Martes, 28 Febrero 2017


A no perder el rumbo PDF Imprimir E-mail

Editorial de Nuestra Propuesta del 7 de noviembre de 2013

Con todas sus falencias a cuestas, la democracia burguesa argentina cumple treinta años ininterrumpidos desde aquella elección del 30 de octubre de 1983 que clausuró el período más oscuro de la dictadura militar. Lejos están de haberse cumplido muchas de las expectativas sociales que se depositaron en el sistema en aquel momento. Aquella aseveración alfonsinista de que “con la democracia se come, se cura y se educa” quedó -con el devenir de la historia- en un deseo voluntarista. Hoy nuestra región está atravesando una nueva etapa caracterizada por la ofensiva imperial y sus alianzas con las oligarquías locales. Una etapa en la que se hacen evidentes, y pueden manifestarse con más fuerza aún, los límites de algunos de estos procesos, que tienen que ver con sus ideologías, con su carácter de clase, con el apego que demuestran en la defensa del capitalismo.

Estamos frente a una etapa que plantea grandes exigencias a los gobiernos y a los pueblos en su conjunto, sobre todo al campo popular y a sus fuerzas de avanzada que en esta etapa deberán extremar y potenciar sus enfoques antimperialistas y consolidar la necesidad de tomar medidas radicales para enfrentar estos difíciles momentos. Como venimos sosteniendo desde hace tiempo, Argentina no está fuera de las generales de la ley y sentimos las consecuencias de las políticas impulsadas desde Estados Unidos. El imperio está trabajando fuertemente para articular una alternativa de derecha que ponga freno y haga dar marcha atrás en las reformas efectuadas. Es conocida nuestra defensa de los logros del gobierno, en primer lugar la ruptura de las relaciones carnales con el imperialismo a que nos habían llevado el neoliberalismo de Menem, De la Rúa, Chacho Alvarez. Habernos integrado al proceso latinoamericano es un mérito enorme de este proceso abierto en 2003 con el presidente Kirchner. Cuando la derecha dice que la Argentina ha perdido su lugar en el mundo y andamos como parias por el planeta, en realidad están lamentándose porque por primera vez estamos donde debemos estar, no mirando hacia Estados Unidos y mirando hacia Europa, sino integrados en el proceso antineoliberal y con promesas liberadoras y revolucionarias que hay en América latina. Marx afirmaba que capital que no crece, muere. De manera análoga podemos decir que proceso de transformación social revolucionaria o de reforma social progresista que no avanza, muere: abre flancos a la desestabilización del imperialismo y la derecha local, y fomenta la desmovilización, el voto castigo. Tras el derrumbe de la Urss, el desaparecido dirigente revolucionario salvadoreño Schafik Hándal empezó a repetir una idea que parece simplona, pero es más profunda que un sin número de reflexiones: «Habrá socialismo -decía Schafik- si la gente quiere que haya socialismo». Planteada en términos teóricos, la idea, en apariencia simplona, de Schafik implica que para avanzar en dirección al socialismo los procesos de reforma o transformación social de signo popular que hoy se desarrollan en América Latina necesitan: teoría revolucionaria, organización revolucionaria, bloque social revolucionario, basado en la unidad dentro de la diversidad, y solución del problema del poder, este último entendido como la concentración de la fuerza imprescindible para producir un cambio efectivo de sistema social.

 

 

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