Así lo advirtió en una entrevista con Nuestra Propuesta el Secretario Político del Regional Exterior del Partido Comunista de Chile, Diego Aguirre, al referirse al proceso de resistencia que protagoniza su pueblo frente a las políticas antipopulares que lleva adelante el gobierno de José Antonio Kast, reivindicador de Pinochet. Puntualizó acerca de la megarreforma regresiva recientemente sancionada y de los esfuerzos del arco opositor para frenar su implementación. A la vez, alertó sobre la escalada neofascista que crece en el mundo y el continente.
Recientemente el Senado de Chile aprobó la megarreforma legislativa con la que el gobierno que encabeza José Antonio Kast avanza, entre otras cosas, con varios beneficios tributarios para los sectores más concentrados del universo del capital. La iniciativa da cuenta de la radicalidad que asumen los procesos ultraderechistas que se abren paso en el continente bajo las directivas de Washington y puede compararse con la Ley Bases que impulsó Javier Milei ni bien asumió su mandato presidencial y con la promesa de inversiones y bonanzas del Rigi. Entre los artículos de esta megarreforma regresiva chilena, se destaca el de una rebaja gradual del impuesto a la renta para las empresas que va del veintisiete al veintitrés por ciento, algo que provocará un duro golpe a las arcas públicas, ya que cada punto que se reduce equivale a alrededor de 420 millones de dólares menos para la recaudación del Estado.
De este modo, en medio de un escenario en el que las diferentes encuestas de opinión coinciden en que la popularidad del mandatario chileno viene en una marcada caída, desde el Palacio de La Moneda se reconoce que están recalculando a la baja las expectativas de crecimiento. Pese a esto, el gobierno reafirma su rumbo y defiende su decisión de avanzar, por ejemplo, con el reembolso de las inversiones para las empresas a las que el Poder Judicial les revoque sus permisos ambientales.
Todo esto es parte de un panorama que pinta de cuerpo entero de qué va la Presidencia Kast. La oposición parlamentaria comienza a dar señales de reacción y avanza en una articulación política en la que el Partido Comunista de Chile (PCCh) juega un papel relevante de la mano de las protestas callejeras. En estos días, estuvo en Buenos Aires el Secretario Político del Regional Exterior del PCCh, Diego Aguirre, un profesor de matemáticas y física residente en Berlín que, entrevistado por Nuestra Propuesta, brindó una reflexión aguda sobre lo que sucede ahora mismo en su país, contextualizado en el avance que la ultraderecha viene desplegando en la región y el resto del planeta.
-¿De qué va esta megarreforma de Kast?
No estamos hablando de una novedad, sino de una continuidad de lo que ha sido una tendencia política prácticamente en toda América Latina con esta avalancha y ofensiva de los gobiernos de derecha y ultraderecha que van por el continente y que tienen como objetivo establecer una agenda, aparentemente dirigida a atender problemas de la población, con temas como seguridad, inversión y crecimiento económico que son parte del lenguaje típico que utiliza la derecha para atraer votos. Pero en realidad lo busca es profundizar de manera descarada el modelo neoliberal, implantando ciertas retóricas con las que se trata de disfrazar beneficios que se otorgan a los que ya los tienen, sacándoselos al resto de la población.
Esta megareforma, que se llama así porque en realidad abarca todo el espectro de la composición económica y política del país, trata de eliminar al Estado de cualquier tipo de decisión y, al mismo tiempo, favorecer a los grandes grupos económicos y a ese mínimo porcentaje de gente que ya lo posee todo.
-¿Cómo se instrumentaliza ese proyecto?
Entre otras cosas esto se hace a través de la reducción gradual del impuesto corporativo que debe bajar del veintisiete al veintitrés por ciento en los próximos años, algo que por supuesto implicaría una reducción catastrófica de la recaudación fiscal que es necesaria para financiar todas las políticas sociales que requiere un país y su población.
Todo esto va enmarcado en la idea de debilitar al Estado Social y obviamente está fundamentado en que si hay menos ingreso tributario no se pueden sostener áreas como la salud, la educación, las pensiones y la vivienda. Para nosotros, el crecimiento económico no debe ir de la mano de rebajas tributarias para las empresas, algo que se hace con la excusa de que supuestamente así van a invertir más, pero ya es un tema demostrado a nivel mundial que esto no sucede así.
