Miramar fue el escenario de una movilización convocada en el vigesimoquinto aniversario del asesinato de Natalia Melmann. Ahí se demandó que el Poder Judicial investigue “la pista del quinto perfil genético”. Mientras tanto, para el ministro Cuneo Libarona, el femicidio no existe.
Hace pocos días se cumplieron veinticinco años del crimen de Natalia Melmann y, nuevamente, Miramar fue el escenario de una movilización en la que, con la presencia del Partido Comunista de General Alvarado, se volvió a demandar justicia para esta joven que apenas tenía quince años de edad aquel fatídico 4 de febrero de 2001 cuando fue privada de su libertad por desaparición forzada y secuestrada por efectivos de la Policía Bonaerense que la sometieron a múltiples torturas y abuso sexual con acceso carnal agravado antes de ahorcarla con un cordón de su propia zapatilla.
Sus asesinos descartaron el cadáver de Natalia en el Vivero Dunicola, donde fue encontrado tras cuatro días de búsqueda. El sitio escogido para ocultar el cuerpo no fue azaroso. Los autores del crimen pretendían que en las condiciones que tiene esa zona, avanzara el estado de putrefacción de los restos de Natalia y la descomposición contaminara la prueba científica de sus perfiles genéticos, que fue la que finalmente permitió que se reconstruyera lo que pasó esa noche.
De esta manera pudo establecerse que Gustavo Daniel Fernández, quien tenía vínculos con la policía de Miramar, abordó a Natalia obligándola a subir al baúl de un auto en el que fue llevada por el sargento primero Óscar Echenique y los cabos Ricardo Alfredo Suárez y Ricardo Anselmini a una vivienda de las afueras de la ciudad, donde perpetraron el brutal crimen.
Todos ellos fueron condenados a prisión perpetua. Pero de las pericias también se desprende que hubo una quinta persona involucrada en el asesinato y es esta pista, la del quinto perfil genético, la que nunca se profundizó debidamente. “Nosotros, su familia y gran parte de la sociedad nos vimos y nos vemos en la obligación de intentar hacer justicia”, puntualizó el PC de General Alvarado, tras lo que fue claro al exigir que “por Memoria, Verdad y Justicia resulta preciso buscar al quinto ADN responsable”.
El de Natalia es un femicidio que, al menos en parte, aún continúa impune por lo que el reclamo manifestado durante la marcha que se hizo en Miramar resulta pertinente y todavía más en momentos en los que desde el gobierno nacional, el propio ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, asevera que la figura del femicidio es “inconstitucional porque es sólo para la mujer”(sic), al tiempo que anticipa que trabaja en una reforma legal para acabar con esta figura que fue incorporada al Código Penal en 2012 mediante la Ley 26.791, que es la que agrava las penas en casos de homicidios cometidos contra mujeres por razones de género.
Cabe citar que a partir de su sanción, la norma busca visibilizar la violencia extrema que se ejerce contra mujeres, por lo cual refuerza las herramientas que el Poder Judicial posee para responder a este tipo de crímenes que, de acuerdo a datos oficiales, presenta en promedio más de doscientas víctimas por año en el país. Al respecto, la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de la Nación, señala que esta tipificación permitió que se pueda dimensionar la magnitud del problema y diferenciarlo de otros tipos de homicidios.
Aunque Cúneo Libarona intente relativizar esta problemática, los terribles datos que entrega la realidad ponen las cosas en su lugar. La semana pasada el Observatorio Ahora Que Sí Nos Ven publicó las cifras de femicidios registrados en Argentina durante el primer mes del año y lo que se señala es alarmante: en enero hubo veiticinco femicidios, travesticidios, transfemicidios e instigaciones al suicidio, lo que quiere decir que se registró un femicidio cada veintinueve horas.