¿Qué escenario comenzó a profundizarse con la guerra de agresión que EE.UU. e Israel llevan a cabo contra Irán? ¿Cómo impacta esto en nuestro país? Sobre este panorama reflexiona y analiza el ingeniero Juan Larrea en la siguiente columna.
Hasta el último día de febrero de 2026 el valor internacional del barril de petróleo se negociaba en el orden de 67 dólares, pero el viernes 13 cerraba sobre los 103 habiendo llegado, poco antes, a los 119 ¿Qué pasó en el medio? Israel y Estados Unidos atacaron sin previo aviso a Irán que es el que controla el estrecho de Ormuz, por donde pasa el veinte por ciento del petróleo del mundo, en el orden de veinte millones de barriles diarios, además del veinticinco por ciento de GNL. Se debe aclarar que, aunque se logre un cese al fuego, se tardará meses en restablecer tal flujo imprescindible para la economía mundial y, por lo tanto, para la vida.
¿Pero cuánto impacta esto en nuestro país? Totalmente, desde la imposición de la Ley Bases que suspendió la aplicación del artículo 6 de la Ley 17.319 (de Hidrocarburos), el Estado Nacional no ejerce potestad alguna sobre el precio de los hidrocarburos y sus derivados, sino que éste lo establece el mercado internacional, por lo tanto es la cotización del Brent/WTI la que define el precio en surtidor, el gas de red e incluso el de la energía eléctrica por ser la base principal de su matriz.
Como dato de interés hay que decir que los costos de producción “declarados” por petroleras oscilan, en el caso del Yacimiento de Vaca Muerta entre 4.7 dólares (Vista Energy) y “alrededor” de diez dólares (Pampa Energía) por cada extracción equivalente a un barril. Así las cosas, la diferencia entre estos valores y la cotización del día, se reparte entre: amortizaciones, regalías (doce por ciento), retenciones del 8 por ciento que significan cerca de 70 dólares por barril, además de gastos de comercialización y lo que nunca declaran, que es la ganancia; o sea el despojo del que somos objeto por parte de las multinacionales petroleras.
Y hablando de ellas y de los lacayos locales, no podemos pasar por alto el encuentro Argentina Week, realizado en Nueva York, en la sede del Bank of America, con los gobernadores de Río Negro, Alberto Weretilneck y Rolando Figueroa de Neuquén, junto a Horacio Marín de YPF, Alejandro Bulgheroni de PAE, Marcelo Mindlin de Pampa Energía, Mark Nelson de Chevron y nada menos que Harold Mann, que es el nuevo rico del petróleo no convencional quien explota la cuenca Pérmica de los Estados Unidos, en proceso de agotamiento a causa del fracking, que se ubica en el oeste de Texas y Nuevo México.
Mann ya se encuentra extendiendo sus dominios en nuestro país y para ello “visitó” la Quinta de Olivos el pasado 18 de septiembre, pues el punto de equilibrio del barril, valor máximo aceptable de explotación en EE.UU., es de 58 dólares por unidad, esto es muy superior a los 45 dólares/barril de Vaca Muerta, por lo que queda claro que el “negocio” es rentable a 45, es decir trece menos que en Estados Unidos. Pero pese a esto lo llegan a vender a 120 dólares o más.
Así las cosas, la situación que se le plantea a Donald Trump no es buena. Si bien es cierto que por el estrecho de Ormuz sólo circula el dos por ciento de sus importaciones y es desde Canadá donde contrata el setenta de las mismas, el primer ministro de éste país, Mark Carney, como reacción a las amenazas del presidente estadounidense, denunció el pasado 12 de marzo,
acuerdos por 865 millones de dólares de suministro petrolero.
Es entonces donde vuelve a aparecer el rol de Vaca Muerta, el papel de Puerto Rosales que está ubicado cerca de Bahía Blanca que, durante el 2025, ha despachado más de cien petroleros del tipo Suezmax con capacidad de transportación de hasta setecientos mil barriles y, asimismo, vale mencionar que de los cuatro últimos, tres partieron hacia la costa oeste de los EE.UU. y el último lo hizo con rumbo a la República Popular China.
Se ha disparado un proceso inflacionario mundial a raíz del alza del precio del barril de petróleo, a lo que se suma el hecho de que Trump enfrenta en noviembre elecciones legislativas y que el electorado yanqui no acostumbra a votar administraciones con una gasolina a más de cuatro dólares el galón. En todo esto juega el papel del lacayo Javier Milei, para asegurarles petróleo a los yanquis a menores costos y así devolverle a Trump el favor “electoral” del 2025. Y esta es una reflexión necesaria para quienes pensaron que la asistencia de Estados Unidos era sólo un asunto de afinidad de ideas.
Queda claro entonces que Argentina es un país recién llegado a la condición de petrolero con un horizonte cercano del millón de barriles diarios, pero a pesar de ello como pueblo no hemos de recibir ninguno de los beneficios que implica poseer esa riqueza natural, ya que ésta se encuentra en manos de las multinacionales. Y esto es algo que bien lo sabe el titular de YPF, Horacio Marín, que es un hombre de Techint, quien nos recomienda cargar nafta hoy y no esperar a mañana. Sus dichos trajeron el resultado que era esperable: el aumento de combustibles, según cada quien y dónde entre, del tres al seis por ciento.
Nuestro pueblo ya sabe qué es lo que ha de pasar con el aumento de los combustibles y la energía: se dispara aún más la inflación y esto va a provocar el círculo vicioso de descenso de consumo y despidos por aumento de stock, y así sucesivamente.
Tal es el panorama esperable en Argentina, agudizado por el total alineamiento del gobierno nacional con la política de guerrerista de los Estados Unidos e Israel. Porque con un gobierno como el actual, al pueblo sólo le espera hambre, desocupación y muerte. Pero no sólo eso, ya que encima hoy la Presidencia Milei también nos involucra en una guerra del lado de genocidas internacionales como los actuales gobernantes de EE.UU. e Israel.
Entonces, en este cuadro de situación, disponer de recursos naturales en nada beneficia a nuestro pueblo, porque la existencia de tales riquezas para el gobierno de Milei sólo representa un recurso para poner en manos de las multinacionales extractivistas, negando así el desarrollo que necesitan casi 48 millones de argentinos para acceder a condiciones de vida digna. Entender esto es la base de la recuperación del Buen Vivir para nuestro pueblo.