En medio de los bombardeos a Irán y de las deportaciones de latinoamericanos en EE.UU., Trump buscó tener su foto con el astro argentino para lavar su imagen al mundo. Con Messi al lado y todo el plantel del Inter Miami de fondo, Donald Trump no habló solo de fútbol sino que también aprovechó para anunciar más bombardeos contra Irán y expresar que la "dictadura cubana" va a caer.
"Tener poder es que la gente te ame". Esto dijo Juan Román Riquelme en una entrevista cuando le preguntaron qué opinaba sobre las cobardes declaraciones de Mauricio Macri, en las que sostuvo, tras la muerte de Diego Armando Maradona, que se había acabado la era del “ídolo transgresor" y ahora venía la era del "ídolo ejemplo y familiero", en referencia a Lionel Messi. Con esa sentencia Riquelme defendió la figura de Maradona porque ya no podía defenderse por no estar físicamente en este mundo y describió muy bien lo que representa Diego para el pueblo, no sólo por las enormes alegrías que nos dio adentro de una cancha, sino además por enfrentarse a quienes se creen los dueños del fútbol y del mundo.
Messi es amado por gran parte de la población mundial por lo que hizo dentro del campo de juego. Y no es para menos. Ídolo futbolístico de generaciones que crecieron disfrutando de verlo ganar títulos y viviendo el fútbol total gracias a su talento natural. Siguiendo la línea de reflexión de Riquelme podría decirse también que Messi tiene un gran poder.
Sin embargo, ese poder del que solía no hacer uso para limitar sus posiciones a públicas a lo estrictamente deportivo, entró a la cancha de la política. En los últimos años, la figura del mejor futbolista de la actualidad, transicionó en la de dueño de una marca que genera millones. Messi es también accionista de empresas con inversiones principalmente en Estados Unidos.
Lo que despierta la mayor ola de cuestionamientos hacia el mejor jugador de los últimos años es que siempre esquivó la política cuando la figura del futbolista tenía más preponderancia que la del empresario radicado en Miami y asociado a la familia Más Canosa, dueña del Inter y fundadora de la Asociación Cubano-Americana, una tapadera para el financiamiento de acciones y atentados terroristas de la gusanera contra la Revolución Cubana.
Finalmente, pese al bajo perfil político cultivado a lo largo de toda su carrera, el crack rosarinoi termina siendo un protagonista político central en el peor de los contextos. Sobre todo porque Trump comenzó la reunión con él dando cuenta de un parte de guerra antes de pasar a los elogios futbolísticos. Informó sobre el ataque a Irán y aseguró que Estados Unidos está "demoliendo" a la nación persa, donde murieron más de 160 niñas en una escuela bombardeada por Estados Unidos, y se hizo tiempo para volver a amenazar a Cuba antes de emitir sus payasescas frases de fútbol que cree entender, mientras el capitán de la Selección Argentina y el resto de sus compañeros lo animaban con risas y aplausos.
¿Messi era consciente de este marco o estuvo mal asesorado? Son muchas las opiniones que se dieron durante estos días en torno a su encuentro con Trump en la Casa Blanca, donde el anfitrión recibió al plantel de Inter Miami, campeón de la Major League Soccer (MLS) 2025, club del cual Lionel es uno de los principales accionistas. Y el debate continúa.
El argumento formal indica que el motivo de la reunión respondía a una tradición protocolar. Asimismo, aparrcen planteos acerca de si se les debe exigir o no a los futbolistas que se expresen sobre temas políticos. Al mismo tiempo, no faltan las voces que —bajo un nacionalismo vacío de contenido— sostienen que las críticas a las acciones de la Pulga buscan dividirnos como argentinos. Para esa gente la doble vara es una conducta de vida. Tanto es así que las críticas a Maradona desde la prensa hegemónica estuvieron siempre al orden del día cuando mandó al carajo al ALCA en Mar del Plata con Chávez, cuando se abrazó a Fidel, a Maduro, cuando se solidarizaba con los jubilados en pleno menemismo, cuando denunciaba el ajuste macrista y cada vez que mostraba con orgullo su tatuaje del Che.
