Domingo, 26 Marzo 2017


La lógica de Ronald MacDonald PDF Imprimir E-mail
El FMI censura a Argentina. De la Sota censura a la televisión digital. Y el payaso de las hamburguesas le pone precio al dólar. Recuerdos de una época no tan lejana para quienes añoran “el decálogo menemista de la reforma del Estado”.

“Nada que deba ser estatal, permanecerá en manos del Estado”. La frase –un elocuente acto fallido- fue dicha Alberto Dromi cuando, el por entonces ministro de Obras y Servicios Públicos de Carlos Menem, anunciaba el comienzo de la era de las privatizaciones.
Cuando brindó ese breve mensaje, transmitido por cadena nacional, Dromi, acompañado por Eduardo Duhalde y el propio Menem, hizo hincapié en que estaba hablando de “sectores estratégicos del quehacer nacional”.
La bandera verde estaba izada y, en menos dos años, radios, televisoras, telefonía, correo, ferrocarriles, la aerolínea y la empresa naviera de bandera, rutas, energía, siderurgia, puertos, YPF, la provisión de agua y servicios cloacales, el Banco Hipotecario Nacional, subterráneos y Fabricaciones Militares, fueron entregadas a precio vil, cerradas o reducidas a volúmenes que las convirtieron en testimoniales.
Este gigantesco traspaso de riquezas y patrimonio de los argentinos, se dio siguiendo la lógica que imponía el diseño neoliberal, en el marco de las políticas que se plasmaron en lo que luego se conocería como el Consenso de Washington. Y benefició a grupos económicos y financieros multinacionales, pero también a sectores de una burguesía local y parasitaria.
Pero, asimismo, provocó una peligrosa delegación de soberanía que puso a nuestro país a merced de las decisiones de instituciones absolutamente funcionales al capital financiero internacional como el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (Ciadi) y el FMI, entre otras.
Nada de esto pudo ser viable sin la pasividad –en el mejor de los casos- o la complicidad de vastos sectores de la sociedad fomentada, fundamentalmente, desde la corporación massmediática, que aportó a la construcción de una relación identitaria, entre las mayorías que perdían derechos laborales, sociales y ciudadanos con una minoría que era el gran ganador de este diseño. Pero tampoco lo hubiera sido sin el desmantelamiento de los sistemas de control y la cooptación del Poder Judicial.
La convertibilidad, apoyada en una fantasía de clase de los sectores medios que eligieron ver en la onda privatizadora un emblema de una suerte de modernidad a la que se accedía fácilmente, propició una formidable y constante transferencia de riqueza hacia el sistema financiero internacional que, monitoreado por las misiones del FMI, hizo que nuestro país estallara en 2001.

La lógica
“El Índice Big Mac revela que el tipo de cambio real en la Argentina es de 6,30 pesos por dólar”. La frase corresponde a uno de los principales títulos de portada de iProfesional.com, una agencia informativa auspiciada por el Banco de la Ciudad, cuyos cables son propalados, entre otros, por la portada de Yahoo.
En el cuerpo de la nota, se refrita un artículo del diario británico The Economist, que se refiere al valor que pagan los amantes de este ícono de la comida chatarra en distintos puntos del planeta, lo que le permite al redactor, llegar a la conclusión que se usa en el título.
Resulta interesante advertir que el supuesto básico que subyace en esta nota y, al fin de cuentas en el discurso con el que –en estos días- machaca la massmedia dominante, es el mismo que, no hace mucho, le decía que para llenar el tanque en Zapala, usted debía pagar el mismo precio que en Nueva York. Dicho en otras palabras: Se debe sanear la economía, homologando los precios internos con los de Europa y EE.UU. 
O sea, hacer que Argentina deje de estar aislada del mundo, como pregona Mauricio Macri, quien para poner en acto sus dichos, aumentó el boleto de subte a 3,60 pesos y que, en cinco años de gestión, hizo crecer de la deuda pública de la Ciudad, de 501,3 millones a casi tres mil millones de dólares.
Esto produciría excedente, ya que el mercado de consumo interno se reduciría considerablemente, lo que propiciaría la maximización de algunas exportaciones –básicamente de materia prima- sin que el Estado pudiera ejercer ningún control sobre las divisas que se generaran, como así, el reemplazo de productos elaborados por otros que se importarían del exterior. Y, a fin de cuentas, la destrucción de industria y trabajo nacional, algo que presionaría el salario y eliminaría la negociación paritaria.

