La estrella del Barcelona Lamine Yamal agitó una bandera de Palestina durante los festejos del título “culé”. El gran gesto político del joven de 18 años desafía la línea de la FIFA, mientras otras grandes figuras del fútbol optan por posar de “neutrales” frente al genocidio en Gaza.
Durante el desfile del título de La Liga del FC Barcelona por la ciudad catalana, el delantero Lamine Yamal tomó una bandera palestina desde la multitud y la agitó durante varios minutos arriba del autobús descapotable que llevaba al plantel campeón. Para dejar en claro su postura, luego compartió las imágenes en sus redes sociales. Bastó ese gesto para activar editoriales indignadas, debates televisivos y advertencias institucionales sobre “la inconveniencia de mezclar deporte y política”.
Yamal es la máxima figura del Barcelona y de la de la Selección de España y, pese a su corta edad, uno de los mejores jugadores del mundo de la actualidad. A diferencia de muchos astros con una trayectoria de muchos más años, él sí decidió servirse de su trascendencia pública para romper el bloqueo narrativo que gran parte de los gobiernos occidentales y los grandes medios intentan imponer sobre Gaza.
El primero en marcar distancia sobre su vaĺiente posición fue Hansi Flick, eentrenador alemán del Barcelona, quien dijo que “no le gustan” los gestos políticos, aunque aclaró que Yamal “tiene 18 años y es su decisión”. El conservador mundo del fútbol acepta ciertas posiciones políticas como parte natural del espectáculo. Pero condena otras, especialmente cuando incomodan a las potencias de Occidente y sus peincipales aliados, como en el caso de Israel.
La bandera de Palestina de Yamal es algo que mucho sectores de la derecha mundial intentan disfrazar como parte de una “moda”. O catalogan a la causa palestina como un punto de la agenda- conceptualmente vacía de contenido- “woke”, refractaria a cualquier posición política desde la que se defiendan los derechos humanos y la dignidad de las peronas. En marzo de este año, el joven futbolista barcelonés, hijo de madre guineana y padre marroquí, ya había condenado cánticos islamófobos durante un partido internacional.
La reacción contra Yamal contrasta con décadas de silencio institucional ante acciones explícitas de respaldo a Israel. En 2013, Lionel Messi y todo el plantel del Barcelona viajaron al Estado sionista para participar de actividades promocionales organizadas por el gobierno israelí y la Federación de fútbol local. Hubo encuentros con autoridades, clínicas deportivas y actos oficiales en Jerusalén y Tel Aviv. Ninguna cadena deportiva habló entonces de “politización”. Ni la FIFA, ni La Liga, ni la UEFA emitieron comunicados preocupados por el sagrado respeto a “la neutralidad del deporte”. Si bien aquello fue en un contexto en el que la escalada militar contra Palestina no era tan grande como lo es ahora; en el debate público actual en base a la acción de Yamal, el exterminio en curso en Gaza es soslayado por completo.
La diferencia es Palestina
Figuras como Lionel Messi evitan pronunciarse sobre Gaza mientras mantiene vínculos públicos con Donald Trump dentro del espectáculo deportivo y empresarial que rodea al fútbol estadounidense. Algo similar ocurre con Rodrigo De Paul, cercano a espacios mediáticos y comerciales vinculados al trumpismo latino en Miami.
Ambos suelen refugiarse en la idea de que “los futbolistas no deben hablar de política”, aunque participan sin prurito alguno en campañas, eventos y negocios atravesados por intereses políticos evidentes. La excusa de la neutralidad aparece sólo cuando se trata de Palestina.
Por el lado de FIFA, el máximo organismo del fútbol mundial suspendió federaciones y sancionó selecciones por conflictos geopolíticos en otros casos. Pero evita sstemáticamente adoptar cualquier medida contra Israel, pese a las denuncias internacionales por el exterminio étnico en Gaza, que incluye el asesinato de miles de civiles, incluidos deportistas palestinos.
Los que se la jugaron por Palestina
Diego Maradona fue uno de los apoyos más contundentes de la causa palestina dentro del deporte mundial. Entre tantas de sus proezas políticas contra los poderosos y en favor de los pueblos, en 2012 declaró públicamente: “en mi corazón soy palestino”. Asimsimo, visitó campos de refugiados, se reunió con dirigentes palestinos y denunció la ocupación israelí cuando la mayoría de las estrellas prefería callar.
Frederic Kanouté también desafió el disciplinamiento. En 2009, jugando para el Sevilla, mostró una camiseta con la palabra “Palestina” durante un partido de copa española tras la ofensiva israelí sobre Gaza. Fue multado por ello por la Federación Española de Fútbol. La sanción dejó en evidencia qué mensajes considera aceptables el poder futbolístico y cuáles deben castigarse.
El campeón del mundo con Alemania en 2014, Mesut Özil, terminó convertido en una figura incómoda para patrocinadores y dirigentes, más por sus posiciones políticas que por su rendimiento deportivo. Sufrió campañas mediáticas y aislamiento institucional por denunciar la persecución contra musulmanes y expresar solidaridad con Palestina
En tanto que Eric Cantona, famoso por su patada voladora a un hooligan fascista en en un partido de la liga inglesa, apoyó públicamente el boicot deportivo a Israel y cuestionó a las federaciones europeas por mirar hacia otro lado frente a la ocupación. El francés denunció que el negocio futbolístico actúa con una moral completamente selectiva según los intereses económicos involucrados.
Mohamed Salah, el astro egipcio del Liverpool, aunque mucho más moderado, también quedó bajo presión cada vez que expresó solidaridad humanitaria con Gaza. Sus mensajes evitando incluso referencias políticas directas fueron suficientes para recibir ataques mediáticos y pedidos de sanción en redes europeas.
El caso Yamal vuelve a exponer esa hipocresía estructural. Un futbolista levantando una bandera palestina durante una celebración provoca más incomodidad en las instituciones deportivas occidentales que años de bombardeos sobre civiles, niños, mujeres, estadios destruidos y atletas asesinados. Cuando las estrellas participan de giras en Israel, campañas militares de Estados Unidos o eventos vinculados a gobiernos occidentales, ahí el fútbol se rasga las vestiduras hablando de integración, paz y convivencia. Cuando aparece una bandera palestina, llegan las mal impostadas advertencias sobre neutralidad.
Millones de chicos y chicas que siguen a Yamal no vieron únicamente una celebración futbolera en su gesto; vieron a un ídolo asociando su imagen al reclamo palestino en medio de uno de los episodios más atroces del siglo XXI. Por eso incomoda tanto. Porque Palestina apareció en el centro del espectáculo global que normalmente intenta invisibilizarla.