecta a la zona núcleo de la producción agrícola del país. La falta de lluvias disparó el precio del maíz y la soja -en este último caso se perderán doce millones de toneladas-, pero también va a haber más de un millón menos de viajes en camión. Y, como estas oleaginosas son su principal insumo, las industrias porcina, avícola y lechera, ya reconfiguran costos que van a trasladar al resto de las cadenas de comercialización y, por supuesto, a las góndolas.

 

Cosecha

Ni lerdos ni perezosos, los ruralistas aprovechan la sequía para intentar una cosecha todavía mejor a la que tienen desde diciembre de 2015. La Sociedad Rural de Rosario, exigió que el gobierno adopte medidas adicionales tendientes a que los productores enfrenten las pérdidas provocadas por la sequía. Entre ellas, propone que se adelante el cronograma de reducción de las retenciones a la soja, que actualmente está en 28,5 por ciento, pero también que se suprima el pago de anticipos por el impuesto a las Ganancias de 2018. Sólo durante 2016 la transferencia hacia el agronegocio a raíz de la quita de retenciones, fue de alrededor de sesenta mil millones de pesos, esto sobre un tipo de cambio que promedió los quince pesos por dólar.

 

¿Chau Indec?

El Indec podría desaparecer para ser reemplazado por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) que estaría presidido por el secretario de Política Económica. Todo esto si prospera una iniciativa en la que el ejecutivo está trabajando por medio del Ministerio de Hacienda, que se espera plasmar en un proyecto de ley que derogue la ley 17.622 para crear el Sistema Estadístico Nacional, que estaría conformado por el Consejo Nacional de Información Estadística y el INE.

 

23.3.18

51 por ciento nacional…

YPF vendió el 25 por ciento de su unidad eléctrica a General Electric, además, la petrolera estatal anunció la búsqueda de un tercer socio que adquiera un 24, 5 por ciento adicional para desarrollar un plan de inversiones multimillonario.

 

En picada

Economistas de La Bolsa de Cereales de Buenos Aires anunciaron que la sequía que se extiende en gran parte de la zona núcleo agraria, ya provocó un daño económico de 3.436 millones de dólares. El impacto de la escasa lluvia registrada durante el período de cosecha 2017-2018, implicará una pérdida de once por ciento en los ingresos agrícolas estimados para este año.

 

22.3.18

¡A agarrarse!

En EE.UU., las acciones bursátiles que cotizan en los tres principales índices de Wall Street, se desplomaron hoy en la que significa la mayor baja porcentual diaria en seis semanas, después de que Donald Trump anunciara un plan de aranceles contra la República Popular China por hasta sesenta mil millones de dólares. Esta situación también provocó remezones en las bolsas europeas. Ahí, Londres cayó 1,23 por ciento, Fráncfort cayó 1,70, París 1,38 y Madrid 1,49. Por su parte, el Merval cayó un 1,1 por ciento.

 

Para abajo

De acuerdo a lo que informó hoy el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), durante enero, las ventas en supermercados, bajaron un tres por ciento en término interanuales.

 

Otra vez

En lo que ya se está volviendo costumbre, el Banco Central volvió a intervenir desde el inicio de la jornada para evitar que el precio del dólar se dispare. Esta vez vendió alrededor de cuatrocientos millones de la moneda estadounidense para lograr que cierre casi estable en 20,59 pesos en agencias y bancos de la city.

 

Inflación

Los precios de los productos de Pascuas aumentaron hasta un sesenta por ciento con respecto al año pasado. Así se desprende de un informe de la consultora Focus Market, que da cuenta de que el kilo de pescado subió un 44 por ciento, la rosca un 61 y el Huevo Kinder escaló en un 62.

 

20.3.18

Diez al veinte

De acuerdo a un relevamiento del Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella, correspondiente a marzo, por décimo mes consecutivo las expectativas de inflación se mantienen en veinte por ciento. Además, según el promedio, aumentaron un 2,2 puntos porcentuales respecto de la medición de febrero y se ubican en 29 por ciento. Mientras tanto, desde La Rosada, la massmedia de gobierno, el Banco Central y La Isla de la Fantasía, insisten en que la inflación 2018 va a ubicarse en el quince por ciento.

 

Una historia de amor

“Han sido dos años asombrosos”, dijo la titular del FMI, Christine Lagarde, al referirse al período inaugurado en Argentina en diciembre de 2015. “En esos dos años las autoridades argentinas han logrado mucho en política monetaria, en la reorganización del gasto público, reducción de la presión impositiva, libre competencia, desarrollo de talento y reducción del gasto innecesario en algunos sectores”, aseveró al respaldar a Mauricio Macri. Queda claro quiénes pagaremos los platos rotos cuando se acabe el idilio.

 

19.3.18

¿Precalentando?

“La meta inflacionaria del quince murió el día que nació”, dijo el ex presidente del Banco Nación, Carlos Melconian, quien descartó que por ahora esté en las gateras para hacerse cargo del Ministerio de Economía o del de Finanzas, pero reconoció que tiene “vocación pública, estoy al lado del Presidente y siempre disponible”. De todos modos, alertó sobre la “dinámica de endeudamiento” y reconoció que “una de las herencias no de las malas recibidas, es un endeudamiento bajo, que da espacio para subirlo”.

 

Rompe récord, rompe mitos

¿Se acuerda cuando le decían que el Gobierno Cambiemos nunca intervendría en la economía porque el mercado acomoda todo mágicamente? La semana pasada, el Banco Central volvió a jugar fuerte en el mercado cambiario con 540 millones de dólares en lo que fue, hasta ahora, su mayor desembolso desde las Paso de agosto. Lo hizo en su afán por contener al dólar, algo en lo que -además- sigue fracasando. La autoridad monetaria colocó más de 723 millones desde el lunes 5 de marzo. Como se ve, otro mito del libre mercado se cae a pedazos y con él, otra mentira de Cambiemos.

 

Algo huele mal

“La inflación depende de la próxima estupidez que haga el jefe de Gabinete”, recalcó el economista de clara posición neoliberal, Javier Milei, quien junto a otros de ese club como José Luis Espert y Carlos Melconian, viene expresándose en tándem para correr al ejecutivo, pero por derecha. En este caso, Milei no se privó de nada y caracterizó a Marcos Peña como un “parásito inútil” que no sabe “sumar ni con una calculadora” y lo responsabilizó por la inflación, tras lo que hizo hincapié en que “el modelo económico está a la deriva” porque lo lleva adelante “gente incompetente”. Cuando a un gobierno de derecha lo corren por derecha, es porque en su mismo seno ya comienzan a madurar las condiciones para un ajuste todavía más cruel que el que se viene perpetrando desde diciembre de 2015.

 

Para arriba

De acuerdo al Indec, el costo de la construcción trepó en febrero un 1,8 por ciento impulsado por un alza del 2,8 en los precios de materiales, del 3,7 en gastos generales y el 0,7 en la mano de obra. Desde el mismo mes de 2017, el costo de la construcción aumentó 24,7.

 


 

 

Una pausa de treinta días7.8.2018

Buscando acuerdos para el ajuste

El Gobierno Cambiemos anunció la suspensión de un mes para lograr un mayor consenso y así perpetrar la baja de asignaciones a múltiples familias.

“Preocupa esta avanzada de recortes ya que muchos trabajadores dependen de un escaso ingreso relacionado al estado”, denunció Leonardo Rosales, del PC de Jujuy, tras el decreto 702/2018 que firmó Gabriela Michetti que indica la baja de asignaciones familiares a los sectores más vulnerables del país.

Puntualmente en la provincia jujeña, los departamentos de Cochinoca, Humahuaca, Rinconada, Santa Catalina, Susques y Yavi se verán afectados cuando prospere esta medida.

Esto se enmarca en un contexto donde el Ejecutivo comandado por Mauricio Macri, luego del acuerdo realizado con el FMI, busca una baja del déficit fiscal con un feroz ajuste de 300 mil millones de pesos a los que menos tienen.

Es por eso que el gobierno impone un achicamiento del tope de ingresos para los beneficiarios de asignaciones familiares provenientes de Anses, el cual quieren bajar de 94.786 a 83.917 pesos. Y además la normativa indica que si uno de los integrantes de la familia supera los 41 mil pesos no tendrá más el subsidio, valor que antes rondaba en los 47 mil.

En esa línea, los habitantes de las consideradas Zonas desfavorables de provincias del norte y del sur de Argentina pasarán de cobrar 3.500 pesos por mes a 1.829 en el mejor de los escenarios. Ese monto se le adjudica actualmente a la Zona Metropolitana e implicará una baja de casi un cincuenta por ciento de la asignación para dichos sectores.

Un recorte que duele

Leonardo Rosales, secretario del PC de Jujuy, habló de la particular situación que se vive en la provincia liderada por Gerardo Morales. “El gobernador está en absoluta consonancia con las políticas nacionales de ajuste”, denunció Rosales que remarcó: “preocupa esta avanzada de recortes donde los trabajadores dependen de un escaso ingreso relacionado al estado”.

En ese sentido, el militante comunista señaló que “la asignación familiar es muy importante ya que acá la actividad privada es poca o nula y está explotada por empresarios que no generan trabajo”.

Respecto a las condiciones de los jujeños expresó: “vivir acá es duro dada las condiciones geográficas, son personas que afrontan una situación más difícil que otros sectores”.

Por último, Rosales insistió en el avance del Gobierno Cambiemos en sus políticas de ajuste al pueblo trabajador. “El paradigma de estas personas es que la gente es un número, justamente las que más necesitan son las que están siendo apartadas con estas medidas”, finalizó.

Un PBI de retenciones

Desde la llegada de Mauricio Macri a la Casa Rosada, la quita de retenciones al sector agropecuario y a la minería le generó una pérdida enorme de ingresos al estado. Y la manera de recuperarlos es a través de una brutal transferencia de recursos de los trabajadores hacia los sectores empresariales.

Tan solo en 2016, el valor que perdió el estado tras liberar al campo de estos impuestos alcanzó un punto del PBI. Mientras que el monto correspondiente al sector minero, el cual Macri quitó con el decreto 349/2016, representaba más de 200 millones de dólares.

 

Gramsci, FMI y la UCR24.7.2018

Instinto de clase

El gobierno está en un atolladero autogenerado por las medidas económicas que impone ¿Falta política? El FMI y la UCR tienen algo para decir. Mientras tanto, la derecha pugna por imponer su hegemonía ¿Podrá con un dólar a treinta, 35 puntos de inflación anual y creciente desempleo?

La crisis económica del país es de tal magnitud que hasta la Unión Cívica Radical y el Fondo Monetario Internacional sugieren al gobierno que no elimine las retenciones a las exportaciones del agro ¿Giro “populista” y “neokeynesiano” del Fondo y los radicales?

Nada de eso. Por momentos pareciera que los aliados —coyunturales y estratégicos— del gobierno entienden mejor la política que el elenco que integra el mejor equipo de los últimos cincuenta años.

Los números difundidos esta semana por el Indec fueron lapidarios para el gabinete económico y gravísimos para la inmensa mayoría de la población que no piensa en tasas de interés, Lebacs, Letes mercados emergentes. El primer semestres del año bastó para barrer con la meta inflacionaria estipulado por Macri, Dujovne, Caputo y compañía. Tanto el interanual como la proyección 2018 confirman que el piso de la inflación macrista es del treinta por ciento. A eso hay que añadirle una caída estrepitosa del consumo, la actividad industrial, pérdida del poder adquisitivo y una crisis cambiaria indomable que moldea un 30/30 —inflación/dólar— como característica principal de la economía nacional.

En este marco la propuesta del FMI y los radicales de no tocar más las retenciones, e incluso de aumentarlas, no sólo no suenan descabelladas sino que se puede explicar por el instinto de supervivencia de clase del bloque de poder.

Como venimos sosteniendo en Nuestra Propuesta desde que Cambiemos colocó en el sillón de Rivadavia a Macri en 2015, uno de los principales desafíos del proyecto económico del bloque de poder, en el marco del rediseño social del país, era perpetrar el mayor ajuste en el menor tiempo posible.

Para ello no sólo hay que manejar a la perfección el arte del saqueo y el robo organizado, poiesis que la ceocracia domina con solvencia, sino que además se necesita de talento político para ejercer la hegemonía.

Ya Gramsci dejó en claro hace décadas que la hegemonía se ejerce, es decir, que más que dominio —que es una característica propia de la sociedad política, es decir, del Estado— del conjunto de la sociedad, se basa en la dirección política, cultural e intelectual de la sociedad. Para que esta sea efectiva la clase dominante tiene que lograr consensos y brindar concesiones al resto de las fracciones de clase, especialmente, a aquellas contra las que no puede descargar la fuerza represiva del Estado debido a la correlación de fuerzas de la etapa.

¿Cómo no pensar la propuesta del FMI y la UCR en clave hegemónica, cuando comienza a avistarse que la situación económica puede poner en peligro una victoria electoral del macrismo en 2019 cuando hasta hace poco se daba por hecho?

Retenciones y algo más

Para contestar a esta pregunta basta con repasar el costo político y económico que significó para el gobierno la eliminación total de las retenciones al maíz y el trigo desde el día uno y la quita mensual de 0,5 por ciento a las exportaciones de soja. ¿Cómo influyó esto en la capacidad del gobierno para sostener políticas de Estado mínimas para contener, al menos, las consecuencias del voraz saqueo que implica la timba financiera, la fuga de capitales, los despidos en el sector público, la devaluación, la pérdida del poder adquisitivo del salario y la destrucción del mercado interno?

Según un informe del Centro de Economía Política de Argentina (Cepa) la rebaja de las retenciones a la soja impactará de lleno en la recaudación fiscal de este año: ocho mil millones de pesos que el Estado dejará de recaudar.

En lo que va de la gestión Cambiemos, sólo por esta medida económica, el Estado dejó de recaudar casi 35 mil millones dólares, más del sesenta por ciento del crédito Stand-by de alto acceso solicitado al Fondo Monetario.

Vale recordar que la primera medida política y económica de Macri, anunciada en un acto público, fue la quita y baja de retenciones a los derechos de exportación para el agro, lo que significó, inmediatamente, una pérdida de quince mil millones de dólares para el Estado nacional, y unos diez mil millones por año.

Se podría decir que el crédito del Fondo viene a paliar la pérdida de la recaudación que el gobierno provocó con la eliminación de las retenciones al agro. Pero también, hay que recordarlo, eliminó la alícuota simbólica de tres por ciento que pagaban las mineras por sacar del país los recursos que extraen de nuestro suelo.

Pero como si fuera poco, el gobierno también desreguló el comercio exterior, eliminando el control de las importaciones y exportaciones, lo que explica el déficit comercial récord que tiene nuestro país desde que Macri llegó a la Rosada.

La comprobación de que se trata de un plan perfectamente pergeñado e implementado por el bloque de poder se deja ver en algunos ejemplos. Quizás el más paradigmático sea que el propio Ministro de Agroindustria sea el extitular de la Sociedad Rural Argentina, Luis Miguel Etchevehere.

En este escenario resulta evidente que la consolidación de la hegemonía de la derecha presenta dificultades, lo que no quiere decir que encuentra fisuras en diversos ámbitos. Si la actualidad presenta “turbulencias” ¿cómo afrontar un futuro cercano que pinta negro en materia económica y social?

El FMI dibuja una hoja de ruta -económica y política- que la UCR acompaña fiel a su tradición entreguista.

G-20, FMI, Ocde y TLC.23.7.2018

Siglas para el terror

Con el apoyo de Lagarde y el secretario del Tesoro de EE.UU., el Gobierno Cambiemos aprovechó el encuentro de ministros del G-20 para relanzar el intento por lograr una membrecía en la Ocde y el acuerdo Mercosur-UE.

Con la mirada puesta en la cumbre de mandatarios del G-20 que se llevará a cabo en Buenos Aires entre el 30 de noviembre y el 1º de diciembre, el Gobierno Cambiemos fue desde el viernes -y hasta ayer- anfitrión del encuentro de ministros de finanzas y titulares de bancos centrales de ese organismo multilateral, que se celebró en la capital argentina.

Ahí, con la presencia descollante de la directora gerente del FMI, Christine Lagarde y el secretario del Tesoro de EE.UU., Steven Mnuchin, el gobierno recibió un apoyo explícito a la política de ajuste que desarrolla desde diciembre de 2015, la misma que blanqueó con la irrupción del Fondo.

La llegada de Lagarde era esperada por el Staff Cambiemos y, particularmente, por Mauricio Macri, que en un escenario de moderada zozobra política, está urgido de dar señales claras al tándem de poder que representa.

Por eso la titular del FMI, que próximamente va a reabrir en Buenos Aires la oficina desde donde se monitoreará el cumplimiento del Stand-by que suscribió con el ejecutivo, fue recibida con la consideración que excede al tratamiento que el protocolo indica para alguien de su investidura.

Tras revisar los libros de Economía, Lagarde cenó en la Quinta Presidencial y después, durante el encuentro del G-20, apadrinó al ministro Nicolás Dujovne y al presidente del Banco Central, Luis Caputo.

Es que el universo que representa -desde la política- el G-20 y fundamentalmente su núcleo duro, el G-6, tiene razones valederas para desconfiar sobre el éxito del programa de ajuste que el Gobierno Macri le vendió al Fondo.

