Viernes, 24 Marzo 2017


El espejo español PDF Imprimir E-mail

El round de una pelea de fondo que se define en Nueva York, pero no en el Madison Square Garden. Cuando la lógica del ajuste trae más ajuste. El corazón de Pugliese, el bolsillo de Rajoy y un dejavú que los agoreros, protagonistas de un nuevo putsch, quieren volver realidad.

Con la mira puesta en la Corte de Apelaciones de Nueva York que, a fines de febrero, va a decidir sobre la apelación presentada por nuestro país al fallo del juez Thomas Griesa a favor de holdouts que pretenden el pago de 1.330 millones de dólares, y con el telón de fondo de las voces que -desde el establishment vernáculo- vuelven a tratar de imponer al indiscriminado endeudamiento externo como una alternativa de agenda para 2013, la situación española se presenta como un interesante espejo donde mirarse.

Quizás, España sea uno de los sitios en el que más elocuentemente se siguen manifestando los distintos niveles del particular momento que atraviesa el capitalismo, con un sistema financiero especulativo y parasitario que, cada vez, necesita engullir más para garantizar su supervivencia.

En este marco, la burguesía con el mayoritario apoyo de la sociedad española eligió, mediante la estrategia de gobierno dictada por el Partido Popular (PP), aferrarse al patrón euro, cueste lo que cueste.

Consecuente con este mandato, en poco más de un año, la gestión que encabeza Mariano Rajoy garantizó el ajuste más crudo que haya sufrido este reino, que afecta no sólo a los sectores populares, sino que comienza a horadar a las capas medias y amenaza con cambiar, drásticamente, su matriz productiva y financiera.

En un final de año que no fue mejor que los once meses que lo precedieron, Madrid no pudo impedir el avance de los intentos secesionistas de Euskadi y Catalunya, este último ya con borrador de la declaración de independencia y fecha para un referendo que, además, podría cercenarle a España el veinte por ciento de su PIB.

Así las cosas, aunque Rajoy consiguió que Bruselas se pronunciara en contra de la secesión, en Barcelona confían en que, ante un hecho consumado con un amplio apoyo popular, esas declaraciones se diluirán en el viento, tal y como aquellas que, desde el mismo lugar y durante todo 2012, le aseveraron al premier español que la próxima exigencia, podría ser la última.

Lo cierto es que, mansamente, España profundiza cada vez más en el camino de la delegación de soberanía hacia el capital financiero trasnacional que, en este caso, se articula por medio de la troika que integran la Comisión Europea (CE), el FMI y el Banco Central Europeo (BCE), que posee una fenomenal herramienta en un aparato massmediático que impone el criterio de que la “crisis” es algo así como un fenómeno natural, una situación que no se puede evitar y ante la que sólo se deben aplicar las recetas del más puro neoliberalismo.

Así las cosas, el reino terminó 2012 con cinco millones de desocupados, lo que indica que ese año el incremento de personas sin trabajo se elevó en casi un diez por ciento, algo así como la suma de las poblaciones de Madrid y Barcelona.

 

Pero más preocupante aun es el dato que indica que España es el Estado de la Unión Europea (UE) donde, de acuerdo a un estudio de la CE, más aumenta la desocupación de larga duración, esto es, las personas que llevan más de un año sin poder trabajar. El relevamiento señala que entre 2008 y 2011, esta categoría se elevó en 1,6 millones de personas, lo que significa el 43 por ciento del incremento total registrado en la UE.

Y, para colmo, la actividad industrial alcanzó en diciembre los 44,6 puntos básicos, frente a los 45,3 del mes anterior, con lo que la industria registró su vigésima caída mensual consecutiva, algo que impacta de manera negativa en la producción y la generación de nuevos empleos.

