La docente y militante jujeña Josefina Mamani publicó Tumbaya en la memoria. Historia de luchas y esperanzas en la Quebrada, una investigación que reconstruye la organización del Partido Comunista en el pueblo y la represión desatada en 1976. El libro recupera la historia de los siete jóvenes desaparecidos y reafirma, frente al negacionismo, su identidad política y su compromiso con las luchas populares.
En el marco del cincuenta aniversario del golpe militar, la publicación de Tumbaya en la memoria. Historia de luchas y esperanzas en la Quebrada, de Josefina Mamani, constituye un aporte fundamental a la reconstrucción de una de las historias más silenciadas del terrorismo de Estado en Jujuy: la persecución y desaparición de militantes del Partido Comunista en la localidad de Tumbaya. El libro no sólo recupera nombres, trayectorias y contextos, sino que devuelve a nuestro presente de lucha contra el neofascismo la dimensión política de los y las comunistas jujeños, reafirmando una identidad que el aparato represivo intentó borrar y que en la actualidad se busca soslayar.
Josefina Mamani es docente rural, maestra de Música —piano y violín—, e integró el grupo de danza teatro “Almas Rojas”, nombre con el que se conoció la causa por el secuestro y desparición de 17 militantes comunistas jujeños.
Desde ese espacio ha desarrollado una sostenida militancia artística junto a organismos de derechos humanos. Es hija de Juan Mamani, quien durante la última dictadura fue secretario de la Federación Juvenil Comunista en Jujuy.
Su propio recorrido vital explica en parte el impulso de esta investigación: “Nací en una familia del Partido; mi padre, mi madre, mis tíos, mis hermanas mayores militaron en el Partido Comunista. En 1976 mi papá era secretario de la Federación Juvenil Comunista y trabajaba mucho con Vicente Cosentini”. Sin embargo, la historia de Tumbaya permanecía fragmentaria incluso dentro de ese universo militante. “Durante mi adolescencia había escuchado algunos nombres, pero en mi familia muchas cosas no se hablaban abiertamente”, recuerda.
Tumbaya es un pequeño pueblo de la Quebrada de Humahuaca, ubicado después de Volcán, en el inicio mismo del camino hacia la quebrada. En 1976 contaba con una población reducida —entre 120 y 150 habitantes según los registros locales—, y sin embargo allí se desarrolló un proceso organizativo singular: alrededor de cincuenta jóvenes y pobladores se afiliaron al Partido Comunista a partir del trabajo de los hermanos Galeán, vecinos del lugar, junto con Vicente Cosentini, también desaparecido, por entonces secretario general del Partido en San Salvador de Jujuy y miembro del Comité Central del PCA. La casa familiar de los Galeán funcionó como local partidario. Allí se leía la prensa comunista, se realizaban reuniones, se discutían documentos y se firmaban afiliaciones. “Había un trabajo de formación y de análisis —explica Josefina—. Cosentini era economista, estudiaba la clase trabajadora en Ledesma, en Mina El Aguilar. Todo eso se ve abruptamente interrumpido con la llegada del golpe”.
La organización política en un pueblo tan pequeño fue rápidamente estigmatizada por los sectores oligárquicos provinciales. Ya antes del 24 de marzo circulaban rumores alimentados por un interventor local que hablaba de una supuesta “bandera roja” izada en el pueblo. En la jerga militar, Tumbaya pasó a ser conocida como el “Tucumán chiquito”, expresión que revelaba el carácter ejemplificador que pretendían darle a la represión en la zona. Entre el 2 y el 20 de octubre de 1976 se desplegó una razzia que terminó con más de veinte personas detenidas bajo el pretexto de “averiguación de antecedentes”. Siete jóvenes militantes comunistas fueron desaparecidos: Paulino y Crescente Galeán, Rosalino Ríos, Elías Juan Toconás, Rosa Santos Mamaní, Ismael Vivas y Ricardo Ovando. Otros compañeros permanecieron detenidos durante casi un año en el penal de Villa Gorriti, tras haber pasado por la comisaría de Volcán, centros clandestinos y dependencias policiales. Para la densidad demográfica del pueblo, el golpe fue devastador.