Todo esto provoca un debilitamiento del Estado Social, ya que es obvio que si se disminuyen los ingresos tributarios y fiscales, se dificulta muchísimo sostener las áreas que normalmente son apoyadas por el concepto estatal. El crecimiento económico no se logra mediante la rebaja tributaria a empresas con el supuesto incentivo de que así lleguen más inversiones, sino fortaleciendo la inversión pública y la distribución del ingreso.
-En ese sendero desde el esquema que lidera, Kast también amenaza con privatizar la Corporación Nacional del Cobre, Codelco
Hace poco se abrió el debate sobre si Codelco, la principal empresa estatal chilena, la que genera los mayores ingresos para el Estado y que ha sido el sustento para todas las políticas sociales durante décadas debe o no ser privatizada. El argumento es el de la supuesta ineficacia, el discurso permanente de que el Estado no sabe administrar. Esa es la retórica de siempre de la derecha, que quiere demostrar que la iniciativa privada siempre está por encima de la administración del Estado.
Pero si eso avanza significaría una pérdida gigantesca e histórica porque justamente la estatización y nacionalización del cobre que se llevó a cabo durante la década de 1960 en Chile, ha sido lo que le ha dado sustento al desarrollo económico del país; ahora sumado a otro tipo de elementos como es el litio y otros minerales. Entonces hay que salirse del lenguaje que intenta imponer que el mercado regula todo, porque un Estado debilitado no puede dar ningún tipo de protección a la población. Eso es lo que se quiere con esta megarreforma que comienza a reducir regulaciones que, justamente, protegen los derechos de las personas pero también los del medioambiente.
Por eso es que hemos cuestionado varias disposiciones que han aparecido destinadas a agilizar todos los permisos que se generen para proyectos de inversión, permitiendo que se avance en esa dirección, porque vemos que con todo eso se presenta un cambio de modelo económico en Chile, muy violento y que refuerza al ya existente del neoliberalismo, del cual de alguna manera fuimos cuna con el experimento de Pinochet. Y, así, estamos volviendo a las políticas de libre mercado más profundas que existen, las que fueron impulsadas en los 80 y 90. Entonces, lejos de lo que se quiere con esa megarreforma, tenemos que ir por una estrategia que se base en mucha más intervención estatal para tener control sobre los bienes y las riquezas que tiene nuestro país.
-¿Cómo está en medio de tal escenario la figura de Kast?
Aquí hay diferentes aristas que se deben analizar. Una es el propio entorpecimiento de su gestión por parte del actual gobierno, lo que lleva a que su imagen pública sea desastrosa, ya que desde que asume la presidencia, la aprobación de Kast ha caído de una manera impresionante, algo nunca antes visto en ningún presidente de Chile. Pero, además, toda la estructuración de sus gabinetes a nivel de gobierno central, los gobiernos regionales y las subsecretarías se han visto empañadas permanentemente por escándalos de corrupción, de dependencia de drogas, violencias intrafamiliares y de antecedentes criminales. Ha habido decenas y decenas de cambios de subsecretarios regionales y en los ministerios como nunca se había visto antes en la historia política reciente chilena. Pero también el gobierno se está desprestigiando porque no puede cumplir con las promesas que, sin fundamento, hizo durante la campaña electoral: mensajes que sonaban bonito pero que sólo eran cantos de sirena.
-En estos días se vio que el PCCh tiene una presencia fuerte en una articulación que reúne a buena parte de la oposición parlamentaria ¿Hasta dónde hay espacio para que eso pueda plasmarse en acciones concretas capaces de fijar una agenda política?
El tema de la oposición es complejo. Los resultados electorales le dan una mayoría aplastante a la derecha en ambas cámaras, lo que le permite manejar prácticamente a su antojo las comisiones y desde ahí incentivar el avance de leyes que son concretamente antidemocráticas y atentatorias de los intereses nacionales. Pero, pese a esto, la oposición ha logrado rápidamente articularse en una mesa semanal donde estamos partidos políticos que van desde el PCCh hasta otros de centroderecha que no pertenecen a la coalición de Gobierno. A esto se suma que la derecha tradicional tampoco está en bloque respaldando todas las iniciativas que viene llevando a cabo el gobierno de Kast.
