La Unidad Fiscal de Derechos Humanos de esa ciudad pidió la elevación a juicio oral de seis ex militares acusados de cometer delitos de lesa humanidad contra integrantes de la comunidad universitaria entre junio y noviembre de 1976.
“Bahía Blanca es una ciudad que sufrió bastante la represión, hay que tener en cuenta que ahí tienen una fuerte presencia las tres Fuerzas Armadas con todos sus servicios de inteligencia y encima teníamos un diario, La Nueva Provincia, bien reaccionario que servía de propagandista y difusor de todas las ideas que la dictadura quería imponer”, sostuvo el historiador Horacio López, que durante la década de 1970 estudiaba en la Universidad Nacional del Sur (UNS) y era trabajador municipal bahiense cuando fue secuestrado por las fuerzas represivas el 7 de mayo de 1976.
Esta pintura que deja López permite comprender mejor cuál fue el telón de fondo en el que se enseñoreó en esa ciudad el terrorismo de Estado que tuvo un escenario clave en La Escuelita, que durante aquellos años de plomo se convirtió en el principal Centro Clandestino de Detención y Torturas de Bahía Blanca. Precisamente, en los días que corren, ese sitio del horror vuelve a ser noticia porque la Unidad Fiscal de Derechos Humanos de Bahía solicitó la elevación a juicio oral de seis ex militares acusados de perpetrar delitos de lesa humanidad contra integrantes de la comunidad universitaria en hechos que ocurrieron entre junio y noviembre de 1976. En ellos, unos treinta docentes, estudiantes y trabajadores de la UNS fueron víctimas de ataques, secuestros y torturas.
El pedido fue presentado ante el Juzgado Federal 1 de Bahía Blanca por el fiscal general Miguel Ángel Palazzani, junto a los auxiliares fiscales Paula Molini y Pablo Fermento, quienes comunicaron que los delitos imputados formaron parte de un plan sistemático de persecución política que se desenvolvió dentro del ámbito universitario, por lo cual solicitan que se juzgue a los ex oficiales que en esos años se desempeñaban en el Comando del Quinto Cuerpo del Ejército, Osvaldo Páez, Lucio Sierra y Norberto Condal, así como a Jorge Granada, Carlos Taffarel y Víctor Aguirre, quienes actuaban dentro del Destacamento de Inteligencia 181.
“Durante esos años hubo cientos y cientos de reprimidos, encarcelados, asesinados y fusilados, hubo bombas y cada noche nos acostábamos pensando dónde y a qué hora íbamos a escuchar la primera detonación”, contó López a Nuestra Propuesta para contextualizar el clima que se vivía en esta ciudad del sur de la provincia de Buenos Aires.
“Principalmente fuimos víctimas los sectores del movimiento obrero y el campesinado”, aseguró desde su propia experiencia de lucha y señaló que en ese universo, “también los estudiantes y el Partido Comunista y la Fede fueron una de las fuerzas represaliadas”. En su descripción de lo ocurrido en aquel tiempo recordó que “caímos varios, algunos encarcelados como el caso de Juan Larrea (Ndr: por entonces militante de la Federación Juvenil Comunista de Bahía Blanca y actual dirigente del PC en San Luis), que estuvo más de tres años sosteniendo una digna actitud en la cárcel”.
López fue secuestrado junto a quien era su compañera, Estela, ambos trabajaban y militaban en el Sindicato de Obreros Municipales: “yo era secretario de Organización y mi compañera era delegada, tuvimos una huelga de más de cincuenta días y por eso nos secuestraron y trasladaron a La Escuelita, que era una vieja casona dentro del propio campo del Ejército”, contó este histórico militante comunista que actualmente es colaborador de NP.
Ahí Estela estuvo retenida dos días y a él lo tuvieron en cautiverio más de una semana. “Sufrimos vejámenes y torturas, en mi caso un simulacro de fusilamiento y me dejaban encadenado en una cama donde me pasaban ratas por la cara...todas cosas muy siniestras”, manifestó el camarada que medio siglo después de su ejemplar resistencia contra la dictadura continúa militando en las filas del PC contra las mismas políticas impuestas por el terrorismo de Estado. Sobre la Escuelita, agregó que “era una casona abandonada, ubicada dentro del predio del Quinto Cuerpo de Ejército, en ese entonces en las afueras de la ciudad. Tenía varias piezas y los detenidos clandestinos que allí estaban escuchaban las voces y quejidos de otros en similares condiciones en otras habitaciones. Estábamos encapuchados, encadenados a camastros, nos levantaban para darnos algo de comer en otra habitación, comida que contenía alguna droga dopante, que hacía que se estuviera permanentemente en un estado de semi conciencia”. Y en esta escalofriante enumeración puntualizó que también había un galpón “donde se realizaban los interrogatorios y las torturas con picana sobre una cama metálica”.
Al lado de ese galpón, indicó que había un baño improvisado con chapas que era el que debían usar los detenidos, a la intemperie, bajo grandes árboles. “Se escuchaba cerca el paso de los trenes, eso y los árboles fue una de las características que permitió identificar el lugar”, precisó López y refirió a otro detalle determinante “que encontramos cuando fuimos a reconocer el lugar para la investigación del Nunca Más, que fue ver, en medio de la demolición total del lugar, los pedacitos de baldosas con una determinada filigrana, que lográbamos ver por debajo de las capuchas cuando nos llevaban a comer”.
Su declaración a la Conadep, junto a la de Estela y a las de otrxs detenidxs, fue determinante para desenmascarar cómo funcionba la maquinaria de exterminio en Bahía Blanca. Y esa dolorosa experiencia vivida forjó aún más sus convicciones: “Salimos y continuamos luchando, no nos exiliamos, y seguimos militando en medio de la situación de pánico que reinaba entre la población de una ciudad pequeña como Bahía”.
Ahora, con el actual gobierno de Javier Milei y Victoria Villarruel, se sigue hablando de la posibilidad del indulto para otorgarles la libertad a los genocidas. Ante esas versiones Horacio López remarcó que el último 24 de marzo “el pueblo dio una contundente respuesta a los reaccionarios que están en La Rosada y a los que siguen soñando con eso y con lo de la Teoría de los Dos Demonios”. Con la misma entereza con la que se enfrentó a los esbirros de la dictadura, reafirmó finalmente que “seguiremos luchando para recuperar a los nietos, por el esclarecimiento de cada caso de nuestros 30 mil compañeros desaparecidos y por Memoria, Verdad y Justicia...seguiremos reclamando y exigiendo todo esto desde nuestra militancia”.