Por eso es que una de las cartas fuertes que el ejecutivo puso sobre la mesa en este encuentro, es su abierta voluntad de avanzar en todo lo que sea necesario para que Argentina sea aceptada en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), pero también para que se pueda concretar un acuerdo entre el Mecosur y la Unión Europea (UE).

Aquí vale recordar que, tal como lo señaló desde un primer momento NP diario de noticias, el acuerdo que viabilizó el Stand-by entre nuestro país y el FMI, es el resultado de un camino que diseñó el tándem de poder que gobierna desde diciembre de 2015.

De ahí que las crisis monetaria y cambiaria, además de crisis financiera en que derivó, lejos están de ser consecuencias de impericia, factores externos o cualquier otro imponderable, sino que corresponden a un plan meticulosamente pergeñado que se completa, al menos en uno de sus capítulos, con la entrada a la Ocde y el acuerdo Mercosur-UE.

“España debe incentivar más la prolongación de la vida laboral ya que su sistema de pensiones tiene un problema financiero derivado del envejecimiento”. Esto lo dijo Hervé Boulhol, quien es economista senior responsable de pensiones de la Ocde, cuando no hace mucho se refirió al sistema de jubilaciones de este país que tiene problemas de financiamiento, pero que derivan de la política llevada a cabo -sobre todo- por los gobiernos encabezados por Aznar, Rodríguez Zapatero y Rajoy.

Fue durante las gestiones de estos jefes de Estado -del PP y el Psoe- cuando sistemáticamente se vació La Hucha, tal como ahí se conoce al Fondo de Reserva de la Seguridad Social, para tapar el agujero fiscal que iban dejando reformas regresivas en el terreno laboral e impositivo que se implementaron a instancias -entre otras- de recomendaciones de la propia Ocde.

¿Tendrá alguna similitud todo esto con lo que está haciendo el Gobierno Cambiemos con el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses (FGS)?

¿Y qué pasó en España? Entonces, con La Hucha llena de agujeros, apareció la Ocde para plantear que el sistema de pensiones que tiene ese país es demasiado generoso, por lo que debe abrirse a la intervención del capital financiero privado.

Pero, asimismo, a que las personas estén obligadas a trabajar más años después de jubilarse, porque si no lo hacen, ni siquiera pueden soñar con complementar ingresos que le permitan sobrevivir. Esto no es otra cosa que un sistema de jubilaciones privado sustentado por aquellos a los que ya se les sacó hasta la última gota.

¿Pero cómo se puede llegar a que se acepte algo así? Ahí y aquí, el camino es sencillo: forzar el quebranto del sistema, para después apropiarse y transformarlo en negocio sustentado por trabajadores, en beneficio de multinacionales y actores del sistema financiero local.

Así también lo dejó en claro el jefe de la Unidad de Pensiones Privadas de la División de Asuntos Financieros de la Ocde, Pablo Antolín, cuando al comenzar el año reclamó que España lleve a cabo una reforma integral en el sistema de pensiones. Lo hizo al presentar un documento del organismo en el que también recomienda “abaratar el despido -esto es reducir las indemnizaciones- y aumentar los plazos de preaviso y subir el IVA”.

Ahora bien, si la Ocde pide todo esto para un país como España, que ya es miembro del organismo ¿se imagina qué es lo que va a exigir para uno que, como Argentina, tiene un gobierno capaz de hacer cualquier cosa para lograr la membrecía.

¿Futuro del trabajo?

El “futuro del trabajo”, es uno de los temas centrales que propuso el Gobierno Macri para la agenda del G-20, pero también uno de los tópicos clave para el objetivo del relanzamiento del intento por lograr un acuerdo entre la UE y el Mercosur que, si hasta ahora fracasó, fue sólo por objeciones provenientes de algunos de los principales jugadores del bloque europeo.

Esto quedó claro cuando, en enero, al visitar a Emmanuel Macron, Macri le pidió “no desperdiciar esta oportunidad” para que la UE avance en un tratado de libre comercio con el Mercosur. La respuesta pública del mandatario francés fue contundente: ese acuerdo podría ser “desestabilizador” para el sector bovino de su país.

Macron también habló de “líneas rojas” que su país no está dispuesto a pasar y recalcó que la Política Agrícola Común de la UE -que tiene a Francia y Polonia a la cabeza- se mantiene firme en puntos clave como las barreras existentes en lo inherente a las carnes rojas, productos agrícolas y el bioetanol.

Es que las reglas son claras: en el universo capitalista sigue habiendo vecinos de primera y de segunda, y las fronteras entre ambos son infranqueables, ya que eso del liberalismo tiene un carril de única dirección.

Este y no otro, es el mundo -cerrado a la importación, abierto a la deslocalización y proclive a la externalización- en el que el Gobierno Cambiemos quiere meter a Argentina. Esto es, terminar de convertir a nuestro país en un campo orégano para la maximización -rápida y segura- de la tasa de ganancia del capital financiero.

Y lo hace junto a Brasil, enarbolando la bandera de haber hecho el “trabajo sucio de derrotar al populismo” y con la promesa de ceder todo lo que sea necesario y aún más.

Todo esto que significa darle un golpe letal a la pequeña y mediana industria y al trabajo a cambio de poco y nada, se expresa con claridad en las palabras del secretario de Asuntos Internacionales del Ministerio de Finanzas de Brasil, Marcello Estevao, quien celebró que el ejecutivo propusiera como tema central de la agenda del G-20 el “futuro del trabajo”.

En su paso por Buenos Aires, Estevao fue claro cuando hizo hincapié en el “vínculo muy estrecho” que existe entre la propuesta del Gobierno Macri y la reforma laboral en que avanzó Michel Temer a poco de que un golpe parlamentario se cargara a la Presidencia Rousseff.

El funcionario explicó que, en su país, la reforma apunta a “disminuir el grado de rigidez de las relaciones laborales”, algo que “va en la misma dirección que la idea del ‘futuro del trabajo’ porque es necesario tener mercados de trabajo más flexibles”.

Y remarcó que el acuerdo entre Mercosur y UE, sería “muy importante” porque el bloque sudamericano “es muy cerrado en términos comerciales”, tras lo que destacó que es preciso “trabajar para tener, principalmente, más importaciones en el bloque” ya que “si se importan los bienes que nosotros hacemos pero son muy caros, los productos nacionales serán más baratos y competitivos”.

Así las cosas, queda claro que ambos proyectos, diseñados en consonancia con las requisitorias del FMI y la Ocde, tienen su leitmotiv en el acotamiento -a punto de la extinción- de la capacidad de negociación por parte del universo del trabajo y el drástico cercenamiento de derechos laborales adquiridos por los trabajadores.

Pero asimismo, en garantizar un nuevo orden capitalista que -más allá de la puja entre facciones- se sustenta en el poderío militar, la supremacía del dólar como moneda de intercambio global, la extracción de recursos económicos de la periferia.

Por eso el putsch que busca -una vez más- transformar en privada y multinacional a la riqueza social que, en algunos lados, se construyó en años de lucha. Y de esto van los tratados de libre comercio como el que se pretende hacer entre la UE y el Mercosur. Pero también el ingreso a la Ocde y la renovada relación con el FMI.

 

El FMI difundió los detalles del Stand-by16.7.2018

Letra chica, infierno grande

Por si alguien tenía una duda aparecieron los papeles. Ya quedó claro de cuánto es la cuenta y quiénes quieren que paguen. El Fondo de Garantías de Sustentabilidad de la Anses sale a remate ¿Neoliberalismo? ¡No, capitalismo!

Una serie de documentos elaborados por técnicos del FMI, que se hicieron públicos el viernes, hacen una evaluación interna de la economía argentina y brindan detalles del programa de ajuste fiscal que acordó con el Gobierno Cambiemos a cambio del Stand-by de cincuenta mil millones de dólares, de los que ya se depositaron quince mil millones.

Aunque nada de lo que se reconoce en esos textos es nuevo, verlos ya en letra no tan chica da cuenta de la gravedad de la situación en la que el ejecutivo que encabeza Mauricio Macri metió a todos los argentinos.

Ahí se postula que el organismo internacional impone a nuestro país revisiones trimestrales, el monitoreo diario del precio local del dólar, el dinero que emite el Banco Central y los instrumentos de deuda doméstica como las tasas de interés de Lebac, Letes y Botes.

Esto quiere decir que la política monetaria y cambiaria, pasa a depender exclusivamente de la suerte de consulado del Fondo en que –abiertamente- se convierte al Central.

Pero esta delegación de soberanía en una instancia supranacional como es el FMI, es sólo una parte del acuerdo.

Los documentos revelados el viernes, dan cuenta de que el Gobierno Macri acordó que la recomposición salarial para los trabajadores estatales durante 2019, no va a poder superar el ocho por ciento y también la liquidación de predios y otros bienes estatales.

También que va a perpetrar una nueva ronda de ajuste en el sector público: no va a renovar contratos y evitará incorporaciones, al tiempo que profundizará el tarifazo crónico que el país sufre desde diciembre de 2015. Y que prevé seguir recortando la obra pública, así como transferir a las provincias y municipios obligaciones que hasta ahora son del Estado nacional.

Pero esto no es todo. Un capítulo más que preocupante es el que señala que, al acordar con el FMI, Argentina se compromete a rematar el Fondo de Garantías de Sustentabilidad (FGS) de la Anses, cuyos activos se utilizarán para cubrir gastos del sistema de la seguridad social.

Este camino de desfinanciamiento del sistema público y universal de pensiones, comenzó con el recorte de los aportes patronales que dispuso el gobierno y siguió con el blanqueo que utilizó a los jubilados para favorecer el perdón de delitos fiscales a amigos de clase e integrantes del staff gobernante.

Continuó con la reforma regresiva jubilatoria, el ajuste sancionado por el Congreso en diciembre de 2017, que se fundamentó en las instrucciones del FMI, el Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde).

Y ahora, tal como se desprende del documento firmado por el gobierno y el Fondo, pretenden darle un golpe letal que llevaría al sistema al borde del colapso, lo que abriría las puertas al sistema de capitalización, pero también permitiría que corporaciones empresarias se hagan con acciones que están en manos de la Anses desde que, en 2008, se promulgara la Ley 26.425 que traspasó al Estado los activos que administraban las Afjp.

Friends are friends

Otro de los puntos con los que insiste el Fondo, es el referido a las retenciones. Aquí vale recordar que poco más de un mes atrás, el ejecutivo deslizó la posibilidad de morigerar el camino que inauguro -apenas asumió- hacia las retenciones cero a todo el agronegocio. Pero la respuesta de ese sector, que provino desde su mismo gabinete a cargo de Miguel Etchebehere, hizo que rápidamente el propio presidente se desdijera.

Ante la divulgación de esta letra chica del documento, desde la Sociedad Rural volvieron a amenazar. “Hace dos semanas hablamos con el presidente y nos transmitió que estaba convencido del rumbo de ir llevando las retenciones a cero, estamos confiados en su decisión”, dijo el titular de la entidad, Daniel Pelegrina, y descartó la posibilidad de que el Gobierno frene la baja de retenciones porque, advirtió, “un cambio en esta política sería preocupante”.

El mensaje que viene desde este sector, uno de los más concentrados del capital que interviene en el país, es claro y proviene desde la misma médula de su condición de clase: ajuste sí, pero no con nosotros.

Pero no son estas las únicas voces que se escuchan desde el universo del capital. Desde lo más concentrado del sector empresarial se relamen con la idea de que el Estado liquide las acciones del FGS de la Anses.

En este sentido el Gobierno Cambiemos ya dio señales claras de hacia dónde va cuando despojó al Estado, sin autorización del Congreso, de las acciones que poseía en Solvay-Indupa y Petrobras Argentina que le vendió a Pampa Energía, el grupo de Marcelo Mindlin.

Vale recordar que cuando entró en vigencia la Ley 26.425, el Estado pasó a administrar, entre otros paquetes accionarios, el 25 por ciento de Telecom, treinta por ciento de Banco Macro, 21 de Mirgor y el nueve del grupo Clarín.

Ahora, con la carta de intención suscripta con el FMI en la mano, el ejecutivo puede recorrer este camino y seguir despojando al Estado de su posición en corporaciones, algo que posee un sentido estratégico para el sistema previsional actual y futuro.

Por eso es que cuando, allá por mayo, Macri dio a conocer su intención de que Argentina volviera a acordar un Stand-by con el Fondo, representantes de diez de los principales grupos empresarios radicados en el país, picaron en punta para dar su apoyo a la iniciativa.

Fue en un encuentro que se llevó a cabo en La Rosada en el que participaron Amancio Oneto, de Molinos; por Techint Luis Betnaza, el representante de Came Gerardo Díaz Beltrán, por la UIA estuvo Miguel Acevedo, Eduardo Eurnekian participó por la CAC, Enrique Cristofani en representación del Banco Santander Río y a ellos se sumaron Alfredo Coto, Eduardo Elzstain, Cristiano Rattazzi y Martín Migoya.

Y la idea caló hondo. Apenas dos meses más tarde, una encuesta que las consultoras BDO y Taquion realizó entre empresarios, da cuenta de que la mitad está conforme con el acuerdo con el FMI y el cuarenta por ciento considera que la situación que atraviesa el país es consecuencia de “la pesada herencia”.

Friendly Criminality

¿Será entonces –sólo- que el universo del capital aprovecha la volteada y, con oportunismo, se lanza sobre el FGS de la Anses? Creer en estos sería, por lo menos, ingenuo. Como ya se explicó en NP diario de noticias el mismo día en que Macri daba a conocer que Argentina volvía a buscar un Satand-by con el Fondo, más allá de las incompetencia para enfrentar la crisis monetaria y cambiaria, lo que estaba anunciando era consecuencia de un plan meticuloso que fue diseñado antes de que Cambiemos ganara las elecciones 2015.

De hecho, Cambiemos fue gestado -entre otras cosas- para perpetrar este plan en el que invirtió el empresariado que actúa en el país y ahora, sencillamente, espera cobrar los dividendos de su inversión.

También insistimos con el carácter paradigmático que el Gobierno Cambiemos representa de la forma simbiótica que –insoslayablemente- posee la relación entre la corporación y el Estado Liberal Burgués (ELB), que genera condiciones para el desarrollo del capital y lo protege cuando, indefectiblemente, provoca daño social que sólo mide en términos de coste y beneficio.

Por eso, lo que ahora pretende consumar el gobierno a la luz del acuerdo con el Fondo, no es otra cosa que una vuelta de rosca más –y grave- en una práctica que es inherente a la relación que establece el capital.

La destrucción de bosque nativo en Salta, la apropiación privada de los Esteros del Iberá, recurrentes fraudes financieros como los que se suceden en estos días, el ataque que se perpetra contra el salario y el trabajo son eslabones de la misma cadena que lleva a la apropiación privada del FGS de la Anses. En todos los casos, lo que desde la massmedia hegemónica se presenta como “escándalo” no es otra cosa que crímenes.

Porque en el contexto de las relaciones que establece el capital, aquello que se pretende exhibir como una desviación excepcional, no es otra cosa que la norma ¿Acaso este tipo de conductas criminógenas que se dan en el marco del neoliberalismo no se verifican en la versión reformista-distributiva que nunca se planteó -ni siquiera- cuestionar el carácter canónico que el capitalismo le confiere a su mirada sobre la relación entre capital y trabajo y la preeminencia de la clase propietaria?

La letra chica del Stand-by sale del propio ADN capitalista que es criminógeno, por eso se enmarca en la lógica de corporaciones que reducen costes y maximizan beneficios, porque desde esta perspectiva, la empresa es un sistema externalizador de costes: privatiza ganancias y socializa pérdidas.

El jueves Macri adelantó que va por un nuevo ajuste, esta vez, por trescientos mil millones de los que las provincias deberían asumir la mitad.

Hoy aunque mantuvo su previsión sobre el crecimiento de la economía mundial -para este año- en 3,9 por ciento, el FMI volvió a recortar la perspectiva de crecimiento para Argentina. Y argumentó que la reducción refleja la necesidad de más ajuste en nuestro país.

Entonces, queda claro que volver al Fondo no es producto de impericia o casualidad, sino de un proceso que responde a la propia dinámica que el desarrollo capitalista reserva –aquí y ahora- para formaciones estatales capitalistas periféricas como la nuestra.

Pero también que, cuando se lee la letra chica de este proceso, se puede advertir que de lo que va la cosa es de un momento caracterizado por el tránsito de gobiernos del bussiness friendly a los que, decididamente, integran el staff de friendly criminality.

Dolarización de la deuda y la economía12.7.2018

No hay magia

El gobierno sigue buscando un conejo en la galera para sostener el ajuste sin perecer en el intento y no lo encuentra. ¿Irracionalidad económica? ¿Impericia? Nada de ello, todo forma parte de un plan orquestado a la perfección por el bloque de poder.

La implementación del modelo económico de la derecha comienza a mostrar signos de agotamiento al interior mismo del sistema financiero: la reacción de “los mercados”, es decir, de aquel sector del bloque de gobierno sobre el que se sustenta una cuota importante del poder del macrismo, es una clara muestra de ello.

En las últimas semanas, tal como damos cuenta en Nuestra Propuesta Diario, el gabinete económico inició un proceso de dolarización de la deuda pública al licitar bonos en dólares –Letes– mediante suscripción de Lebac. La operación, que a simple vista puede resultar tentadora para los inversores que apuestan a la timba financiera en Argentina, sin embargo, no está dando los resultados esperados. Un claro ejemplo es que ayer el gobierno colocó Títulos del Tesoro en moneda yanqui a una tasa del 5,5 por ciento.