Desde ese espacio opositor se ha articulado una idea permanente de actuar en bloque, en la medida que se pueda, frente a este tipo de iniciativas del gobierno. Ha habido algunos altibajos, algunos partidos han tratado de negociar paralelamente con el gobierno reformas en leyes a cambio de algunos beneficios. Pero, sin embargo, ya se decidió en conjunto ir por una acusación constitucional atacando algunos de los contenidos de esta megarreforma que atenta contra el desarrollo de los intereses legítimos de la nación chilena, fundamentalmente, para lo ligado con el tema de los impuestos y de la vulneración de algunos derechos básicos vinculados a los Derechos Humanos y los derechos ambientales.
Ahora hay que ver qué tanto se mantiene la coherencia dentro de ese abanico de toda la oposición, pero nosotros tenemos bien en claro que como Partido Comunista vamos a estar permanentemente luchando contra cualquier intento del gobierno de eliminar o reducir los derechos ya adquiridos durante los últimos años.
Lamentablemente, la última etapa del gobierno de Gabriel Boric no se pudo profundizar en las reformas que necesitaba el país para que se pudieran garantizar leyes sociales más permanentes en el tiempo. Incluso, hoy está en discusión cómo se va a aplicar la ley de las cuarenta horas laborales semanales que tiene un carácter muy progresista, porque la derecha busca ir en contra de los intereses de los trabajadores transformando su contenido en algo muy desfavorable. Por eso es que debemos seguir luchando, día a día, para que no se pierdan más derechos, ya que se nota que hay por parte del gobierno una intención de que la población viva en una situación de crisis permanente, culpando de esto al gobierno anterior para que así puedan justificar la aplicación de normas, leyes e incluso de ordenanzas mucho más profundas a la hora de ir contra los intereses del país y de la gente trabajadora.
-¿Este putsch de la derecha que tiene su manifestación institucional en la Presidencia Kast, hasta dónde se ve favorecido por el peso simbólico y material que tiene la Constitución pinochetista?
En lo simbólico tiene mucho porque Kast es un reconocido admirador de Pinochet, cuando joven fue parte de sus campañas. Y ha reivindicado públicamente no sólo el papel de Pinochet, ya que también ha dado un apoyo abierto a los representantes más nefastos de ese régimen que son los torturadores y militares que hoy se encuentran presos, al tiempo que deja entrever que estudia la posibilidad de indultos para asesinos condenados. Por eso es que ese simbolismo pasa entonces a una praxis política que tiene que ver con lo económico, porque esta es una derecha que representa completamente al pensamiento neoliberal impuesto durante los años 80. Kast quiere retomar las ideas fundacionales de ese proyecto, para demostrar definitivamente que ese sistema impuesto entonces por las armas y con sangre, puede funcionar perfectamente en una sociedad democrática, entre comillas, incluso recibiendo el apoyo de la población.
Yo creo que esto ha sido una tónica no solamente de Chile, porque tenemos ahí a la Argentina y otros países en América Latina donde la misma población afectada vota por este discurso, influenciada por eso que algunos llaman la teoría del derrame que dice que si los ricos tienen más, habrá algo para los pobres. Pero queda demostrado que eso no funciona en ninguna parte, porque los ricos siempre están muy pendientes de que nada de sus riquezas se traspase para los estamentos más pobres de la sociedad.
Todos los días Kast demuestra que, junto con su coalición y sus aliados más cercanos, abona a la idea de una democracia tutelada bajo el concepto de un pinochetismo moderno y no militarizado...al menos por el momento.
-Usted alude a Chile como un experimento del neoliberalismo en aquellos años de los Chicago Boys y Pinochet. Ahora, de este lado de la cordillera, asistimos a una nueva ronda de ese experimento de la mano de Javier Milei en Argentina ¿Es inexorable que la derecha se afiance en la región?
