Fidel y Diego una amistad latinoamericana

Política
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Ayer se conmemoraron 4 años de paso a la inmortalidad del líder de la revolución cubana Fidel Castro. Sin embargo, otro amigo de las causa justas y los pueblos libres se fue con él, el astro futbolístico Diego Maradona.

Hace cuatro años, América Latina y el mundo despedía una de las figuras más influyentes del siglo XX y quien marcaría una senda para la construcción de la liberación y el socialismo en nuestro continente, el comandante Fidel Castro.
Hoy vemos en Cuba “gran potencia moral” como el la definía, donde a partir de la revolución se forjaron los valores que necesarios para construir esa sociedad sin explotadores ni explotados y el justo patriotismo que hace la soberanía, ante las potencias imperialistas que desde hace más sesenta años no saben qué hacer para tapar la victoria de la revolución.
Será controversia del destino que su amigo, y quien alguna vez lo caracterizó como “un segundo padre, Diego Maradona, también haya partido hacia la inmortalidad el mismo día, cuatro años después.
En el mediodía de ayer, falleció el ex futbolista por un paro cardiorrespiratorio en su casa en Tigre donde transitaba su rehabilitación de salud. “No olvidaremos jamás que con su magia llevó a todos los rincones del mundo el nombre de la Argentina, con el Che en el brazo”, se expresó desde el PC.
La noticia de la muerte del astro futbolístico sigue conmocionando al pueblo argentino. Desde varios rincones del mundo recordaron a Maradona que tantas alegrías dio en la cancha, pero también desde sus posiciones políticas antiimperialistas, solidarias y por un mundo más justo.
¿Cómo la humanidad de Cuba tocó a Maradona? El mismo Diego que cuando murió Fidel declaró que Cuba le abrió las puertas cuando en Argentina había clínicas que se las cerraban, cuando el 10 estaba en plena lucha contra las adicciones y donde estuvo al borde de la muerte.
Si bien Diego ya tenía antecedentes de plantarse contra el poder establecido, quizá no lo hacía desde una tan clara posición política. Después de su recuperación en Cuba, empezamos a conocer al 10 amigo de la lucha antiimperialista de los Pueblos de la Patria Grande, amigo de Palestina. El del No al Alca. El amigo de Fidel, Chávez y Evo.
El Maradona que ya no solo dejaba todo en la cancha sino el que también se calzaba los botines cuando la coyuntura y el contexto político lo requerían. Porque juagaba esos partidos, que con los condicionantes de la fama y el dinero, para algunos no conviene jugarlos. Si Fidel lo hubiera puesto en términos futbolísticos, ese sería el partido de las ideas, donde no hay mejor jugador que un hijo de la clase obrera, consciente y orgulloso, y eso Diego lo pudo plasmar tan claramente como sus pinceladas en el verde césped.
El que después de una guerra que se cobró la vida de pibes inocentes por la intención de un gobierno de facto de perpetrarse en el poder para ganar legitimidad, impuesto por el propio imperialismo, pudo devolver algo de alegría al pueblo con una jugada maravillosa y posteriormente, con la Copa del Mundo. Un pueblo que estaba devastado por una guerra sin sentido y al cual la dictadura militar le desapareció 30 mil personas.
No quedan palabras para describir a la leyenda que significa Diego Maradona para el pueblo Argentino más allá de lo futbolístico. Una leyenda que como toda, puede tener cosas buenas y malas.
Sin la intención de poner en una balanza ambos elementos, sería irresponsable no reconocer los errores humanos y profundamente patriarcales que Diego cargó consigo hasta el día de su muerte. Los episodios de violencia con alguna de sus ex parejas, el no reconocimiento de hijos y cierto grado de misoginia son repudiables de cualquier ser humano.
Por eso, si la figura de Maradona se merece el reconocimiento y la admiración de los pueblos que luchan por un mundo distinto, porque su personalidad no desentonó de este deseo, es preciso reflexionar sobre su lado repudiable para que en la construcción de una nueva sociedad se repliquen los mejores valores que lo caracterizaron como la solidaridad, la lucha, la conciencia de clase y el antiimperialismo, y por el contrario, se erradiquen las violencias estructurales y patriarcales de las que Maradona no estuvo exento, y las que diariamente conviven en todos los ámbitos y clases sociales.
A pesar de ello, la gratitud de un pueblo por su felicidad no muchos la logran, sobre todo de la manera y en el contexto que Diego la brindó. Por eso siempre será recordado y querido por ser argentino, latinoamericano y amigo de las causas justas y los pueblos oprimidos del mundo.