 

Ajuste, siempre ajuste

 

Europa, y particularmente España, profundizan un escenario caracterizado por un sistema de representación política en crisis (ver del autor, NP edición…. , págs. 8, 9 y 10 “¿Hay vida en Europa?”), señalado por la transferencia de riqueza hacia sectores concentrados del capital financiero y las burguesías locales; así como el cercenamiento de libertades ciudadanas y derechos sociales que fueron adquiridos durante décadas de lucha.

Coherente con este diseño, la delegación de soberanía política y económica por parte de los estados nacionales hacia la UE, una instancia supraestatal dominada por el capital financiero internacional concentrado que se manifiesta por medio de la troika, plantea una profundización del capitalismo, que se reformula corriendo hacia delante.

Así las cosas, apenas comenzado el año, el presidente del BCE, Mario Draghi, pronosticó que la actividad económica en el continente se va a recuperar hacia finales de 2013, pero que lo hará gradualmente. Y advirtió que los gobiernos del continente deberán aplicar, “rápidamente”, más reformas estructurales para recuperar competitividad y evitar “riesgos”. Queda claro que de lo que habla Draghi es de más ajuste y más deuda.

El titular del BCE indicó también que, en 2013, “la debilidad económica se mantendrá”, en un marco que está signado por una baja en la rentabilidad de la deuda de algunos países y los seguros de impago, pese a lo que hizo hincapié en que “la confianza de los mercados financieros mejoró mucho”, pero recalcó que es preciso que se siga revisando el sistema bancario continental, así como la adecuación de los presupuestos estatales a lo estipulado por Bruselas.

Es en este contexto en el que la CE exigió que España reduzca un sesenta por ciento del volumen de activos de los bancos nacionalizados, cuya red de oficinas va a quedar rebajada a la mitad.

Todo esto como condición para dar vía libre al rescate de 37 mil millones de euros concedido por el eurogrupo para sanear la banca del reino. La reestructuración alcanza a Bankia, que recibirá la mitad del rescate, Novagalicia y Catalunya Banc que, desde ahora, van a tener que abandonar el negocio inmobiliario y quedarse sólo con el minorista.

Pero la parte más trágica de este nuevo capítulo del ajuste, es que, con el cierre de casi 1.200 sucursales bancarias, al menos seis mil trabajadores van a quedar en la calle y la medida también va a traer fuertes pérdidas para pequeños ahorristas.

Así lo dejó en claro el comisario de Competencia y vicepresidente de la CE, el español Joaquín Almunia, quien subrayó que para tener un sector financiero saneado, algo que calificó como “indispensable” para la recuperación de la economía de su país, los tenedores de “participaciones preferentes o deuda subordinada”, que mayoritariamente son pequeños ahorristas que fueron estafados por los bancos, van a tener que asumir “fuertes pérdidas” mediante el canje de sus títulos o acciones equivalentes de las entidades afectadas, que ascenderían a una quita de diez mil millones euros.

Nada dijo Almunia sobre las responsabilidades que la CE y sus socios de la troika tienen en la génesis de la situación que, ahora, dicen querer sanear.

 

El bolsillo y el corazón

 

En 1988, acosado por las presiones del capital financiero -que tras la fenomenal transferencia de riqueza que logró con el Plan Austral seguía demandando más- y una deuda externa que crecía exponencialmente, el entonces presidente Raúl Alfonsín designó ministro de Economía a Juan Carlos Pugliese. La respuesta del establishment fue cruel y el veterano dirigente radical debió renunciar, aunque antes dejó una frase que hizo historia: “Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo”.

Esta máxima podría servirle a Rajoy que quizá se esté dando cuenta, que contentar a los “mercados” puede ser una tarea imposible, incluso para el conservador PP.

En 2011 más de 310 mil millones de euros de deuda pública española estaban en manos de tenedores extranjeros y sólo unos 50 mil en el reino, esto es, una relación de seis a uno. Pero durante el año pasado esta tendencia se revirtió y la banca española pasó a poseer alrededor de 195 mil millones, unos tres mil millones más que lo que sigue fuera de España.

