Desde que la isla envió su primera brigada médica en 1960 para atender al pueblo chileno por el terremoto de Valdivia, se ha expuesto un sentido médico-clínico-humanitario de las misiones internacionalistas, pero encontramos también que su operacionalidad responde a sentidos ideológicos, políticos y éticos.
Por Jean Cruz (1)
¿Cómo y de qué manera Cuba pudo atender a 2 mil millones de pacientes en el mundo, lo que en términos porcentuales representa un tercio de la humanidad? ¿Por qué durante 67 años en nuestros titulares y en nuestras academias no se hablaba nada de esto?
Consideramos que el desarrollo de este fenómeno no fue producto del azar o la casualidad, es una política de gobierno que ha sido llevada a cabo desde 1959 y que encuentra sus antecedentes axiológicos en la necesidad de una segunda y definitiva independencia para nuestros pueblos. La mejor respuesta a ello ha sido el alegato La historia me absolverá, allí se encuentra el potente legado de José Martí, incluyendo sus aportes a la salud y la medicina preventiva.
En este sentido, observamos como Cuba ha estado involucrada desde hace más de seis décadas en las discusiones y los problemas más acuciantes que ha presentado la humanidad. Algunos ejemplos concretos los encontramos en las luchas decoloniales de los sesenta, setenta y ochenta, el fin del apartheid en la África austral, la atención a más de 25 mil niños y niñas víctimas de la explosión nuclear de Chernóbil, la labor del Contingente Henry Reeve en desastres naturales, la lucha contra la pandemia del Ébola en África, la asistencia a potencias del primer mundo durante la pandemia del COVID-19, la fabricación de las primeras vacunas latinoamericanas, la creación de programas científicos y la consolidación de sistemas de salud públicos y gratuitos en países saqueados y despojados como, por ejemplo, Haití.
Cobra sentido, entonces, el arraigo social e histórico que ha tenido la política exterior cubana en el mundo. El hecho de haber llevado proyectos soberanos, planificados, comunitarios, sustentables a otros territorios, es una cualidad propia del internacionalismo cubano.
Antecedentes de la salud y medicina social cubana
El sistema sanitario cubano ha tenido importantes sucesos históricos tales como: la labor del sanitarista Carlos Finlay y Barrés, creador de la primera teoría sobre el papel del mosquito en la transmisión de la fiebre amarilla, o la creación en La Habana en 1909 de la primera secretaria de Sanidad y Beneficencia del mundo (mucho antes que en Paris, Viena o Washington). El proyecto socialista tomará estos antecedentes y le dará a la salud y a la medicina un lugar primordial en las políticas de planificación y centralización de la sociedad civil.
Cabe mencionar que la consolidación del Sistema Nacional de Salud Único y su desarrollo en los primeros años revolucionarios (1959-1963) fue acompañado de su correlato antagónico, la política exterior de los Estados Unidos. Fue después de la Ley de Nacionalización de empresas extranjeras, la Declaración del carácter socialista de la Revolución y su acto seguido, la invasión de Playa Girón, que la isla va a presentar un éxodo masivo de médicos, sumado también a las primeras hostilidades del bloqueo parcial y total contra Cuba. Esto condujo a la expulsión y exclusión de la isla en tratados internacionales y organismos, como por ejemplo del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y de la Organización de Estados Americanos (OEA).
Pese a los problemas reales dentro de la isla en aquel periodo, la agenda social era impostergable, se promulgó entonces el 1 de agosto de 1961 la Ley 959 que designó al Ministerio de Salud Pública como órgano rector de todo lo referente a la salud (incluyendo lo privado y lo mutual). Se estableció la salud y la medicina social como un derecho humano e inalienable. Y también, se crearon los primeros policlínicos integrales y servicios médicos rurales encargados de garantizarle a toda la población asistencia médica, gratuita y de calidad. El desarrollo humano va a alcanzar en los años 60, 70 y 80 índices nunca antes vistos en la isla. En esta labor se destaca el Jefe de los Servicios Médicos del Ejército Rebelde, Óscar Fernández Mel, médico y gran compañero del Che que ayudó a construir los pilares de la salud pública cubana.
1-Becario doctoral (UBA-CONICET). Coordinador del Área de Estudios sobre Cuba del CEFMA. Miembro de la Comisión de Relaciones Internacionales del Partido Comunista de la Argentina. Autor del libro “¡Médicos, no bombas! El internacionalismo médico cubano en América Latina 1960-2022” Ediciones Luxemburg, enero de 2026, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Internacionalismo médico
En 1963 el gobierno cubano decidió enviar de manera oficial su primer contingente de médicos a Argel como un gesto de apoyo y defensa a la Revolución argelina. Cabe recordar, que Cuba no solo ensayó una revolución a escala nacional, sino también a escala global1. La Revolución cubana sacudió al mundo porque resignificó en sus programas de gobierno las tesis de Carlos Marx, Lenin, Simón Bolívar, José Martí, Franz Fanon, Ernesto Guevara, Rosa Luxemburgo, Haydeé Santa María, entre tantas y tantos. Los sufrimientos de los oprimidos, de los torturados, de los racializados, de los condenados de Asia, África y América encontraron según Fanon un regocijo, una voz en La Habana.
El internacionalismo médico se presenta entonces como antítesis de la salud mercantilizada, privatizada y financiarizada que padecen millones de personas tanto países del llamado Tercer Mundo, como la propia cuna del capitalismo mundial). Cuando hablamos entonces de antiimperialismo, internacionalismo y solidaridad, nos referimos a la existencia de una sincronía, de una continuidad, entre la historia nuestramericana y el presente de Cuba.