Como referencia, podríamos citar la tasa de interés que fija la FED en EE.UU.: dos por ciento. El 5,5 por ciento de interés de los bonos en dólares que emite el macrismo convive con una tasa de referencia local en pesos promedio del 47 por ciento y un piso inflacionario de treinta puntos para este 2018. Esto explica que pese a los esfuerzos del gabinete, el gobierno comience a ver complicado el escenario entre los bancos internacionales y grupos inversores que poseen títulos de deuda de Argentina.

Por ello, no sorprende que la semana pasada en La Rosada hayan sonado las luces de alarma. Cuando salieron a licitar Letes esperaban colocar 1.500 millones de

dólares, pero al cerrar la jornada sólo licitaron 422 millones -menos del uno por ciento del volumen de las Lebac-, por lo que se vieron obligados a reabrir la licitación. Ahora, una semana después, tienen que subir la tasa en dólares al 5,5 por ciento.

La suba de la tasa de los bonos en moneda estadounidense no debe observarse como una estrategia aislada en el proceso de dolarización de la economía que lleva adelante el macrismo. Hay que ser claros en lo siguiente: una cosa es que los precios de la economía estén condicionados por el dólar y otra muy distinta es dolarizarlos. Un claro ejemplo de ello es la política de precios en tarifas y combustibles del gobierno.

La liberalización del precio de los combustibles, combinada con una estrategia de “libre flotación” en la cotización del dólar, hizo que en menos de un año el precio de la nafta súper pasara de los 19 a los casi treinta pesos promedio en el país. Ni hablar del precio de las tarifas que explican, en gran parte, el ritmo acelerado de la inflación y la pérdida sostenida del poder adquisitivo del salario.

Cavallo a luz y sombra

La propuesta de consolidación de la deuda pública de pesos a dólares tiene antecedentes en la historia argentina: Domingo Cavallo. Este, no sólo fue el impulsor de la estatización de la deuda privada durante la última dictadura militar –que benefició, entre otros, a la familia Macri– sino que en la actualidad aparece como el consejero estrella de Nicolás Dujovne y Luis Caputo. Por ello no fue coincidencia que, el mismo día que el gobierno lanzó la oferta de licitar Letes mediante suscripción de Lebac, el ex superministro de Menem y de la Rúa publicó en su blog personal su receta para superar la crisis cambiaria: consolidar la deuda pública en dólares.

Con esta iniciativa el gabinete, no satisfecho con la impresionante deuda de pesos en Lebac que supera en 1,2 veces a la base monetaria nacional, arma una nueva bomba de tiempo en dólares ¿Irracionalidad económica? ¿Impericia? Nada de ello, todo forma parte de un plan orquestado a la perfección por el bloque de poder. Los vaivenes e idas y vueltas de los inversores, que obligaron al gobierno a recurrir al FMI para seguir obteniendo financiamiento externo, son las manifestaciones coyunturales de un problema estructural de la economía argentina provocado por la voracidad de las clases dominantes, especialmente de las fracciones financieras y exportadoras.

Para tomar real magnitud de la presión a la que somete la política de saqueo del gobierno a la economía nacional, alcanza con un dato: la deuda pública y privada representa, en la actualidad, el 89 por ciento del producto bruto interno. Esto explica, en gran medida, porque el gobierno se vio obligado a recurrir a un crédito stand by del FMI, con todas las contraprestaciones que implica.

Es evidente a esta altura el fuerte condicionamiento externo de la economía argentina. El proceso de financierización de la economía iniciado por la dictadura militar es profundizado por el macrismo como nunca antes. Argentina es hoy uno de los países más sensibles a los vaivenes del sistema financiero internacional y a la política de fortalecimiento del dólar sostenida por Donald Trump. Por eso en Inglaterra el diario The Economist se anima a aventurar que “la crisis cambiaria argentina está lejos de terminar” y que “la débil moneda y los punitorios altos intereses significan que la recesión será inevitable”.

Esta claridad con la que se observa el proceso económico argentino en Inglaterra es la misma que tienen los grupos inversores y bancos con intereses en el país ¿Acaso el gobierno no lo ve? No sólo lo ve, sino que es parte del bloque de poder que contribuye a la inestabilidad de la economía ¿Por qué? Porque las medidas económicas están destinadas a sostener, mientras las condiciones socio-económicas lo permitan, el saqueo mediante timba financiera y fuga de capitales. De la producción nacional, el poder adquisitivo del salario y el mercado interno que se encarguen otros.

 

El gobierno busca un conejo en la galera11.7.2018

De las Lebac a las Letes

La confianza empresarial por el piso y los precios por el aire. Una vieja obsesión por el déficit fiscal. ¿Será acaso que el problema no está en la generación de riqueza sino en la desigualdad?

Queda claro que el gobierno lucha por abroquelarse en una paridad cambiaria que no supere los treinta pesos por dólar. De ahí que persista con tasas que rondan el 47 por ciento que -lo sabe- significan una bomba de tiempo. Pero para desactivarla activa otra y peor por medio de la licitación de Letes y de un bono en moneda dual, lo que transforma deuda nominada en pesos por otra nominada en dólares.

En este punto es prudente recordar que el volumen de deuda que el Gobierno Cambiemos acumuló -sólo con las Lebac- representa algo así como diez puntos del PBI, deuda que sigue creciendo conforme se utiliza esta herramienta para intentar frenar la escalada del precio de la divisa estadounidense.

¿Pero qué está pasando? ¿Será que aquello que algunos llamaron el Círculo Rojo consideran que el Staff Cambiemos ya dio todo lo que tenía para dar?

Lo que pasó la semana pasada encendió luces de alarma en La Rosada. Cuando salieron a licitar Letes esperaban colocar 1.500 millones dólares, pero al pasar la gorra sólo encontraron 422 millones -menos del uno por ciento del volumen de las Lebac-, por lo que se vieron obligados a reabrir la licitación.

Así las cosas, vale preguntarse cuál es el rango al que pueden ascender la tasa de Lebac, de cara a un vencimiento que está a la vuelta de la esquina. Cualquier especulación que se haga en esta dirección enciende luces rojas: durante los últimos seis meses al frente del Central, Federico Sturzenegger, reventó ocho mil millones, según dijo, para frenar la suba del dólar. Pero en ese período, la moneda estadounidense se catapultó de 20 a 25 pesos.

En sólo dos semanas, su sucesor, Luis Caputo, ya liquidó 1.500 pero el dólar presiona el techo de los 29 pesos y, para eso, ya echó mano a parte del primer segmento del Stand-by para que funcione este mecanismo que garantiza que se siga financiando fuga.

Por eso, en este contexto el gobierno insiste en su obsesión por el déficit fiscal y desestima atender las razones del desequilibrio estructural que afecta al sector externo cuyo déficit ya ronda los treinta mil millones de dólares. De ahí que no sorprende que crezca la desconfianza entre ajenos, pero también propios, que cada vez exigen más para seguir en el barco.

Es que, paradójicamente, parece que el gobierno que entró a La Rosada anunciando una “lluvia de inversiones”, no goza de la confianza del universo empresarial. Trabajos de encuesta llevados a cabo por las consultoras BDO y Taquion revelan que casi la mitad de los CEO consultados, señalan que Argentina no era un país atractivo para invertir. El 52,1 por ciento dice que no piensa invertir en el país durante el segundo semestre.

Así las cosas el gobierno recibió un nuevo baño de realidad desde el corazón mismo de la facción que, según confiaba el propio Mauricio Macri, sería una de las principales protagonistas de la “lluvia de dólares” que anticipó llegaría ni bien se instalara en La Rosada.

Y otro intento por desactivar la bomba que construyó con las Lebac, el Ministerio de Hacienda emitió Letes con vencimiento para el 26 de julio de 2019 y lo hizo a una tasa récord del 5,50 por ciento, lo que significa la más alta pagada hasta ahora para este tipo de títulos y un disparate respecto a lo que paga en los países del “mundo” al que -prometieron- nos llevaría el Gobierno Cambiemos.

Así intentó descomprimir el vencimiento de Lebac del 17 de julio, pero el resultado es escaso. Desde el mercado le vuelven a repetir al gobierno que ya gastó parte del crédito que le dejó el proceso de desendeudamiento que encontró cuando se instaló en Balcarce 50.

Pero también que el Stand-by del FMI y la recalificación de Morgan Stanley, sólo buscan garantizar que los “inversores” puedan seguir llevándose dólares del país y que avancen sobre activos como el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de Anses y recursos naturales.

Tesis

Mientras tanto el gobierno insiste en la tesis que objetiva el problema en el déficit fiscal -por eso las metas con el FMI- lo que no quiere decir otra cosa que confundir estornudo con gripe.

Desde esa clara mirada de clase, maliciosamente evita advertir algo tan simple como que para cerrar el déficit fiscal necesita -al menos- morigerar la restricción externa y que, ya sin crédito, eso va a ser muy difícil si persiste en destruir la capacidad exportadora y destrozar herramientas de que dispone el Estado para hacerse -por la vía impositiva- de algunos de los dólares que genera esa actividad.

Pero asimismo, profundiza una política basada en la suba de tasas de interés -esto es subirle el precio al dinero- y avanza en formas cada vez más crueles de control salarial. Y lo hace porque con esta combinación pretende descomprimir lo que llama “costo”, fundamentalmente el trabajo y los energéticos, dos factores de la economía a los que le atribuye la inflación y decrecimiento que la propia mirada ideológica -e impericia- del staff gobernante provocó.

Pero con esto, y aquí está el verdadero sentido de clase que tiene esta perspectiva, lejos de conseguir el objetivo enunciado, sólo logra favorecer todavía más a la maximización de tasa de ganancia del capital rentista y parásito, es decir, a los propietarios de (¡mucho!) dinero. Esto es el universo del capital que impone sus condiciones a la actividad económica y, fundamentalmente, al universo del trabajo.

Esta semana Macri volvió a ratificar la alianza que, basada en su pertenencia de clase, posee con actores como la Mesa de Enlace, la Cámara de Comercio y el sector financiero. Algunos de sus principales representantes volvieron a pasar por el despacho presidencial donde se les ratificó que nada cambió, que Argentina sigue siendo un coto de caza para la actividad especulativa del capital.

¿Cómo se traduce esto? La presión que provoca en el alza de precios -a lo que aporta la cartelización y concentración de la intermediación- impacta en toda la economía y, por supuesto, en el hilo más delgado de la sociedad: los pobres que deben pagar por lo poco que aún consumen, precios por encima de la media de inflación.

¿Acaso se puede esperar otra consecuencia en un contexto en el que la tasa que se paga por multimillonarias transacciones financieras es ridícula y dejaron de existir los controles al capital especulativo (que además se fomenta), al tiempo que las ganancias extraordinarias de los sectores que tienen capacidad de ingresar dólares ya están en un rango de tasa de retención cero o se dirigen hacia ese lugar?

Telón de fondo

Con este telón de fondo, parece que la llave puede estar en cobrar tasas e impuestos a los que tienen mayor capacidad tributaria, a partir de un gobierno que vuelva a las “mejores tradiciones” del Estado Liberal Burgués, mediante una expansión de la producción y consumo.

Si usted estaba pensando en eso, lamentamos decepcionarlo. El 82 por ciento de la riqueza generada en todo el globo durante 2017, fue acaparada por el uno por ciento de la población mundial.

Aquí es donde aparece uno de los límites clave que atraviesa el capitalismo en su actual etapa de desarrollo. Ese uno por ciento es incapaz de consumir el 82 por ciento de riqueza que se produjo, por eso la huída hacia el resguardo del capital financiero, pero también por eso la necesidad de extraer cada vez más plusvalor.

Los datos que fueron publicados en el informe anual que Oxfam presentó el 22 enero, señalan que la mitad de la población del planeta, esto es 3.700 millones de personas, no se benefició en nada con el crecimiento de la economía global durante ese período.

Pero también que, desde 2010, la riqueza de esta élite económica se incrementó en un promedio del trece por ciento cada año, es decir, seis veces más rápido que lo que lo hizo -en promedio- el salario de los trabajadores. Y que entre marzo de 2016 e idéntico mes de 2017 tuvo lugar el mayor aumento de la historia en el número de personas cuyas fortunas superan los mil millones de dólares, lo que señala que cada dos días alguien se sumó al club de los milmillonarios.

Consecuente con esta tendencia, durante el trimestre inicial del año, en Argentina se catapultó la desigualdad de ingresos, por lo que el coeficiente de Gini pasó de 0,417 que registraba durante el último trimestre de 2017 a 0,440.

Entonces, una vez más, queda claro que el problema no está en la generación de riqueza, sino en la desigualdad. En nuestro país, la matriz que provoca esa desigualdad, nunca fue atacada ni por gobiernos proclives al capitalismo “neoliberal” ni por aquellos que instalaron su paradigma en un “capitalismo bueno”.

Y es esa desigualdad lo que vino a galvanizar el tandem de poder que ocupa La Rosada desde diciembre de 2015, por eso la obsesión por poner el problema en la cuestión del déficit fiscal, pero también por eso todas estas alquimias -hasta las más rocambolescas- a las que echa mano para intentar morigerar el impacto de una crisis imposible de eludir si se actúa desde la mirada gubernamental.

De ahí que el financiamiento acordado con el FMI nada aporta a la solución -aunque sea parcial- del problema central que se ubica en un déficit de cuenta corriente que, durante el trimestre inicial del año, trepó a los 9.623 millones de dólares, lo que representa un crecimiento del 34,4 por ciento respecto al mismo período del año pasado y un peligroso cinco por ciento del PBI.

Lejos de eso, el Stand-by es un aval a la constante corrida que se traduce en más transferencia de riqueza que beneficia al mercado financiero, pero también en más ajuste, recesión e inflación que preparan un campo orégano al rediseño del marco legal que rigió las relaciones entre capital y trabajo desde mediados del siglo 20. Esto es, devaluación salarial y flexibilización de las relaciones laborales mediante la eliminación de convenios y limitación del papel de las organizaciones sindicales.

La crisis de la economía5.7.2018

No despega y no va a despegar

Atravesado ya el primer semestre completo del año 2018, todas las metas económicas anunciadas por el gobierno para este año parecen haber estallado por los aires ¿Impericia? No, profundización del saqueo y el ajuste.

La economía se derrumba y la caída parece no tener fin: ¿hasta cuándo vamos a seguir publicando —y leyendo— que la actividad económica Pyme está paralizada, que el déficit comercial continúa rompiendo récords o que el endeudamiento en dólares es el mayor en nuestra historia y que la bicicleta financiera aumenta la presión de los intereses sobre las cuentas públicas?

El interrogante funciona a modo de introducción a las problemáticas, de índole estructural, que aquejan a la macroeconomía. Habría que incorporar a ellas aquellas que repercuten cotidianamente en la vida de los trabajadores y que no sólo son síntomas de la crisis sino que, además, contribuyen a esta agudización de la situación: inflación, tarifazos, pérdida del poder adquisitivo del salario y caída del consumo.

Pero ¿síntomas de qué? Hay que volver a recordarlo porque la velocidad de los acontecimientos es tal que se corre el riesgo de que “la realidad” escamotee las causas de todos esos números e indicadores que dan cuenta de una economía en crisis: el rediseño económico-social basado en un cambio político-cultural que la derecha está llevando a cabo con el objetivo de consolidar y profundizar las desigualdades sociales en las que se fundó el Estado nacional.

Parece mucho y lo es. El proyecto político que está implementando la derecha, guionado y monitoreado por los Estados Unidos, tiene pretensiones históricas, por eso la voracidad del saqueo y la violencia y rencor de clase con que se aplica. Los más de 350 despidos en Télam es un gran ejemplo de ello.

Esta ofensiva conservadora es de carácter continental. Con matices, las derechas intentan coordinar acciones en América Latina para eliminar cualquier foco de resistencia a los intereses del capital internacional y el imperialismo. Dos ejemplos de las últimas horas confirman la querella: el pedido de prisión preventiva en Ecuador contra el ex presidente Rafael Correa y la persecución y matanza de dirigentes en Colombia que apoyaron la candidatura de Gustavo Petro a la presidencia.

El contexto general es necesario traerlo a colación para reconstruir la trama de intereses que explican el hambre, el desempleo, el aumento de la pobreza y la indigencia en Argentina.

De dónde venimos y a dónde vamos

En los últimos días la Fundación Germán Abdala a través del Instituto de Trabajo y Economía confirmó que la inflación del mes de junio alcanzó, según un estudio propio, el 4 por ciento. La devaluación es el principal factor que viene empujando el alza de precios que no baja del 2 por ciento desde febrero. En junio la tendencia se duplicó.

Los números del ITE coinciden con las estimaciones del Centro de Investigación en Finanzas (CIF) de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella, que calcula un incremento de precios esperado de treinta por ciento para los próximos doce meses, contrariamente a lo que estipula el Relevamiento de Expectativas del Banco Central que pronostica una suba total de 27,1 para el 2018.

Ya no sorprende que el Banco Central admita una inflación de casi el treinta por ciento cuando la meta original era del 8 al 12. Alcanza con recordar que 24 horas después de votado el presupuesto en el Congreso, el gabinete económico convocó a una conferencia de prensa para anunciar que había “recalibrado” el pronóstico hasta el quince por ciento. Un pequeño ajuste del cincuenta por ciento.