Días de censura
La semana pasada, el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, clausuró una nueva antena de Televisión Digital Terrestre (TDT), esta vez, en Villa María, lo que se sumó así a las perpetradas en Leones y Río Cuarto. 
Argumentó que lo hizo por cuestiones ambientales, pero no explicó qué perjuicio ambiental podrían ocasionar las antenas. La decisión fue tomada poco después de que autorizara el emplazamiento de una planta procesadora de semillas de la multinacional Monsanto, algo que tiene en vilo a la localidad de Malvinas Argentinas (Ver en esta edición La otra invasión de Malvinas).
Este nuevo acto de censura de las múltiples voces que se manifiestan en la diversa programación que emite, en forma gratuita la TDT, es absolutamente funcional a los intereses del grupo Clarín que, en Córdoba y a través de  Cablevisión, posee un mercado cautivo de 379.678 abonados, así como 33 licencias de cable, cuando por ley sólo puede tener 24.
Si estuvieran en funcionamiento las cinco las antenas instaladas en la provincia y con los 107 mil decodificadores que el Estado nacional distribuyó en forma gratuita en ese territorio, la cobertura alcanzaría a unos 2,7 millones de personas.
Pero no fue esta la única censura que llegó sobre el fin de la semana pasada. El mismo día en que Argentina hacía su presentación ante la Corte de Apelaciones de Nueva York, rebatiendo la realizada por los holdouts que pretenden el pago de 1.330 millones de dólares, favorecidos por el fallo del juez Thomas Griesa, el FMI emitió una “moción de censura” a nuestro país por sus estadísticas oficiales. Es la primera que este organismo formula en sus 65 años.
La noticia no sorprende a quienes tienen claro que, más allá de las críticas que deba hacerse al método de medición utilizado por el Indec, lo que busca el FMI es disciplinar a Argentina con un anuncio que tiene más de simbólico que de efectivo, en el marco de la independencia que nuestro país ganó respecto al Fondo, a través de su política de desendeudamiento.
Pero, queda claro, la censura del FMI aporta a quienes buscan generar un escenario político que imponga una devaluación y que tienen la mira puesta en la decisión que pueda adoptar la Corte neoyorkina hacia fines de este mes.
Esta intentona tiene sus aliados vernáculos -en sectores financieros en connivencia con la corporación massmediática y la derecha política- que vienen presionando al Estado argentino desde un mercado de divisas ilegal y marginal.
En cualquier caso, la devaluación impactaría en forma letal en la generación de trabajo y la capacidad del salario –algo en lo que se avanzó y que es preciso mantener- pero también en la posibilidad de reducir el 35 por ciento de trabajadores que aún no fueron regularizados por sus patronales.
Otro objetivo que persiguen es desfinanciar al Estado, lo que acotaría drásticamente su capacidad de intervención a través de la aplicación de políticas anticíclicas, tal como lo hizo durante 2012, para que la crisis aguda que sufren algunos de los principales compradores de productos argentinos no se tradujera en desempleo.
Y, fundamentalmente, provocaría una vez más, una transferencia abrupta de riqueza, abriendo Argentina a nuevos procesos de endeudamiento con la consiguiente delegación de soberanía; un proceso que ya vivimos en los años en que Dromi presentara “el decálogo menemista de la reforma del Estado”.

 

 

Sitio web de Nuestra Propuesta, el semanario del Partido Comunista de la Argentina

Av. Entre Ríos 1039 (Código Postal C1080ABQ) Tel./Fax: (54) 11-4304-0066 / 68 / http://nancyhall.net/

Afiliacion

Aparición con vida