Una situación desesperante

Latinoamérica y Caribe
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Brasil se convirtió en el segundo país con mayor número de contagios de la Covid-19. En medio del caótico contexto, Bolsonaro trata de “idiotas” a los que insisten con mantener la distancia social.

“Vamos al cuarto ministro de Salud en un año, otro récord asombroso y más prueba de que el principal problema está en otra parte: en los que no saben nominar o en quienes se interponen en el camino de quienes están nominados”, dijo el gobernador de Maranhão, Flávio Dino, al referirse a la designación de Marcelo Queiroga en reemplazo de Eduardo Pazuello, al frente de la cartera sanitaria.
Lo hizo en un momento en el que la situación a la que arrastró a Brasil el abordaje que de la pandemia hizo el gobierno que preside Jair Bolsonario, hizo que este país registre el treinta por ciento de la cifra mundial de muertos por Covid-19.
Pero la de Dino no es la única voz con responsabilidad institucional que se levanta desde el Partido Comunista do Brasil. La vicegobernadora de Pernambuco, Luciana Santos, recalcó que “la lucha por la vida es imperativa”, por lo que instó a avanzar en la construcción “de un amplio movimiento político, institucional y social en defensa de la vida”, esto es “una amplia convergencia para aislar a Bolsonaro y su política de muerte”.
Mientras tanto, el vicepresidente Hamilton Mourao señaló que el sistema hospitalario de su país, está colapsando porque “la sociedad tiene la naturaleza de no respetar reglas”. Pero lo cierto es que Brasil es el segundo país con más contagiados y atraviesa el período donde el Covid-19 se muestra más letal desde el inicio de la pandemia.
La semana pasada fueron contabilizados más de quinientos mil nuevos contagios con un total de 12.766 fallecimientos, de acuerdo con las estadísticas difundidas por el Consejo Nacional de Secretarios de Salud (Conass).
El Conass indicó que Brasil registra un acumulado de 277.091 defunciones por la Covid-19 y 11.438.935 contagios desde el inicio de la crisis sanitaria, sólo superado por EE.UU. que tiene más de treinta millones de casos, con 546.605 decesos.
La pandemia supera los recursos hospitalarios con los que cuenta el país sudamericano, al grado que por lo menos 58 pacientes con la Covid-19 o sospechosos, murieron aguardando por una cama de terapia intensiva en el estado de Sao Paulo.
Asimismo, la nueva cepa del vrius, SARS-CoV-2, fue identificada por los científicos brasileños como una mucho más contagiosa, según informo el Laboratorio Nacional de Computación Científica (Lncc). Esta mutación del virus se extiende a ritmo vertiginoso en cuatro de las cinco regiones en la que está dividida el gigante sudamericano.
Esto pone en alerta a toda la región y llama a extremar los cuidados en las fronteras. De hecho en las últimas horas el gobierno argentino expresó en que se está evaluado limitar los viajes al exterior.
Es por eso que estados centrales como Sao Pablo y Río de Janeiro, entre otros, decretaron el toque de queda paralizando nuevamente todas las actividades sociales.
Pero pese a las recomendaciones de los organismos internacionales, el presidente Bolsonaro, quien contrajo coronavirus el año pasado, sigue relativizando el impacto del virus tal como lo hizo desde el inicio de la pandemia.
Además, de haber cuestionado la eficacia de las vacunas, también es un férreo crítico de las medidas de aislamiento social y el uso de mascarillas.
Hace unos días, Bolsonaro no dudó en afirmar que quien cumple el distanciamiento social es un "cobarde" y "caprichoso", tildó de “idiotas” a quienes le piden que compre más vacunas contra el coronavirus, al tiempo que calificó de "estado de sitio" a las cuarentenas, aún en medio de cifras record de contagios.
El colapso del sistema sanitario de Brasil y los altos niveles de contagios son comprables con el grado de perversidad del mandatario. Mientras la población desesperada que ya no puede recurrir al Estado, Bolsonaro se ampara en lo que diría la Biblia “¿A dónde irá Brasil si paramos? La propia Biblia dice en 365 pasajes que no hay que temer", asevera el mandatario desde una visión reduccionista y torpe del texto bíblico.

Sálvese quien pueda

Está claro que la pandemia en Brasil lleva la federalización del a niveles extremos, ya que cada estado se tuvo que convertir en una isla perdida y hace lo que puede ante la ausencia de una estrategia de lucha contra el Covid centralizada.
Ahora, en un manotazo de ahogado, el gobierno federal tiene que avanzar en la vacunación de la población. Mientras sigue negando la efectividad de los controles sanitarios, Bolsonaro acuerda la compra de vacunas a la farmacéutica Pfizer. Brasil recibió la semana pasada un cargamento procedente de China con los insumos necesarios para producir catorce millones de dosis.
El cargamento, con 8.200 litros de Ingrediente Farmacéutico Activo (IFA), equivale a catorce millones de dosis, que serán envasadas y etiquetadas en San Pablo por el Instituto Butantan, consignaron las autoridades estaduales.
De momento, este centro productor de vacunas entregó al Ministerio de Salud brasileño 14,5 millones de dosis del inmunizador desarrollado por el laboratorio chino Sinovac, lo que permitió que sea el inoculante más usado hasta ahora en el gigante sudamericano. Las entregas seguirán en los próximos meses hasta llegar a poder producir cien millones de dosis antes del 30 de agosto.