En la madrugada de hoy, con mayoría en general y en particular, el gobierno de Javier Milei consiguió en la Cámara de Diputados la sanción de la reforma laboral. Lo hizo con el respaldo del PRO, la UCR y gobernadores y legisladores peronistas que garantizaron quórum y aportaron votos a favor de la reforma. Pese al paro de la CGT y las CTA y a la masiva movilización en todo el país, el oficialismo avanzó sobre el orden jurídico que estructuró durante décadas las relaciones laborales en la Argentina, ampliando el margen de ofensiva del capital sobre el trabajo. La disputa, en consecuencia, continúa ahora en la calle, las fábricas y en cada lugar de trabajo.
Hoy, en la madrugada, con una amplia mayoría tanto en la votación en general como en particular, el gobierno de Javier Milei logró la sanción en la Cámara de Diputados de la reforma laboral, con el acompañamiento de los bloques aliados del PRO, la UCR y los gobernadores peronistas de Córdoba, Tucumán, Catamarca, Misiones y Santa Cruz. En estos casos, la entrega se consumó con distintas tácticas. Los tucumanos del gobernador Osvaldo Jaldo y los salteños que responden al mandatario provincial, Gustavo Sáenz, y que alcanzaron sus bancas con boletas de Unión por la Patria y Fuerza Patria, votaron a favor de esta ley antiobrera. Lo propio hizo por ejemplo el misionerismo que llegó al Congreso colgado de la boleta presidencial de Sergio Massa en 2023. En tanto que el bloque catamarqueño Raúl Jalil votó en contra del proyecto presentado para cuidar un poco las formas pero fue clave para gatantizar el quórum necesario en el recinto para su tratamiento.

Pese a la movilización popular y al paro convocado por la CGT y las CTA, que se hizo sentir con fuerza en todo el país, el oficialismo consiguió uno de sus objetivos más importantes: desarticular, en el plano formal, la arquitectura normativa que regulaba hasta ayer las relaciones sociales de producción en la Argentina, con el propósito de ampliar el margen de acción del capital contra la fuerza de trabajo. La disputa, en consecuencia, se desplaza ahora a la calle y a las fábricas. Jorge Kreyness, quien encabezó la columna del Partido Comunista que se dirigió al Congreso Nacional, afirmó que “es una reforma a medida de las patronales y a pedido del Fondo Monetario Internacional y de Washington, que hace retroceder varias décadas atrás a los derechos de los trabajadores”.
Aunque resta que el proyecto regrese al Senado para su sanción definitiva —instancia que se descuenta como un trámite legislativo—, dado que ahí se deberá revisar el rechazo de Diputados en lo relacionado sólo a los descuentos por licencias médicas, algo que introdujeron por la ventana en el texto, ya han quedado consagradas condiciones laborales plenamente regresivas: habilitación de jornadas de hasta doce horas, eliminación del pago de horas extras y un amplio margen de discrecionalidad patronal en aspectos centrales del vínculo laboral. Entre los puntos más sensibles, el oficialismo también obtuvo la aprobación de la creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), mecanismo que exime a la patronal del pago de indemnizaciones por despido, desfinancia a la ANSES y sienta las bases para una futura reforma previsional, ya explícitamente planteada por la derecha local y el FMI, así como la derogación del Estatuto del Periodista.
Mientras en el Congreso el tenor de las intervenciones dejaba al descubierto una derrota histórica del movimiento popular y obrero, que confirma la tendencia sostenida desde la dictadura militar a la pérdida de derechos y al deterioro de las condiciones de vida de la clase trabajadora —más allá de mejoras puntuales entre 2003 y 2015, que no obstante jamás alteraron la estructura económica —, en Estados Unidos el presidente Milei participaba de la “Junta por la Paz” impulsada por Donald Trump, iniciativa del imperialismo para replegarse sobre sí mismo ante el declive de su hegemonía global y, al mismo tiempo, configurar un nuevo instrumento para la defensa de su proyecto de dominación.
En ese marco, y mientras la policía reprimía a los trabajadores en las inmediaciones del Congreso, Milei reivindicó en Washington el “derecho a la vida, la libertad y la propiedad”, aprovechando su intervención para ratificar la subordinación obscena de su gobierno a la política exterior estadounidense y reiterar su respaldo a Israel y al genocidio perpetrado contra el pueblo palestino.
En simultáneo, desde la calle, en las inmediaciones del Congreso, Kreyness subrayó que “nosotros, como comunistas e internacionalistas, tenemos el deber de transformar la situación nacional para que la Argentina se integre al conjunto de América Latina y el Caribe en la confrontación con las políticas del imperialismo, porque la orientación de Milei, Caputo, Sturzenegger y Bullrich no es otra cosa que la ejecución local de lo que se dicta desde Washington”. En esa línea, el Secretario General del PCA sostuvo que, pese a la derrota en el plano legislativo, en las calles se vivió “una jornada de expresión muy contundente del sentimiento de la clase obrera y del pueblo argentino contra la reforma laboral”, y destacó “la unidad alcanzada a nivel sindical en la movilización, donde se concretó una demostración masiva, a pesar de las vacilaciones de sectores que aún conducen determinados sindicatos”.

Frente a este escenario, con su presencia en las calles de todo el país el Partido Comunista reafirmó que los derechos de la clase trabajadora no serán objeto de transacción ni moneda de cambio en ninguna negociación a espaldas del pueblo. Aunque sectores de la conducción sindical cegetista pretendieron diluir la protesta en una medida desmovilizadora, miles ganaron ayer las calles para rechazar esta reforma laboral esclavista.
Se impone, como hicieron saber desde el Partido Comunista y la Corriente Nacional Agustín Tosco en la convocatoria a la jornada de paro y movilización de ayer, profundizar la unidad de la clase trabajadora, fortalecer la construcción de poder popular y avanzar hacia un plan de lucha sostenido que incluya la perspectiva de un paro por tiempo indeterminado, como herramienta para derrotar esta nueva ofensiva del capital.