El mercado y las consultoras privadas, es decir, el grupo social de donde provienen los funcionarios del gobierno, tampoco creen en los índices proyectados. Actores del establishment como Eco Go, C&T Asesores, Abeceb y Ferreres & Asociados dan por sentado una inflación por encima del 30 por ciento para este 2018. En el primer semestre la inflación acumulada es del 15,9 por ciento. La proyección indica que el techo rondará el 32 por ciento, pero con la “libre flotación del dólar” y la liberalización del precio de los combustibles, más los tarifazos programados en base a un dólar a treinta –y no a veinte como fueron diseñados– indican que lo peor aún está por venir.

Por otro lado, ayer el gobierno presentó al Congreso un borrador del Presupuesto 2019 que prevé un crecimiento de apenas el dos por ciento, una inflación del 17 (sic) y la libre flotación del dólar, sin pronosticar un valor de referencia.

Recordemos que, de acuerdo al Presupuesto 2018 la inflación se iba a ubicar entre el ocho y el doce por ciento, al tiempo que el PBI crecería un 3,5 y el precio del dólar se colocaría en 19,3 pesos. A sólo seis meses de comenzado el año, ni el más optimista de los oficialistas se atreve a defender esas cifras que resultan a todas luces disociadas de la realidad.

Fuga de ladrones

En este escenario, el gobierno inició un proceso de desactivación de las Lebac vía dólar. En concreto, ofrece a los inversores facilidades en las licitaciones de Letes. Las licitaciones de los últimos dos días permitieron a los grupos inversores licitar Letes que se pueden canjear por Lebacs. Esto no es otra cosa que la consolidación en moneda extranjera de la deuda suscrita en pesos por el Estado con una tasa de interés de hasta el 61 por ciento. La rentabilidad de las nuevas Letes alcanzarían el 4,5 por ciento, lo que duplica a los plazos fijos en dólares.

Mientras, los nuevos dólares que ingresan al país por el acuerdo con el FMI se utilizan para la fuga de capitales de los fondos de inversión y las empresas transnacionales. Sólo en abril y con datos proporcionados por el Banco Central, la Argentina sufrió la mayor fuga de capitales desde la salida de la convertibilidad. Sólo en un mes, se fugaron al exterior 5.611 millones dólares, entre movimientos del sector privado financiero y no financiero. El movimiento, coincide con la crisis cambiaria habilitada por Sturzenegger y Caputo que provocaron un alza de la moneda yanqui desde los veinte a los 25 pesos que favoreció a los bancos socios del gobierno, como el JP Morgan.

La magnitud del robo y el saqueo fue confirmada también por el Instituto de Finanzas internacionales (IIF) –que nuclea a los principales bancos y fondos de inversión del mundo– al confirmar que entre abril y mayo se fugaron del país más de siete mil millones de dólares.

 

Del Gran Acuerdo a tirar la escupidera...2.7.2018

¡Todo sea por la gobernabilidad!

Después de entrevistarse con gobernadores, Macri recibe a la Mesa de Enlace. El Merval se hunde, el dólar –cómodo- coquetea con los treinta pesos y el Banco Central sigue reventando reservas. Volvimos al Fondo ¿Volvemos al reformismo?

La dificultad que exhibe La Rosada -en esta etapa- para ordenar la continuidad del proceso de transferencia regresiva de riqueza que impulsa desde diciembre de 2015, atenta contra la gobernabilidad.

Así, con un telón de fondo marcado por una nueva caída histórica de la bolsa y un dólar que ya está en el rango de los treinta pesos -y parece no tener techo-, desde su "ala política" insisten en impulsar lo que no hace mucho anunciaron como la reedición del Gran Acuerdo Nacional de fines de los 70 que, a esta altura, sólo se asemeja a un desolador pedido de tregua.

Aquí vale recalcar algo que ya se dijo desde estas páginas: nada de lo que pasa es casual, el proyecto de Cambiemos fue -y es- siempre llevar al país al FMI, rediseñar las relaciones entre trabajo y capital, fácticamente y desde nueva legislación, así como hacer lo propio con la matriz productiva para empujar a Argentina al universo de la deslocalización y la financierización.

Pero, a esta altura, va quedando claro que además de la impericia exhibida por el Staff Cambiemos, la puja entre facciones hacia adentro de ese espacio, atenta contra el anhelo que tienen de refrendar su legitimidad electoral en 2019.

Es en este escenario en el que, mañana martes, el presidente Mauricio Macri va a recibir a la Mesa de Enlace. El momento no es el mejor: todavía retumba el portazo que pegaron los ruralistas cuando, en el momento en el que ya no se podía ocultar el estallido de la crisis cambiaria y monetaria, le dijeron que no a la insinuación gubernamental que -con algo de ingenuidad- tiró la escupidera en un amague por morigerar el camino que va a conducir a retenciones cero.

Los representantes de lo más concentrado del agronegocio saben que Mauricio Macri les debe mucho, ya que su papel en la resolución de la crisis devenida de la Resolución 125 fue vital para el camino que condujo al entonces jefe de Gobierno hacia Balcarce 50.

Pero también tienen argumentos para fundamentar su mezquindad de clase. El precio de la soja se ubica en el Mercado de Chicago en su nivel más bajo desde 2009, a lo que se suman condiciones climáticas que atentaron contra la producción granaria en la zona centro del país y el precio del dólar que impacta fuerte en insumos que utiliza el sector.

Evitan decir que, además de las retenciones que van camino a desaparecer totalmente, aunque empleen insumos que tienen precio en moneda estadounidense, este gobierno los favoreció con la posibilidad de no liquidar divisas en el país, entre otras prebendas.

Pese a todo, mañana en La Rosada el ejecutivo va a intentar dar por terminadas las controversias surgidas por lo de las retenciones que a, esta altura, el ejecutivo sólo considera "un malentendido".

Pero no son los empresarios del agro la única facción del capital que le marca -y fuerte- la cancha a la intención que tiene, al menos, un sector del ejecutivo de refundar lazos de gobernabilidad.

Después de que en menos de un mes se hiciera añicos la promesa de ponerle un paréntesis de sesenta días al capítulo del tarifazo referido a los combustibles, con la llegada de julio la calabaza que nunca pudo ser carroza, volvió a ser calabaza. YPF señala el camino al aumentar un ocho por ciento más a sus productos premium y un cinco en el caso de las naftas super.

La decisión que mañana van a seguir otras refinadoras -YPF posee el 55 por ciento del mercado- deja librado "al mercado" la determinación sobre montos y plazos del tarifazo permanente ya que, pese a la salida de Juan José Aranguren, el gobierno ratificó todas sus decisiones. Así desestimó la posibilidad de limitar los precios por medio de la aplicación de compensaciones estatales u otro tipo de intervención directa.

De esta manera, se comienza a meter más presión a la inflación que en junio va a aportar -en el mejor de los casos-un porcentaje muy cercano al cuatro por ciento. Todo en un contexto en el que ya es una realidad la recesión y en el que el Banco Central le pone al dinero un precio superior al cuarenta por ciento, al tiempo que los dólares que entran por el Stand-by suscripto entre el gobierno y el FMI, no terminan de ingresar cuando ya se fueron por el drenaje de la timba financiera.

Todo en un anunciado intento por alimentar uno de los mitos fundantes del Gobierno Cambiemos: "resolver el déficit fiscal", cuando el problema está en la falta de divisas, sobre todo, por el formidable déficit comercial que ellos mismos crearon y que en mayo ascendió a 1.285 millones de dólares, esto es más del doble del mismo mes de 2017.

Amigos y amigotes

Así las cosas y en la búsqueda de su acuerdo de gobernabilidad, días atrás Macri se reunió con gobernadores ante quienes ratificó el rumbo económico y los exhortó a que reduzcan el déficit, tal como exige el FMI.

En ese punto, el presidente sabe que como siempre pasó y mucho más después de la reforma tributaria sancionada en diciembre de 2017, el que ocupa el despacho de Balcarce 50 tiene en su poder la llave dorada que abre la puerta a la obra pública que tanto codician los gobernadores para sustentar sus aspiraciones políticas y capacidad de disciplinar el territorio.

La reunión fue en la localidad entrerriana de Basavilbaso donde en la cara del (¿ex?) kirchnerista Gustavo Bordet, Macri despotricó contra la "pesada herencia" y la "situación internacional" que, desde su particular perspectiva, llevaron a que "pasaran cosas".

Pero además de desmarcarse, tuvo que escuchar reclamos de los mandatarios peronistas que le recordaron que, a la hora de hacer esfuerzos, hay hijos y entenados ya que la gobernadora María Eugenia Vidal embolsó un importante aumento en los fondos que recibe por parte de la Nación.

De todos modos, Macri prometió aceitar los mecanismos para que los mandatarios provinciales que cumplan con el ajuste, puedan acceder mejor al programa Participación Público Privada, que como ya explicó oportunamente NP diario de noticias, tiene mucho de negocio para una de las facciones que integran el tandem de poder que ocupa La Rosada, pero pocas posibilidades de viabilizarse en el actual contexto.

Donde le está yendo un poco mejor es en el universo de la burocracia sindical. Después de algunos gestos grandilocuentes, forzadas presencias y notorias ausencias a la hora de convocar al paro del 25 de junio, todo parece haber recobrado el parsimonioso ritmo que marca la CGT.

Pasó sólo una semana y, para muchos, el paro ya parece ser nada más que una foto amarillenta pegada en un álbum olvidado.

Al día siguiente, algunos dirigentes cegetistas ya estaban rosqueando abiertamente con el gobierno, otros siguen contando porotos de cara a la elección de la nueva conducción de esa central, el 22 de agosto.

Mientras tanto, otros parecen encorsetados en sus propias contradicciones ideológicas que, quizás, los inhiban de poder pensarse como un actor social capaz de avanzar más allá de la demanda sindical.

Nadie habla de plan de lucha y, menos aún, avanza en la construcción de esta herramienta que hoy ya se vuelve indispensable.

Con tres en el fondo

¿Es la crisis monetaria y cambiaria un problema que deviene de un uso equivocado de herramientas que plantea el capitalismo? ¿Lo es la reprimarización de la economía y la crisis externa? ¿Acaso la delegación de soberanía nacional, económica y política responde a una forma perversa en que se utilizan los dispositivos que provee el Estado Liberal Burgués?

El Gobierno Cambiemos se exhibe como un paradigma de la relación simbiótica que, por definición, existe entre el Estado Liberal Burgués (ELB) y el poder corporativo, pero también como una muestra del camino irreversible que tiene cualquier formación estatal capitalista periférica, en la actual fase de desarrollo del capitalismo.

Por eso, más allá de impericias y contradicciones secundarias, el objetivo fundamental de la tarea que vino a hacer el Gobierno Cambiemos es evidente -de ello ya se habló suficientemente en ediciones anteriores de NP-, pero también lo es el carácter irreversible del proceso que profundiza la ronda de maximización de tasa de ganancia del capitalismo en su momento actual.

Irreversible sí, pero sólo si se plantea transitar un camino como el actual o alguna salida que se proponga la reconstrucción de un Estado de Bienestar fundamentado en un "capitalismo bueno", que sea capaz de retomar una ronda de ampliación y distribución del excedente.

Vale la pena tener claro que el capitalismo tuvo -y tiene- la capacidad de reequilibrarse, maquillándose para disimular sus propias contradicciones internas. Pero también que las convulsiones e inestabilidad que atraviesan a este sistema histórico en los albores de este siglo, señalan algunos de los propios límites de la mutación que devino del fin de la Era Keynesiana y el inicio de la Segunda Crisis de Larga Duración.

De esto hablan algunas dificultades que el propio sistema de representación política del ELB tiene para fidelizar, sobre todo a los sectores oprimidos, en el contexto de la dinámica en que se propone la gestión de cambios en la relación entre capital y trabajo, lo que no quiere decir otra cosa que en la propia dinámica que rige la exclusión-inclusión y los procesos productivos.

Pero esto también se visualiza en la puja que existe entre diferentes facciones que intervienen hacia adentro del Gobierno Cambiemos. Una pugna que se vincula a otra todavía superior que involucra a redefiniciones de la competencia intercapitalista -en pleno desarrollo- en términos geopolíticos, geoeconómicos y geoestratégicos.

Todo esto, en esencia se puede traducir así: ¿cuáles son los límites que presenta la dinámica de apropiación del plusvalor, en el contexto de la actual fase de desarrollo capitalista?

La sobreproducción, el medio ambiente, la sustitución del capital por el dinero son algunos de los límites que enfrenta el capitalismo. Y, asimismo, la sustitución del trabajo humano por el mecanizado que en el contexto de la cuarta revolución industrial combina biogenética, robótica e informática.

Menos trabajadores insertos en el proceso productivo -en las formaciones estatales capitalistas centrales- representa menor plusvalía y menos salario puestos al servicio de la adquisición de bienes y, por lo tanto, de la amortización de la producción de esos bienes.

Por eso la necesidad que tiene de buscar otras fuentes de crecimiento no relacionadas con la dinámica productiva tradicional.

Aquí es donde aparece la deslocalización industrial y la financierización, que equilibran la caída de inversión productiva e incluso la plusvalía, pero hacia adentro de las formaciones centrales.

Esto es lo que hay detrás de la idea de "atraer capitales" que se enuncia con énfasis desde el actual staff gobernante, pero también desde el bloque que se propone como alternancia para 2019.

Atraer capitales "productivos" no es otra cosa que sumarse al proceso de deslocalización que exige, como condición sine qua non, la destrucción de las normas que rigen la relación laboral en nuestro país desde hace casi un siglo. Y de la mano va la financierización que se vincula más a esto que vemos en estos días: riqueza producida en Argentina, esto es, plusvalor extraído de trabajadores del país, que se transforma en capital financiero especulativo, rentista y parásito. Es decir, divisa en fuga.

En cualquiera de los dos escenarios, se puede garantizar la posibilidad de crecimiento, pero siempre sin que se genere nueva riqueza ni valor social.

Pero también lo que se pretende es algo que desde el Proyecto Cambiemos se explica con eso del "cambio cultural", el emprendedurismo, el precariado y la meritocracia.

Todo esto son modos de intentar una forma de escape de la esfera cultural de la producción y, por lo tanto, de la lucha de clases y la resistencia proletaria a la alienación y explotación.

Por eso es que la viabilidad de que se restablezca -con éxito para el universo del trabajo- el acuerdo social reformista, es tan posible como ganarle a Croacia jugando con línea de tres en el fondo.

De ahí que, con la mirada que se construye desde el antagonismo existente entre clase trabajadora y capital, sea prudente reflexionar sobre el carácter de la reorganización de la lucha de clase a partir de la propia explotación que, a fin de cuentas, es lo que hoy más se profundiza y agrede a los trabajadores.

Y es, sin duda, en un momento como el actual cuando es más fácil señalar dónde están aquellos -o parte de aquellos- elementos de la explotación. Porque como pocas veces es evidente aquello que le roban a los trabajadores y el pueblo: trabajo, salario, vacaciones, convenio, jubilación, la salida al cine o aquella a comer pizza con la familia. Lo estructural y lo cotidiano, todo está en superficie.

Porque en cada causa que se identifique habrá un detonante de lucha que pueda articular fuerza y aportar a la construcción de masa crítica.

Así las coas, está claro que si es momento de reorganización de la lucha de clases, también es preciso hablar de otras maneras en que el capitalismo explota todas las dimensiones de la persona. Es que es tiempo de formar la propia conciencia de clase que permita romper, también, con la seducción que propone el mito del eterno retorno a una nueva -y remozada- fase protokeynesiana, en la que las regulaciones del Estado social, serían capaces de saciar reivindicaciones e instalar un ciclo de aumento de trabajo y salario, así como de distribución de la riqueza.

Pero como ya se explicó en NP diario de noticias, el capital humano y social “son los padres”. Por eso, es preciso pensar soluciones y, sobre todo, pensarnos, a partir de relaciones no capitalistas.

Una historia de déficit, PBI y otros mitos del capitalismo28.6.2018

Argentina, país sumergente

Después de las felicitaciones de Morgan Stanley y el FMI, sólo crece en el país la intermediación financiera ¡A comprar dólares que se acaba el mundo! El Banco Central rifó otros 150 millones, pero la divisa estadounidense volvió a cerrar en alza.

Durante el primer trimestre del año -respecto del anterior- la deuda externa fue incrementada en 19.192 millones de dólares con lo que ascendió a 253.741 millones de esa moneda. Esto no es todo: de acuerdo al Informe de Balanza de Pagos que confecciona el Indec, durante ese período, la cuenta corriente acumuló un déficit de 9.623 millones, traccionado fundamentalmente por las emisiones de deuda del gobierno y del Banco Central.

A valor nominal por tipo de moneda, casi el noventa por ciento de la deuda externa está nominada en divisa extranjera y, de ella, alrededor del setenta por ciento corresponde a dólares.

Pero tampoco es esto lo peor, ya que esta cifra no incluye los cincuenta mil millones de dólares que el ejecutivo sumó a la deuda pública con el acuerdo que realizó con el FMI.

Y si usted cree que aquí se acaban los números negativos que -a dos años y medio de gestión- puede exhibir el “mejor equipo de los últimos cincuenta años”, se equivoca.

