El ensayista, novelista e investigador en temas históricos Horacio López, reflexiona acerca del actual escenario que se abre en nuestra región a raíz de la profundización de la injerencia estadounidense. Maniobras, fraudes y un panorama incierto de cara a las elecciones presidenciales de 2027 en Argentina.
Finalmente, en las dos últimas elecciones presidenciales en Sudamérica realizadas en Colombia y Perú ganaron los candidatos de la derecha liberal, claramente identificados con el gobierno de EE.UU. Ambas elecciones fueron muy parejas, rondando el empate técnico, con sospechas y denuncias de fraude, como las que hizo el presidente de Colombia, Gustavo Petro. Se evidenció que esas sociedades están prácticamente divididas en dos mitades, fenómeno que puede llegar a pasar en la Argentina en 2027 si la derecha va electoralmente unida.
Perú y Colombia pasarán a integrar el grupo de países a los que Donald Trump incorporara como aliados selectos que responden a la Doctrina de Seguridad Nacional y a la estrategia de la denominada Doctrina “Donroe”, rebautizada así por el diario New York Post, en referencia al nombre del presidente estadounidense y a la doctrina Monroe de 1823, que santificaba que el continente americano sería dominado sólo por los yanquis.
En marzo último, en plena escalada bélica en el mundo, Trump
reunió en la llamada Cumbre “Escudo de las Américas” a doce presidentes del continente que responden a su ideología; bajo la premisa de armar una "alianza" regional de Gobiernos de derecha, para "combatir" el narcoterrorismo, el crimen organizado transnacional, la migración y reducir la influencia comercial de China en la región, mediante el intercambio de inteligencia y directamente con las Fuerzas Armadas de cada nación o de EE.UU. si fuese necesario. Los presidentes convocados fueron: de Argentina, Javier Milei; Bolivia, Rodrigo Paz; Costa Rica, Rodrigo Chaves (con mandato cumplido y actual Ministro de la Presidencia de la también derechista Laura Fernández); Ecuador, Daniel Noboa; El Salvador, Nayib Bukele; Guyana, Mohamed Irfaan Ali; Honduras, Nasry Asfura; Panamá, José Raúl Mulino; Paraguay, Santiago Peña; República Dominicana, Luis Abinader; Chile, José Antonio Kast, y la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar. Ahora se incorporarán a ellos por Colombia y Perú, Abelardo de la Espriella y Keiko Fujimori.
De manera que estos catorce presidentes pasan a ser los serviles virreyes del imperialismo yanqui en el continente. Fuera de este grupo de virreyes están Cuba y Venezuela, sobreviviendo a los bloqueos y sanciones, y a una invasión en el caso del país sudamericano, secuestro mediante del presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores, y bajo amenaza de ser realizada en el caso cubano. Así como Guatemala, Nicaragua, Brasil, México y Uruguay, con diversas posiciones de izquierda o progresistas, acosados también con sanciones de distinto tipo, como los aranceles comerciales, entre otras medidas. Poco a poco el imperialismo yanqui va reclutando a los presidentes serviles, desmantelando instituciones como la CELAC, UNASUR y reforzando una desprestigiada OEA como Ministerio de Colonias.
Los perfiles de los nuevos socios del imperialismo
La hija del fallecido ex dictador Alberto Fujimori, quien gobernara el país entre 1990 y 2000, y que fuera condenado por crímenes de lesa humanidad, Keiko Fujimori, declaró que la alianza llamada “Escudo de las Américas” es “un aliento y una esperanza para América Latina”. La electa presidenta ha expresado en una entrevista que “su principal rol será que EE.UU. vuelva participar más activamente en la economía peruana”, lo que suena a dulce melodía en los oídos de Trump.
