Viernes, 24 Marzo 2017


Salarios devaluados y “sensatez en los reclamos” PDF Imprimir E-mail
(Los trabajadores y la economía, por Mario Alderete)
L
os reclamos de los trabajadores son justos: permitirían recuperar el valor adquisitivo de los salarios y seguir estimulando el desarrollo del mercado interno con el crecimiento de la demanda, lo que  impondría  inversiones para incrementar la capacidad industrial instalada y la producción de bienes para el consumo.


La Presidenta de la Nación en un acto reciente reclamó de los gremios “sensatez en los reclamos” y además afirmó que cuando “se arman los barullos y se pudre todo, los dirigentes se van, viven bien y los trabajadores se quedan sin trabajo”. Sinceramente, creemos que son afirmaciones generales que no se condicen con la realidad.


Sería redundante por nuestra parte declarar una vez más que mucho se ha avanzado en el período del gobierno kirchnerista cuyo “modelo” aseguró un incremento en la conquista de interesantes reivindicaciones por parte de los trabajadores. Se aprovechó un momento excepcional en el mundo globalizado en virtud de la suba que se produjo en los precios de los commodities que exporta nuestro país, se estimuló el consumo favoreciendo el incremento del mercado interno, se avanzó en la recuperación de algunos resortes estratégicos de la economía, se crearon millones de puestos de trabajo y la Asignación Universal por Hijo ayudó a sacar de la indigencia a familias cuyos hijos eran verdaderas víctimas del proceso neoliberal que imperó en nuestro país. Digamos de paso que aún no ha sido del todo erradicado debido a la subsistencia de estructuras económico-sociales funcionales a los designios del capital trasnacional y la oligarquía financiera.


Inflación e ingresos


Pero también es verdad, como se desprende del reciente estudio realizado por Cifra-CTA (9º informe de coyuntura) que “si se comparan los períodos 2003-2007 y 2007-2010, se observa que en la segunda etapa -caracterizada por una aceleración de la inflación- el poder adquisitivo de los salarios perdió dinamismo. Si bien los ingresos de los asalariados registrados recuperaron poder adquisitivo durante 2011 en relación con el año anterior, en la industria el ritmo de recuperación de los salarios fue menor que en otros sectores, en tanto en los salarios de los empleados públicos, el crecimiento fue a un ritmo menor que el de los trabajadores del sector privado” (Fuente: Ministerio de Economía, según lo especifica Cifra). 


Otro dato interesante que surge del estudio de Cifra, cuyo director es el licenciado Basualdo, recientemente designado para desempeñar funciones de alta responsabilidad en YPF recuperada, es que “durante la posconvertibilidad la productividad creció continuamente, y si bien el costo laboral también se incrementó en el período, lo hizo a una tasa menor, de manera que el costo laboral unitario se redujo, incrementando la rentabilidad empresaria.


Por otro lado, según el IPC-9 Provincias (Indice de Precios al Consumidor) que se toma como indicador alternativo ante la falta de confiabilidad de los índices elaborados por el Indec, muestran que entre diciembre del 2010 y diciembre de 2011 el incremento en el nivel de precios resultó del 23,4 por ciento, en tanto en febrero del 2012 (último dato disponible) la tasa de inflación fue del 1,2 por ciento. 


Con estos datos a la vista: ¿es justo catalogar de “insensato” al reclamo de los trabajadores? Sinceramente creemos que la Presidenta en este sentido se expresó de manera equivocada. Los reclamos son justos, permitirían recuperar el valor adquisitivo de los salarios, seguir estimulando el desarrollo del mercado interno con el crecimiento de la demanda, lo cual impondría inversiones para incrementar la capacidad industrial instalada y la producción de bienes para el consumo. La otra pregunta podría ser: ¿tienen los fuertes empresarios y sus agencias financieras la suficiente capacidad para otorgar aumentos sin trasladarlos a los precios? Sin dudas, la respuesta es afirmativa, ya que lo demuestran las ganancias a tasas exorbitantes acumuladas, los giros a sus casas matrices, el crecimiento de la productividad por trabajador y la existencia de un régimen impositivo de carácter regresivo que los favorece.


En la misma bolsa


En cuanto a que los dirigentes sindicales hacen barullo y luego se van enriquecidos es una afirmación que “mete a todos en la misma bolsa”. Es verdad que han habido y hay dirigentes que se han enriquecido y algunos sin siquiera “meter barullo”, pero la inmensa mayoría de ellos fueron funcionales al modelo sindical vertical y estatal-dependiente expresado en la CGT que desde mediados del siglo pasado estuvo hegemonizada por dirigentes que provinieron del aparato pejotista, sostenedores de la ideología de la conciliación de clases y practicantes de la concepción según la cual los trabajadores no son cabeza sino columna vertebral, sostén de diferentes proyectos concebidos al margen de la clase. Y en esto tampoco se debe generalizar, por que debemos rendir culto a dirigentes que aun proviniendo de esa CGT fueron fieles a su clase y muchos de ellos pagaron con su vida por el delito de ser luchadores consecuentes, tal el caso entre otros de Atilio López, Jorge Di Pascuale, Santillán, de la Fotia, los fusilados por la Libertadora en José León Suárez, militantes obreros de la JTP y otros que jamás traicionaron a su clase como Sebastián Borro, Ferrarese y así de seguido.


Modelo


Tampoco es acertada la idea de que las mejoras que se han conseguido han sido producto únicamente de la existencia del “modelo” kirchnerista. Es verdad que los planes aplicados desde el gobierno ayudaron, pero no es menos cierto que la lucha hizo posible superar los límites que en esencia siempre son impuestos por las corporaciones y que para vencerlos es necesaria la presión organizada de los trabajadores. ¿O no es verdad que antes de reunirse las paritarias comienzan las cámaras patronales a tratar de encorsetar las discusiones poniendo techo a los reclamos? Sólo la lucha ha hecho volar los techos y fortaleció no sólo a los trabajadores sino al propio gobierno que luego legalizó estas conquistas.


Finalmente, la Presidenta recordó al secretario general de la CGT durante el primer gobierno de Perón, que fue el sanjuanino José Espejo, leal peronista que terminó al fin de cuentas enfrentado al propio aparato gubernamental por sostener hasta el final la candidatura de Evita, impugnada por la oligarquía y la estructura militar vigente en esa época.


Poscapitalismo


Es bueno recordar que los comunistas, desde nuestra autonomía y la que pretendemos también para Nuevo Encuentro, apoyamos sin reservas el camino emprendido por el gobierno que en lo fundamental trata objetivamente de alejarse del Consenso de Washington y que paulatinamente va recuperando parte de las riquezas que descaradamente fueron entregadas al imperialismo internacional en virtud de los planes de dominación neoliberales. Por eso hemos saludado incondicionalmente la reciente nacionalización de la mayoría de las acciones de YPF, calificando esa medida como un paso fundamental en camino a la recuperación de todas las fuentes energéticas y del sistema de transporte, particularmente los ferrocarriles. Creemos firmemente que el dominio por parte del Estado de todos los resortes claves de nuestra economía hará menos traumático el efecto que pueda causar “el mundo que se está cayendo encima nuestro”, al decir de la señora Presidenta. Es claro que el mundo que se cae es el capitalista, aunque eso no haya sido formulado. Pero, de todas maneras, hará factible un debate que seguramente pondrá en crisis la concepción de “capitalismo serio” para dar paso a una discusión poscapitalista. Es decir, no un capitalismo alternativo, sino una alternativa al capitalismo. Para nosotros, el socialismo y el comunismo.
 

 

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