El trimestre enero-marzo de 2018 dejó un saldo deficitario de la cuenta corriente estatal del orden de 9.623 millones dólares, esto es, un incremento del 34,4 por ciento que se suma al pasivo de 7.158 que ya existía en idéntico mes del año pasado.

Así las cosas, en el acumulado de los últimos cuatro trimestres, el saldo negativo de la cuenta corriente se eleva a -5,3 por ciento del PBI, algo así como 34 mil millones de dólares, lo que significa -en términos nominales y en porcentaje del PBI- el más alto desde la salida de la Convertibilidad.

Estos datos, lejos de ser excepcionalidades, son sólo un corte del desastroso escenario que construyó el Gobierno Cambiemos.

Por eso nadie puede sorprenderse cuando a menos de un mes de que la empresa calificadora Morgan Stanley Capital International (Msci) otorgara a Argentina la categoría de “mercado emergente” y que el FMI aprobara el acuerdo celebrado con el gobierno -el más voluminoso de la historia de ese organismo- durante la jornada de ayer la tasa de riesgo país que mide el JP. Morgan, se disparó más de tres puntos, lo que la puso en el lugar más alto de los últimos 33 meses.

Mientras tanto con papeles que se hundieron un catorce por ciento, el Merval se derrumbaba más de un nueve por ciento, la baja más pronunciada de la última década, algo que pese a una leve recuperación no pudo revertir hoy.

Así, desde que Msci dijo que Argentina es un mercado emergente, las acciones cayeron 17 por ciento.

Asimismo, no puede extrañar que después de un par de jornadas en las que el gobierno celebró (¡sí, celebró!) que pudo mantener el precio de venta de la divisa estadounidense levemente por debajo de los 28 pesos, ayer volviera a dispararse, tendencia que siguió hoy hasta trepar a los 28,69 pesos por unidad.

Todo esto, pese a que en el inicio de la ronda de hoy, el Banco Central subió de cien a 150 los millones de dólares que puso en subasta.

Para que quede claro, esos dólares que el gobierno está sacrificando en la timba financiera, salen de la bolsa de los 7.500 que el FMI desembolsó como parte del tramo inicial del acuerdo que suscribió con el ejecutivo que dijo que recurrió al Fondo para garantizar estabilidad financiera que permita que –de una vez por todas- llegue la “lluvia de inversiones”.

Pero, además de los condicionamientos y delegación de soberanía monetaria y financiera que conlleva el acuerdo con el FMI, cuando aún no terminan de recibir el bolso inicial, ya se lo están patinando en la timba financiera.

Si alguien dudaba que el acuerdo con el Fondo fue un objetivo estratégico del tándem de poder que ocupa La Rosada, lo que está pasando ahora mismo es una respuesta más que contundente.

Tras el sobreendeudamiento -que incluso asombra a los grandes jugadores de la timba global- que perpetró el Gobierno Macri en sus primeros dos años y medio, el chorro se cortó porque los acreedores saben que a este ritmo quiebra la economía de cualquier formación estatal.

Por eso la aparición del FMI que garantiza los dólares para que se sientan seguros aquellos jugadores globales que se apuran para sacar lo que queda de la lata del Estado argentino. Y, sobre todo, para que esos jugadores puedan retirarse después de dejar sin activos a los argentinos.

Pobreza que crece

Entre otras cosas, lo que en estos días le están diciendo al Gobierno Cambiemos –incluso desde adentro de su propio staff- es que la maximización de la tasa de ganancia no se puede supeditar a nada, ni siquiera a la gobernabilidad.

Ellos saben que con un ritmo de 213 millones diarios de endeudamiento difícilmente se pueda controlar el déficit, por más ajuste que impongan desde La Rosada. Y esto es así porque con un salario en caída libre, la única idea que se le cae al gobierno es intentar cerrar el agujero que provocó en el frente externo con un escenario de estanflación.

Esto explica por qué -y pese a todo- sigue la presión sobre el dólar que, así como van las cosas, va a ubicarse hacia fin de año arriba y bastante lejos de los treinta pesos.

Por eso la subasta cotidiana de divisas con las que –pese a su propio discurso- continúa llevando a cabo el Central. Esto no significa otra cosa que un gran negocio para la banca que actúa en el país y más ajuste, recesión y deuda que se utiliza para tapar agujeros de gasto corriente lo que para los actores del mercado es una señal pésima, ya que perciben que el círculo vicioso de la deuda es –y va a seguir siendo- cada vez más impagable.

Por eso, lo que desde una lectura presuntamente aséptica se presenta como una cuestión del universo de las finanzas, es por sobre todo un problema que atraviesa a la economía real, es decir, que se siente en las góndolas y –especialmente- entre los productos que consumen las personas que padecen mayor vulnerabilidad socioeconómica.

De ahí que en un escenario en el que, a caballo de sobreendeudamiento, lo único que crece es la pobreza y la maximización de la tasa de ganancia de la intermediación financiera, aparezcan datos de la realidad cada vez más alarmantes.

Se conoció un nuevo informe de Barómetro de Deuda Social de la Infancia de la UCA, que da cuenta que la mitad de los pibes de Argentina viven en situación de pobreza, al tiempo que advierte sobre el aumento constante de los que deben asistir a comedores infantiles para poder alimentarse.

Este dato es clave para comprender de qué va esto del diseño que el Gobierno Macri impone detrás de su meta de déficit cero, a la que piensa llegar a costillas de un país carente de mercado interno lo que en su hipótesis generaría saldo exportable.

Déficit y PIB

Es que desde la mirada que tiene la clase que ocupa La Rosada, es prioritario lograr la baja del déficit y el crecimiento del PIB, con datos amañados o no ¿Pero qué es esto del PIB y, en tal caso, permite evaluar si una estrategia económica es exitosa o fracasa?

El PIB es el valor monetario que tienen –durante un año- las distintas actividades de una determinada economía. Pero es prudente recalcar que es el valor de todas las economías que tienen expresión monetaria, por lo que excluye a todo aquello que no tenga ese tipo de expresión.

Este es un punto clave para comprender de qué va todo esto, sobre todo, si se quiere avanzar en formas aptas para generar trabajo, riqueza y reproducción de la riqueza por afuera de la dinámica de reproducción capitalista.

¿Es muy loco plantear esto cuando el universo en el que nos movemos cada día va por carriles absolutamente diferentes? A la hora de responder a esta pregunta, quizás alcance con advertir cuánto de lo que hacemos cotidianamente -incluso cosas sustanciales para la vida- carecen de expresión monetaria, lo que vuelve imposible que sean incluidas en el Excel donde se descargan las variables que aportan a la constitución del PIB.

En su patología el capitalismo evita poner expresión monetaria a la utilización, destrucción y contaminación, por citar un caso, de recursos naturales. Por eso en su escalada criminógena, asesina con agrotóxicos o materiales utilizados para mejorar el packaging con el que exacerba la pulsión consumista y, rápidamente, se transforma en residuo que se acumula y contamina.

Nadie va a encontrar un dato como este en la columna de lo que aporta a la disminución de la economía de ninguna plantilla Excel.

Pero tampoco el dolor de las personas empujadas a la miseria que, en dos años y medio, provocó el Gobierno Cambiemos.

De ahí que aunque esté claro que la caída del PIB es un indicador que señala que algo anda mal, no siempre la reversión de esa situación -incluso su crecimiento- habla de mejoría, sobre todo, si se considera esto desde la perspectiva de los intereses populares.

Porque el problema no está en la escasez, sino la desigualdad. Y esto es algo que no se considera desde la mirada del tándem de poder que gobierna, pero tampoco, desde aquella que confía en solucionar todo volviendo a recetas reformistas que fomentan un “capitalismo bueno”.

Y esto es así porque en el ADN de las relaciones que establece el capital está la concentración de la renta, los ingresos y la riqueza en minorías cada vez más acotadas, algo para lo que es necesario que se siga profundizando la transformación de las relaciones laborales, financieras y productivas de una forma antagónica a los intereses sociales.

Así las cosas, es probable que merced al ajuste sobre el ajuste, algún día, este gobierno o el que encabece un bloque de alternancia, pueda exhibir una planilla de Excel con crecimiento del PIB. Pero aunque la curva sea descendente, esto no va a impactar en la matriz que determina las características de las relaciones que llevaron a que, hoy, Argentina esté donde está.

Entonces, ahora que hasta el propio gobierno reconoce que se viene un semestre horrible, pero más aún cuando la cosa mejore un poquito, es preciso tener en claro que el problema es que al capitalismo ya le cuesta ocultar que es incompatible con la democracia.

El veto está en la calle27.6.2018

Un acuerdo ilegítimo

Parte de la oposición institucional en el Congreso presentó un recurso para que se declare inconstitucional el acuerdo con el FMI. A su vez, es necesario que el movimiento popular plantee su ilegitimidad en las calles.

Mientras el gobierno ya comenzó a liquidar una partida de dólares que ingresaron al país como parte del acuerdo con el Fondo Monetario en el mercado cambiario y de bonos, la oposición busca declarar la nulidad del convenio firmado entre el Estado nacional y la entidad que conduce Lagarde por inconstitucional.

Pese que en la Cámara de Diputados fracasó el intento de los bloques del kirchnerismo y el Frente de Izquierda para tratar el acuerdo con el Fondo gracias a la complicidad del Frente Renovador y el Justicialismo con Cambiemos, hay bases sólidas para declarar la inconstitucionalidad del megablindaje con contraprestaciones que suscribió el macrismo. Más que una batalla técnica, ahora se trata de una batalla política que se puede dirimir en el Congreso o la Justicia, pero que sin dudas dependerá de la presión que pueda realizar desde la calle el movimiento popular.

La iniciativa la tomó la diputada por el kirchnerismo, Fernanda Vallejos, quién presentó este martes un recurso de amparo contra el Poder Ejecutivo Nacional con el objetivo de que la Justicia declare la "nulidad e inconstitucionalidad" del acuerdo con el Fondo.

El escrito de casi veinte páginas llevó la firma de los abogados Jorge Cholvis y Eduardo Barcesat, donde se señala “la manifiesta falta de competencia constitucional” del Ejecutivo para firmar el acuerdo y detalla que “no hay razón alguna para que el presunto ‘salvataje’ se geste con la sola y única intervención de los personeros del PEN, y sin que el Congreso de la Nación haya podido tomar intervención previa”.

El argumento apunta al corazón del mecanismo constitucional para contraer empréstitos de esta magnitud en el exterior: no se puede endeudar al Estado por años y en este volumen sin la aprobación directa del poder legislativo.

El amparo presentado por Vallejos no es el único que tiene trámite en los Juzgados Federales. Los diputados Doñate y Tailhade presentaron también un recurso para que el Estado se abstenga de “concluir cualquier acuerdo de financiamiento con el Fondo Monetario Internacional sin antes dar intervención al Honorable Congreso de la Nación tal como lo establece el artículo 75 inciso 4 de la Carta Magna”.

Más allá de las idas y vueltas institucionales, queda claro que el poder de veto en el acuerdo con el Fondo –que ya se está ejecutando– lo tiene el movimiento popular en la calle. En la arena institucional, el gobierno lleva la ventaja de formar parte y administrar el Estado liberal burgués cuyos mecanismos están diseñado para que el poder de las fracciones de las clases dominantes se impongan por sobre los intereses de las mayorías populares que son las que generan riqueza con su trabajo.

Inflación de Fondo

El poder de veto está en la calle. Los trabajadores cada día encuentran cada vez más difícil poder hacerse de los víveres mínimos diarios para satisfacer las necesidades cotidianas. El traslado a precios de la devaluación no se detiene. En lo que va de junio –tres semanas– los productos de la canasta básico aumentaron un trece por ciento, según informó la consultora Focus Market.

El alza más importante se produjo en un producto que es la base alimenticia de los sectores populares en épocas de crisis: las harinas. Pan, facturas, galletitas, fideos secos y demás alimentos que por su precio y rendimiento se consumen en detrimento de aquellos que son más sanos y caros al mismo tiempo: frutas, verduras, cereales, carnes magras, etc.

La carrera alcista de los precios comenzó con la crisis cambiaria de abril cuando el JP Morgan y otros bancos cercanos al Gabinete realizaron una mini-corrida.

El Banco Central dejó subir el dólar hasta los 25 pesos y Macri junto a Dujovne justificaron la necesidad de recurrir al Fondo Monetario Internacional. Pese –¿pese?– a ello y con el crédito stand-by otorgado, el dólar siguió subiendo para instalarse en la zona de los 29 pesos.

Se sabe que una de las recomendaciones del Fondo es que el dólar esté, al menos, en los 31 pesos. Algunas propuestas un poco más ortodoxas, como la formulada por Melconian, sugieren que la moneda yanqui se debe ubicar en el precio de los 41-43 pesos para solucionar el problema del déficit comercial, que es en dólares y que es uno de los problemas estructurales del país, y no el déficit fiscal como intentan hacer creer.

Pero una solución de esa índole tendría consecuencias aún más devastadoras para los trabajadores, el comercio interior y la pequeña y mediana empresa que la política económica actual del macrismo.

Mientras tanto la inflación, que para este año proyectada romperá la barrera del treinta por ciento, golpea a toda la población. Y el FMI tiene mucho que ver en ello. Por eso la necesidad de voltear en las calles el acuerdo ilegítimo que hizo el macrismo.

 

 

El FMI aprueba y Morgan recalifica21.6.2018

¿Hay algo para festejar?

El Fondo dio el visto bueno al Stand-by y la calificadora Morgan Stanley Capital International dice que Argentina pasó a ser un “mercado emergente” ¿Inversión, qué inversión? Una mesa servida para pocos.

Ayer, como era previsible, el FMI aprobó el acuerdo Stand-by por cincuenta mil millones de dólares que celebró con el Gobierno Cambiemos, al tiempo que se supo que Morgan Stanley Capital International (Msci) recategorizó a Argentina como “mercado emergente”.

Las dos cosas fueron celebradas por La Rosada pero, más todavía, por los actores del mercado financiero que saben que este es un espaldarazo para que el gobierno pueda favorecer, todavía más, la maximización de tasa ganancia del mercado financiero.

En este contexto y tal como lo adelantó oportunamente NP diario de noticias, la mitad del primer desembolso programado por el FMI, esto es 7500 millones de dólares, ya está comprometido.

¿Pero para qué? ¿Inversión productiva, fomento a la exportación, líneas de adquisición de bienes de capital que favorezcan la competitividad industrial nacional, subsidios al consumo para revitalizar el mercado interno? Si usted pensaba en algo de esto lamentamos decepcionarlo.

Es que hoy el ejecutivo comenzó a subastar, en la timba financiera, esa cifra que todos los argentinos vamos a tener que pagar. Pero no sólo eso: además, a raíz de las condiciones establecidas por el Fondo para otorgar el Stand-by, el uso del producto del acuerdo, supone un acto de delegación de soberanía económica y política en una instancia supranacional como es el FMI que, así, encorseta la posibilidad de que Argentina pueda tener políticas monetaria y económica autónomas.

En este contexto, la mitad del primer tramo del Stand-by ya se está yendo por la cloaca de la timba financiera, a razón de cien millones de dólares por día, al menos, durante 75 jornadas.

La otra “buena noticia”, tal como prefiere llamarla el Staff Cambiemos, es un espaldarazo que acaba de darle el Msci a lo que -con otro eufemismo- los que ocupan Balcarce 50 denominan “reformas”.

¿Qué es todo esto? Ni más ni menos que el agente de bolsa y banco de inversiones Morgan Stanley -hasta el nombre de piratas los vende-, uno de los tres principales megatimberos globales, dice que Argentina deja el lugar de Mercado de Frontera al que cayó allá por 2009, cuando el gobierno de Cristina Fernández restringió la movilidad de los capitales externos en una medida regulatoria para intentar que tributen, morigerar la posibilidad de carry trade y fuga.

Queda claro qué escenario se favorece con la recategorización dispuesta por el Mcsi.

¿Pero será verdad que la reclasificación dispuesta por Morgan será la llave que abra la puerta para la “lluvia de inversiones” que prometieron los que ahora ocupan La Rosada y la massmedia hegemónica?

Es verdad que esta medida hace que Argentina sea incluida en la cartera de “países emergentes” que se presenta a inversores financieros. Pero si al llegar hasta aquí usted comienza a celebrar a cuenta, otra vez, lamentamos decepcionarlo.

Y es que la respuesta está en la letra no tan chica del propio anuncio que hizo Morgan. Ahí se lee con claridad que “a la luz de los hechos más recientes que impactaron en la situación cambiaria del país, Msci aclara que revisará su reclasificación si las autoridades introducen cualquier tipo de restricción de acceso al mercado cambiario, como controles de capital o moneda extranjera”.

¿Hace falta alguna otra aclaración sobre qué están hablando cuando hablan de inversión?

Cuestión de Botín

Pero no sólo el Staff Cambiemos celebró ayer. “El ascenso de la Argentina a la categoría de país emergente es una buena noticia”, dijo Ana Botín y tras recalcar que “Macri ha hecho lo correcto”, hizo hincapié en que “Argentina es un país clave para hacer negocios en América Latina”.

Y lo dijo en Londres, donde la presidenta del Grupo Santander, cerró el Encuentro Santander América Latina con un discurso en el que destacó el papel de los gobiernos de Argentina, Brasil, México y Chile, pero también aseveró que “los jóvenes son los únicos capaces de vencer el populismo para asegurar un crecimiento sostenido” en nuestra región.

