Otra vez el Big Stick

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Un buque militar irrumpe en aguas jurisdiccionales venezolanas. Duque presiona y Bolsonaro mete la hipótesis de conflicto hacia adentro de la región que entra en zona de riesgo.

La irrupción del buque militar estadounidense USS Pinckney en aguas jurisdiccionales venezolanas, fue denunciada por Caracas como un “ingreso furtivo”, además de constituir un “inexcusable acto de provocación” que busca “menoscabar la soberanía e integridad territorial” del país.
Este nuevo capítulo del Big Stick, de acuerdo a la explicación oficial de EE.UU., “intenta reivindicar la libertad de navegación en dichas aguas, en el marco de un operativo antidrogas que el Comando Sur despliega en las costas del Caribe”.
Pero la Cancillería venezolana es clara cuando señala a este acto como violatorio del Derecho Marítimo Internacional, tras lo que advierte que las instituciones venezolanas y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana van a hacer “respetar la sagrada soberanía e integridad territorial de Venezuela a toda costa, conforme con las leyes internacionales contemplando todas las acciones que considere necesarias”.
Desde el gobierno bolivariano se vincula este nuevo capítulo de la escalada agresiva estadounidense en el Caribe, con el intento de captar el voto gusano, algo que se evidenció en la reciente visita que Donald Trump hizo a la sede del Comando Sur, en Florida.
Por lo que Caracas recalca que va a llevar a cabo “todas las acciones que considere necesarias, sin caer en absurdas provocaciones que pretenden afectar la paz y tranquilidad de los venezolanos, así como de los pueblos latinoamericanos y caribeños”.

Presiones

¿Pero cuál es el contexto en el que desde Washington se vuelve a provocar a Venezuela?
Hace dos meses, el Caribe fue escenario de otro momento de tensión cuando EE.UU. intentó evitar que los buques Fortune, Petunia, Forrest, Faxon y Clavel trasportaran combustible iraní a Venezuela como parte de los convenios de cooperación celebrados entre ambos estados.
Esa vez, esas embarcaciones fueron custodiadas por la Armada y la Aviación Militar Bolivariana.
Aquí vale resaltar que pese a ser uno de los principales productores de petróleo, Venezuela precisa de este suministro porque su estructura de refinerías fue diseñada para que dependa de suministros estadounidenses, cuya entrega se discontinuó y cortó a raíz del bloqueo dispuesto por Washington.
Así las cosas, mientras el USS Pinckney se acerca a costas venezolanas, desde Bogotá, Iván Duque amenazaba: “todos tenemos que decir claramente que ninguna solución en Venezuela puede ser viable con Nicolás Maduro todavía presente”.
Vale recordar que con Duque en la Presidencia, se incrementó la actividad paramilitar que desde la extensa frontera que comparte con Venezuela, perpetra acciones de desestabilización que van desde el contrabando de combustible, hasta el de armas y drogas.
Esto quedó en evidencia con el episodio que involucró a Juan Guaidó con la banda Los Rastrojos, durante febrero de este año.
A este panorama preocupante se suma la reciente decisión del gobierno de Brasil, que anunció un cambio en la doctrina de sus Fuerzas Armadas que ahora se preparan para enfrentar posibles conflictos armados en Sudamérica.
De acuerdo a la nueva Política Nacional de Defensa, la hipótesis de conflicto se corre hacia adentro de Sudamérica, ya que sus Fuerzas Armadas se preparan para intervenir en la “solución” de problemas regionales y en la “defensa de los intereses brasileños”, en el litoral atlántico y la selva amazónica donde comparte 2199 kilómetros de frontera con Venezuela.
Durante la celebración de la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) en La Habana, el 29 de enero de 2014, se proclamó a América Latina y el Caribe como zona de paz.
Ahí los 33 países miembros del organismo coincidieron en renunciar al uso de la fuerza para resolver disputas con sus vecinos y, en esa dirección, se comprometieron a avanzar en una agenda que es preciso reivindicar.