Tras la preparación del escenario regional, donde EE.UU. concentró alrededor de un tercio de su poder naval y aéreo, y finalmente, luego de la visita de Netanyahu a Washington a fines de febrero, el bloque anglo-sionista, decidió atacar nuevamente al país persa.
Por Ruben Guzzetti (*)
IADEG / CEFMA
En realidad es una operación dentro del marco de la lucha de clases mundial en esta época y es una guerra desatada por un imperio en declive, no en expansión, que perdió hegemonía en casi todos los terrenos en disputa como ser la economía, las finanzas, el comercio y la tecnología entre otros rubros y apela a la guerra para intentar detener su pérdida de liderazgo. En definitiva no es solo una guerra contra Irán sino contra los países emergentes y sus asociaciones y organizaciones como son los BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), y todas las demás instituciones del mundo nuevo, del sur global.
El anglo sionismo, además del genocidio producido desde hace dos años y medio en Palestina, ha logrado involucrar en guerras a dos de los tres países más importantes del BRICS, como son Rusia e Irán, casualmente también miembros de la OCS.
Irán es un país central en la región: cuarto entre los exportadores de petróleo, segundo de gas, un territorio de 1,65 millones de km2, 93 millones de personas, cuarto en el ranking STEM, por sus siglas en inglés, (institución de UN que mide el desarrollo de los países en matemáticas, ingeniería, ciencia y tecnología), líder en desarrollo misilístico y de drones, centro nodal logístico de conectividad, como son la iniciativa de un Cinturón y una Ruta, más conocida como la Nueva Ruta de la Seda que impulsa China y también del corredor norte sur que une San Petersburgo con los puertos de la India sobre el Océano Indico (INSTC), por sus siglas en inglés, además es el país líder de la comunidad chiita, rama minoritaria del islam, pero que concentra a más de 400 millones de fieles en la región, es el núcleo principal del denominado eje de la resistencia de la causa palestina y principal obstáculo al sueño sionista del “gran Israel” (extender los dominios de ese país desde los ríos Éufrates al Nilo).
Distintas estrategias
La estrategia del bloque agresor estaba clara y en una primera instancia fracasó. La misma se basaba en una operación de decapitación, asesinar como lo hicieron al líder religioso y político el Ayatola Ali Jamenei, a su esposa, hija y nieto, además del ministro de defensa, al jefe del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución y otras autoridades civiles y militares. Esto fue acompañado con un ataque genocida a una escuela de niñas en la ciudad de Minab, al sur del país dejando, más de 180 víctimas. Esta acción tuvo el objetivo de aterrorizar a la población. El círculo de la estrategia cerraba con una gran convulsión interna y la población saliendo a la calle, atizada por bandas terroristas de la CIA y el Mossad, como ya lo habían hecho a principios de este año, para expulsar al gobierno. Ocurrió todo lo contario la población se volcó a las calles para honrar al líder y repudiar el ataque.
Por otro lado, la estrategia de Irán es proponer una guerra de desgaste prolongada donde por distintos motivos las potencias occidentales no la puede sostener y el país persa con resistir habría triunfado.
El motivo del ataque traicionero, como ocurrió en junio de 2025 cuando los anglosajones decidieron hacer lo mismo en momentos en que se desarrollaban rondas de negociaciones, fue la inminencia y el peligro de que Irán acceda al arma nuclear. Este latiguillo lo viene agitando Netanyahu desde 1995. Esta vez las conversaciones se desarrollaban en Ginebra con la mediación de las autoridades de Omán.
A su vez, había pruebas irrefutables de que Irán había accedido a reducir el enriquecimiento de uranio a valores ínfimos, solo para poder generar radioisotopos medicinales. Asimismo el país chiita había firmado el Pacto de Integración de Acción Conjunta en Viena en 2015 con EE.UU., Rusia, China, Alemania, Francia, Reino Unido, por el cual Teherán se comprometía a reducir su plan nuclear y a ser verificado por la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) a cambio de que le suspendieran algunas sanciones. Como siempre las potencias occidentales no cumplieron y en 2018 el presidente Trump retiró a EE.UU. del PAIC.
