En el marco del ciclo “Enfrentando al imperialismo en Nuestra América”, dirigentes e intelectuales del Partido Comunista analizaron la escalada de Estados Unidos en la región y llamaron a fortalecer la solidaridad con Cuba y Venezuela frente a un nuevo intento de recolonización. Con eje en la crisis del capitalismo y el avance de un mundo multipolar, la conferencia realizada en el CEFMA denunció la ofensiva imperialista en América Latina y reivindicó la resistencia de los pueblos cubano y venezolano.
“¡Fuera yanquis de América Latina! No vamos a aceptar un nuevo Plan Cóndor, ni por las armas ni por otros medios, y vamos a profundizar la solidaridad con Cuba y Venezuela frente a la ofensiva imperialista”, sostuvo el secretario general del Partido Comunista de la Argentina, Jorge Kreyness, sintetizando la posición política que atravesó la segunda charla del ciclo “Enfrentando al imperialismo en Nuestra América”, realizada el viernes 13 en el CEFMA, con la participación de Paula Klachko, coordinadora de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad–Capítulo Argentino, y del propio Kreyness, bajo la coordinación de Marcelo Rodríguez, secretario de Relaciones Internacionales del PC. La actividad se desarrolló en un contexto marcado por la denuncia de una “escalada guerrerista de consecuencias impredecibles” impulsada por Estados Unidos como respuesta a su crisis estructural, y por la necesidad de fortalecer la solidaridad con la Revolución Cubana y la Revolución Bolivariana como parte de una estrategia más amplia de defensa de la soberanía latinoamericana frente a una ofensiva que, como se advirtió en la convocatoria, busca reinstalar mecanismos de dominación regional análogos a los del Plan Cóndor.
En su intervención, Klachko situó el análisis en una perspectiva histórica y geopolítica amplia, señalando que “tenemos el caso de Cuba, que hace más de seis décadas resiste un imperialismo que no ha podido derrotarla, y el de Venezuela, que lleva ya 27 años persistiendo en un camino de autodeterminación”, y advirtió que estos procesos deben comprenderse en el marco de “la brutalidad de un imperialismo en decadencia, en el marco de una transición geopolítica hacia la multipolaridad”. A partir de allí, propuso concentrarse en los “puntos calientes” de la región y caracterizó al actual momento como el de un “imperialismo con rasgos fascistas: expansionista, recolonizador, cargado de valores retrógrados”, en una América Latina que sigue siendo “un territorio en disputa”, aun cuando existen gobiernos que, con límites y contradicciones, buscan mayores niveles de soberanía. En relación con Cuba, destacó que el presidente Miguel Díaz-Canel “anunció públicamente que existen negociaciones con Estados Unidos, siempre desde una posición soberana”, mientras que en el caso venezolano describió una situación de extrema gravedad, marcada por un bombardeo reciente precedido por “cuatro meses de un despliegue militar inédito de Estados Unidos en la región del Caribe”, que incluyó espionaje, ciberpatrullaje y operaciones preparatorias como la reproducción del complejo de Fuerte Tiuna, donde residía Nicolás Maduro.
Klachko subrayó que ese ataque implicó también “un ciberataque que dejó incomunicado al alto mando” y enfrentamientos armados con numerosas víctimas, en un contexto en el que “durante varias horas se creyó que Maduro había muerto”, lo que da cuenta del nivel de la ofensiva. Sin embargo, remarcó que la decisión del gobierno venezolano de no escalar militarmente respondió a la necesidad de evitar una masacre mayor frente a la superioridad bélica estadounidense, lo que revela que “Estados Unidos puede bombardear, pero una invasión terrestre implicaría costos mucho más altos por la resistencia que encontraría en el pueblo venezolano y también en el cubano”. En ese marco, señaló que el objetivo estratégico del imperialismo —el “cambio de régimen”— no pudo concretarse, aunque sí se buscó reabrir el acceso al petróleo venezolano, en un país que posee las mayores reservas del mundo, pero cuya producción fue severamente afectada por las sanciones, especialmente desde el decreto de Barack Obama en 2015. “Hoy se observa una situación compleja: por un lado, Estados Unidos necesita el petróleo venezolano; por otro, el gobierno venezolano necesita reactivar su economía”, explicó, planteando que esta convergencia se da en condiciones profundamente desiguales y bajo un asedio permanente, lo que obliga a rechazar lecturas simplistas: “no se puede hablar livianamente de traición o de entrega; se trata de un gobierno que busca una salida en condiciones de asedio, intentando ganar tiempo para reconstruir su economía y fortalecer la organización popular”.
