Macri busca el apoyo de la OEA ¿Para qué?

Política
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A través de Bertol y Garavano, Macri realizó una denuncia ante el organismo que conduce Luis Almagro, con el propósito de profundizar las acciones de desestabilización regional contra el gobierno del Frente de Todos.

El lawfare que conocemos en Argentina forma parte de una acción coordinada a escala regional, que se extiende por toda América Latina, que surge de la articulación entre las derechas locales, los grandes grupos económicos transnacionales y EE.UU. En este trabajo coordinado se destaca el papel de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de su secretario general, Luis Almagro, que al frente de la institución avaló las persecuciones judiciales contra Lula Da Silva (Brasil), Rafael Correa (Ecuador) y Cristina Fernández de Kirchner (Uruguay), que promovió el golpe de Estado contra Evo Morales (Bolivia) y que no cesa en sus acciones desestabilizadores, junto al gobierno de Colombia, contra Venezuela.
El recuento de los acontecimientos vuelve evidente la participación de la OEA, ese organismo creado por Estados Unidos en 1948 para reforzar su injerencia en la región durante la Guerra Fría, en el lawfare. En particular, las derechas latinoamericanas han elegido al organismo que conduce Almagro como garante internacional para sus tropelías. En las últimas horas se conoció que el expresidente Mauricio Macri, a través de Germán Garavano y Paula Bertol, inició una denuncia frente al organismo por “deterioro institucional” en Argentina, acusando al gobierno del Frente de Todos y a la prensa que viene denunciado el saqueo que se perpetró durante el período 2015-2019 como promotores del mismo.
Si la OEA históricamente desempeñó el papel de representante de Estados Unidos en América Latina, durante la gestión de Luis Almagro asumió una orientación directamente injerencista. Teniendo en cuenta los antecedentes del organismo y de su secretario general, cabe preguntarse si la presentación de Garavano, Bertol y Macri forma parte de la construcción de un teatro de operaciones tendiente a forzar un cambio institucional antes de las elecciones presidenciales de 2023.
El gobierno nacional y las fuerzas políticas que integran el Frente de Todos bien harían en tomar nota y atar cabos porque visto en retrospectiva y más allá de los imponderables de siempre, con matices, desde hace largos años en la región las maniobras políticas del imperialismo norteamericano y sus aliados locales se orientan en un único y mismo sentido: esmerilar al máximo la fortaleza de los gobiernos antineoliberales y si es posible arrebatar a estos el control del Estado, ya sea por la vía de golpes institucionales, ya sea mediante golpes de nuevo tipo —con relación a las dictaduras militares de la década del setenta— en los que intervienen las fuerzas de “seguridad”.
Mientras Macri prepara el terreno en la OEA, su ladera local Patricia Bullrich, busca cada día más imprimirle a un sector de la derecha argentina un perfil de neto corte bolsonarista. Sus intervenciones en las redes sociales se asemejan cada vez más a la estrategia de intervención pública ensayadas por Trump en EE.UU. y Bolsonaro en Brasil. Este último, luego de la anulación por parte del Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil de los juicios realizados contra Lula en el marco del denominado “Lava jato”, prepara una embestida contra la corte y convocó a sus seguidores a “prepararse”.
En este contexto hay que interpretar, aunque no es el único, la victoria de Guillermo Lasso en las elecciones presidenciales celebradas en Ecuador el domingo último. El escenario político en América Latina se encuentra fuertemente tensionado entre dos polos claramente definidos, uno articulado por EE.UU. y el capital financiero transnacional y otro abroquelado en programas políticos antineoliberales de diversa profundidad y amplitud.
Para esta disputa la derecha regional encuentra en la OEA y en Luis Almagro un actor transnacional relevante y un centro de operaciones que le permite “blanquear” sus maniobras, si por “blanquear” interpretamos la acción de sumergir en las aguas servidas de la OEA sus propios excrementos.