Viernes, 24 Marzo 2017


La cosa es quién gobierna PDF Imprimir E-mail
(Latinoamerica, Europa y la crisis)
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ientras la OMC patalea, nuestro país adopta medidas para proteger el trabajo nacional y el mercado interno. Cuatrocientos millones son más que uno. Europa, entre el viejo continente y el nuevo bloque.
 


En lo que va del año, la Organización Mundial del Comercio (OMC) se convirtió en el foro de críticas hacia nuestro país, a raíz de la táctica elegida por el gobierno argentino para proteger el desarrollo industrial nacional de la presión de los productos que las principales economías no pueden absorber, envueltas en la retracción del consumo interno que trajo la desaceleración de su crecimiento y, en algunos casos, a la recesión.


Lo cierto es que mientras el crecimiento económico interanual de EE.UU. cayó en casi un punto, en la zona euro sólo la prosperidad alemana lo mantiene apenas por encima de la línea de flotación, al tiempo que la República Popular China y Brasil asoman con una preocupante desaceleración.


La Argentina no puede quedar exenta de este contexto. Durante el trimestre inicial de 2012, la actividad industrial se desaceleró frente a los guarismos récord que lograra un año antes, algo que tuvo su correlato en la tasa de crecimiento económico general. De todos modos, vale destacarlo, los índices que registra nuestro país están entre los más altos de región y son superiores a los de la media europea.


Así las cosas y paradójicamente, las críticas provenientes de EE.UU. y la Unión Europea (UE) hacen hincapié en las medidas proteccionistas adoptadas por el gobierno nacional. En una reciente presentación llevada a cabo ante la OMC, ponen énfasis en que el mecanismo de compensación uno a uno distorsiona el libre comercio y restringe las importaciones.


Es prudente recordar que, la OMC, es un organismo multilateral cuyo manual está escrito a la medida de las necesidades y requerimientos de las multinacionales y del despliegue de sus cadenas de valor, por lo que se comprende el énfasis que pone a la hora de reclamarle a nuestro país que flexibilice los controles al ingreso de productos manufacturados extranjeros, algo que se ve obstaculizado por la aplicación de herramientas como las licencias no automáticas de importación o la declaración jurada anticipada.


En este marco, durante los últimos días pudo saberse que, desde la Secretaría de Comercio Interior, Guillermo Moreno, ratificó la vigencia de este mecanismo que debe entenderse en el marco de una estrategia que no deja de molestar a algunas multinacionales que lo ven como una cuña que se mete en su cadena de valor.


Pero se trata de un mecanismo que es vital para garantizar uno de los pilares de gobierno de Cristina Fernández: el fomento a la sustitución de importaciones y la protección del superávit comercial, el trabajo nacional y el mercado interno.


400 millones


Promediaba 2011 cuando, reunidas en Brasilia, las presidentas Fernández y Dilma Rousseff daban una clara señal de cara a un panorama global en el que, tal como se corroboró poco después, la profundización de la situación desatada en EE.UU. y fundamentalmente en Europa amenaza con arrastrar a aquellas economías que no adopten medidas para evitarlo.


En la oportunidad, las mandatarias de los países que reúnen el principal PBI de la región, ratificaron la alianza estratégica que inauguraron Luiz Inácio Lula Da Silva y Néstor Kirchner, al tiempo que anticiparon algunos de los ejes de lo que sería la agenda común durante los meses venideros.


La mandataria argentina fue clara: “En América del Sur hay 400 millones de habitantes, somos un mercado muy apetecible”, dijo en Brasilia y coincidió con Rouseff en que es preciso fortalecer y ampliar los mercados internos, algo “que es imposible si no se superan las desigualdades”, pero también en que no hay que permitir que la economía se enfríe.


En este camino, uno de los obstáculos que se presentan es el que deriva del déficit comercial bilateral que, para nuestro país en 2011 ascendió a los 4.242 millones de dólares que se sumaron a los casi dieciséis mil acumulados desde 2006.


De ahí la satisfacción que recorrió a la delegación argentina, encabezada por Moreno e integrada por alrededor de quinientos empresarios, que días pasados mantuvo una intensa agenda en el encuentro bilateral que protagonizó en San Pablo con la Federación de Industrias del Estado de San Pablo (Fiesp).


Como corolario de las jornadas, el titular de la Fiesp, Paulo Skaf, adelantó que las ventas argentinas a Brasil pueden crecer en el orden de los seis mil millones de dólares de los treinta mil millones que ese país compra por fuera del Mercosur.


Con este as en la mano, el gobierno se propone comprometer a un sector habitualmente refractario a estrategias dictadas desde el Estado y que superen el corto plazo.


Es que el mecanismo de compensación de importaciones con exportaciones resulta vital e innegociable para un año en el que, también el gobierno, espera que las cosas empeoren, sobre todo en Europa, algo que, si no se toman las debidas precauciones, podría impactar letalmente en el equilibrio comercial y, por lo tanto, en el trabajo y el consumo interno.