La causa judicial por estos crímenes —”Galean Paulino y otros”, también onocida como “Almas Rojas” o “Nuna Puka”, en quechua— fue el cuarto juicio por delitos de lesa humanidad en la provincia e investigó secuestros, tormentos, privaciones ilegítimas de la libertad y desapariciones forzadas cometidas contra 17 militantes del Partido Comunista de Tumbaya y San Salvador de Jujuy. Ocho de ellos continúan desaparecidos. Los testimonios recogidos en el proceso permitieron reconstruir el circuito represivo que incluyó la Comisaría 12 de Volcán, el Comando Radioeléctrico y el penal de Gorriti. En diciembre de 1976, cinco detenidos fueron retirados del penal y trasladados en un vehículo que nunca regresó; desde entonces nada se sabe de ellos.
El libro de Josefina Mamani dialoga con esa trama judicial pero va más allá del expediente. La investigación comenzó como un intento de registro personal: “Mi primera intención era simplemente dejar un archivo escrito, una memoria que sirviera como registro”. El punto de inflexión fueron los juicios y el contacto con los familiares, especialmente con Federico Galeán. “En ese primer encuentro me abrió —como digo en el libro— las puertas de su memoria y de la memoria del pueblo”. A partir de allí, durante tres años viajó todos los sábados a Tumbaya, entrevistó sobrevivientes como Pablo Lacsi, reconstruyó itinerarios del terror y también las redes de solidaridad que permitieron resistir.
Hay en Tumbaya en la memoria un elemento que resulta especialmente significativo: “en Tumbaya hay una revalorización de la identidad política e ideológica del comunismo argentino. No hubo miedo de decir dónde militaban”, subraya la autora. En tiempos donde se intenta diluir el compromiso político de las víctimas del terrorismo de Estado y en el que resulta necesario contar con la experiencia histórica de los y las comunistas contra el fascismo y el imperialismo, este reconocimiento cobra una potencia particular.
Pero la historia de Tumbaya no comienza en 1976. El libro inscribe la militancia comunista en una larga tradición de luchas por la tierra. El pueblo formó parte de la antigua hacienda Tumbaya Grande y luego pasó a manos de terratenientes ligados a la oligarquía jujeña. Las disputas por la recuperación de tierras comunales y por el reconocimiento de la identidad de los pueblos originarios constituyen el trasfondo estructural de la organización política que la dictadura cívico-militar intentó aplastar. “Es un pueblo que fue estigmatizado por pelear por su territorio, por un territorio que originariamente nos pertenece”, afirma Josefina.
La autora reconoce también que su propio recorrido militante fue, en gran medida, desde el arte. “Nuestra militancia fue básicamente desde el campo artístico”, señala, y recuerda el trabajo junto a organismos de derechos humanos y los seminarios de formación que realizó para profundizar en herramientas teóricas e históricas. Sin embargo, el impulso definitivo para convertir el archivo en libro provino de los familiares. “Hubo una necesidad de que esto quedara como libro y de que se transmitiera a las generaciones que vienen”, explica.
La publicación de Tumbaya en la memoria es, entonces, una noticia que en este 50 aniversario del golpe genocida interpela no sólo a la provincia de Jujuy sino a todo el movimiento popular. En un contexto de ofensiva negacionista y de intento de clausura de las políticas de memoria, verdad y justicia, la recuperación de estas historias confirma que la memoria no es un asunto del pasado sino una práctica militante del presente, con un sedimento de resistencia que es un abono inagotable. Como afirma Josefina, “en estos tiempos de desmemoria seguimos descubriendo y redescubriendo historias y voces que resistieron todo este tiempo”.
El libro es así un testimonio de la tradición de lucha del Partido Comunista, reafirmando que sus desaparecidos no fueron víctimas anónimas sino militantes conscientes, organizados, comprometidos con la transformación social desde una de las tradiciones políticas constitutivas del movimiento obrero argentino, con presencia en cada rincón del país.