Los defensores de un sistema cada día más inhumano hoy cargan contra la desvirtuada categoría de "progresismo" como chivo expiatorio de sus argumentos para salir al cruce de las críticas que le llueven a Messi. Por otro lado, hay quienes se animan a sostener que el jugador del Inter Miami se prestó a semejante show para no perjudicar a Argentina en el próximo Mundial, que no debería jugarse en Estados Unidos. Aunque la FIFA, que premió a Trump con un insólito premio de la paz mira para otro lado y en el mundo del revés pone en duda la participación de Irán en la Copa.
No cuesta mucho darse cuenta de que quien quería la foto y el más beneficiado de ese encuentro es Donald Trump. ¿Por qué Messi se prestó a manchar su figura? ¿Acaso los protocolos de la MLS con el gobierno yanqui tienen una preponderancia tal que le impidieron al capitán argentino, con todo el poder simbólico de su figura, poner al menos la condición de que no se hablara de geopolítica? ¿O que el asunto solamente se limitara a una foto? Claro que si así hubiera sido, el hecho también iba a ser fuertemente cuestionado. No hay manera de abstraer una foto o una “charla de fútbol” con Trump del contexto que se vive. Es ingenuo suponer que Messi no sabe nada de nada y que se prestó de manera inconsciente a participar de esa evitable y patética reunión con este criminal de guerra acusado de pedofilia que gobierna EEUU y pretende gobernar al mundo por la fuerza.
Messi hoy queda expuesto posando alegre al lado del mayor genocida del siglo XXI, que está vinculado a los delitos más aberrantes dentro de su país en el caso Jeffrey Epstein y que caza inmigrantes latinoamericanos que usan camisetas con el nombre del escolta de ocasión de quien está llevando al mundo una nueva catástrofe civilizatoria.
Debemos comprender que Messi además de ser un futbolista extraordinario es una empresa, que decide cómo y dónde invertir, y las empresas bregan por que sus intereses no se vean afectados. Hasta desde este punto de vista su visita a la Casa Blanca puede leerse como un mal paso. No sería de extrañar que la marca Messi sufra ahora una caída en sus ventas.
Las dudosas aguas de la neutralidad política por las que siempre intentó navegar llevaron a Messi aunque más no sea tácitamente a tomar partido por el bando que está desatando una guerra con consecuencias trágicas para toda la humanidad. Si esto se debió o no a un (mal) asesoramiento para no perjudicar sus negocios es parte de otro debate.
Pero caerle sólo a Messi en este contexto no es justo. Gianni Infantino, presidente de la FIFA con la que Diego siempre se enfrentó, durante el sorteo del Mundial 2026 en Washington, le entregó al asesino de Trump el primer "Premio FIFA de la Paz". La justificación de la entidad madre del fútbol mundial para hacerlo fue que se trataba de un reconocimiento que busca "recompensar a las personas que han tomado medidas excepcionales y extraordinarias por la paz y, al hacerlo, han unido a personas en todo el mundo". En la entrga se remarcó la supuesta "acción extraordinaria" del presidente estadounidense en procesos de pacificación en Gaza, el sudeste asiático, África y Ucrania. Y Lionel Messi no sólo es la cara de este mundial: es la cara visible de la FIFA.
Cuando sí usó su poder
Volviendo al juego en sí, ya nadie le puede cuestionar a Messi su talento y las alegrías que le brindó como jugador de fútbol a nuestro país, algo que solían cuestionar los resultadistas a ultranza, que llegaron a hacer campaña para que no jugara más con la celeste y blanca y a quienes el propio Maradona salió a atender en fila. Sobre todo ya nadie pone en duda eso a partir de la coronación en la Copa América 2021, que llegó en momentos de tristeza, crisis e incertidumbre durante la pandemia del COVID-19, O un año más tarde, producto de la tan ansiada Copa del Mundo que marcó una unidad nacional hecha de cartón, pero una unidad al fin. Aunque nás no fuera para esas fechas, el fútbol nos encontró culturalmente como pueblo.
Aquel 20 de diciembre de 2022, sin embargo, Messi tuvo la rebeldía de no seguir el protocolo de ir a la Casa Rosada, aun sabiendo que el cuestionado Alberto Fernández había confirmado que no asistiría para que la fiesta sea de los futbolistas con la gente. Al igual que ahora con Javier Milei, por entonces también había muchos puntos de desencuentro entre la conducción de AFA y el gobierno nacional. Sin embargo, Messi optó “no ser usado políticamente” en su rol de capitán de la selección. Algo que nunca contó para la cercanía que siempre tuvo con Mauricio Macri en encuentros de la FIFA.