Los dichos de esta banquera no sorprenden. Su amistad personal y afinidad política con Macri, son tan férreos como el papel que el Grupo Santander tuvo en el proceso de destrucción de los sistemas públicos y universales de educación, salud y previsional que se profundizó –sobre todo- durante los ejecutivos a cargo de Aznar, Rodríguez Zapatero y Rajoy.

El Gobierno Cambiemos no oculta su admiración por el diseño que devino de esa destrucción y, abiertamente, copia lo que puede de la mecánica utilizada para llevarla a cabo.

Poco más de seis meses atrás, cuando Santander Río picaba en punta en el mercado local con la aplicación –desde el sector privado- de la modalidad UVA, NP diario de noticias advertía que el banco de la familia Botín, estaba adelantándose para ocupar una posición preferencial en un escenario que se iba a terminar de completar con la sanción favorable del proyecto que se convirtió en la Ley de Financiamiento Productivo (de Mercado de Capitales), a principios de mayo.

La norma viabiliza que grandes inversores privados adquieran –como instrumento financiero- créditos para la vivienda que se entregan por medio de bancos, al tiempo que habilita el funcionamiento de fondos cerrados de inversión y la eliminación de impuestos. Asimismo, deja al descubierto que el sentido que persigue es lograr una mayor liberalización del mercado de capitales.

Todo esto sintoniza con lo que exigen el FMI y la Ocde, pero fundamentalmente es una medida que está escrita en el ADN de clase del tándem de poder que ocupa La Rosada.

Así las cosas, a la hora de revisar quiénes son los grandes jugadores para los que el Gobierno sirvió la mesa, es prudente advertir que experiencias de este tipo ya se desarrollaron en otros países, entre ellos EE.UU. y España, donde normas casi calcadas provocaron condiciones que precipitaron las crisis financieras de hipotecas subprime en 2008 y 2009.

¿Quién te banca?

En diciembre de 2017, cuando una multitud se movilizaba hacia el Congreso contra el Paquetazo, Macri abría las puertas de la Casa Rosada a la presidenta del Santander, entidad que por sus depósitos y créditos es el principal banco privado que, además, no hace mucho adquirió la banca minorista de Citibank Argentina, con lo que sumó algo así como mil clientes y setenta sucursales.

Pero además, con una cartera de132 millones de clientes y alrededor de doscientos mil empleados, es una de las mayores entidades financieras del planeta.

Esta banca y la familia Botín son jugadores pesados del mercado financiero global, pero también uno de los principales beneficiarios del paquetazo y ajustazo crónico que desde hace más diez años arrasa con derechos adquiridos de los trabajadores de España.

De la mano de Mariano Rajoy y sus “reformas”, la Banca Santander se benefició con el rescate estatal, después de jugar a la ruleta con los derivados de créditos hipotecarios. Todo a costillas de una terrible caída de los salarios.

La rápida transferencia de riqueza estuvo acompañada de proyectos que se convirtieron en Ley, entre gallos y media noches, que provocaron la pérdida de derechos políticos, sociales, ciudadanos, humanos y laborales.

El Paquetazo favoreció a bancos privados que quedaron en una situación de insolvencia como consecuencia de su delincuencial política crediticia, pero también le dio mucho más poder de decisión a las principales empresas vinculadas al capital productivo que tienen sólida imbricación con el capital financiero.

Como el que aquí impulsa el Gobierno Macri, allá el Paquetazo afectó drásticamente a los sistemas de prestación universal y pública de Salud, Pensiones y Educación. Pero asimismo cumplió con un objetivo todavía peor al rediseñar de forma regresiva la relación entre los universos del trabajo y el capital, algo que galvanizó la transferencia regresiva de riqueza.

Y lo hizo a caballo de una cataclísmica destrucción de empleo, que también provocó el hundimiento de miles de pymes y una concentración de riqueza -todavía superior- a la anterior, en manos de un reducido grupo de grandes propietarios, entre ellos la familia Botín.

Estos son algunos -sólo algunos- de los datos que permiten poner en duda aseveraciones como las que pronunció hoy Macri al tomar juramento a los flamantes ministros de Energía, Javier Iguacel, y al de Producción, Dante Sica.

En ese contexto, el presidente insistió con que el Stand-by y recalificación de Mcsi son “más herramientas para que la gente pueda invertir” y de esta manera se genere “más trabajo”.

Los parámetros para fundamentar esa afirmación, son cosas tales como la reacción favorable que -ante estos anuncios- tuvieron en Wall Street las acciones de empresas que actúan en Argentina o la satisfacción de Botín que, más que un elogio, es un relamerse el bigote.

Porque, de lo que va este “volver al mundo”, no es de otra cosa que una vuelta de rosca más para que el capital financiero transnacional pueda apropiarse de activos estatales y sociales, que son patrimonio del pueblo argentino.

Vivienda y alimentos a tope20.6.2018

Un ruidazo que tiene precio

La devaluación del peso, la inflación y la caída del consumo afecta a los precios más importantes de la economía para los trabajadores: salario, alquiler, servicios y alimentos. Los vecinos porteños se hicieron sentir con un fuerte ruidazo.

En el día de ayer trabajadores porteños realizaron un fuerte ruidazo contra los aumentos de las expensas que, sumadas a los desorbitantes precios de los alquileres, hacen que cada vez sea más difícil para los habitantes de la Ciudad sobrevivir en el marco de una economía asediada por las medidas de ajuste del gobierno nacional.

La megadevaluación del dólar, los tarifazos y la consecuente suba de precios de la canasta básica, registrada parcialmente por el Indec que está difundiendo datos que no reflejen la realidad de los trabajadores, impacta también en el precio de las expensas.

El precio de los servicios es el principal factor que explica el aumento de las expensas. Si el año pasado, con una inflación del 25 por ciento y un dólar que rozó los 19 pesos los incrementos en las expensas fueron del 38 por ciento, este 2018 con una inflación proyectada de 32 puntos y un dólar que a mitad de año se encuentra en un piso ascendente de 29 pesos, difícil es precisar el valor nominal de los incrementos pero fácil advertir que la situación se vuelve intolerable para los inquilinos y propietarios de unidades familiares de la Ciudad de Buenos Aires.

Lo que está sufriendo los trabajadores es un verdadero “operativo pinzas” sobre el ingreso destinado a erosionar cada vez más el poder adquisitivo del salario. Según dio a conocer el Indec en las últimas horas, en mayo la línea de indigencia subió 4,8 por ciento -el alza más grande en la gestión Cambiemos. Estos incrementos se fundamentan en la variación mensual de la canasta básica alimentaria -casi 5 por ciento- y en el aumento de la canasta básica total que fue del 3,2.

De esta manera, la canasta básica acumula en el 2018 un aumento del 12,5 por ciento frente a paritarias que cerraron, en el mejor de los casos, en 15 puntos y con un promedio de 3,9 por ciento en el primer trimestre del año.

El encarecimiento de la canasta básica, de los alquileres y las expensas redunda en una profunda agudización de la carestía de la vida. En la actualidad, una familia tipo -dos adultos y dos hijos- necesitan para sobrevivir unos 18.833 pesos mensuales y para mantenerse por encima de la línea de la indigencia 7.473.

No existe otra razón para explicar estas cifras que la política económica del macrismo sustentada en tres pilares que fungen como veneno de rápida y mediana acción sobre la economía: la desregularización del precio del dólar, la liberalización del precio de los combustibles y la bicicleta financiera que cabalga al ritmo de una tasa de interés que roza el 50 por ciento.

Alquileres más caros

Por lo expuesto, y a los datos nos atenemos, el gobierno nacional se encuentra haciendo un excelente trabajo respecto a su objetivo estratégico: lograr la mayor transferencia de recursos desde el trabajo al capital en el menor tiempo posible para consolidar la matriz socio-cultural del país, sustentada en la exportación de producto agroindustriales de bajo valor agregado, un modelo energético dependiente y la libre circulación de capitales financieros.

En este contexto, como es de imaginar, el proyecto económico del gobierno da forma a un escenario por demás delicado para los inquilinos y de excelente factura para especuladores inmobiliarios y bancos que, como nunca antes en la historia, se encuentran haciendo su “agosto” con la bicicleta financiera y los créditos hipotecarios UVA.

Algunos datos dan cuenta de esta realidad. Por ejemplo, que los alquileres subieron más que los créditos UVA: en lo que va del año el precio de la renta de alquiler aumentó un 13,6 por ciento, mientras que las cuotas de los créditos crecieron un 11,6.

En ambos casos, los costos de la timba financiera y el saqueo lo está pagando los trabajadores que o pagan un alquiler o están comprando su primera vivienda con salarios cada vez más devaluados. Los que ganan son siempre los mismos, en este caso, los grandes propietarios.

Es que más allá de la devaluación promovida por el gobierno, en los últimos veinte años los precios en dólares de los inmuebles subieron un 300 por ciento. Según un informe elaborado por Serinco -consultora financiera que trata cuestiones inmobiliarias- una propiedad a estrenar de 70 metros cuadrados ubicada en Barrio Norte costaba en 1998 81.400 dólares, hoy cuesta 205.800.

Este escenario, combinado con la creciente inversión inmobiliaria de carácter especulativa en un país con un déficit habitacional que afecta a más de tres millones de personas, no puede tender a otro fenómeno que no sea el de la concentración en el sector. Según consignó BaeNegocios, en lo que va del 2018 ya cerraron 206 inmobiliarias en la Ciudad de Buenos Aires y hay otras 3.000 que están en peligro.

Los números no hacen más que confirmar una realidad palpable y padeciente para la clases populares del país que sufren la política de ajuste y saqueo de una derecha dispuesta a hacer todos los trabajos sucios -y de guante blanco- para que alcanzar sus objetivos.

Lenguaje y política20.6.2018

Caputo: il gattopardo

El cambio de figuritas en el Banco Central tiene un único objetivo: profundizar la política económica del gobierno. En el medio, nos vende los “beneficios” de la corrida cambiaria y coloca la tasa de Lebac a un mes en un 47 por ciento

Cambiar algo para que nada cambie. Ese es el principio político del gatopardo. El concepto surge de la novela de Lampedusa, escritor italiano autor de El gatopardo que fue llevada al cine por Luchino Visconti. En la novela el personaje principal, un aristócrata decadente del 1800 que sufre los embates de la burguesía emergente en Italia, muere orgulloso por “adaptarse” a los nuevos tiempos y por “haber cambiado algo para que nada cambie”. Se trata, ni más ni menos que de la capacidad de una clase social para adaptarse a los cambios revolucionarios y no morir en el fragor de los acontecimientos para que a fin de cuentas, siempre alzarán la copa los mismos.

En Argentina la historia ha sido testigo de las habilidades políticas de grandes gatopardistas, pero, pocas veces este principio se ha llevado con tanta frecuencia a la práctica en un corto tiempo como en los últimos tres años. El responsable de que así sea es el presidente de la Nación Mauricio Macri.

Esta última semana con las modificaciones en el gabinete, Macri se colocó a la vanguardia entre los cultores de esta práctica. Con las salidas de Sturzenegger del Banco Central y de Aranguren del Ministerio de Economía, el mandatario intentó dar “señales” contundentes al “mercado” y la sociedad en medio de la crisis económica en la que está sumergido el país.

Si Sturzenegger había sido señalado -y construido- como el impulsor y referente de la bicicleta financiera en el país, su salida podría indicar -según se vociferó en los grandes medios adictos al gobierno- cambios en la política monetaria del país. El elegido para ocupar la presidencia del Banco Central fue ni más ni menos que el ministro de la deuda, Luis Caputo quien, a la hora de enfrentar su primer vencimiento de Lebac al frente de la entidad, colocó la tasa de interés en un 47 por ciento.

Si históricamente la tasa de interés que paga un banco indica el grado de solidez que tiene, queda claro que los que apuestan a la timba financiera en el país saben que es un negocio que hay que aprovechar en el corto plazo antes de que la “bomba” explote.

Por eso el gobierno está lanzando bonos en dólares para consolidar como deuda pública las inversiones en Lebac que, en la actualidad, representan el 1,2 por ciento de la base monetaria nacional -más de un billón de pesos.

Estos nuevos bonos son a tasa fija y con vencimiento en el 2020, momento para el cual, según los más optimistas entre las huestes del gobierno, se espera que el gabinete económico haya podido cortar los cables indicados para que la bomba, programada por el mismo gobierno, no detone.

Cabe aclarar que en el peor de los casos, es decir, que la bomba de las Lebac explote, se produzca una gran corrida cambiaria y una nueva mega devaluación que lleve al dólar a los 43 pesos, tal como pide Melconian, se tratará siempre de “gajes del oficio” o, para decirlo de otra manera, de fenómenos económicos coherentes y esperables en el marco de un modelo económico de liberalización de la economía, saqueo, endeudamiento y fuga de capitales.

Por eso el flamante presidente del Banco Central a pocas horas de asumir la presidencia de la entidad se despachó con una afirmación lapidaria: la crisis cambiaria fue “lo mejor que nos pudo haber pasado".

Una vez más las operaciones del lenguaje tributan a la opacidad de los fenómenos económicos, políticos y sociales. El sentido metafórico que tendría que tener la expresión “nos pudo” en realidad fue usada por Caputo en un sentido metonímico, es decir, por condensación y no por desplazamiento. En otras palabras, el “nos pudo” intenta incluir en los “beneficios” de la corrida a gran parte de la sociedad cuando en realidad favorece los intereses de dos fracciones de clase en particular: los exportadores y el sector financiero. Así las cosas, Caputo intentó justificar con esta operación la política económica del gobierno pero también sus efectos “colaterales”, incluyendo entre estos últimos fenómenos tales como la presión cambiaria, entre otros.

La parte por el todo y el gatopardismo integran el catálogo de artilugios clásicos de las clases dominantes en nuestro país. El gobierno echa mano a estos para construir su propia épica y cabalgar sobre tierra arrasada.

De narcos y ladrones...19.6.2018

Justicia ¿para todos?

¿El crimen nunca paga? Un ADN criminógeno y otra que la pesada herencia. Códigos Civil y Penal y una función clara. Adam Smith, el padre de la economía clásica, sabía por qué lo decía.

A poco de que lo recibiera Mauricio Macri, fue procesado por cargos de narcotráfico, el intendente de Paraná, pieza importante en el armado de Cambiemos -asociado a Frigerio y Michetti- Sergio Varisco.

La denuncia pública sobre su participación en una red narco fue hecha hace más de un año, pero Patricia Bullrich no hizo nada y hasta que el juez Leandro Ríos lo procesara para que la titular de Seguridad se desmarcara de su correligionario.

Casi en simultáneo -con fundamentos- hay quienes solicitan que el Poder Judicial inhiba de salir del país a Sturzenegger y Aranguren y que se les exija explicaciones por los negociados que provocaron desde la gestión pública.

Sólo en la corrida de mayo las reservas cayeron más de doce mil millones de dólares, se comprometió en contratos de dólar a futuro cerca de mil millones y se emitieron 73.250 millones en Botes a cinco y ocho años con una tasa del veinte por ciento anual, que adquirieron fondos buitre.

Por otra parte, se renovaron 617.000 millones en Lebac a treinta días con tasa del cuarenta por ciento nominal. En los días previos, el Central recompró Lebac por sesenta mil millones y pagó tasas de hasta setenta por ciento anual.

Todo esto disparó las tasas de financiamiento para Pymes, volvió a devaluar el peso y disparó la inflación y la caída del poder adquisitivo de los salarios.

Aranguren debe explicar por qué dejó de importar gas de Bolivia para comprarlo a Chile a un precio 128 por ciento superior y por medio de una subsidiaria de Shell, la empresa de la que fue Ceo y es accionista. Y también cuál es la razón para que las tarifas aumentaran 1.500 por ciento y para que Argentina pague el millón de BTU a más del doble de lo que fija el mercado mundial.

Los que vienen

El gobierno no intenta ocultar que Luis Caputo -ahora en el Central- es un operador de la timba global puesto a intervenir la estrategia financiera estatal. Toto está denunciado por el manejo del FGS de la Anses y enriquecimiento ilícito, ya que por medio de la firma Axis compró dólar futuro y como titular de Finanzas estableció el precio.

Su papel fue central para que los fondos buitre recibieran más de lo que pedían y le dio forma al sobreendeudamiento que terminó con Argentina entregada al FMI. Por comisiones -sólo las pagadas en blanco- los argentinos perdimos 1.150 millones de dólares durante los dos primeros años de toma de deuda que propició el Gobierno Cambiemos.

Otro que entra es Javier Iguacel, nuevo titular de Energía, pero viejo inquilino de cloacas fiscales. Como Caputo, su nombre aparece en los Paradise Paper’s.

Para reemplazar a Francisco Cabrera -el de las Afjp- llega el hasta ahora titular de Abeceb, consultora que Pancho contrató por seis meses por 4.363.550 de pesos que salieron de las arcas del mismo ministerio que ahora va a ocupar.

La lista es larga y puede engrosarse con otros miembros del gobierno, burócratas sindicales y empresarios. Y aquí donde está la clave para comprender de qué va todo esto.

La lógica del capital es sencilla: mientras que la producción de bienes y riqueza es social -para realizarla participa el conjunto de la sociedad- la toma de ganancias es exclusivamente privada. Esto es tan evidente como ocultado desde la construcción discursiva capitalista que, así, potencia la capacidad criminógena que posee el ADN del capital.