También, en consonancia con su nuevo patrón prometió expulsar a los inmigrantes en situación irregular. Lo que le espera al Perú es más represión a los sectores populares, principalmente al sufrido campesinado, más ajustes, más entrega, menos democracia. Esta nueva situación en el Perú actualiza la vieja aspiración estadounidense de intervenir en el diseño y construcción de la Base Naval del Callao, como para contrarrestar el mega puerto de Chancay que se desarrolla con inversión china. La infraestructura de dicho puerto utiliza tecnología 5G y tiene aparatos de punta para la gestión de puertos, lo que convierte a Chancay en la instalación de su tipo más moderna de América Latina. El objetivo final de EE.UU. en este plano es que el nuevo gobierno expulse a las empresas chinas, como lo están haciendo en Panamá.
En el caso de Colombia, el candidato ultraderechista Abelardo De la Espriella, que ganó las presidenciales, agradeció al mandatario estadounidense por su "inquebrantable apoyo" de cara al balotaje. "En usted, veo a un líder de verdadera fuerza y convicción", escribió en inglés en X. "Usted ha allanado el camino para que el pueblo derrote a los poderes enquistados que han ostentado el control durante tanto tiempo. En Colombia, ahora hemos comenzado a seguir ese mismo camino", añadió.
El docente universitario español Nelson Ortiz Osorio escribe en Resumen Latinoamericano que la futura presidencia de De La Espriella “presagia la implementación de una agenda de marcado corte extremista. Su autoproclamación como enemigo radical de la izquierda, a la que promete «destripar» durante su gobierno, y su anuncio de gobernar por decreto responden a la lógica de una derecha neoliberal salvaje, de corte pro israelí y pro imperialista, refractaria al reconocimiento de derechos ajenos a la concepción filosófica de la ética política y jurídica”.
Las hábiles maniobras de la Derecha
Los resultados electorales favorables a la derecha y la ultraderecha son resultados, en primer lugar, de la frustración de un electorado que se sintió engañado por promesas de cambios que no se cumplieron por parte de los tibios gobiernos progresistas anteriores. Ante el agravamiento de las condiciones de vida en general, la derecha supo interpretar el descontento, acusando a esos gobiernos de corruptos, apoyándose en un sistema judicial y en una maquinaria periodística afines, que tomando lamentablemente casos reales de corrupción, como suele suceder en gobiernos burgueses, los magnificaron al nivel de acusar a los líderes populares, como en el caso de Cristina Kirchner, de ser los responsables políticos y destinatarios principales de los dineros mal habidos. La doble vara es evidente cuando vemos, por ejemplo, que los casos de corrupción enormes en el gobierno de Javier Milei gozan de la duda sobre el principio de la presunción de inocencia hasta que la justicia dictamine lo contrario.
El mejor negocio para la derecha fue y es proponer mano dura para disminuir drásticamente los casos de inseguridad (el caso más notorio de esto es el del gobierno de Nayib Bukele en El Salvador), avasallando los derechos individuales, encarcelando a diestra y siniestra en sus megacárceles, sin juicios previos, ignorando que la forma de combatir la inseguridad en general es con más educación y más trabajo. El mismo método represivo se contempla en los programas de las fuerzas triunfantes en Perú y Colombia.
El viejo truco del fraude
Hay otras formas con que la derecha reaccionaria logra manipular resultados electorales. La construcción mediática de candidatos y la manipulación con Inteligencia Artificial de los comicios han puesto en tela de juicio la legitimidad de los resultados electorales. Este fenómeno ya es mundial; ejemplos sobran, como los de las últimas elecciones municipales en Francia en donde los principales medios de comunicación denunciaron a la empresa israelí Black Core, quien hizo campaña de desinformación contra los candidatos del partido Francia Insumisa en París. Otra empresa israelita, según el diario francés Le Monde, desplegó sus operaciones ilegales contra el candidato a la Alcaldía de Nueva York, Zohran Mamdani, quien pese a estas maniobras resultó electo. Todo ello es indicativo de la existencia de campañas digitales para tales fines.
En América Latina también están instaladas las empresas de mega datos del imperialismo, que actúan para direccionar el voto ciudadano. La derecha manipula eficazmente plataformas como Instagram, Tik Tok, You Tube, X para inundar internet con campañas electorales sucias.
