Si el continente es candela, los organismos son paz

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En la Iglesia de la Santa Cruz, con la organización de la Ladh y el apoyo del PCA, se llevó a cabo un encuentro de luchadores de derechos humanos de toda Nuestra América.

En la Casa de Nazareth, dependencia de la iglesia de la Santa Cruz, se juntaron por primera vez las que serían más tarde, inolvidablemente para la actualidad argentina y para su historia nacional, las Madres de Plaza de Mayo. Allí Esther Balestrino contactó con Gustavo Niño, más conocido como Alfredo Astiz, que la marcaría como promotora del movimiento y contribuyera a su desaparición, convirtiéndola en mártir de la lucha de los derechos humanos en Argentina.

En ese espacio de grey católica, significativamente comprometido con dicha lucha trascendente en este país de episodios que trágicamente se repiten, un nuevo encuentro se dio para magnificarlo como espacio de resistencia organizada: el Foro por la Libertad de las Presas y los Presos Políticos de Nuestra América y Todos los Pueblos.

En estos días en que todo el continente ve volver las mismas prácticas represoras, camufladas esta vez por los vistosos trajes con que la banca internacional viste a los nuevos represores. La reunión de tres jornadas significó un espaldarazo a quienes sienten que aún se puede recuperar lo perdido para, con organización, conseguir lo que todavía no logramos en el sur del mundo: vivir en paz y armonía en un marco de irrestricta observancia de los derechos humanos.

Este nuevo episodio de lucha tuvo marcado carácter internacionalista y también consideró todas las duras situaciones que se nos presentan: desde la prisión política de Lula Da Silva hasta los poco comentados casos de presos políticos en Uruguay, pasando por la liberación de los prisioneros por la Masacre de Curuguaty y la lucha del pueblo mapuche en Chile y Argentina.

Organizado por la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (Ladh) y convocado por organismos sociales y derechos humanos de todo el continente, contó con el apoyo ferviente de varios partidos comunistas, como el argentino, el paraguayo y el uruguayo. Tan importante fue la tarea desplegada, que no faltaron los saludos de presos políticos de la talla de Facundo Jones Huala y Julio De Vido, de Argentina; Jorge Glas, ex vicepresidente ecuatoriano junto a Rafael Correa y Jesús Santrich, ex comandante de las Farc detenido por acciones de inteligencia desplegadas en Colombia por parte de la DEA y la CIA.

Entre las organizaciones participantes destacaron la venezolana Fundalatin, la colombiana Fundación Lazos de Dignidad, la chilena Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (Afep), el ecuatoriano Centro de Documentación en Derechos Humanos Segundo Montes Mozo, el Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas, la Liga Mexicana por los Derechos Humanos, la estadounidense Alianza por la Justicia Global, la uruguaya Comisión por la Memoria y la Plataforma Social de Derechos Humanos Memoria y Democracia, de Paraguay.

Allí donde estuvo la muerte

En los lindes de Buenos Aires y en pleno conurbano se encuentra la sede principal del Ejército Argentino. Es Campo de Mayo, que durante la última dictadura cívico-militar fue el campo de concentración más grande del Operativo Cóndor. Por allí pasaron miles de luchadores que luego engrosaron las listas de desaparecidos.

En ese punto de la geografía suburbana de la capital argentina, el macrismo quiere montar un parque, con visos de especulación inmobiliaria. Sin embargo, desde comienzos de este año la Ladh viene realizando visitas para enfatizar que allí estuvo la muerte y que de ello no hay olvido. Por eso el foro por los presos políticos de nuestro continente comenzó su encuentro visitándolo.

Desde el comienzo del jueves 2 de agosto, la caminata precedida por la copresidenta de la Ladh, Iris Pereyra de Avellaneda, recorrió uno a uno los espacios de dolor, que todavía no están bien señalizados como tales y que, además, están sujetos a litigio judicial porque los predios siguen siendo del Ejército y son capaces de brindar pruebas sustanciales de los crímenes genocidas.

Pereyra, madre del Negrito Floreal Avellaneda, no estaba en vano presidiendo la caminata: también está al frente de la lucha por que ese predio nunca sea el mentado parque sino un espacio para la memoria de lo que pasó y de lo que jamás debe volver a pasar. Ni la tortura, ni la muerte que esa caminata hizo recordar a la referente de derechos humanos la arredraron. Es que no marchó sola: la secundó el movimiento nuestroamericano que lucha por esos derechos.

La dolorosa América

El viernes 3 de agosto se realizaron algunas de las ponencias sobre prisioneros políticos en los países hermanos. Fue una larga jornada que, al cabo, duró 12 horas en las instalaciones de la Casa de Nazareth, arrancando con un discurso de Graciela Rosemblum, presidenta de la Ladh, que saludó a los presentes remarcando la solidaridad de los pueblos con la causa de los presos políticos.

La primera mesa habló de la Venezuela bolivariana en la voz de María Eugenia Russian, de Fundalatin. Desde allí se remarcaron los apoyos del Foro a la lucha del pueblo chavista contra las agresiones constantes del imperialismo y sus lacayos, como la oposición al gobierno constitucional de Maduro, por el gobierno colombiano y la OEA.