Quizás como nunca antes en nuestro país, el Gobierno Cambiemos expresa el carácter simbiótico que existe entre el Estado Liberal Burgués (ELB) y el poder corporativo. Como regulador entre el capital y el trabajo, el ELB genera condiciones para el proceso de acumulación de tasa de beneficio corporativo, al tiempo que socializa la inversión –en infraestructura, etc.- necesaria para favorecerlo.

Pero también -y fundamentalmente- por medio de los códigos Civil y Penal, defiende a la propiedad privada individual y castiga la demanda realizada en función de reivindicaciones colectivas.

Entonces, nadie puede sorprenderse cuando se advierte que “el mejor equipo de los últimos cincuenta años” no es -a fin de cuentas- otra cosa que una banda que se instaló en La Rosada para satisfacer sus pretensiones de clase, favorecer la maximización de tasa de ganancia corporativa y el lucro personal. Y, para ello, no duda en ir desde el narcotráfico hasta otras actividades igualmente criminales, pero que el ELB no considera punibles.

“El gobierno civil, en tanto que fue instituido para la seguridad de la propiedad, ha sido instituido para la defensa de los ricos contra los pobres o de aquellos que tienen propiedad contra los que no tienen nada”, escribió hace cerca de dos siglos, Adam Smith, el padre de la economía clásica. Y sabía por qué lo decía.

el Gobierno Macri en su hora más difícil.18.6.2018

¿Cambia todo cambia?

Sturzenegger, Cabrera, Aranguren, la cosmética y el pedido de consenso para ajustar. Para el presidente “veníamos bien pero pasaron cosas” ¿Se viene la alternancia? Si la reproducción social alumbra más capital ¿se podrá llegar a un capitalismo bueno?

“Bajá el dólar la puta que te parió”, retumbó en la Plaza Roja de Moscú el cantito de algunas decenas de argentinos irritados porque contrataron su viaje al Mundial con un dólar a 19 pesos que, ahora, se ubica en el rango de los 29 donde, según anticipó el designado ministro de Producción, Dante Sica, va a quedarse, al menos por un tiempito.

Sica va a reemplazar a Francisco Cabrera, el fusible que junto a Juan José Aranguren saltó después de que lo hiciera Federico Sturzenegger, en el contexto de la reorganización del Gabinete en la que se espera la supresión de ministerios que pasarían a tener el rango de secretaría.

¿Cambio cosmético? Sí, pero también el abierto reconocimiento de que el proceso de delegación de soberanía que supone la firma del acuerdo entre el gobierno y el FMI, debe tener un correlato práctico que se verifica en el rediseño ministerial.

Lo que se pretende es que, al menos, se morigere la puja entre facciones que atravesó a lo que va del Gobierno Cambiemos que, ahora, pasa a estar abiertamente cooptado por las decisiones del Fondo.

Para eso este diseño basado en una cartera, a cargo de Nicolás Dujovne, que coordine -más bien administre de acuerdo a lo que decide el FMI- las áreas vinculadas a la economía, finanzas y producción.

Todo porque la impericia exhibida -sobre todo en el terreno político- por el staff gobernante, pone en peligro el objetivo principal por el que construyeron el Proyecto Cambiemos, aquellos sectores más concentrados del capital que actúan en nuestro país y otros que ni siquiera lo hacen aquí.

Entonces, más allá de que el sucesor de Cabrera argumente que el precio del dólar alto se justifica para apoyar al sector industrial o que Javier Iguacel, se presente como un cuadro con más cintura política para renegociar con las empresas energéticas el precio de la nafta que, con la devaluación del 45 por ciento, ya están agazapadas para echarse a la yugular de los consumidores.

Pero aquí debe quedar claro que, además de las responsabilidades que tienen Cabrera y Aranguren -incluso las penales- pasarle a estos ministros la factura por el déficit comercial y el tarifazo es, por lo menos, un reduccionismo peligroso.

Así las cosas, Mauricio Macri decidió avanzar en una línea inusual: hace cambios en su gabinete en medio de la tormenta, de cara a otro momento en el que a caballo de un nuevo vencimiento de Lebac, el mercado va a exigir nuevas prebendas. También cuando el país se hunde en una devaluación del 45 por ciento, con una inflación que ni el dibujo del Indec de Todesca puede disimular y a poco de firmar un documento con el FMI en el que reconoce que, este año, Argentina no va a crecer. Y, crecimiento nulo más inflación -la de este año va a estar por encima del treinta por ciento- es estanflación.

Lo hace cuando -quizás- se esté dando cuenta que la duda comienza a avanzar entre las facciones de poder que lo entronizaron para que sea el ejecutor de su plan, algo que quedó al desnudo cuando no pudo ni siquiera morigerar el camino que conduce a retenciones cero para el agronegocio. Tampoco logró que el precio de los combustibles fuera contenido por dos meses o que el capital financiero desacelerara un poquito su tasa de ganancia, al menos, hasta pasado el chubasco. Ni que un sector que gana mucho, invierte y emplea pocos trabajadores y convierte rápidamente plusvalía en capital en fuga, los capitanes de la industria con Paolo Rocca a la cabeza, dejara de presionar para obtener un “dólar competitivo”.

O que las cinco megaempresas formadoras de precios -asociadas a las que oligopolizan las bocas de expendio- den tregua a una inflación que crece todavía más en los productos que -necesariamente- adquieren los sectores que presentan vulnerabilidad socieconómica.

Con este telón de fondo y cuando Luis Caputo volvió de EE.UU. con la -previsible- mala noticia de que se había acabado el crédito, con el que en sólo dos años el Gobierno Cambiemos sobreendeudó al país, Macri decidió encarar 2018 con una propuesta tan audaz como políticamente ingenua.

El resultado electoral de medio término ya aparecía bastante lejano, cuando apenas pudo cumplir, a medias, su objetivo de convertir en Ley la reformulación de los sistemas laboral y previsional.

Pero pese a esto, cuando la disparada de la inflación ya se veía irreversible, convocó a un “gran acuerdo nacional”...pero para ajustar. Las condiciones en que hizo ese llamado sólo reconocen un antecedente cuando, en 1985, el entonces presidente Raúl Alfonsín convocó a Plaza de Mayo para pedir el aval popular y del resto del arco político, a lo que llamó “economía de guerra”.

Como esa vez, ahora, la sociedad y los universos, sindical y político partidario, mostraron la espalda. Este es el primer indicio que habla de que el capital político del Gobierno Cambiemos podría estarse agotando, algo que desde los sectores del Multiverso Peronista se comienza a advertir y, junto a ello, empieza a construirse en ese imaginario la posibilidad de convertirse en bloque de alternancia dentro del sistema de representación que se consolidó con las legislativas de 2017.

Debe quedar claro que este no es un escenario acabado, lejos está el gobierno de haber agotado las cartas que le quedan por jugar. Pero lo que sí es evidente es que, fácticamente y también cumpliendo ciertas formalidades, quienes ocupan La Rosada avanzaron en la configuración de un escenario que los trasciende.

Y que, además, sienta las bases para la galvanización de un sistema de representación política basado en la alternancia de dos bloques que, de ninguna manera, pretenden cuestionar el statu quo.

¿Veníamos bien?

El pago a los Fondos Buitre en condiciones que ni estos holdouts habían exigido, el posterior sobreendeudamiento, la emisión alocada de Lebac cuyo monto ya supera a la propia base monetaria, son algunas de las medidas en que avanzó el Gobierno Cambiemos que, además de permitir formidables negociados, profundizó la transferencia regresiva de riqueza en una escala nunca vista.

Sin esto es impensable la política energética que reforzó subvenciones para las empresas y castigó con el tarifazo a los usuarios. También el déficit comercial, la destrucción del mercado interno y la producción nacional -especialmente la pyme y mipyme-, el ajuste con su correlato en la destrucción de trabajo que redunda en el desmantelamiento de las estructuras de salud, pensiones y educación de carácter público y universal, pero asimismo en la de ciencia y tecnología, así como la encargada de establecer controles de calidad a aquello que consumimos.

Asimismo, durante los últimos tres meses la política gubernamental hizo que los argentinos perdamos más de once mil millones de dólares que le imprimen una vuelta de rosca más -y drástica- a la constante fuga de divisas que se perpetra desde diciembre de 2015.

“Veníamos bien pero pasaron cosas”, sentenció Macri, ayer en una charla televisada que compartió con Jorge Lanata, que aceptó el argumento como si fuera una verdad canónica.

Está claro que esto es sólo un breve repaso de algunas de las cosas que pasaron durante los dos años y medio de Gobierno Cambiemos en los que, además de los negocios personales de las facciones instaladas en La Rosada, se manifestó una clara determinación de clase que guió cada acto del ejecutivo y administrativo que apuntó -desde el principio- a construir aquello que llaman “cambio cultural”.

¿Habrá algo de casual en todo esto? Nada más lejos de eso. Lo que se hizo desde La Rosada a partir del instante en que Macri se convirtió en presidente, es generar condiciones para llegar al sitio donde se está, esto es, a la delegación de soberanía que se traduce en el acuerdo con el FMI.

Aquí no “pasaron cosas”, sino que se perpetraron actos de gobierno que sólo podían conducir a un lugar: el actual.

Aunque la impericia y voracidad de las facciones que actúan hacia adentro del tándem de poder que ocupa La Rosada, precipitaron la cosa y volvieron menos prolijo al procedimiento, el resultado estaba escrito y pretende poner a Argentina en el lugar que el orden capitalista global le otorga.

Por eso, desde esa mirada, es preciso un Estado que no sea capaz de controlar las herramientas básicas de su economía, lo que favorece condiciones que lo vuelven funcional al proceso de deslocalización y financierización que le asigna el diseño geoestratégico, geoeconómico y geopolítico de ese orden capitalista mundial.

Esto no quiere decir otra cosa que convertir a Argentina en una formación estatal que provea de mano de obra barata a partir de relaciones laborales horribles y en unidades productivas contaminantes. Un país que transforme rápidamente plusvalía en capital financiero que fugue.

La llave dorada

Y es aquí donde se revela el verdadero carácter estratégico del “cambio cultural” que vino a perpetrar el tándem de poder que ahora ocupa La Rosada que sabe que, si fuera preciso, habrá que sacrificar a su herramienta táctica, el Gobierno Cambiemos, en pos de garantizar la reconversión socioeconómica del país.

Para esto, sabe que cuenta con un bloque de alternancia que es incapaz de romper con el corsé que imponen las relaciones del capital que, en esta fase, vuelven imposible ni si quiera soñar con un momento de redistribución de excedente como el que caracterizó el período 2004/2015.

Esto va más allá de la posibilidad de fantasear e incluso creer que es viable construir un “capitalismo bueno”.

Es que mantener esa mirada sería -en el caso de los bienintencionados- un error basado en una perspectiva que ubica al problema en su fenomenología y no en el capital en sí y, por ende, en las propias y únicas relaciones que el capital es capaz de construir.

Cada vez queda más claro que no alcanza con criticar y combatir a las consecuencias que derivan de las relaciones que establece el capital, en el caso de la situación argentina actual, el neoliberalismo o como quiera que se llame a la postura que impulsa el gobierno.

Lejos de esto, es preciso hacer un esfuerzo por deconstruir al capital desde su médula, esto es, en tanto relación social que sirve de pedestal para un determinado tipo de organización social y mecánica civilizatoria.

¿De qué va todo esto? Sencillo, hay que apuntarle al capital por lo que es esencialmente: una forma de relación social que, desde su desarrollo en el ciclo que transita las esferas de producción, circulación y realización, impregna todo tipo de relación social. Esto no es otra cosa que el mercado y la mercantilización, todo como fase paroxística del capital y, por lo tanto, del capitalismo.

Además de la orgía financiera que mediante la altísima tasa de Lebac, las recurrentes corridas, el sobreendeudamiento y el juego ajuste-dólar que sin mucho disimulo impone el gobierno, también está una sociedad que puso a Macri -y todo lo que representa- en La Rosada porque prometió cosas como terminar con “el cepo” al dólar.

Sectores medios que sólo durante 2017 sacaron del país diez mil millones de dólares-turismo. Los gritos de “bajá el dólar la puta que te parió” que suenan en la Plaza Roja, se parecen mucho a los que retumbaban contra “el cepo”, en Plaza de Mayo, durante los cacerolazos que cimentaron la llegada de Cambiemos a Balcarce 50. Es que la estupidez, también es capaz de construir su propia épica.

Al hablar de capital no se puede caer en el reduccionismo de hablar sólo de Fondos Buitre, banca internacional y timba financiera. El capital es una forma de reproducción social.

De ahí que, cualquiera vaya a ser la resolución política del pico de crisis monetaria y financiera que atraviesa Argentina, es prudente tener en cuenta, al menos, dos cosas.

Por muchas razones que reiteradamente se explicaron en NP diario de noticias, en su etapa actual, el capitalismo no puede ofrecer una nueva vía de escape a la crisis autogenerada que esté basada en un momento de reestructuración que garantice la estabilización política y distribución a partir de una expansión del tipo keynesiana. De todas ellas hay una que es central: el capital está colisionando con los márgenes de su propia lógica de acumulación.

De ahí que, en el caso de nuestro país, haya que esperar que aún si al Gobierno Cambiemos se le agotara el tiempo y desde el bloque de alternancia se pretendiera reconstruir mecanismos de redistribución protokeynesiana, lo que se consiga hacer va a ser mucho menos generoso y va a durar menos tiempo que lo que se desarrolló durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

Y es entonces, en este punto, donde la conclusión insoslayable lleva a tener que reflexionar sobre la necesidad de construir alternativa, aún desde adentro de la dinámica que imponen los límites del Estado Liberal Burgués, pero sin caer en el corsé que impone la relación del capital.

Porque, ahora como nunca, es preciso ser izquierda, pero no una izquierda que se piense desde adentro -aunque sea bien a la izquierda- del globo que contiene a las relaciones del capital, sino liberada de ese universo que como sabemos impregna todo tipo de relaciones humanas, también las que construyen política.

La cosa pasa por ser un dispositivo de quienes desde la izquierda del sistema de relaciones del capital, propenden un capitalismo amable y que vive prometiendo capacidad para redistribuir riqueza o, aunque cueste, desestimar la seducción que propone la construcción de ese “capitalismo bueno”, para aceptar el desafío de construir fuerza propia.

Esto implica autonomía y construcción de herramientas propias para dar la lucha, pero siempre desde una mirada no capitalista. La buena noticia es que, para esta tarea, los comunistas tenemos la llave de oro y está en nuestro propio sistema ideológico.

La corrida se cargó a Federico15.6.2018

¡Hasta la vista baby!

Luis Caputo preside el Banco Central. El dólar cerró la semana casi a 29 pesos y se dispara, todavía más, la inflación. La Rosada gasta a cuenta la mitad del primer tramo del stand-by que acordó con el FMI. Nuevas caras, más ajuste.

Al día siguiente de la salida de Federico Sturzenegger del Banco Central, el precio del dólar en las principales casas de cambio de la Ciudad de Buenos Aires, trepó hasta casi 29 pesos, barrera que superó en algunas ciudades del interior del país, donde orilló los treinta, muy cerca de los 41 pesos que, según aventurara la semana pasada Carlos Melconian, es el precio al que debería estar la moneda estadounidense, de acuerdo a la inflación actual.

Lo del precio del dólar no sorprende, tampoco que Sturzenegger haya sido el fusible para apuntalar la versión que señala que, lo de la corrida actual y la del mes pasado, tiene que ver más con la impericia que con decisiones estructurales que adopta el Gobierno Cambiemos, desde el mismo momento que se instaló en La Rosada.

Nada tienen de azarosos los dichos que el ex titular del Banco Nación deslizó en una conferencia que brindó en el Rotary Club, el mismo escenario en el que María Eugenia Vidal reflexionó sobre el acceso a la universidad de las personas pobres.

Lejos de eso y con su verborragia vendedora, Melconian, justificó la dureza del ajuste fiscal que –así lo anticipó- conlleva el acuerdo que el ejecutivo le prometió al FMI. Y recalcó que el Fondo, “es el de siempre”, tras lo que señaló que “arreglar esto llevará años” y saludó: “creo que se terminan las políticas pseudopopulistas”, por lo que “a partir de ahora, pechuguita con puré de calabaza”.

La posición que expone Melconian, contacta con lo que Mauricio Macri acordó con el FMI, básicamente recorte de inversión y gasto que va a afectar a la órbita nacional, pero también a provincias y municipios.

Un lugar de privilegio lo tiene la reducción de subsidios que terminaría 2020 en el rango del noventa por ciento, la caída de empleo público y la de adquisición de bienes y servicios, así como la suspensión de la obra pública que no sea considerada “prioritaria”, lo que le otorga al gobierno nacional una herramienta todavía mayor para disciplinar a gobernadores. También está en la mira el sistema de tarifas sociales.

Otro punto relevante es la venta de activos del Fondo de Garantías de Sustentabilidad (FGS) para pagar jubilaciones y pensiones y una drástica reforma previsional que prevé incluir el aumento de la edad de retiro.

El camino es claro: atacar al FGS es desfinanciar al sistema público y universal de pensiones, en un intento que -si prospera- le va a abrir la puerta a la entrega del sistema al capital financiero.