Esta metodología, junto con el fraude directo, les quitan legitimidad a los procesos electorales, como sucedió en los casos comentados de Perú y Colombia. En el primero de ellos, el candidato de la izquierda y el progresismo, Roberto Sánchez, impugnó las elecciones declarando que la votación celebrada en el extranjero estuvo marcada por fallos administrativos y problemas en custodia de las papeletas. Sánchez sostiene que unos aproximadamente 300.000 votos registrados en el extranjero que favorecieron abrumadoramente a Fujimori fueron decisivos para cambiar el resultado del escrutinio.
En el caso colombiano, el candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, anunció que impugnó 33.000 mesas de votación y denunció que Israel estaría detrás de un supuesto “hackeo” del software electoral cambiando los resultados a favor del candidato de la derecha. La misma denuncia realizó Petro, el presidente saliente. Esto último es lo más común que aparece en elecciones en las que el control del escrutinio electrónico es direccionado por empresas multinacionales que, en el fondo, son manejadas por intereses imperiales.
Las elecciones del 2027 en Argentina
No existen hoy en la Argentina las condiciones subjetivas para una insurrección popular, nacional, como la que estalló recientemente en Bolivia exigiendo la renuncia de Paz, como para pensar en lograr cambiar el gobierno y el poder. De manera que si no ocurre un hecho de esa naturaleza que pueda alcanzar el objetivo planteado, habrá que crear las condiciones para derrotar a la derecha de Milei y Macri en las elecciones del próximo año. Tarea que, de antemano, sabemos será difícil, teniendo en cuenta que los factores de poder ligados al imperialismo van a usar todas sus armas para evitar un triunfo popular, tal como lo hicieron con la ayuda de Trump en las últimas elecciones legislativas nacionales.
Si bien las diversas encuestas muestran una caída sistemática de Milei y la Libertad Avanza, producto del desastre que están dejando en todos los sectores del país, nada indica que esté asegurado el camino a una derrota electoral para la derecha el año que viene. Más aún si sus sectores predominantes, representados por LLA y el PRO, terminan unidos para enfrentar esa contienda, como es de suponer que pueda ocurrir. Por otro lado, los hermanos Milei están trabajando con sus fuerzas en el Congreso y con los gobernadores afines, para lograr eliminar las PASO y evitar que se puedan formar grandes alianzas en su contra.
Para que el campo popular logre recuperar el gobierno deben darse varios factores: en primer lugar debe lograrse una alianza traducida en una unidad férrea detrás de un único candidato presidencial, evitando la dispersión del voto detrás de diferentes propuestas. En segundo lugar, dicha alianza deberá proponer un programa profundo, sin medias tintas, que contemple el tratamiento de la deuda externa, con una fórmula que no sea cumplir a rajatabla los acuerdos de pago impuestos por el FMI, porque si no no se podrá gobernar. Junto a la decisión de “no honrar las estafas”, debe proponerse revertir todos los negociados existentes detrás de las privatizaciones, de las concesiones de recursos naturales, anular leyes que se aprobaron en función de esas entregas en bloque de la soberanía nacional y otras que otorgan prebendas a los integrantes del llamado Círculo Rojo.
Ningún gobierno que surja tendrá un mínimo de éxito si no va a fondo con las medidas anunciadas y otras que apunten a la independencia real. Además, siendo conscientes de la situación de tierra arrasada que padecemos, para volver a recrear paso a paso el Estado existente antes de Macri y Milei y avanzar más aún en un Estado de Bienestar, con justicia social, con salarios y jubilaciones dignas, con una industria que apuntale la soberanía perdida, no servirán medidas vacilantes, acuerdos para quedar bien con la oposición o con poderes externos. La situación exige que confrontemos con los factores de poder que responden a intereses imperialistas y, sobre todo, evitar que esos factores de poder se inmiscuyan de las formas en que lo hicieron en Colombia y Perú.