Martes, 28 Febrero 2017


Donde está el problema PDF Imprimir E-mail

(Editorial de Nuestra Propuesta del 21 de noviembre de 2013)

Hoy la persistencia de una estructura productiva regresiva e hiperconcentrada es la expresión del alto grado de dependencia que aún domina y condiciona el presente y el futuro.

Lamentablemente, la voluntad reformista que floreció en momentos de zozobra, si bien produjo acciones destacables, no se orientó a implementar medidas políticas e institucionales en el plano de las relaciones económicas para dar soporte a un cambio de paradigma en el modelo de acumulación. Hoy resulta evidente, que la apelación al mito de la burguesía nacional de la mano de medidas aisladas que instaló la política de las medias tintas y los parches, terminó hiriendo de muerte al llamado “modelo”. Al punto, de que lo que debiera haber sido primero fue lo que más se pospuso: el avance del Estado sobre las áreas claves de la economía y la regulación del capital en función de un proyecto de desarrollo soberano y redistributivo.

Parte responsable de este atraso es de seguro el rechazo a practicar políticas frentistas con participación protagónica de fuerzas y organizaciones del campo popular. En ese sentido hay que reafirmar que el Estado, desburocratizado y reconvertido en herramienta de dirección y gestión de la economía, mediante la incorporación de cuadros profesionales y militantes patriotas, es la única alternativa transitiva para liderar un crecimiento sustentable de las fuerzas productivas nacionales a favor de los intereses populares.

También y fuertemente vinculado a esa carencia en lo político aparece la indefinición en términos de planificación, con respecto al tipo de industria a desarrollar para achicar las importaciones y su intervinculación con un sector agrario proveedor de divisas y alimentos sanos para la población, más una correlativa nueva matriz energética y de transporte, más la insistencia a los socios brasileros sobre lo impostergable de un nuevo modelo de integración regional basado en la cooperación y solidaridad interestatal. Estas inconsistencias han llevado a que la revalorización de la industria que protagonizó el kirchnerismo en su primer etapa haya quedado inconclusa y limitada a sectores procesadores de materias primas y armaduría automotriz, esta última ultradeficitario para la balanza comercial.

Por tal motivo, aun cuando se supo generar una dinámica de crecimiento y progreso social sustentado en la expansión del mercado interno y respaldado por magníficas condiciones externas, el atraso en introducir transformaciones radicales en la matriz productiva ha tenido como resultado que a la par del fuerte crecimiento del PBI se disparó por encima de lo sustentable la demanda de productos importados y energía, con un alto componente de bienes de capital e intermedios que no fueron sustituidos oportunamente y son necesarios para el funcionamiento de la industria.

Sin duda, lo que sigue dominando el escenario es el irresuelto problema de la dependencia, que hoy se resignifica en la problemática que los economistas denominan “restricción externa”, es decir, la escasez de dólares para financiar el crecimiento de una economía que se ha mal industrializado y depende en extremo de contar con divisas que ya no se tienen porque se dejaron dilapidar en consumo suntuario, fugar alegremente o se permitió derivar sin límites hacia las arcas monopólicas.

A esa ciclotimia irresuelta se refiere la frase “stop and go” que suelen utilizar los economistas heterodoxos cuando quieren describir los ciclos con que históricamente se ha desenvuelto la economía argentina. Hoy aparece una estructura productiva desequilibrada y regresiva que tiende constantemente a consolidar la hegemonía de los sectores más concentrados y extranjerizados del entramado económico, que son los que además fueron secando de dólares al país mediante la incontrolada remisión de utilidades al exterior, practicas legales como la que se denomina “contado con liqui” y también con practicas ilegales de sub y sobrefacturación, todas todavía en uso para sortear los controles que tardíamente fueron aplicados desde 2012.

En este marco, la oposición de derecha (interna-externa) se propone como conductora ideal y habla presurosa de un supuesto fin de ciclo, para lo cual suelen remitirse a la debacle del kirchnerismo como referente político, lo cual es materia opinable. Pero lo que no es opinable es el hecho concreto que desde 2007/2008, con intermitencias, el modelo generador de empleo e inclusión se fue estancando y a partir del 2011 se ha entrado en el final de una etapa que fue positiva para los sectores más postergados de la población, en gran medida porque hubo condiciones económicas inéditas y decisiones políticas adecuadas, aunque cabe aclarar: restringidas al corto plazo y vacilantes con respecto a la confrontación con el bloque reaccionario, por eso en última instancia ineficientes para consolidar una nueva matriz de crecimiento con inclusión social en términos prolongados.

Hoy por hoy, por no haber “profundizado el modelo” todo lo ganado está en riesgo. La gente percibe las anomalías y pierde confianza, lo que se traduce en pérdida de consenso social. Para colmo de males, si la perspectiva política es complicada, la económica no es más promisoria: los ingresos por commoditties tienden a desmejorar para los llamados emergentes y por lo tanto se complican las condiciones objetivas favorables (el llamado viento de cola) para la construcción de poder popular, que tendrá menos recursos económicos y requerirá de más politización, desarrollo del factor subjetivo y combate para enfrentar la adversidad que se avecina.

La reciente recurrencia al mercado de capitales para financiar el déficit de dólares previa aceptación de pago a las corporaciones trasnacionales reclamantes ante el Ciadi, luego de una “previsible” sumatoria de fracasos en la política de divisas, es lisa y llanamente elegir el camino que indica la derecha: endeudamiento y sometimiento a los organismos internacionales de crédito.

 

 

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