Una ley a medida de la precarización

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Desde el oficialismo porteño se busca modificar la normativa de las aplicaciones de delivery y contemplarlas como “intermediarias”.

Las plataformas de delivery se convirtieron en un servicio esencial a partir de la pandemia del Coronavirus, lo que evidenció aún más en las pésimas condiciones que se encuentran los trabajadores.
Vale mencionar que estas aplicaciones desembarcaron en Argentina en 2016 con la llegada de Uber, empresa estadounidense de transporte privado de pasajeros. En las mismas fechas hizo su arribo Glovo, Rappi y Pedidos Ya, estas últimas, destinadas principalmente al delivery de comidas.
Cuatro años después, en el ejecutivo de Horacio Rodríguez Larreta buscan que la Legislatura porteña modifique una ley que se sancionó en 2016 pero que recién se reglamentó hace dos años. Sin cumplirse la normativa, el oficialismo de la Ciudad presentó un nuevo texto a medida de las apps, considerándolas como meras intermediarias. Repitiendo el concepto de “convertite en tu propio jefe” que proponen estas empresas para ahorrarse costos laborales.
El texto del PRO plantea definir el servicio de las aplicaciones como “operador de plataforma digital de oferta y demanda por terceros del servicio de mensajería urbana y/o reparto a domicilio de sustancias alimenticias: persona humana o jurídica que opera y/o administra una plataforma digital a través de la cual terceros ofertan y demandan el servicio de Mensajería Urbana y/o Reparto a Domicilio de Sustancias Alimenticias”.
Esta definición coincide casualmente con la de Glovo, que se denomina como “una compañía tecnológica, cuya actividad principal es el desarrollo y gestión de una plataforma tecnológica mediante la que a través de una aplicación móvil o de una web que permite a determinadas tiendas locales de algunas ciudades en diferentes territorios ofertar o insertar sus productos y/o servicios a través de la misma, y en su caso, si los usuarios de la APP y consumidores de las citadas tiendas locales así lo solicitan a través de la APP, de forma accesoria, intermedia en la entrega inmediata de los productos”.
Tras este proyecto que busca discutir el PRO, desde la Asociación Sindical De Motociclistas Mensajeros Y Servicios explicaron que implica un retroceso ya que las empresas hablan “como si fueran un actor externo cuando en realidad son empresas de mensajería y reparto que utilizan un sistema informático, pero los trabajadores son los mismos: un chico llevando una pizza en bicicleta. No es algo futurista y nos quieren vender que se trata de un microempesario que utiliza la aplicación para su emprendimiento”.
Asimismo, desde el sindicato aseguraron que las empresas deben proveer una ART “pero extrañamente nadie puede acceder a su cobertura” porque para hacerlo tienen que cumplir ciertas condiciones, como estar más de 72 horas hospitalizado. Sin embargo, si alguien se cae de la moto y se rompe una pierna, solo le ponen un yeso y lo mandan a su casa: “no te cubre nada y a parte no cubre salario o ingresos, sólo la medicación”.

Ganancias y muerte

En la previa al Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio, la tasa de ganancias de estas empresas ya era exorbitante. Con la cuarentena, las mismas aumentaron sus consumidores ya que el delivery de comida resulta una opción muy utilizada. Así, entre febrero y abril, Rappi incrementó sus ganancias en un 67 por ciento, mientras que Glovo lo hizo en un 73, según la información del Ministerio de Producción de la Provincia de Buenos Aires.
Y mientras crecen las ganancias de las empresas, los trabajadores se mueren. “Basta de trabajadores de reparto muertos”, tituló la Agrupación ATR la semana pasada luego de que un trabajador de Glovo muera tras ser atropellado en Caballito.
Desde que se implementó la cuarentena ya son cuatro los empleados de estos deliverys que mueren. “No son simples accidentes, son asesinatos laborales. Nos empujan a trabajar jornadas interminables y a las apuradas, compitiendo entre nosotros, por pagos insignificantes”, continúa ATR.
“No tenemos art, no tenemos cobertura médica, ni derechos. Somos trabajadores, no somos héroes ni colaboradores, y nos estamos muriendo, nos están matando. Llevamos mucho tiempo organizando nuestros reclamos, le dimos aviso al gobierno, al ministerio de trabajo (donde tenemos 3 números de expediente) y a las empresas pero no se hacen cargo. Mientras tanto salimos cada día con la soga al cuello”, finalizaron.