El acuerdo comercial con los Estados Unidos, la desactivación de proyectos de inversión china, el freno a las represas del sur, el cuestionamiento de las estaciones de observación espacial y la presión de Washington para dar de baja el swap con el Banco Popular de China dibujan una sola línea de conducta: el gobierno de Javier Milei ofrece a nuestro país como pieza subordinada de Estados Unidos en el hemisferio mientras paga esa subordinación con destrucción de la industria, del empleo y entrega de la soberanía. En este contexto, desde el Partido Comunista de la Argentina se profundiza el vínculo con el PCCh, como queda de manifiesto en el último viaje realizado a la República Popular por Christian Poli y Esteban Luchetta.
La política exterior del gobierno de Javier Milei se basa en la subordinación y la obediencia a los dictados de Estados Unidos. El alineamiento automático con Washington y con el trumpismo se viene traduciendo desde el inicio del mandato presidencial en decisiones que erosionan la soberanía del país y la capacidad productiva de la economía. Ya desde 2024 el gobierno profundiza la desactivación de los proyectos de inversión china que los gobernadores esperaban, y en la misma dirección frenó las represas del sur y puso en cuestión el funcionamiento de las estaciones de observación espacial instaladas en el interior del país. A la par, abrió la Patagonia a la presencia militar norteamericana, de modo que jefes del Comando Sur visitaron la base en construcción en Ushuaia y legisladores estadounidenses recorrieron esa ciudad y los yacimientos de Vaca Muerta como quien inspecciona una propiedad. Todo esto ocurre en el mismo momento en que la Estrategia de Seguridad Nacional norteamericana se propone abiertamente recuperar la preeminencia en el hemisferio occidental, reactivando sin disimulo una Doctrina Monroe que en verdad nunca había dejado de implementarse.
La contracara económica es igual de brutal y la pagan los trabajadores. El acuerdo comercial firmado con los Estados Unidos ilustra el intercambio desigual en el marco de una relación de dependencia, porque las concesiones que otorga Washington alcanzan a una porción menor de nuestras exportaciones mientras las que otorga la Argentina cubren cerca de un tercio de lo que le compramos. Todo ello sin que el acero y el aluminio dejen de estar castigados con aranceles y con el compromiso, encima, de endurecer una ley de patentes que golpea de lleno a la industria farmacéutica nacional y encarecerá los medicamentos del pueblo. A cambio de esas condiciones, la Argentina se ofrece como proveedora de carne, litio y minerales críticos para la industria tecnológica ajena. Puertas adentro, la apertura importadora indiscriminada, la caída del uso de la capacidad instalada, el cierre de fábricas textiles y metalmecánicas y la destrucción de decenas de miles de puestos de trabajo registrado muestran que aquí el comercio exterior no industrializa, sino que desindustrializa.
Lo más grave de todo es la ceguera ideológica del gobierno nacional, porque este gobierno asocia el destino del país a una potencia en declive justo en el momento en que su ocaso se vuelve evidente y, sobre todo, violento, peligroso y decadente. El dólar sufrió su peor desempeño en medio siglo, la política arancelaria con la que Trump pretendía rediseñar el comercio mundial fue volteada por su propia Corte Suprema y dejó en la incertidumbre el acuerdo que la Casa Rosada acababa de firmar. En simultáneo, la coerción imperialista sobre el llamado “patio trasero” crece en proporción directa a la pérdida de capacidad de seducción. La contradicción llega hasta el ridículo cuando el propio secretario del Tesoro norteamericano exige públicamente sacar a China de la matriz económica argentina y el gobierno mileísta debe renovar de todos modos el swap con el Banco Popular de China, porque la realidad de una economía sin reservas es más terca que el fanatismo ideológico. Se subordina al país ante una potencia en decadencia y se pretende erosionar la relación del pueblo argentino con una alternativa que enfrenta, en potencia económica y en valores humanos, al imperialismo yanqui. Por eso vale la pena mirar de cerca ese mundo que el oficialismo se niega a ver.
El vínculo del PCA con el Partido Comunista de China
Esa mirada tiene, para el Partido Comunista de la Argentina, una base de experiencia directa. Desde 2018, en el Centro de Estudios y Formación Marxista Héctor Agosti (CEFMA) funciona un Área de Estudios de China. Desde entonces tienen una periodicidad regular mesas de charla-debate sobre la experiencia socialista china y el papel central que juega el gobierno de Xi Jinping en la configuración de un mundo multipolar, que pueda garantizar la paz y el desarrollo global compartido. Asimismo, el área de China del centro de estudios del PCA ya ha publicado varios libros (que pueden consultarse en www.elcefma.com.ar ) y artículos en diversos medios alusivos al proceso revolucionario del gigante asiático y su influencia internacional.
En el intercambio regular con el PCCh, el Partido y el CEFMA han recibido en reiteradas ocasiones la visita de camaradas y académicos chinos. A su vez, la formación y el vínculo político se han ido fortaleciendo en estos años por medio de viajes de distintos cuadros a la República Popular. En septiembre, la Directora del CEFMA Alexia Massholder participará en Beijing de actividades organizadas por el Departamento de RRII del PCCh y en noviembre, Jorge Kreyness, Secretario General del PCA, y Marcelo Rodríguez, responsable de Relaciones Internacionales partidario y director del CEFMA, estarán en Beijing para participar del Foro del Socialismo Mundial y otras actividades. En el más reciente de estos viajes de estudio e intercambio político, los camaradas Christian Poli, miembro del Comité Central y Secretario Político del PC de la Provincia de Buenos Aires; y Esteban Luchetta, integrante de la Comisión de Relaciones Internacionales y del CEFMA, fueron parte de una delegación de veintidós dirigentes de partidos políticos del Cono Sur —de Brasil, Argentina, Uruguay y Chile— invitada por el Partido Comunista de China.