Lejos de ser un síntoma de recuperación, lo que ocurre es que, aun con todas las concesiones que el PP viene haciendo al capital trasnacional, desde el ejecutivo y a través de su mayoría parlamentaria, esta retirada es una nueva presión para que Madrid profundice, más aún, el ajuste impuesto por la troika, pero también indica que quienes ganaron mucho con la deuda pública española dejan sus posiciones porque evalúan que -con o sin Rajoy- el camino conduce irremediablemente a la “ayuda” europea, esto es, a la intervención directa de la troika y la reestructuración de esa deuda.

Con el chorro exterior cortado, una banca local y un panorama fiscal de posibilidades cada vez más acotadas, algo que también ocurre con el ahorro interno y la factibilidad de seguir ajustando, los sectores público y privado de la economía española se las pueden ver en figurillas a la hora de satisfacer, entre otras cosas, sus compromisos externos.

A esto se suma la morosidad de los créditos concedidos por esta banca a particulares y empresas que, en noviembre de 2012, se ubicó en un nuevo récord histórico, cuando ascendió a 11,38 por ciento al registrar un crecimiento de casi cuatro mil euros con relación a octubre.

 

Estos créditos que tienen escasas posibilidades de ser cobrados son, fundamentalmente, inmobiliarios y ascienden a 192 mil millones de euros.

 

Dejavú

 

Así las cosas, la situación registrada durante el último semestre en España, recuerda -salvando algunas diferencias- a la que se dio con la fuga de capitales que tuvo lugar en nuestro país con el Megacanje y el Blindaje que promovió el gobierno de la Alianza, lo que puso al país en los prolegómenos del default.

En este marco, cobra más relevancia la resolución del contencioso que está en manos de la

Cámara de Apelaciones neoyorkina, que puede convertirse en un aval para la depredación del capital financiero trasnacional o en un antecedente que permita cimentar un cuerpo argumental útil para enfrentar situaciones similares que podrán afectar -entre otros- a algunos de los estados de la periferia europea.

Y no menos importante será la resolución de la nueva puja que se registra entre el Estado argentino -por medio de la autoridad monetaria- y sectores financieros que, en connivencia con la corporación massmediática y la derecha política, tratan de provocar una corrida, presionando desde un mercado de divisas marginal e ilegal.

Durante los últimos días, en la primera línea de este putsch, aparecen los ex titulares del Banco Central Martín Redrado y Alfonso Prat Gay. Sus argumentos no son nuevos y apuntan a tratar de horadar algunas de las estrategias de gobierno, más virtuosas, que se llevaron a cabo desde 2003: el Estado debe retirarse y dejar que “el mercado desarrolle libremente su potencialidad”, pero también tiene que abandonar su política de desendeudamiento.

El escenario que persiguen es el de una corrida que genere caos financiero y político, que condicione seriamente al gobierno y presione sobre el valor de los bonos de la deuda, echando por tierra cualquier posibilidad de éxito, para la Argentina, en la puja que se dirime en Nueva York.

Lo que ocultan con argumentos falaces es que si “el mercado” avanzara sobre el Estado, el drenaje de divisas hacia estos fondos especulativos saldría de la riqueza generada por el sistema productivo y, en un plazo corto, terminaría afectando letalmente la capacidad que tiene el Estado de intervenir como motor de la economía, defender el trabajo y fomentar el consumo interno y la inversión social.

Una nueva y formidable transferencia de riqueza desde los sectores del trabajo hacia aquellos de las finanzas sería una consecuencia inevitable.

Pero, asimismo, pretenden que nuestro país desande el camino del desendeudamiento, algo que implicaría retomar la nefasta senda de la delegación de soberanía. Este es un camino que los argentinos vimos profundizar en la década del 90 y que, ahora, podemos volver a ver, como en un espejo, en las imágenes que recibimos desde España.

 

 

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