Domingo, 26 Marzo 2017


¿Y... dónde está el piloto? PDF Imprimir E-mail

(Editorial de Nuestra Propuesta del 16 de mayo de 2013)

El gobierno, desvariado por una sucesión de yerros y atorado por la arremetida de la derecha en todos los frentes insiste en tomar medidas de corto vuelo que en el mejor de los casos son pan para hoy y hambre para mañana. El blanqueo de capitales, que pretende ingresar al sistema una ínfima parte de los miles de millones de dólares «no declarados» que atesoran un puñado de individuos y empresas, hay que ubicarlo como una acción defensiva y una clara señal de que se opta por aplicar parche tras parche para resolver los «cuellos de botella», que complican la gestión.

Sabemos que hay quienes pretenderán asemejar nuestra crítica con las que emite la oposición de derecha, pero la diferencia es absoluta, como es diametralmente opuesto el posicionamiento de clase. Ellos hacen hincapié en la cuestión moral con el solo objetivo de limar al gobierno y generarse mejores condiciones para las próximas elecciones legislativas. Es decir, pura especulación política que intenta seguir ganando consenso para la idea de que todo lo que haga el kirchnerismo va a fracasar, no por la calidad o pertinencia de lo que se propone sino por «quienes» lo proponen. Convengamos que los blanqueos de capitales no son una medida revolucionaria, ni siquiera progresista, más bien son una herramienta que ocupa un lugar destacado en el manual capitalista y es por eso que no se observa zozobra alguna entre la elite empresaria, los cuales mantienen un cauteloso silencio o amagan una sonrisa enigmática, un veremos o incluso un apoyo explícito como es el caso de la UIA. De última, el poder económico sabe que en cualquiera de los escenarios a futuro, con blanqueo o sin él, si no hay cambios estructurales si el modelo no se radi- caliza y se aparta de la lógica de mercado y además se continúa con acciones limitadas a resolver la coyuntura, seguirán gozando de ganancias extraordinarias y podrán acudir a «golpes de mercado» y múltiples tramoyas para evadir impuestos y fugar divisas.

 

Un poco de historia

No olvidemos que en abril de 2009 se lanzó de improviso una operatoria similar, distinta en el aspecto de que no era necesario, como ahora, depositar los dólares sino solo reconocerlos en las DDJJ ante la Afip, por lo tanto tenía un fin recaudatorio más que de obtención de divisas contantes y sonantes. En aquel momento se lograron el equivalente a 4.000 millones de dólares, cifra nada desdeñable que tuvo como principal objetivo mantener el nivel empleo que se había estancado y amenazaba decrecer por el parate importador de Brasil. En definitiva esos recursos pronto fueron absorbidos por gastos corrientes de la economía y poco y nada se avanzó en resolver el atraso en la transformación de la matriz energética y en la definición de una estrategia industrial con eje en la producción de bienes de capital e intermedios, en línea con la necesidad de sustituir importaciones y por ende limitar las erogaciones en divisas. Pero además inmediatamente comenzó una escalada en la fuga de divisas que en 2011 alcanzó el rango de estampida (según estimaciones en la primera mitad de ese año se escamotearon 210.00 millones de dólares), que se sumaron a desequilibrios de la balanza comercial producidos por las crecientes importaciones de hidrocarburos e insumos industriales. La respuesta del gobierno ante la virtual restricción de divisas, fue un estricto control cambiario y de importaciones, pero sin previamente generar condiciones para que estas medidas no repercutieran en la generación de un mercado negro (blue) de divisas y problemas para la actividad industrial, en particular las pymes, dependiente de insumos externos.

Es paradójico, pero todo lo que ha sido saludable en el kirchnerismo es lo que lo ha puesto de cara con sus deficiencias proyectuales. Puso en marcha un modelo burgués de crecimiento económico basado en el mercado interno, el empleo y el consumo popular, que en primera fase fue exitoso porque le alcanzó con capturar un pequeña porción de la inédita y súpermillonaria renta agropecuaria, poner a andar la capacidad instalada con el visto bueno del sector industrial y sumar una enorme masa laboral desempleada. Pero a medida que ese mercado interno creció, aparecieron las carencias estructurales para solventarlo a la par que se agudizaba el conflicto entre el capital, mayoritariamente trasnacional, que no paraba de multiplicar ganancias y fugar divisas, y los trabajadores que, alejado el fantasma del desempleo, recuperaron capacidad para reclamar mayor participación en el ingreso. Entonces se hizo evidente que lo irresuelto en la política, la sociedad y la matriz productiva, pese a mantenerse relativa solidez macroeconómica, trabó la evolución del modelo hacia estadios superiores de desarrollo e inclusión. El gobierno mostró entonces a su incapacidad y/o imposibilidad para disciplinar a los grupos económicos que fueron imponiendo sus intereses en un marco creciente de concentración y extranjerización de la trama productiva y el sistema bancario. A propósito, el intento fallido de recrear una nueva burguesía comprometida con el desarrollo nacional que le disputara poder al capital trasnacional, en vez de dar forma a un nuevo tipo de Estado que asumiera el liderazgo en el desarrollo de un proyecto nacional y popular, se convirtió en una de las causas eficientes del atraso para tomar decisiones en el momento adecuando. La tardía recuperación de YPF es el mejor ejemplo.