Sindicalistas, docentes universitarios, estudiantes y legisladores compartieron en la ocasión instancias de formación y una agenda de reuniones de alto nivel con el Departamento Internacional del Comité Central del PCCh, universidades, organismos estatales, direcciones de empresas y sindicatos de fábrica. Lo que trajeron Poli y Luchetta no es una crónica de viaje, sino constataciones que interpelan de frente al sentido común que este gobierno intenta imponer.
En Beijing participaron de un seminario sobre el pensamiento de Xi Jinping acerca del socialismo con peculiaridades chinas en la Universidad de Renmin (Universidad del Pueblo, creada por el Partido Comunista antes de la fundación de la RPCh) , y de otro, en la Escuela del Comité Municipal del PCCh, dedicado a cómo establecer una percepción correcta de los méritos administrativos, es decir, con qué vara se mide el trabajo de un cuadro estatal. Visitaron también el Centro de Servicios de la Línea Directa 12345, por donde millones de vecinos de la capital canalizan reclamos y son respondidos, y la Dirección de América y Oceanía del Ministerio de Comercio. En una coyuntura nacional como la que atravesamos, donde el presidente proclama que el Estado es una organización criminal y que todo funcionario público es un parásito, el contraste habla solo: la potencia que más rápido creció en la historia moderna discute cómo mejorar la administración pública, no cómo destruirla.
La delegación recorrió la Zona de Desarrollo Económico y Tecnológico de Yizhuang, donde ya circulan vehículos autónomos de traslado de pasajeros, limpieza y patrullaje sobre redes 5G, y se trasladó por el interior de la provincia de Hunan en trenes de alta velocidad y de levitación magnética, con destinos múltiples y tarifas al alcance de la población trabajadora. Hunan, provincia natal de Mao Zedong, tiene más de setenta y tres millones de habitantes y es apenas la décima economía del país; aun así cuenta con una red ferroviaria que la Argentina no tuvo nunca y que hoy se liquida junto con la obra pública y la industria naval. Allí visitaron la fábrica de material ferroviario CRRC Zhuzhou, la productora de equipos de energía Sany, la empresa de innovación en semillas Yuan Longping, el Grupo Wasion —equipos de medición y eficiencia energética— y la planta de tratamiento de residuos Junxin, que procesa los desechos de diez millones de personas y genera con ellos la décima parte de la electricidad que esa misma población consume.
En todas esas empresas, estatales y privadas, hay células del Partido Comunista. Hay infografías de los trabajadores destacados de cada sector, hay representación partidaria en las direcciones gerenciales y, cuanto mayor es la empresa, mayor es el nivel de esa representación. Los delegados obreros con quienes se intercambió explicaron la tarea ideológica que llevan adelante en paralelo a la actividad productiva. Es un dato que merece la reflexión militante: allí la conducción política del proceso económico no se delega en el mercado; se organiza y se disputa todos los días en el lugar de trabajo.
El recorrido incluyó el Museo de la Historia del PCCh —desde el congreso fundacional de doce delegados a bordo de una barca hasta la actualidad— y la casa natal de Mao en la aldea campesina de Shaoshan, rodeada de arrozales y visitada a diario por multitudes que van a homenajear a su líder histórico. Esa continuidad entre memoria revolucionaria y vida presente no es folclore: es el fundamento de legitimidad de un proceso que, según los datos oficiales chinos, sacó a más de setecientos millones de personas de la pobreza en menos de medio siglo. Ciudades limpias y seguras, sin gente desamparada en las calles, son la expresión material de una planificación exitosa y de una autoridad partidaria respetada, sin la cual sería inviable conducir un país de mil cuatrocientos millones de habitantes.
El contenido político del intercambio fue de mucha fraternidad. Del lado chino se presentó una actualización del socialismo con características chinas y la propuesta de una comunidad de destino compartido, formulada para nuestra región en el Libro Blanco sobre la política de China hacia América Latina y el Caribe. Desde nuestras representaciones se manifestó la preocupación por el incremento de la agresividad del imperialismo estadounidense sobre el continente. La dirigencia china es consciente de ese ataque y ratificó que no cejará en profundizar la relación con nuestros países, con la condición de que los intercambios resulten beneficiosos para ambas partes. Ahí está, en una sola frase, la diferencia de fondo: unos proponen negocios recíprocos, otros exigen obediencia y llaman a eso alianza estratégica.
No se trata de adscribir ciegamente a ningún modelo. Se trata de ver el mundo tal como es: una potencia en ascenso que planifica a largo plazo y un imperialismo en declive que, precisamente por eso, redobla la coerción sobre su vecindad. China está reconfigurando el escenario de la lucha de clases a escala global, y conocer ese fenómeno es condición para actuar revolucionariamente en nuestro propio campo de acción. El PCA cuenta con un Área de Estudios en el CEFMA que produce materiales y está a disposición para la formación de la militancia y vínculos políticos. Christian Poli y Esteban Luchetta agradecieron al PCCh el intercambio fraterno y afirmaron que la tarea principal sigue siendo defender la soberanía nacional, reconstruir el trabajo argentino y construir el socialismo con nuestras propias características.