Yo expandiría la pregunta: esto no pasa solamente en nuestra región, porque la tendencia de derecha y extrema derecha en la forma de gobernarse se ve también claramente en otras latitudes. Pero también se nota en lo económico. Si se toma esta experiencia sabemos que en su momento, en otras partes de América Latina, se trató de copiar ese sistema neoliberal con condiciones no siempre tan rígidas como las impuestas en Chile, pero siempre con los mismos resultados desastrosos. Hoy se lo ve en países que durante décadas se jactaban de su economía social de mercado. Yo resido en Alemania y ahí se ve una destrucción escandalosa de derechos sociales, algo que nos hace recordar muy vívidamente lo que representa la instalación de un sistema neoliberal. Por eso creo que esto es una tendencia internacional que excede a nuestro continente, aunque en América Latina se note de una manera que, quizás, sea mucho más violenta.
-¿Cuáles pueden ser entonces algunas de las claves para construir un camino que permita salir de este estado de cosas?
En nuestro saber histórico siempre la salida es la Revolución. Pero si hablamos de pasos cortos y concretos, en primer lugar creo que hoy se debe entender la importancia que, a nivel local e internacional, tiene unirse lo más posible en contra de las ideas fascistas.
Un ejemplo sencillo: hoy en Alemania existe un partido que se llama AfD que es de un corte claramente neofascista y que no sólo está adquiriendo poder en algunos antiguos estados del este del país donde ya ha ganado varias elecciones parlamentarias regionales, sino que vislumbra una votación de cerca del veinte por ciento para las próximas elecciones generales. Esto significa que uno de cada cinco alemanes vota a un partido que es abiertamente neofascista. Cuando asumió Hitler en 1933, un año antes, un veintinueve por ciento de los alemanes votó por el Partido Nacional Socialista.
Hoy por hoy esto se vuelve a ver y a eso hay que sumarle que la industria está dando un vuelco, pasando de su producción de bienes de consumo a producir armas. Esto pasa ahora en Alemania, pero podemos trasladarlo a otros países europeos y lamentablemente también a países latinoamericanos.
Vemos cómo se fortalecen estos elementos de extrema derecha o abiertamente fascistas con un poder económico, lo que no hace más que reflejar la necesidad de que nosotros, como antifascistas y como personas de izquierda, centroizquierda o demócratas en general, tengamos que trabajar en conjunto para poder frenar este avance fascista que por el momento no para.
Por eso es que en estos momentos no podemos pensar en nada más allá que generar este frente antifascista en el que todos debemos ir juntos, brazo con brazo, para evitar este flagelo que vuelve a aparecer a nivel mundial y local.
Eso va a permitir construir las alianzas posteriores para formar coaliciones que puedan avanzar por la recuperación de derechos sociales y de la verdadera democracia para que, desde ahí, podamos pasar a una fase de lucha por el crecimiento de nuestra visión que pueda llegar a la meta final que es el socialismo. Pero por el momento debemos evitar el resurgimiento del fascismo.
-¿Usted es optimista en que, en lo inmediato, se pueda transitar ese camino?
Sí, soy optimista por naturaleza. Los comunistas lo somos. Yo soy profesor, trabajo en un colegio donde la gran mayoría de los niños vienen de familias de orientación de extrema derecha y me doy cuenta de que mientras uno pueda tener acceso a las personas para transmitir ideas progresistas sobre un cambio social, todo es posible. Yo creo profundamente que lo que nosotros planteamos como concepto de una sociedad justa, lo que llamamos socialismo, vale. Por eso es que voy a seguir trabajando con todas mis fuerzas, apoyando a todos los movimientos que vayan en contra de este peligro que es el fascismo, pero a la vez entregando todo mi conocimiento y actividad a quienes junto a nosotros quieran cambiar la sociedad para mejor.
Tenemos la certeza de que en muchos países hay muchas personas y movimientos dispuestos a dar esta pelea, para evitar que el fascismo asuma nuevamente la supremacía como ya sucedió en otros momentos. En mi paso por Buenos Aires compartí con los jubilados la Marcha de los Miércoles, también estuve con las Madres de Plaza de Mayo y creo que mientras símbolos como estos se mantengan en alto hay esperanza, porque mientras haya gente que esté dispuesta a salir a la calle y mostrar sus banderas, nada va a estar perdido.