Viernes, 24 Marzo 2017


El Comando Sur se quedó con las ganas PDF Imprimir E-mail
(Por Arturo M. Lozza)
C
uando se estuvo a punto de inaugurar la base del Pentágono en el Chaco, llegó la orden presidencial y la cosa quedó en la nada.


Hace pocos meses, ante el asombro de los muy pocos que se enteraron pues la gran prensa lo ocultó, el gobernador chaqueño Jorge Capitanich firmó un acuerdo con el Comando Sur de los Estados Unidos y la embajada de ese país para que se instale frente mismo al aeropuerto de Resistencia, y a pocos metros del radar principal, una base militar camouflada bajo la denominación de “centro de ayuda humanitaria para hacer frente a catástrofes naturales o epidemias”. En su predio se construyeron dos edificios, financiados por el Comando Sur, que depende del Ministerio de Defensa de Estados Unidos. Estaba prevista su inauguración para mayo.


La prensa hegemónica sigue no dándole espacio al asunto, pero el tema es de grueso calibre. Los EE.UU. lo entendían así a tal punto que el ministro consejero de la embajada estadounidense, Jefferson Brown, dijo que el centro constituía uno de los proyectos más importantes que el gobierno norteamericano tenía con Argentina.


Jorge Capitanich sostuvo encuentros con los representantes de Washington y con delegados militares del Comando Sur y firmó el acuerdo para instalar la base. En una de esas oportunidades, el gobernador dio su propia definición de política exterior: “Defiendo una alianza estratégica (con Estados Unidos) y estoy dispuesto a luchar por esa idea”, le dijo a una delegación de legisladores estadounidenses que visitó Chaco en setiembre de 2010.


Apenas comenzó a trascender la noticia, numerosas organizaciones políticas, sociales y culturales expresaron su repudio. Desde el gobierno central tampoco dejaron pasar este asunto.


Es que lo que hacía Capitanich iba a contramano de la política impresa por la presidenta, a contramano de la Unasur y de la Celac. A contramano también de aquella decisión histórica tomada el 10 de febrero cuando se decomisó el cargamento ilegal del Pentágono llegado a Ezeiza a bordo del gigantesco C17 Boeing Globemaster III de los Estados Unidos. Era un cargamento con material bélico, drogas y sofisticados equipos de comunicaciones (espionaje), algunos declarados y otros no, con los cuales paracaidistas del ejército norteamericano venían a dar un curso para el Grupo Especial de Operaciones Federales (Geof) de la Policía Federal.


La cuestión es que al pie del avión se presentó el canciller argentino y, por expresa decisión  de la presidenta, ordenó confiscar ese material, cosa que ocurrió hasta que meses después, tras la reunión Cristina Kirchner-Obama, se devolvió la confiscado. Pero -recordemos- a raíz de ese episodio, desde el Ministerio de Defensa se dio la orden a fuerzas policiales y militares de blanquear todo operativo de adiestramiento que se tuviera firmado con fuerzas extranjeras.


Ahora bien, ¿cómo intercalar la acción unilateral del gobernador chaqueño, con una política exterior trazada desde la cancillería y la presidencia?


La cuestión es que antes de inaugurarse la base militar, Capitanich recibió un “no” rutundo de CFK, los Ministerios de Defensa y la Cancillería emitieron sendas resoluciones anulando los acuerdos firmados por Capitanich y el propio gobernador se vio obligado a dar un giro total y a enviar un proyecto de ley a la Legislatura, el 22 de mayo, modificatorio de la Ley de Defensa Civil de la provincia. De acuerdo a ese texto, se prohíbe expresamente la injerencia de cualquier Estado extranjero en caso de emergencias y catástrofes.


Pero antes de que ello ocurriese, el gobierno nacional  vetó el ingreso del equipo tecnológico, las computadoras, los radares y el sistema operativo para el funcionamiento de la base en Chaco. Hoy, nuevamente, está en discusión con Washington si se devuelven o no los elementos donados por el Comando Sur, valuados en unos tres millones de dólares.


La base del Comando Sur en Chaco debía ser parte de una cadena de instalaciones militares yanquis en coordinación con las que ya existen en Valparaíso (Chile), Paraguay, Perú y en zonas cercanas a la Amazonia brasileña. Todas tienen el objetivo de controlar los recursos naturales de nuestra región, especialmente el acuífero Guaraní.


Pero en lo que respecta a la Argentina, el Comando Sur naufragó.

 

 

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