Chile, jaqueado por la consolidación de su neoliberalismo en el poder pero ilustrado por la lucha mapuche, también estuvo. Se habló del país vecino tanto en consideración de la noche pinochetista como de las luchas de la Unidad Popular y la causa mapuche. Se brindaron las palabras de Alicia Lira, presidenta de la Afep; Pedro Cayuqueo Millaqueo, periodista y escritor; Fernando Pairicán Padilla, historiador y Jaime Patricio Petruzzi ex preso político peruano e integrante del Comité por la Libertad de Ramiro Hernández Norambuena, luchador trasandino detenido desde el 2001 en Brasil.

Colombia y Perú, como cuadra a la historia de la Patria Grande, estuvieron juntas. En el panel estuvo la poetisa Mary Soto explicando la situación de los presos políticos peruanos durante y tras la Guerra Sucia llevada a cabo por Fujimori, cuando la Base Naval de Callao era una prisión política y los jueces “sin rostro” eran toda la Ley.

Junto a ella, el investigador Javier Calderón y el presidente de Lazos de Dignidad, Gustavo Gallardo, ilustraron sobre los muchos presos políticos colombianos en el marco del todavía vigente proceso de paz. Calderón, además, remarcó las estrategias judiciales para atacar el proceso y, particularmente, a los dirigentes populares.

Juntos también se presentaron Brasil y Uruguay. Lille Caruso habló de los silenciados presos políticos del país platense. En tanto, los brasileros Marcelo Chalreo y Carmen Diniz, pidieron, con todos los participantes del foro, la libertad de Lula Da Silva.

De eso sí se habla

Honduras y Paraguay fueron tratadas, en su respectiva mesa, por Anahit Aharonian, dirigente del Observatorio de los Derechos Humanos de los Pueblos; Albino Villalba, de la Plataforma de Derechos Humanos paraguaya y Fabricio Arnella, representante de paraguayos en Argentina. Un punto aparte merecen las observaciones brindadas al respecto de los presos políticos de Curuguaty, recientemente liberados con la excepción de Rubén Villalba.

Después de la presentación, Federico Ovejero, miembro del equipo jurídico de la Ladh y estudioso de la realidad paraguaya, sostuvo: “la masacre de Curuguaty es el elemento fundante del cartismo, de la presidencia de Cartes”. Agregó que la nueva dirigencia, encabezada por el presidente electo, Mario Abdo Benítez (de quien recordó que es hijo de un secretario personal del dictador Stroessner) “tiene que limpiar, como nuevo sector dominante, la tara a nivel internacional y también, un poco, el ámbito de la Justicia”.

“Este fallo vino como anillo al dedo para Mario Abdo Benítez”, dijo el joven abogado. “Sin embargo hay más presos políticos en Paraguay”, sostuvo y enfatizó: “lo que permitió que se llegue a esta instancia en el caso Curuguaty es, básicamente, la lucha popular” que “unió sectores de la izquierda, el movimiento campesino y la Iglesia Católica”.

Presos políticos en la Argentina

En la recta final hacia el fin del encuentro, los abogados Rosa Herrera, Pedro Dinani y Federico Ovejero, de la Ladh, hablaron sobre los presos políticos argentinos, la lucha del organismo de derechos humanos querellando a los responsables del último genocidio argentino en los juicios por crímenes de lesa humanidad, la violencia institucional, el derecho a la vivienda y la solidaridad abierta con la causa palestina.

La crisis del Estado de derecho en nuestro país también fue tratada. Se encargaron de ello los abogados Gerardo Etcheverry y Eduardo Barcesat y el juez Juan María Ramos Padilla. Barcesat habló sobre las constantes violaciones que la legalidad vive en la Argentina, sobre todo por parte de quienes ahora detentan el gobierno. Etcheverry, a su vez, conversó sobre la cuestión de los “arrepentidos” como concepto en boga. Padilla, en tanto, observó cómo se corrompe el Estado de derecho en el propio ámbito judicial.

Todos luchan

A la última jornada se arribó con la esperada carga de conocimientos nuevos, matizada por la energía luchadora de Lita Boitano, de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas; Taty Almeida, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y José Schulman, secretario de la Ladh.

Los acompañaron, con sus palabras dichas desde el dolor vivencial por la persecución política que se vive en nuestro país, Analía Tolaba, representante de los presos políticos jujeños de la Tupac Amaru; Sonia Ivanoff, abogada de Jones Huala y Alessandra Minicelli, compañera de vida de Julio De Vido, uno de los más notables presos políticos de la actualidad (aunque no el único).

Finalizada esa jornada y el encuentro, los participantes firmaron la “Declaración solidaria de Buenos Aires”, que sigue incorporando firmantes y se puede hallar con ese nombre en las redes sociales y la web. Allí se expresó que el compromiso de los organismos de derechos humanos de nuestro continente es, con claridad, por la “libertad a todas y todos los presos políticos de América y todos los pueblos del mundo” y el “respeto al derecho a la autodeterminación de los pueblos, amenazados por el plan de reconquista colonial del imperialismo norteamericano y sus aliados”.