Por su parte, Kreyness profundizó el análisis situando la ofensiva imperialista en una crisis global del capitalismo y en el surgimiento de nuevos polos de poder, señalando que la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos apunta a “un intento de dominio total de América Latina y el Caribe”, aunque en los hechos se expresa en una ofensiva simultánea que incluye “el ataque a Venezuela, el recrudecimiento del bloqueo a Cuba y acciones en otros escenarios como Irán”. En ese sentido, sintetizó con claridad el momento actual: “si hubiera que decirlo en una frase, a Estados Unidos no le está yendo bien a nivel global”, lo que se vincula con una crisis que no es solo económica y financiera sino también tecnológica, en la que, pese a mantener una enorme superioridad militar, el imperialismo enfrenta crecientes dificultades para sostener su hegemonía. Retomando el eje energético, destacó que tanto Venezuela como Irán ocupan un lugar central por su producción petrolera y que, frente a esa situación, “algunos gobiernos —como el venezolano— parecen haber tomado la decisión de disputar en el terreno político y diplomático, donde se pueden lograr avances, y no en el terreno militar, donde Estados Unidos tiene todas las ventajas”.
En la continuidad de su intervención, Kreyness desarrolló con mayor detalle la dimensión estructural de la crisis estadounidense, señalando que el país proyecta un gasto militar que podría alcanzar “un billón de dólares de gasto público”, financiado por los contribuyentes y acompañado por un deterioro del nivel de vida que se expresa en políticas de persecución a los migrantes “con componentes racistas y xenófobos”, producto de las dificultades del capitalismo para generar empleo. En ese contexto, insistió en que “a Estados Unidos no le está yendo bien a nivel global y tampoco en el conflicto con la República Islámica de Irán”, donde se despliega una estrategia que combina intervención militar y disputa por recursos estratégicos como el petróleo, al tiempo que se profundiza una crisis energética global que impacta en las finanzas, en la guerra de divisas y en el aumento del dólar, con consecuencias directas para países como la Argentina. Al analizar el papel de potencias como China y Rusia, sostuvo que se está ante “un ataque al conjunto del Sur Global”, vinculado también a los BRICS y a los intentos de construir alternativas al orden dominante, mientras que en el propio campo occidental emergen tensiones y divisiones que debilitan la capacidad de acción estadounidense.
Kreyness enfatizó además la contradicción central del imperialismo contemporáneo: “el único recurso que tienen para sostener su lugar global es el poder militar”, pero ese mismo poder “destruye su economía”, ya que el gasto militar no produce riqueza, sino que la destruye, generando déficits estructurales que agravan la crisis interna. Esta dinámica se combina con condicionantes políticos internos, como las elecciones de medio término en Estados Unidos, que inciden en la política exterior, y con una pérdida creciente de influencia en distintas regiones del mundo. En ese marco, advirtió que América Latina seguirá siendo un territorio estratégico en disputa y que los países de la región enfrentan el desafío de construir alternativas soberanas frente a gobiernos alineados con el capital financiero internacional. “Este contexto abre condiciones para pensar la construcción de una alternativa política soberana y popular”, sostuvo, recuperando la experiencia histórica de luchas antiimperialistas y la necesidad de “recuperar los conceptos de patria, de pueblo y de clase”, diferenciando el nacionalismo oligárquico de las potencias del nacionalismo popular de los pueblos que defienden su soberanía.
El cierre de la actividad retomó estos ejes, subrayando que la ofensiva imperialista no se limita a fenómenos nacionales, sino que responde a un programa de dominación continental, y que la respuesta exige organización, unidad y claridad política para enfrentar una etapa en la que América Latina y el Caribe serán nuevamente un escenario central de disputa. En ese sentido, la conferencia reafirmó la necesidad de profundizar la solidaridad con Cuba y Venezuela como parte de una estrategia más amplia de lucha por la soberanía regional, en un contexto en el que, lejos de estabilizarse, la crisis del capitalismo y la pérdida de hegemonía estadounidense abren nuevas contradicciones y escenarios de confrontación.