Pero asimismo, este mecanismo señala un camino que, en caso de profundizarse, puede ser capaz para alentar el reemplazo de productos manufacturados que actualmente se importan, por otros nacionales.


Aunque registró una leve merma en marzo, el superávit comercial del primer trimestre ascendió a casi el doble de idéntico período de 2011. Estos 2.969 millones de dólares se lograron, básicamente, como consecuencia de la baja registrada en las importaciones. 


De todos modos y más allá de variantes estacionales y coyunturales, queda claro que los próximos doce meses van a estar atravesados por una considerable retracción en la demanda externa en general por lo que, para evitar males mayores, el gobierno nacional decidió que sea la política y el Estado el lugar desde el que sigan diseñando estas tácticas en aquello que hace al equilibrio entre exportaciones e importaciones y se va a continuar usando el peine fino.


Griegos, franceses y una ayudita para los amigos


¿Quién gobierna? Esta, que parece ser la pregunta del millón, cobra cada vez más vigencia a la luz de lo que pasa en Europa donde, en los últimos días se sucedieron tres episodios de una pugna de incierto resultado.


“Estamos en el camino de Argentina”, dijo Alexis Tsipras, a la hora de definir a la coalición Syriza, fuerza sobre la que están puestas todas las miradas luego del resultado electoral del domingo 6 de mayo. Y, a la hora de diferenciarse del resto de postulantes, Tsipras no dudó en recalcar que el tándem integrado por Nueva Democracia (ND) y el socialdemócrata Pasok, “es el de los planes del FMI”.


Desde la troika del FMI, la UE y el Banco Central Europeo, no tardó en llegar la respuesta: “La salida de Grecia del euro sería catástrofe”, vaticinó el responsable del mecanismo europeo de estabilidad financiera, Klaus Regling, y en tono de amenaza recalcó que “los griegos saben qué tienen que hacer”.


Por su parte, luego de que se resignara a no poder formar gobierno, el líder de ND, Andonis Samarás, aseveró que sería un “suicidio” que su país “se aislara de Europa, ahora que las cosas empiezan a cambiar”. Y para apuntarle a la Syriza, sentenció: “Es necesario liberar el país de la hegemonía ideológica de las izquierdas e imponer nuestras ideas liberales, europeas y patrióticas”, algo que, recalcó, “conseguiremos gracias a la ayuda de Dios”.


¿Pero qué es lo que comienza a cambiar? Para el dirigente de la principal fuerza de la derecha griega, el triunfo de Francois Hollande en las presidenciales de Francia es una señal de que llegó el momento de la austeridad, pero también del crecimiento.


Lejos de ser azarosa, la postura de Samaras deja claro que, si fuera preciso, el bloque histórico al que pertenece, el mismo de la socialdemocracia de Hollande, está dispuesto a hacer algunas concesiones tácticas.


El sistema de representación política de Europa está en crisis, entre otras cosas y fundamentalmente, a raíz de la mansedumbre que exhibió a la hora de delegar soberanía en la instancia supranacional que, gobernada por el capital financiero trasnacional representado en la troika, decide los destinos de la UE (Ver, del mismo autor, en Nuestra Propuesta ediciones 1042 y 1058, “¿Hay vida en Europa?” y “España, tan europea…”).


En este marco, no es casual que algunos de los sectores más lúcidos de ese bloque histórico, intenten buscar un camino menos drástico que, de todos modos, llevará al mismo lugar: una Europa gobernada por esa instancia supranacional en la que, en un mediano plazo, se va a terminar de producir una formidable transferencia de riqueza hacia los sectores más concentrados de la economía y las finanzas mediante, entre otras cosas, de la destrucción de trabajo y la degradación del salario. Quizá sean quienes lo fundaron, los encargados de escribir el epitafio del Estado de Bienestar europeo.


El juego es bastante claro, pero no por eso menos perverso. La socialdemocracia vendrá a hacer lo que el partido de derecha no pudo o va a ser al revés, como en España, donde la gestión del Partido Popular no para de profundizar el ajuste y, en una escena familiar para quienes padecimos el neoliberalismo y sus efectos aún vigentes, acaba de utilizar los recursos de ese ajuste para salvar a uno de los principales representantes de la banca trasnacional en ese reino.


En un acto de “cirugía mayor”, Mariano Rajoy ni siquiera se sonrojó cuando firmó el decreto por el que le entrega a la banca privada quince mil millones de euros del tesoro público, la misma suma que en el breve período que lleva gobernando recortó en las áreas salud y educación.


Así, la pregunta sigue siendo si es posible la construcción en Europa de un nuevo bloque histórico que sume voluntades, identidades y experiencias dispersas y aletargadas, pero que sea capaz de generar política y, básicamente, de tener vocación de construir y disputar poder.
 

 

Sitio web de Nuestra Propuesta, el semanario del Partido Comunista de la Argentina

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