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Política
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Miles de trabajadores de la Salud se movilizan en Madrid y miles también lo hacen en Buenos Aires para defender el sistema sanitario público, universal y gratuito. Díaz Ayuso y Rodríguez Larreta, algo más que coincidencias.

“Hoy hemos recibido al jefe de Gobierno de Buenos Aires, a quien nos une la misma vocación por la libertad y la prosperidad de los ciudadanos para los que gobernamos. Ojalá sus políticas se extiendan pronto por toda Argentina”. Este es el mensaje que daba a conocer la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, tras entrevistarse en la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol con Horacio Rodríguez Larreta, en marzo de este año.

Esa vez, Díaz Ayuso y Rodríguez Larreta, pusieron de relevancia sus coincidencias en el enfoque que las gestiones que tienen a su cargo le dieron a la pandemia “con foco en las libertades y la confianza en la sociedad”. Como para sintetizar, esta frase podría traducirse: en ambos casos, mientras los gobiernos de Argentina y España se las ingeniaban para conseguir vacunas y garantizar que lleguen a toda la población, al tiempo que sostenían sistemas sanitarios de gestión pública -estatal y privada- en medio del estrés que provocaba la pandemia, Ayuso y Larreta le hacían guiños a la violencia pública que perpetraban grupos antivacuna, en su afán por sacar ventaja del descontento que generaban las restricciones que impuso el Covid-19.

Pero esto no es todo en estas vidas paralelas de Ayuso y Larreta. Una por el Partido Popular y el otro por el PRO, intentan presentarse como el “ala moderada” de una suerte de “nueva derecha” que, entre otras cosas, tiene una mirada que pone al Estado como un mero facilitador de negocios al servicio de la clase capitalista. Y, en esto, el sistema público, universal y gratuito de salud representa una de las partes más jugosas del botín.

Por eso no es casualidad que una vez superado lo peor de la pandemia, Ayuso y Larreta, coincidieran a la hora de avanzar drásticamente en el desmantelamiento de lo que va quedando de ese sistema. Y esto, precisamente en estos días, provoca que en las calles de Buenos Aires y Madrid, cientos de miles de trabajadores de la Salud se estén manifestando.

El domingo pasado en la capital española fueron alrededor de quinientas mil las personas que se movilizaron para protestar contra los recortes que la Gestión Díaz Ayuso lleva adelante en el área sanitaria, algo que tal como lo denuncian los sindicatos del sector, provoca “una situación caótica de la salud” que afecta, fundamentalmente, a los hospitales públicos.

“Sanidad para todos”, es la consigna que tuvo la marcha que forma parte de un plan de lucha que redobla su apuesta con una huelga que se va a realizar el 21 de noviembre para defender “una sanidad cien por ciento pública, universal y de calidad”.

Díaz Ayuso encabeza el ejecutivo regional que menos invierte en Salud, pese a que se trata de la comunidad que más recursos tiene de toda España. “Alcoyana-Alcoyana”, diría Berugo Carámbula ante tanta coincidencia.

Anoche, la Ciudad de Buenos Aires, fue escenario de una multitudinaria Marcha de Velas que partió de la intersección de las avenidas Santa Fe y Juan B. Justo, para dirigirse hacia el Ministerio de Salud porteño, convocada por los médicos residentes y concurrentes, pero que sumó a miembros de todo el sistema sanitario de la Ciudad.

Esta Noche de las Luces, como la dieron en llamar los trabajadores sanitarios, tuvo lugar en el inicio de la novena semana de plan de lucha y paro que llevan a cabo para reclamar recomposición salarial, durante las que -hasta ahora- el ministro Fernán Quirós, sólo hizo una oferta que se coloca muy lejos de lo demandado por los trabajadores que piden “250 mil pesos en mano y salario y ART para concurrentes”.

Queda claro entonces cuáles son “las políticas” que Díaz Ayuso espera que Rodríguez Larreta “extienda pronto por toda Argentina”. Porque, para el capitalismo, el sistema sanitario público, universal y gratuito es un gasto: no una inversión y menos un derecho. Y, encima, en el marco de la actual etapa de la segunda crisis de larga duración del sistema, la clase capitalista ni siquiera precisa que toda la población pueda acceder a una asistencia sanitaria de calidad, ya que en un escenario en el que impone el precariado como forma vincular entre los universos del trabajo y el capital, no le hace falta que haya trabajadores sanos que garanticen pleno empleo.

Por eso tanta coincidencia entre estos dos actores a la hora de desmantelar el sistema público, universal y gratuito de salud, algo que busca empujar a quienes puedan pagarlo hacia el esquema sanitario prestado por las empresas privadas del sector, que forman parte de un esquema de negocios altamente financierizado.

Pero además, hay que volver a repetirlo, porque los sistemas jubilatorio, junto al de educación y el de salud de acceso y derecho público, gratuito y universal son expresiones extrañas para el sistema capitalista. Y, como tal, constituyen una avanzada de un tipo de sociedad no capitalista que el sistema aborrece.