Por qué EE.UU. e Israel necesitan una resolución rápida de la guerra
1) El presidente Trump tiene una situación interna de alta conflictividad; hay más de dos millones de documentos que no salieron a la luz en el caso Epstein que lo involucrarían, hay una repulsa generalizada por el accionar de la Agencia para la inmigración y el Control Aduanero (CIE), por sus siglas en inglés, existe un conflicto en curso por el tema arancelario con la Corte Suprema de Justicia, se desarrolla un conflicto con un sector del proyecto MAGA por haber defraudado las promesas electorales, crisis económica, aumento de la inflación y la carestía de la vida, contradicciones en curso y profundizándose con los otros dos bloques de poder internos: los neoconservadores y los llamados globalistas que sostiene la globalización financiera, todo a solo 3 meses de inicio del campeonato mundial de fútbol y por sobre todas las cosas del inicio de la campaña electoral en vistas de la elección de medio término del próximo 3 de noviembre. Trump envalentonado por el éxito militar en Venezuela el 3 de enero ahora necesita una victoria rápida en Asia Occidental.
2) Netanyahu está acusado por múltiples causas judiciales y la manera de evitarlas es estar en guerra permanente, si tuviese un éxito en esta aventura genocida lograría una sobrevida y calmaría las luchas internas.
La arrogancia, la soberbia, el desconocimiento, la urgencia y la desesperación de los líderes occidentales y de sus mandantes no les permiten ver qué significa la historia, la religión islámica, su trayectoria de lucha, lo que representa el martirologio para esa cultura y el sentido nacional de pertenecer a un país milenario y central en esa región.
El tema económico financiero es central
Las potencias occidentales, como sabemos, desde la década del 70 del siglo XX, por evolución intrínseca del sistema capitalista priorizaron la acumulación a través de la renta financiera dejando en manos de los países orientales la producción de bienes con el sueño de controlarlos por medio del poder financiero, el dólar y la capacidad militar. Los cálculos fallaron y EE.UU. pasó de ser el gran acreedor del mundo a ser el mayor deudor, hoy su deuda asciende a U$S 39 billones. Algo insostenible ya que por año debe pagar a los tenedores de bonos más de U$S 1 billón en concepto de intereses. Por lo tanto sale al mundo, que puede, a saquear. Pero como suele ocurrir la desesperación no es buena consejera.

Desató la guerra en Irán y afectó directamente a uno de los principales centros de sostenimiento de su deuda. Uno, tal vez el principal afectado de esta guerra son los países nucleados en el Consejo de Cooperación del Golfo (Qatar, Arabia Saudita, Bahréin, Omán, Kuwait y EAU). Estas monarquías petroleras viven y se enriquecen debido a la exportación de petróleo que envían al mundo (aprox. 25% del total del consumo mundial) por el Estrecho de Ormuz que controla Irán y hoy está parcialmente cerrado.
Una parte importante de esos dólares recaudados, además de sostener las importaciones, van a EE.UU. a inversiones inmobiliarias pero sobre todo a la compra de bonos del tesoro, lo cual es un sostén fundamental para evitar que se dispare el déficit. Ese circuito se está cortando en este momento y es un enorme problema para el gobierno estadounidense.
Certezas y censura informativa
Es necesario recordar que solo contamos con la posibilidad de incorporar al análisis los hechos conocidos, en este sentido la información de la que disponemos es escasa, sobre todo por censura y manipulación de los medios occidentales. Sin embargo, desde nuestra mirada dialéctica marxista podemos decir que este es un conflicto de clase a nivel global. Las contradicciones de un imperio en declive son profundas y apelan a la guerra y el maltusianismo social para intentar superarlas. La historia siempre fue proactiva, nunca retrocede.
Es necesario que Irán y el sur global triunfen en este conflicto. Observar la contradicción principal y la confianza en los pueblos son elementos que nunca debemos perder de vista.
* Director de IADEG y miembro del CEFMA