Tampoco debería pasar como una casualidad que cuando en 2021 dejó el Barcelona por no mantener una buena relación con la dirigencia culé, el destino elegido haya sido el Paris Saint-Germain, club que en ese momento tenía como presidente y dueño a Tamim bin Hamad Al Thani, nada más y nada menos que el emir de Catar, país que acumulaba (y acumula) denuncias por violaciones a los derechos humanos y donde al año siguiente se organizó el Mundial en el que Argentina saliera campeona.
Por supuesto que nada de esto le quita mérito deportivo a la consagración de la “Scaloneta” ni puede menoscabar a Messi como futbolista. Pero hay casos en los que la pelota se mancha.
La inevitable y necesaria comparación
Maradona siempre se caracterizó, por más de haber alcanzado la fama y la fortuna, por haber estado en contra de las guerras, los genocidios y sobre todo del imperialismo estadounidense. Jamás renegó de su origen humide, sabiendo bien cuál era su clase. Desde los pueblos de todo nuestro continente, siempre se ha saludado y valorado su compromiso con la Revolución Cubana y la Revolución Bolivariana, Diego gambeteó una y otra vez los intentos del status quo por comprarlo, como gambeteó a los ingleses en el 86 en el mejor gol de la historia de los mundiales. Y también fue ovacionado y amado por esas gambetas que nos regaló afuera de la cancha.
El fútbol como un gran engranaje de la industria cultural tiene a figuras como Maradona y Messi como combustibles del funcionamiento de su maquinaria creadora de capital simbólico y material.
Cuando estamos hablando de Messi ya no hablamos de lo que respecta estrictamente al fútbol — universo en el que es sin dudas el mejor del siglo XXI hasta el momento—, hablamos de una marca que genera miles de millones de dólares. Algo que a su manera, también fue Maradona, quien supo ser, por ejemplo, la cara pública de Coca Cola o Mac Donalds y se codeó con el “glamour” que vendía la expansión de la globalización neoliberal durante los 80 y los 90, Pero jamás se calló la boca.
La diferencia entre uno y otro podría estar en que Diego es la síntesis de que el capital simbólico, cultural y económico que generó y seguirá generando al igual que Messi, pude usarse a favor de exponer las miserias de la sociedad, e incluso las personales. Se equivocó y pagó. Acertó y erró. Pero la gran parte de las sociedades del mundo lo siguen recordando no solo por su habilidad en la cancha, sino por alzar la voz contra los poderosos; llámense FIFA, la derecha local o el imperialismo en todas sus facetas. No es una hipótesis contrafáctica decir, por ejemplo, que la voz del Diego hoy se alzaría en defensa de la causa palestina, se solidarizaría con Cuba, exigiría la libertad de Maduro y denunciaría los atropellos contra el pueblo del gobierno de Milei.
En 2018, Maradona gestionó un permiso para ingresar a Estados Unidos con el propósito de participar en el proceso judicial en Miami contra su expareja, Claudia Villafañe. Durante una entrevista con TeleSur, se le consultó su opinión respecto de Donald Trump, quien en ese momento ejercía su primer mandato como presidente.
En su respuesta sobre el jefe de Estado, Diego lo trató de "Chirolita" —nombre del famoso muñeco ventrílocuo creado por el humorista argentino Ricardo Gamero, conocido artísticamente como Chasman—. Dejando claro así que el arrogante Trump estaba manejado por el núcleo de poder de un sistema que le decía qué hacer, qué decir y también qué callar. Esta declaración llegó a oídos de las autoridades migratorias yanquis, y habría influido en la decisión de rechazarle al futbolista más grande de todos los tiempos su solicitud de ingreso a EE.UU., al "país de la libertad".
Lamentablemente quien nos hizo acordar a “Chirolita” hace unos días fue, en cambio, otro gran futbolista argentino riéndose al lado de Trump, mientras los niños en Irán quemaban camisetas de nuestra selección con su nombre en calles devastadas por las bombas.