Y entonces apareció el dueño del chancho

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Hoy se volvió a suspender el tratamiento del proyecto de ley de humedales, la titular de la Sociedad Rural de Rosario, dice que los incendios son un montaje para favorecer la salida de “una ley que públicamente queda muy bien”.

Tras varios años de postergaciones, la bancada oficialista de Diputados, no pudo  conseguir firmas necesarias para lograr un dictamen de consenso por parte de las comisiones de Recursos Naturales, Presupuesto y Agricultura que permita enviar al debate en el recinto a un proyecto que proteja los humedales.

Durante los últimos diez años fueron muchas las iniciativas que, en tal sentido, ingresaron y naufragaron en el Congreso. Ahora la que se presenta con más posibilidades es la que lleva la firma de Leonardo Grosso, que cuenta con el aval del interbloque Federal y la bancada del bloque del Frente de Izquierda y los Trabajadores.

Por su parte, la bandera de la oposición parlamentaria al proyecto la enarbola el presidente de la comisión de Agricultura y Ganadería, que es el empresario agropecuario y ex ministro de Mauricio Macri, Ricardo Buryaile, quien aseveró que la iniciativa no soluciona el problema de los incendios que se registran en la zona del Paraná y sostuvo que los ganaderos no son responsables de esas quemas.

Y, en la misma dirección, su correligionario y senador provincial de Corrientes, Noel Breard, amenazó con hacer una presentación ante la Corte Suprema de Justicia para frenar la iniciativa, si es que prospera en el Congreso.

Ante esto, la Asociación de Abogados y Abogadas Ambientalistas de Argentina fustigó al diputado de Juntos por el Cambio y advirtió que la posición que adopta no es neutral, ya que representa “al sector del agronegocio que nos quiere conducir al suicidio colectivo en el nombre de la producción”.

Mientras tanto un relevamiento coordinado por la cátedra de Fisiología Humana de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNR, da cuenta de que en Rosario ya se verifican las consecuencias sanitarias que trae el humo que recurrentemente cubre a esa ciudad.

El resultado preliminar da cuenta de que alrededor del veinticinco por ciento del universo consultado, consistente en personas de todas las edades, presentó durante el último año síntomas alérgicos, de asma o rinoconjuntivitis, mientras que un diez por ciento comprendido por individuos mayores de cincuenta años, padece características compatibles con Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (Epoc).

Pero ninguna de estas evidencias parece inmutar a los dueños del agronegoicio, que son quienes aparecen en el ojo del huracán a la hora de señalar a los que encienden la fogata. “Los incendios están siendo provocados porque quieren una ley que públicamente queda muy bien”, dijo sin ruborizarse la presidenta de la Sociedad Rural de Rosario (SRR), Soledad Aramendi, tras lo que destacó que el proyecto del oficialismo “es prohibitivo” ya que, si prospera, “habrá que pedir permiso para todo”.

Así las cosas, no está de más recordar lo que, apenas ayer, dijo el titular del Partido Comunista de Rosario, Norberto Champa Galiotti, quien al referirse al tratamiento del proyecto, resaltó que “habrá que ver quiénes lo apoyan y quiénes lo boicotean, porque como se dice en el campo, hay que pegarle al chancho para que aparezca el dueño”. Y, a fin de cuentas, parece que comienza a aparecer el dueño del chancho.

Pero por más rocambolesco que tenga el argumento de la SRR, queda claro que si Aramendi lo utiliza es porque sabe que tiene una caja de resonancia que permite que postulados de este tipo sean plausibles para buena parte de la sociedad, entre quienes seguramente hay varios de  aquellos a los que  el humo les provocó un irreversible Epoc.

¿Pero puede sorprender esto en un escenario social en el que, por sólo citar un ejemplo, en estos mismos días y en su editorial, uno de los diarios más leídos asevera que el atentado contra la vicepresidenta del país fue un montaje armado por sus seguidores?

Estos son sólo dos ejemplos de una lista abrumadora de barbaridades similares que aportan a la construcción de una suerte de vida paralela, propuesta desde el universo de la massmedia, que recrea un juego de realidad-fantasía que emite un mensaje unilineal, por lo tanto autoritario y absolutamente negador de la comunicación, que censura cualquier postura cuestionadora. Y así impone agenda y prioridades, al tiempo que establece categorías canónicas con las que pretende moldear la estructura de un imaginario colectivo global basado en la descontextualización.

Toda esta conspiranoia montada sobre postulados inverosímiles, podría merecer apenas un comentario color si no fuera porque existen condiciones para que buena parte de la sociedad considere que todo esto es aceptable. Y, en épocas de auge fascista, vuelve a retumbar aquello de Joseph Goebbels, “miente que algo va a quedar”.