La re-re dolarización Algunos podrían (quisiéramos, desearíamos, etcétera) pensar que el set de medidas lanzadas el martes pasado luego de la encendida defensa del modelo productivo/inclusivo que realizó la Presidenta, sería un avance. Pero la realidad es otra. Tanto el discurso presidencial como las medidas posteriores que anunció el ¿equipo? económico alejan más que acercan la posibilidad de retomar el rumbo reformista. Su motivación aparente es confrontar con los que quieren resolver la restricción externa con devaluación o recurrencia a los mercados de capitales, pero el blanqueo no deja de ser una medida dentro de esa misma lógica. Lejos estamos de la ofensiva kirchnerista del 2009 cuando se ganó la iniciativa con medidas de claro corte expansivo como la AUH y la ampliación de la obra pública. Impulso que duró hasta las elecciones del 2011, para luego girar hacia políticas fiscalistas de cuño ortodoxo que pisaron el freno cuando había que apretar el acelerador. Hoy lo concreto es que, contradiciendo a los dichos de la Presidenta, que bien fustigó a los devaluacionistas, el peso se viene depreciando día a día y a velocidad creciente. Obvio que no es una devaluación grosera como la que pretenden los exportadores, pero el impacto sobre los salarios se da igual, carcomiendo acumulativamente su poder de compra y beneficiando a los formadores de precios que se cubren dándole a la maquinita remarcadora.

Sin entrar en detalle de cómo funcionarían desde el punto de vista técnico los diversos instrumentos propuestos, de nuestra parte lo que corresponde decir es que con esta operatoria se renuncia a pesificar la economía.

La re-dolarización del mercado inmobiliario mediante el uso de un certificado avalado por el Bcra es un tácito reconocimiento de que fracasó ese intento y la emisión de un bono, también en dólares, destinado a solventar el plan energético, nos dice que, aunque digan lo contrario, la restricción de divisas y el dólar paralelo le están marcando la cancha al gobierno. Pero además, hay que resaltar un detalle de alta significación simbólica e impacto negativo a futuro: a contramano de la política de desendeudamiento que fue bandera en el primer período, se vuelve a generar deuda pública en dólares. En este sentido, no se puede dejar pasar de largo que desde el gobierno central han autorizado al gobernador Scioli a tomar deuda externa.

Pero además, suponiendo que soslayáramos pruritos políticos y en un ataque de pragmatismo nos enfocáramos solo en la necesidad y los posibles beneficios a corto plazo, veríamos que difícilmente los tenedores de divisas no declaradas se presten a ponerse bajo la lupa de la Afip, a no ser que ese organismo mire para otro lado. Es un contrasentido, pero se pretende que quienes descreen de este gobierno y se han movilizado en su contra, se dispongan a aportar dólares para salvar el mal momento. No lo harían aun cuando en gran medida serían los beneficiados.

Por eso que lo que se debe hacer es perseguirlos, aumentando la presión impositiva sobre los bienes personales y las transacciones financieras, y por qué no, incautando las cajas de seguridad y haciéndose de los valores no declarados o activos de dudoso origen. No obstante, no descartamos que sea posible que al final de la operatoria se hayan exteriorizado algunos dólares más que los 4.000 que proveyó el blanqueo del 2009 y eso sea considerado un éxito por algunos funcionarios. Pero insistimos, no resuelve el problema de fondo y más bien lo complica.

 

¿Qué proponemos?

En lo inmediato esto puede comenzar a resolverse si efectivamente se produce un mayor avance del Estado sobre los capitales que lideran la economía: más planificación y menos mercado, reforma impositiva y financiera, control de precios en origen y fuertes castigos a las empresas que eluden controles y obligaciones.

Claro que esto es posible con las masas en la calle haciendo el aguante, y ahí está el problema... no quieren. Y entonces...se privilegian las ingenierías contables y las medidas de corto alcance.

Tomada reconoció que cayó el empleo y el consumo. Esto en nuestro balance de fin de año lo adelantamos... Pero hacen todo en contra de restablecer esas variables nodales: retrazan paritarias, presionan a la burocracia sindical para que acote los porcentajes, siguen sin modificar la escala de asignaciones familiares y los topes para el impuesto a las ganancias sobre los salarios, dejan crecer la informalidad, no adecuan la AUH según el aumento de los precios de los alimentos, etcétera. ¿Hasta cuando?

En síntesis, da que pensar de que estamos ante un posible triunfo de los especuladores y los devaluacionistas, de los bancos y los grupos económicos concentrados, es decir, del capital financiero. O alguno cree que las presiones en el mercado cambiario son por obra y gracia del puñado de arbolitos mal entrasados que pululan en el microcentro al grito de: «cambiooo, cambiooo». Las principales cuevas operan en los grandes bancos privados, en oficinas Vip dirigidas por gerentes atildados, tal como reconoció el arrepentido ex ejecutivo de la JP Morgan, Hernán Arbizu. Y el gobierno lo sabe, pero no logra o no quiere salir de su laberinto y tomar las únicas medidas que permitirían disciplinar el sistema financiero y el mercado de divisas: la nacionalización y estatización de la banca y el comercio exterior. En cambio prefiere este tipo de acciones que suponen un atajo pero que siempre terminan en el abismo para los sectores populares.

 

 

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