Domingo, 26 Marzo 2017


Orgullo de ser cubano PDF Imprimir E-mail
(Roberto Fernández Retamar)
E
n los últimos días del mes de abril, visitó nuestro país el poeta y ensayista cubano, director de Casa de las Américas, quien realizó una serie de actividades en la Feria del Libro, el Centro Cultural de de la Cooperación y la Embajada de Cuba donde se le rindió un merecido homenaje.
 
 
 
A lo largo de estos encuentros, Retamar recorrió su fecunda y dilatada trayectoria estrechamente vinculada con la Revolución Cubana.
 
 
La Revolución fue una verdadera bisagra en la vida de Retamar ya que “mi trabajo tiene un antes y un después del triunfo de la Revolución Cubana en enero de 1959; hasta ese momento, me dedicaba a los estudios literarios, a la poesía, pero en enero del 59 comencé a escribir en el periódico Revolución del Movimiento 26 de julio.
 
 
El primer artículo, publicado por mí en ese periódico el mismo día que Fidel entró a La Habana, se llamó Orgullo de ser cubano”.
 
 
Recordó además la génesis de su gran ensayo Martí en su tercer mundo, escrito como prólogo a una antología de la obra de José Martí solicitado por una editorial italiana, que finalmente fue publicado en La Habana: “Ese es mi ensayo fundamental y marcó un cambio en mis estudios que dejaron de ser literarios para volcarse a lo político-cultural”.
 
 
El triunfo de la Revolución y la obra de Martí fueron rescatados por Fernández Retamar como dos de las más importantes influencias sobre su obra y su vida.
 
 
“La crónica que José Martí, como corresponsal de La Nación en EEUU, realizó de la primera Conferencia Panamericana fue ejemplar; esta conferencia tuvo en nuestro continente la misma importancia que en Europa la conferencia de Berlín, estaba preparada para que los EEUU se tragaran a toda América como ya se había adelantado con la doctrina Monroe de ‘América para los americanos’, claro que los americanos eran los EEUU [...]. Argentina, que en esos momentos giraba en la órbita británica y no en la americana, no veía con buenos ojos esa conferencia y La Nación publicó esa crónica”.
 
 
La figura de Sarmiento y las polémicas que la misma despierta no estuvieron ausentes en sus reflexiones: “Martí, que admiraba a Sarmiento como escritor y a quien consideraba uno de los fundadores de la Argentina, impugnó, en vida de Sarmiento, la idea de civilización y barbarie al decir que impugnaba el derecho de la civilización, que es el nombre vulgar con que corre el estado actual del hombre que es de Europa o de la América europea, que tiene derecho a apoderarse de la barbarie, que es el nombre que quienes desean la tierra ajena dan a todo hombre que no es de Europa o de la América europea”.
Basado en esto, Martí escribe en Nuestra América: “no hay batalla entre civilización y barbarie, entre la falsa erudición y la naturaleza”. 
 
 
En este sentido, afirmó: “Escribir Martí en su tercer mundo fue para mí una revelación. Yo había leído Facundo, siendo un muchacho, con enorme admiración, pero al leerlo en profundidad me di cuenta que Martí tenía razón.
 
 
Como dijo Fidel en el juicio del Moncada: ‘El autor intelectual de la Revolución Cubana es José Martí’, eso es absolutamente real, la Revolución Cubana proviene directamente de Martí”, y agregó con humor: “muchos dicen Martí no fue marxista, cuando nos dicen esto hay que recordar que Marx no fue martiano, las cosas son como son, la Revolución Cubana es martiana y marxista-leninista; en épocas de Martí el marxismo era tomado como una doctrina europea, así eran las cosas, pero no hay contradicción entre el pensamiento martiano y el pensamiento marxista-leninista, son pensamientos profundamente enraizados en la historia de la Revolución Cubana”.
 
 
Varios temas fueron abordados por Retamar: el sentido de su ensayo Caliban y de Algunos usos sobre civilización y barbarie; la relación entre el bolero y su “hermano enchambergado”, el tango; y recordó que “cuando era niño miraba con mucho interés las películas de corsarios y piratas, hasta que me di cuenta que esas películas ocurrían en nuestros mares, la fortaleza de La Habana da cuenta de ello”.
 
 
Rescató la obra de Aníbal Ponce y destacó la influencia que su pensamiento tuvo en el Che Guevara. 
 
 
Hablando del Che, recordó: “El Che era muy irónico, tenía un humor argentino al que había que replicarle. Recuerdo que en una vez lo visitamos con Nicolás Guillén para pedirle que nos autorizara a recoger en forma de libro unas crónicas magníficas que él había venido publicando en la revista del ejército Verde olivo, que se llamaban entonces Pasajes de nuestra guerra revolucionaria. Él accedió, le cambió levemente el título y le puso Pasajes de la guerra revolucionaria, yo conservé las pruebas de esos ensayos y se las doné a Haydée Santamaría. El Che estuvo de acuerdo con que se publicara el libro y pidió añadirle nuevas crónicas. Entonces Nicolás Guillén, que admiraba mucho al Che, sacó un papel que era una solicitud de inscripción en la Unión de escritores y artistas de Cuba. Yo, sabiendo lo que iba a venir, me quedé helado. El Che le dijo: ‘Nicolás, yo no soy un escritor, no puedo llenar eso’. Entonces yo le dije: Pero Comandante, nosotros no pensamos en sus poemas, que no son buenos, pensamos en su prosa, en sus crónicas, que son magníficas. El Che no dijo nada; tiempo después, llegó a Cuba un intelectual francés que pidió una entrevista con el Che. Me tocó acompañarlo a la entrevista y al llegar el Che lo saludó en un perfecto francés; me miró a mí y me dijo: ‘¿Tú eres el traductor, no?’. Yo pensé, touché. Era su respuesta a mi comentario”.    
 

 

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