Asimismo, remarca que será el Banco Central quien defina las metas de inflación, en tanto se establecerán mecanismos que garanticen que sea prácticamente imposible que el ejecutivo remueva al titular del Central y su Directorio, al tiempo que se va a suspender la financiación directa o indirecta del Bcra al Tesoro.

Por otra parte, el documento reconoce que durante este año el país va a crecer sólo un 0,4 por ciento, esto es un crecimiento nulo si se tiene en cuenta que la mayor parte que lo compone viene del arrastre de 2017. Pero también una inflación anual del 27 por ciento y una caída en el déficit de cuenta corriente.

Presupuesto

Del documento del FMI que aceptó el gobierno, se desprende que este año va a haber recesión acompañada de inflación y que el segundo semestre va a ser totalmente negativo.

Pese a esto, se ratificó la tasa del cuarenta por ciento para las Lebacs y que la mitad del primer tramo de financiamiento del FMI -que llegaría al Central el miércoles venidero- va a ser subastado por la autoridad monetaria por afuera de la rueda mayorista para intentar garantizar la flotación del dólar y frenar su escalada.

Esto es, que abiertamente la mitad de esa primera entrega se destinará a garantizar el reembolso de ganancias de los que -timba mediante- protagonizaron la corrida de esta semana.

Es que más allá del acuerdo con el Fondo y la flotación, incluso de la entrega de la cabeza de Sturzenegger, el precio del dólar continúa sin encontrar techo, pese a que la constante intervención del Central -que sólo sirvió para garantizar la fuga de divisas-, ya hizo que las reservas descendieran por debajo de 48 mil millones.

Vale entonces preguntarse cuánto puede durar ese tramo inicial del stand-by del Fondo y la respuesta es clara: poco. Y esto es así porque, tal como fue antes y será siempre, lo que viene a garantizar el organismo internacional, no es otra cosa que puedan cobrar aquellos que ya prestaron a tasas usurarias. Y lo hace a cambio de delegación de soberanía.

Cada paso que en materia de política económica dé el gobierno de aquí en más –éste y el próximo- va a ser susceptible de la revisión del FMI que, así, va a tener en sus manos entre otras cosas- la decisión sobre gasto/inversión pública, comercio exterior y aranceles, consumo, política cambiaria y de tasas de interés, esto es, sobre los principales motores que posee la economía de una formación estatal.

Y esto en un contexto en el que, tal como se había anticipado, esta semana la Reserva Federal de EE.UU. volvió a subir su tasa de interés, de 1,75 a dos por ciento. Lo hizo por segunda vez en el año, al tiempo que prevé aumentos adicionales como consecuencia del sólido ritmo al que está creciendo la economía estadounidense.

¿Con esta tendencia, más el uso que se hace de los dólares derivados del stand-by y con una economía que se acerca a la estanflación, alguien se imagina cómo va a hacer Argentina para salir –esto es pagar cincuenta mil millones de dólares- del acuerdo a tres años suscripto con el FMI?

Difícil, mejor dicho, imposible. Por eso este corsé es para ahora, pero también para quien resulte elegido en 2019 y después, ya que resulta complicado ver dónde puede terminar el horizonte de los condicionamientos que impondrá el acuerdo que pretende reinaugurar un ciclo de abierta dependencia, caracterizado por más ajuste y privatizaciones, además de la pérdida de soberanía que se hará sentir en la imposición de las políticas cambiaria y monetaria.

Pero si a usted se le eriza la piel al escuchar esto, guárdese algo de horror, porque –además- el Gobierno Cambiemos pretende acelerar para este año, la entrada de Argentina a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), pero también avanzar en el tratado de libre comercio con la Unión Europea.

Con esta tríada, el corsé sería letal.

Pero para llegar hasta ahí, antes tienen que “estabilizar” ¿qué quiere decir esto? Hasta ahora, la estrategia del staff gobernante fue la ronda de endeudamiento en la que se iba pagando –capital e intereses- con sobreendeudamiento.

Pero la fiesta terminó cuando, a principios de este año, Luis Caputo fue a pasar la gorra a EE.UU. y le dijeron que se cortaba el chorro porque, en sólo dos años, Argentina había pasado del desendeudamiento al sobreendeudamiento.

De ahí que ¿quién mejor que Toto Caputo para comandar desde el Central esta fase del proceso en el que el interés va a seguir creciendo exponencialmente?

Por eso la flotación que lleva a que –al menos en teoría- el Estado no puede echar mano al precio del dólar y debe buscar otras variables de la economía para ajustar, porque sin ajuste, no hay próximo tramo de lo acordado con el Fondo.

Es que, para el tándem de poder que ocupa La Rosada, todo el problema reside en el “excesivo gasto público” y, su consecuencia, el déficit fiscal. De ninguna manera tienen en cuenta el problema externo, esto es, la fuga de capitales que siguen perpetrando sus socios de clase y los propios integrantes del Gobierno, pero tampoco, el déficit comercial y el sobreendeudamiento que trajo aparejado la política externa inaugurada en diciembre de 2015, ni el dólar turismo, la zanahoria que el Gobierno Cambiemos le puso al electorado que consolidó entre los sectores medios que, ahora, comienzan a pagar con creces en las góndolas del super la foto del viajecito al extranjero que -con orgullo- colgaron en la portada del facebook.

Entonces, la corrida de mayo y la actual, vienen a terminar con el momento “pseudopopulista” –tal como lo definió Melconian e inaugura la etapa en la que con más dureza se va a ver el verdadero signo de clase que posee el Gobierno Cambiemos, que pretende tener en personajes “simpáticos” como el ex titular del Nación y la gobernadora de Buenos Aires a quienes puedan establecer vasos comunicantes con quienes no van a estar invitados a esta fiesta.

Pero antes deben galvanizar lo que implica el acuerdo con el FMI y, si quieren darle peso estratégico a mucho de lo que ahí se suscribe, tendrá que pasar por el Congreso –cuando se aborde el Presupuesto 2019- donde Cambiemos no tiene mayoría, por lo que se verá a qué juegan aquellos que desde el progresismo sueñan con un “capitalismo bueno” o mejor dicho, si están dispuestos a asumir el espacio de verdadera oposición.

 

 

Después del acuerdo con el Fondo, por suerte llegó el Mundial11.6.2018

¡Objetivo cumplido!

Inflación, recesión y tensión social. SOS ¿dónde está la CGT? Tres escenarios preocupantes y un corsé para que Argentina entre definitivamente al mundo.

Después de varios días en los que el aire se cortaba con una tijera, en La Rosada hay clima más distendido y se repite que el primer objetivo fue logrado: comenzó la semana del mundial y -pese a todo- al menos en el horizonte inmediato, no se presentan demasiados sobresaltos en términos de gobernabilidad.

Aunque los sondeos que ahí se manejan coinciden en que un tercio del electorado de Cambiemos cuestiona el acuerdo con el FMI, la intención de voto que tendría hoy la reelección de Mauricio Macri, está en el 31,5 por ciento, de acuerdo a un estudio realizado por el Centro de Estudios de Opinión Pública.

“Todavía estamos por encima de las Paso de 2015”, repiten los más optimistas que piensan que, pasado el chubasco de marzo, de aquí en adelante todo va a ser ¡pum para arriba! ¿Pero será tan así?

El Gobierno Cambiemos sabe que ni esforzándose puede encontrar un índice de la economía que le dé bien y que esto se siente, con creciente y excesivo rigor, en los barrios de la periferia de las grandes ciudades donde está –latente- el sujeto social que puede convertirse en masa crítica cuestionadora del estado de cosas.

Por eso tiene claro que debe descomprimir la calle, ya sea por cooptación o represión. Esto es algo que –por si hiciera falta- dejó en claro casi en coincidencia con el anuncio de acuerdo con el Fondo.

Una buena noticia le llegó desde el corazón de la CGT cuando, una vez más, Los Gordos le pusieron precio a la nueva postergación del paro general. Seis mil millones de pesos de las obras sociales que retenía el gobierno y –por decreto- le va a dar para que reparta el Triunvirato de Azopardo.

Además, otro decreto, permitiría que en julio y agosto se negocien aumentos de hasta un cinco por ciento a cuenta de la cláusula de revisión que comienza a regir un mes más tarde.

Todo esto para la porción de las algo más de seis millones de personas que se desempeñan en el sector privado, cuyos sindicatos hayan acordado cláusula gatillo –mecanismo que el Estado descartó- y estén dentro de relaciones de formalidad laboral.

Mientras tanto, alrededor de más de 17 millones de personas no están contenidas en esta oferta que, además, es sumamente mezquina para los que contempla.

Sólo alcanza a salarios promedio de 22 mil pesos sobre los que, en paritaria, se acordó una recomposición menor al quince por ciento. Con un cinco, en el mejor de los casos, llegarían al veinte por ciento cuando ningún trabajo serio prevé una inflación menor al 27 por ciento para fin de año y esto en el mejor de los escenarios.

En este escenario, la CGT sigue en su eterno cuarto intermedio, al tiempo que los que muestran las uñas desde el terreno sindical y el territorio, lo hacen sin plantearse seriamente la posibilidad de avanzar en la construcción de un centro que coordine todas las luchas que, por abajo, se están dando y con importantes niveles de acuerdo en lo inherente a la unidad en la acción.

Por su parte, poco de solidaridad y mucho de presión es lo que el gobierno recibe del campo corporativo, ahí donde están los aliados de clase y los propios integrantes del Staff Cambiemos. Con un fustazo sobre el escritorio que ocupa en el Ministerio de Agroindustria, el agronegocio conjuró el sutil intento por desacelerar levemente el proceso que –esperan- conduzca a retenciones cero, en tanto que los amigotes de Juan José Aranguren, frustraron el intento gubernamental de congelar (¡sólo por dos meses!) el precio de los combustibles.

Estos son apenas dos ejemplos que hablan con claridad de que el poder corporativo no está dispuesto ni siquiera a desacelerar el proceso de maximización de su tasa de ganancia. Después de todo, para eso invirtieron en la larga campaña –de más de una década- que llevó a Macri a la Presidencia.

Pero para su tranquilidad, el Gobierno Cambiemos tampoco advierte que, desde el terreno político, pueda surgir –por ahora- una amenaza real. Confía en que las condiciones que le impuso al sistema de representación política que se consolidó con las Legislativas de 2017, se galvanicen y sigan imponiendo condiciones al bloque de alternancia que, sin mucha convicción, se viene anunciando desde el Multiverso PJ.

Unos y otros saben que si prospera el acuerdo con el FMI y cualquiera sea el presidente que alumbre octubre de 2019, Argentina será algo así como una formación estatal intervenida desde una sede consular ubicada en Reconquista 266.

Es que, además de los cincuenta mil millones y los condicionamientos que el país deberá cumplir a rajatabla, el acuerdo con el Fondo deja en claro que flotación del dólar e independencia del Banco Central serán, de aquí en más, verdades canónicas.

¿Qué quiere decir esto? Sencillo. Para que el acuerdo se cumpla, el titular del Central y su Directorio no van a poder ser removidos por quien asuma la Presidencia en diciembre del año venidero. Es decir que ni La Rosada ni el Congreso van a poder incidir sobre la política monetaria del país. De ahí se deduce que ningún precio de la economía va a poder ser factible de una regulación estatal progresista.

Por eso, queda claro que va a hacer falta algo más que un acuerdo político amplio y una mirada reformista, si lo que se quiere es superar las restricciones que supone la delegación de soberanía que impone el acuerdo con el organismo internacional.

De todas maneras, lo que el ejecutivo firmó con el FMI deberá tomar forma en el texto de Presupuesto 2019, que va a tener que ser refrendado o no por un Congreso en el que Cambiemos no tiene mayoría.

Ahí, traducido en números, va a aparecer cuál es el ajuste fiscal primario que quienes ocupan La Rosada pretenden. También ahí se va a ver para qué está una oposición que sabe que lo que suscriba puede ser una soga para el cuello del gobierno que asuma en 2019, que ellos mismos esperan encabezar.

Hasta las manos

El acuerdo suscripto por el Gobierno Macri representa –según revela un trabajo de la Universidad Austral- el 54 por ciento del total histórico de los recursos que el FMI giró al país desde que, en 1958, el entonces presidente Arturo Frondizi inaugurara esta costumbre de pasar la gorra ante este organismo, que siguieron casi todos sus sucesores.

¿Esto es una enormidad, pero en qué consiste? Aunque no se suministraron detalles, lo claro es que llegar a un desequilibrio fiscal del 1,3 por ciento para el año próximo –tal como se comprometió el gobierno ante el FMI- va a requerir de algo más que buena voluntad, sobre todo si se tiene en cuenta que para este año fijó ese déficit en 2,7.

Así las cosas, moneda más moneda menos, serán alrededor de doscientos mil millones los que el ejecutivo va a tener que recortar en el Presupuesto 2019, en lo que sería la reducción del déficit primario más drástica de la Era Cambiemos que –vale recordarlo- se caracteriza por el ajuste permanente.

El Gobierno Cambiemos se comprometió a reducir ochenta mil millones durante 2019, en concepto de tarifas de energía y transporte público, esto es un 0,4 por ciento del PBI.

En el caso las transferencias a provincias el recorte es de 0,3 por ciento, en el de la obra pública e inversión de capital asciende al 0,6, de 0,2 para bienes y servicios, al tiempo que en el caso de salarios va a ser del 0,1 por ciento.

Queda claro que, a la hora de pagar el ajuste, los que ponen siempre son los mismos, algo que señala que –además de un negocio a corto plazo- el ajuste y el acuerdo forman parte de una estrategia de rediseño socioeconómico.

Con este telón de fondo, el Gobierno Cambiemos llegó a la semana del Mundial y ahora va a por el segundo objetivo.

Llegar a fin de año sin sobresaltos es un objetivo complicado a la luz de lo que impone el acuerdo con el Fondo que, por otra parte, es una excelente excusa para avanzar –ahora sin prejuicios- con algunas medidas que requieren de aval legislativo.

La reformulación de la normativa que rige la relación entre los universos del capital y el trabajo desde mediados del siglo 20 pica en punta, y en La Rosada sueñan con poder avanzar durante el Mundial en –al menos- uno de los tres proyectos en que destriparon el original.

En diciembre la movilización popular impidió que la oposición friendly se animara a acompañar al gobierno en el intento de convertir en Ley al paquete original.

Pese a esto se abrió la puerta a lo que el staff gobernante espera que sea un camino hacia la entrega del Fondo de Sustentabilidad –y con él el sistema público de pensiones- al capital financiero transnacional.

Ahora, con el instructivo del Fondo en la mano, también van por eso y por mucho más: en esta línea se inscribe el énfasis que, el Gobierno y sus propaladoras massmediáticas, ponen en su intención por instalar el debate que pueda abrir la puerta a que las Fuerzas Armadas intervengan en seguridad interior.

Entonces queda el tercer objetivo. Aunque por las dudas hayan puesto a precalentar a María Eugenia Vidal, desde la mirada del tándem de poder que ocupa La Rosada, el Plan A para 2019 sigue siendo la reelección.

Para esto, el Fondo le dejó afuera del recorte directo a la AUH y el Plan Trabajar. Las encuestas dicen que son más los argentinos que votarían a Macri, que aquellos que lo hicieron en las Paso 2015, por lo que en La Rosada están confiados en que si este es el piso de su peor de su momento, con esas herramientas en mano, la cartera que preside Carolina Stanley puede hacer milagros.

Pero nadie deshecha otros escenarios y si llegara el momento de tachar La Doble, ahí está una oposición que esperan llegue lo suficientemente macerada a 2019 y que, si logra ganar las presidenciales y armar una bancada legislativa consistente, va a tener que enfrentar los primeros vencimientos con el FMI, al tiempo que tendrá puesto el corsé de no poder dictar su propia política monetaria.

Todo esto en un escenario de creciente tensión social atravesado por la estanflación.

Así las cosas, queda claro que aunque pudo llegar antes de lo imaginado y precipitado por la impericia del staff gobernante, tal como lo señaló desde el principio NP diario de noticias, el acuerdo con el Fondo nada tiene de casualidad o de manotazo de ahogado. Lejos de eso, responde a parte de una estrategia que excede, incluso, al propio Gobierno Cambiemos.

Es que cualquiera fuera el desenlace del proceso electoral que culminará en octubre de 2019, el objetivo final estaría cumplido si, tras cuatro años de Gobierno Cambiemos, Argentina quedara encorsetada en la mecánica que los ocupantes de La Rosada denominan “cambio cultural”.

Esto no es otra cosa un rediseño socioeconómico que ponga a Argentina en un escenario de profundización de la transferencia y concentración de la riqueza, apoyado por un cambio estructural en las leyes que rigen la relación entre capital y trabajo.

Así, con un Estado incapaz de controlar las herramientas básicas de la economía, el país sería funcional al proceso de deslocalización y financiarización que le asigna el diseño geoestratégico, geoeconómico y geopolítico del nuevo orden capitalista mundial.

Es decir, se convertiría en una formación estatal proveedora de mano de obra barata, que se desempeña a partir de relaciones laborales horribles y en unidades productivas que no tengan problemas para contaminar el medio ambiente. Pero también, un país que convierta rápidamente plusvalía en capital financiero que fuga, es decir, la panacea del capitalismo.

Diario de noticias del Partido Comunista de la Argentina

Tel: (54 011) 4304 - 0066 / 0068 | propuesta@pca.org.ar