Viernes, 24 Marzo 2017


Dólar y dependencia PDF Imprimir E-mail

(Coyuntura económica)

L
a experiencia indica que no alcanza con enarbolar discursos voluntaristas y establecer controles sobre las diferentes áreas del mercado si no se articulan en un plan que apunte a remover las trabas estructurales que impiden el desarrollo sustentable del país.


Pasan las semanas y los movimientos en el mercado cambiario siguen creando turbulencias en la economía, que el discurso oficial esquiva o se limita a denunciar como maniobras especulativas de un sector que busca golpear políticamente al gobierno. Tales maniobras son ciertas, ya que los galvanizados voceros del establishment aprovechan cada inconsistencia del “modelo” para diseminar sus diagnósticos falaces y serruchar la credibilidad del gobierno. Pero también es verdad, que se trasunta un clima de impotencia para controlar las variables que hacen al mercado cambiario, lo que remueve viejas acechanzas y prevenciones en la conciencia social.


La experiencia indica que no alcanza con enarbolar discursos voluntaristas y establecer controles sobre las diferentes áreas del mercado si no se articulan en un plan que apunte a remover las trabas estructurales que impiden el desarrollo sustentable del país, que no es el crecimiento del PBI en sí mismo, tal como se suele presentar, sino cómo ese crecimiento se expresa y se distribuye en la sociedad, si es fundante de un cambio matricial o solo consolida a los sectores concentrados de la economía que hasta la fecha manejan el crédito, la producción y la circulación de mercancías.


Por lo pronto no es la trepada del dólar blue lo que está impactando sobre el alicaído consumo de la población, sino el atraso en la resolución de las paritarias y la baja del poder adquisitivo de los sectores informales y los adscriptos a planes. Lo que demuestra que el problema es más que el descontrol de una variable. El caso es que el  kirchnerismo amaga, pero no se decide, a articular un conjunto de acciones de mediano y largo plazo que van mucho mas allá de las crecientes restricciones que la Afip dispone para la compra de moneda extranjera y algunas otras acciones conexas. Un punto a favor es que en los últimos días se ha pasado a poner la lupa, ya no tanto en los folclóricos “arbolitos” a los que acuden los ciudadanos comunes, sino sobre las mesas de dinero que funcionan intramuros de bancos, financieras y grandes empresas, conocidos desde siempre, aunque por algún motivo recién descubiertos por los sabuesos de Ricardo Echegaray (otro ex Ucede devenido ferviente nac&pop). Pero las que siguen corriendo con escasos impedimentos son las denominadas en la jerga bursátil: operaciones de “contado con liqui” (compra de acciones y bonos en pesos en el mercado local y vendidos en el exterior en plazos relativamente cortos), que son un canal “legal” de evasión para enormes flujos de capital al que solo pueden acceder los grandes jugadores de la economía, léase los grandes capitales de las finanzas, la industria y el campo.


Es decir, que si bien el gobierno no se ha cruzado de brazos para hacer frente al problema de la escasez relativa de divisas que amenaza reaparecer de la mano del déficit comercial en el sector industrial y el achicamiento del superávit de cuenta corriente, que además y por ahora es una situación manejable porque el stock de reservas es importante, las restricciones establecidas en el mercado cambiario son una manta corta, como también lo son las limitaciones a las importaciones sin haber dado pasos concretos en la reindustrialización sustituitiva o los intentos para achicar las remisiones de utilidades de las firmas trasnacionales que justamente utilizan el “contado con liqui” como vía alternativa.
Insistimos, todo eso está bien, pero no alcanza si el gobierno no se saca los anteojos de cerca y solo se enfoca en mantener “como sea” el equilibrio de la balanza de pagos, temerosos de que se deterioren los pilares en que el relato oficial sustenta la fortaleza del modelo, los llamados superávit gemelos (comercial y fiscal).


Para ser más claros, todas estas medidas son para la coyuntura y corresponde defenderlas ante quienes las critican desde intereses devaluacionistas (algunos dentro del gobierno) y con la perspectiva de impedir la creciente ingerencia del Estado en la economía a favor del pueblo, pero no hay que dejar de afirmar, que lo que se enfrenta es una clara consecuencia del irresuelto problema de la dependencia, una palabra demodé para muchos, pero justa y precisa para describir el problema de fondo: la imposibilidad, en estas condiciones, de que Argentina pueda transitar una senda de progreso vinculado al bienestar de las grandes mayorías, en pocas palabras: la profundización del “modelo”.


Retomar el debate sobre esta asignatura pendiente serviría para que el pueblo sepa que lo que está sucediendo no es solo un ataque especulativo centrado en un mercado específico, sino la consecuencia de una estructura productiva que sigue siendo desequilibrada a pesar de los logros incuestionables de la etapa.


Esto es así porque el país sigue vulnerable a factores exógenos, recrudecidos por la crisis internacional, que se sustentan en la incapacidad para solventar un ciclo de crecimiento económico sin déficit de la balanza comercial, lo que se traduce en el mal endémico de la economía nacional: la “restricción externa”, es decir, la falta de dólares para afrontar las obligaciones en divisas que genera una estructura económica crecientemente extranjerizada, poco regulada y menos controlada, sobre lo cual no se dan pasos concretos, aunque sí anuncia crecimiento del país y de que se ha avanzado en la diversificación de la estructura productiva con fuerte dinamismo en ramas intensivas en tecnología e ingeniería.

Esto último lamentablemente es inexacto y así lo afirman diversos estudiosos del problema de la industrialización, entre otros, los investigadores de Conicet/Flacs, Martin Schorr y Andrés Wainer, quienes en una nota publicada en el periódico Miradas al Sur, sin desconocer las positividades de la etapa, aseguran que en la posconvertibilidad “no se asistió a una redefinición del perfil productivo exportador del país; en otras palabras, no hubo cambio estructural que permita modificar la inserción de la economía en las relaciones internacionales”… y agregan: “ En tanto la mayor parte de los medios de producción y los insumos tecnológicamente más complejos sigan siendo productos de importación, la acumulación de capital en el país va a estar condicionada no solo por la transferencia de valor hacia los países centrales, sino por factores aleatorios vinculados a la balanza de pagos”(1).


En este sentido, el denominado Plan Estratégico Industrial 2020 pergeñado por el Ministerio de Industria que encabeza Débora Giorgi, no hace más que proponer un título importante para un contenido sumamente contradictorio y poco ajustado a la realidad de la industria local: fuertemente extranjerizada y/o comandada por una burguesía nativa solo preocupada por acrecentar sus ganancias. Pero además se destaca la intención de una industria con prevalencia del sector privado y con casi nula gestión estatal. Justamente, la persistente crisis en el Inti (2) denunciada por los trabajadores y sobre fines del 2011 por el que era su director, Eduardo Martínez, al que le costó su remoción, es más que un conflicto gremial, es una evidente consecuencia de la disparidad de criterios que anidan en el oficialismo, en particular el rechazo a desarrollar un Estado Empresario apoyado en los institutos de investigación, y desarrollo científico y tecnológico que controle y condicione a la actividad privada y no al revés.


Notas

(1) Edición dominical de Miradas al Sur, 15/04/2012

(2) Inti-Instituto Nacional de Tecnología Industrial.

 

 

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