Las misiones médicas realizadas en América Latina durante la última mitad del siglo XX y el transcurso del siglo xxi (que contaron con la implementación del Programa Integral de Salud, la Operación Milagro, Mais Médicos, el Contingente Henry Reeve y la elam), demostraron todo lo que puede hacerse por la salud de las poblaciones mediante una Cooperación Sur-Sur y Triangular. Prueba de ello fue la calificación que hizo el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (pnud) y la Organización Mundial de la Salud (oms) al programa Mais Médicos como principal ejemplo de buenas prácticas en Cooperación Triangular, el cual ha sido implementado en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.
La cronología de disidencias y campañas contra la colaboración médica en los últimos años revela como a medida que Cuba incrementaba considerablemente los índices de desarrollo social y sanitario en los países latinoamericanos, iba representando a su vez una amenaza para los sectores de la medicina privada, las transnacionales farmacéuticas y los gobiernos de extrema derecha.
Consideramos que esa tensión, no solo es política-ideológica, es científica y económica, dado que la salud cubana y su enfoque preventivo posibilitaron a mediano y corto plazo resultados alternativos a los de la medicina mercantilizada. De hecho, las mismas poblaciones y gobiernos receptores de la colaboración cubana comenzaron a poner en duda y denunciar la credibilidad de los programas médicos impuestos por los seguros de vida y las entidades de la salud privada. Veían la imposibilidad de encontrar en la salud cubana un tratamiento efectivo o curación.
En este sentido, la llegada al poder de partidos neoliberales y de extrema derecha permitió que gobiernos latinoamericanos, embajadas estadounidenses y colegios de médicos concretaran el fin de la colaboración médica de Cuba en Brasil, Bolivia y Ecuador –también a comienzos de este año se sumó Jamaica, Guayana, Guatemala y Honduras-. Estas acciones, han sido declaradas como apéndices del bloqueo contra Cuba que constituyen según los informes elaborados por la ONU una violación a la Carta de Naciones Unidas, las normas del Derecho Internacional y el espíritu del multilateralismo.
Sobre esto, la uccm afirmó recientemente que la isla ha enviado, en los últimos sesenta años, más de 605 mil profesionales de la salud a 165 países, quienes han atendido a más de 2,300 millones de personas (cerca de un tercio de la humanidad), realizando 17 millones de cirugías, asistido en el nacimiento de 5 millones de niños y salvado más de 12 millones de vidas. Además, la “Operación Milagro” ha realizado más de 3.3 millones de cirugías oftalmológicas (minsap, 2025; minrex 2025).
El fenómeno de la colaboración médica internacional cubana siempre se diferenció y distanció con el tipo de cooperación temporal, limitada y sin una continuidad a largo plazo ofrecida por los organismos humanitarios occidentales y ONGs. Sucede que Cuba no solo priorizó la transferencia de servicios, sino principalmente la sostenibilidad de programas médicos y el fortalecimiento de los sistemas de salud en los países receptores.
Este ha sido el potencial del internacionalismo médico cubano en los actuales mecanismos de integración e intercambio regional e intercontinental, por eso Naciones Unidas, UNICEF y OMS, catalogaron a la isla como paradigma de la Cooperación Sur-Sur y Triangular. Lo importante de esto, es que todo ha sido guiado y acompañado por una política de gobierno, estatal, pública, socialista, transversal a todos los sectores de la sociedad.
Antes de la pandemia, el 50% de la población mundial carecía de acceso a servicios de salud. De hecho, se estimó que, cada día, 270 mil personas se vieron arrastradas a la pobreza por tener que pagar de su bolsillo la atención médica (Oxfam, 2022). En países de renta media y baja, mueren 5,6 millones de personas cada año debido a la falta de acceso a atención médica. Y en los países de renta muy baja fallecen más de 15 mil personas cada día porque no pueden acceder al sistema de salud. Es por ello que el incremento de la medicina privada y mercantilista (en perjuicio de la inversión en salud pública) dejó más expuesto al sector de menores ingresos de la población (Oxfam, 2022).
Actualmente, una de las principales contradicciones en el campo sanitario internacional radica en la disputa entre una concepción mercantilista hegemónica de la salud privada (más curativa que preventiva) que depende de los circuitos financieros de producción y acumulación de capital; y, por otro lado, una perspectiva de la salud como un inalienable derecho humano y social, como bien común garantizado por el Estado y con una visión más preventiva e integradora de la medicina social y la salud colectiva.
En estos momentos, miles de personas mueren porque se les han negado el acceso a un derecho tan básico como la salud, miles de esas muertes son debido a enfermedades tratables, prevenibles, curables.
Entonces, para superar las patologías generadas por el neoliberalismo a través de las farmacéuticas transnacionales y las entidades privadas de la salud, contamos con la experiencia de Cuba en el campo de la medicina social y la salud colectiva.
En virtud de ello, el internacionalismo médico cubano extendido en los lugares más incógnitos y carenciados del mundo constituye una expresión de los principios de solidaridad y humanismo que han abrazado durante más de seis décadas la Revolución Cubana. La larga data de estas misiones, la ética que las ha regido y los resultados obtenidos alejan cualquier duda de que se trate de acciones coyunturales con objetivos meramente económicos, de manipulación política, o que posibiliten la vulneración de los derechos humanos.
No nos olvidemos del lema frecuentado por las y los médicos cubanos en su misión humana de salvar vidas. Dicen que su metodología de trabajo se caracteriza por tratar al enfermo no como cliente, sino como un paciente.