Domingo, 26 Marzo 2017


¿Quién usurpó Malvinas el 28 de diciembre de 1831? PDF Imprimir E-mail
(Por Carlos Zamorano)
E
l autor de la nota analiza el verdadero papel de EE.UU. en el Atlántico sur, desde el punto de vista histórico.

 
En NP, edición 1054, Horacio López tituló “Historia del despojo” una nota bien orientadora, por más que yo no pudiera coincidir absolutamente en todas sus aseveraciones.


Señala que EE.UU. efectuó un “acto de piratería” en Malvinas, lo que facilitó que Gran Bretaña invadiera poco después en enero de 1833. Simplemente, intentaremos aquí descubrir aquel “acto de piratería” y aclarar que se trató nada menos que de la toma del poder en la capital de las Islas.


En agosto de 1831 el gobernador Vernet hizo capturar tres naves de EE.UU. por infringir reiteradamente el reglamento de pesca. Ese mismo año el juez Cárdenas declaró que eran “presas legítimas”. Sin embargo el cónsul Slacum negó ante nuestro gobierno que la soberanía perteneciese a Argentina y añadió que la fragata de guerra Lexington avanzaba hacía Malvinas para proteger el comercio de sus paisanos; algo inaudito en un simple cónsul. El piloto de esta nave, Duncan, intimó a “la entrega de Vernet para juzgarlo en EE.UU. por pirata; más inopinado aún: que un capitán de barco nos exija una extradición. Al llegar a Malvinas asaltó la villa, clavó los cañones que allí guarecían, incendió la pólvora, rapiño pieles de focas en los almacenes, arrestó a una importante cantidad de pobladores de la que llevo media docena como “prisioneros” (los tuvimos que recuperar después en Montevideo y en EE.UU.).


La Corte Federal de Massachussetts condenó a Duncan porque “sin instrucciones de Su Majestad atacó y se apoderó de elementos que estaban secuestrados a disposición de los jueces argentinos, en lugar de dirigirse a éstos en petición”. Sin embargo jamás su gobierno se dignó a dar alguna respuesta reparadora.


En 1832 se quejó ante EE.UU. el ministro Maza, en 1839 nuestro embajador Carlos de Alvear (respuesta morosa: “es recomendable suspender el debate mientras se mantenga la controversia Argentina-Inglaterra respecto de la soberanías”), Roca en 1884 (dio sitio a que el presidente Cleveland dijera al Congreso que “pretenden culparnos de su total pérdida de Malvinas”, lo que era verdad), en 1885 el embajador Vicente Quesada, etcétera. Vale la pena recordar de qué manera tan diferente se comportó EE.UU. en situaciones análogas cuando tuvo que enfrentarse a potencias que podrían reaccionar.


En 1821 el zar declaró su soberanía sobre las costas del extremo septentrional de América y prohibió allí la pesca; los pescadores de EE.UU. se sometieron y, al fin, arreglaron que se les autorizase a pescar mientras se comprometían a no crear “asentamientos”.


En 1854 (23 años después de su invasión a Malvinas), los yanquis fueron a pescar otra vez a Malvinas contra todo reglamento, por lo que los ingleses les capturan un buque. Vino una nave de guerra de EE.UU., “liberaron” al barco infractor y le expresaron al gobernador que “la soberanía que invocaba era muy discutible ya que Argentina mostraba títulos heredados de España, en contrario”. Toda una argumentación paradójica; pero tuvo que pagar indemnizaciones por su tropelía. Era enteramente análogo a lo sucedido en 1831 (a contrario sensu) salvo este desenlace.


En 1886 EE.UU. fue a pescar a Canadá de modo ilegal, por lo que secuestraron una nave; lo significativo es que los yanquis acataron el fallo, pues detrás de Canadá estaba la omnipotente Gran Bretaña.


Cuando usurparon Malvinas en 1831, lanzaron la especie de que Inglaterra, que se había ido de Malvinas sesenta años antes, tenía “derechos soberanos”. Fue esto lo que más despertó el afán inglés que hizo realidad doce meses después, cuando carecíamos de defensa por la masacre de EE.UU. en las Islas y con la gente huida a los montes. Por eso el embajador Sarmiento pidió en 1866 desde EE.UU. “instrucciones al canciller Rufino Elizalde, “para demandar judicialmente, ante los magistrados estadounidenses, la pertinente indemnización por la total pérdida de Malvinas”, aunque posteriormente pudiéramos recuperarla de los ingleses; es una pieza ponderable en lo político, en lo jurídico y en lo patriótico, pese a lo cual jamás recibió las peticionadas “Instrucciones”. Si algún compañero anhela conocer la del salto norteamericano a Malvinas, tal vez le bastara recorrer esta carta de Sarmiento. En 1934 el senador Alfredo Palacios insistió ante la Cámara que debía exigirse la indemnización a los EE.UU. ¿Por qué no podríamos plantearla ahora nosotros?
 

 

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