Esta sentencia recorre el país trasandino para recordar que se trata del mes en que la Unidad Popular ganó las presidenciales de 1970 y en el cual, tres años después, se perpetró el golpe de Estado orquestado por Estados Unidos que derivó en la muerte del presidente socialista. La implantación de esa primera dictadura genocida en el marco del Plan Cóndor inauguró en nuestro continente el modelo neoliberal, que es hoy profundizado por los gobiernos regionales de ultraderecha, como quedó de manifiesto en la reciente edición del Foro de Madrid realizada en Santiago. Juan Carlos Campos, Secretario de la Comunal América del Partido Comunista de Chile, reflexiona en conversación con NP sobre la continuidad histórica que existe entre aquella época y la actual.
Septiembre tiene un particular contenido simbólico para Chile porque el 4 de este mes, en 1970, Salvador Allende fue elegido Presidente, pero también por el golpe de Estado que tres años después lo derrocó para inaugurar la era de los Chicago Boys y el Plan Cóndor, que abrió las puertas a la que sin dudas es la página más oscura para la historia del país trasandino. Las consecuencias de aquella dictadura están presentes en una Constitución que desde entonces no logró modificarse y, a más de medio siglo, son hoy padecidas con crudeza por el pueblo chileno a partir de la llegada al gobierno de José Antonio Kast, confeso admirador de Augusto Pinochet. Claro que lo que se vive actualmente en Chile no es un episodio aislado, sino que se inscribe en el influjo de gobiernos ultraderechistas que proliferan en nuestra región bajo la tutela de Estados Unidos.
Precisamente al comenzar este septiembre se llevó a cabo en Santiago una nueva edición del Foro de Madrid, un espacio de la ultraderecha del universo hispanoparlante que se creó desde la Fundación Disenso, un think tank del partido fascista español Vox. Ahí estuvo Javier Milei, quien abiertamente reivindicó a la dictadura impuesta el 11 de septiembre de 1973 y al propio Pinochet, cuando por ejemplo sostuvo que “Chile es un lugar emblemático”, para luego sostener que “tras el derrocamiento del comunista Allende, entró en un período de estabilidad y crecimiento que se extendió por más de cuarenta años”.
Milei también destacó, por supuesto, el triunfo que llevó a la Presidencia de Chile a su “amigo” Kast, elogió al líder de Vox, Santiago Abascal, “el primero en abrirme las puertas cuando todos me daban la espalda”, y aseveró que América Latina vive un “tiempo histórico” a raíz de las victorias electorales de la ultraderecha en diferentes países. Al respecto, reflexionó que “hoy el continente entero se está orientando a los valores que hicieron grande a Occidente, incluso luego de décadas de adoctrinamiento socialista”, tras lo que volvió a insultar a Luiz Inácio Lula da Silva y a todos aquellos que considera “zurdos mugrosos negadores de la realidad”.
Por si algún desprevenido piensa que la cosa del otro lado de la cordillera es como la pinta Milei, desde Nuestra Propuesta dialogamos con Juan Carlos Campos, responsable de la Comunal América del Partido Comunista de Chile. “Es mentira que la dictadura genocida de Pinochet dio estabilidad y crecimiento al país, eso es una absoluta falacia”, subrayó el dirigente del Partido Comunista de Chile en Argentina, donde se radicó en Buenos Aires junto con su familia tras el golpe de 1973. Campos recalcó que en Chile “tenemos una frase: septiembre es Allende” y recordó que ese mes recuerda dos momentos clave, el 4 con el triunfo de la Unidad Popular (UP) y el 11 con la consumación del golpe.
“El golpe no se inició el 11 de septiembre de 1973, sino en 1970 cuando Estados Unidos se dio cuenta de que Allende iba a ganar las elecciones”, algo que sucedió cuando el candidato de la UP logró el 36,63 por ciento de los votos, superando por más de un punto a Jorge Alessandri, del Partido Nacional, lo que fue ratificado por el Congreso el 24 de octubre, tal como indicaba en ese momento la Constitución en casos de que quien resultara victorioso no lo hiciera por una amplia mayoría.
“Pero entre el 4 de septiembre y el 24 de octubre de ese año hubo un intento por llevar a las Fuerzas Armadas a dar un golpe para impedir que Allende fuera convalidado por el Congreso”, recordó Campos y precisó que como parte de esa intentona, en una operación comandada por la CIA, el 22 de octubre fue asesinado el general René Schneider, quien como titular del Ejército postulaba públicamente la necesidad de que las Fuerzas Armadas defendieran la voluntad popular que había sido expresada en las urnas. “El golpe comenzó mucho antes y fue por intereses económicos y porque EE.UU. nos considera su patio trasero, un reservorio de recursos del que los yanquis se creen dueños, tal como lo dijo públicamente hace un par de años la por entonces jefa del Comando Sur, Laura Richardson, que en el Atlantic Council señaló que América Latina posee elementos vitales para la seguridad nacional estadounidense”, remarcó dirigente trasandino radicado en Buenos Aires.
Evidentemente, para la imposición de la Doctrina Monroe y el neoliberalismo en los 70, era necesario voltear al gobierno socialista de Salvador Allende y acabar con su vida. La participación de la CIA en todo el proceso que derivó en la jornada del 11 de septiembre de 1973 fue clara. “La telefonía era manejada por la Compañía de Teléfonos de Chile, pero en realidad era propiedad de la norteamericana ITT, que durante la campaña electoral y posteriormente al triunfo de Allende, se transforma literalmente en un brazo de la CIA: hay sobrada documentación oficial que da cuenta del intercambio que había entre Henry Kissinger y los responsables de esta empresa, en el marco de la brutal campaña de desestabilización que ya existía antes de que Allende asumiera como presidente”, recalcó el Secretario de la Comunal América del PCCh.
Asimismo, subrayó que de lo que se trataba era de impedir que prosperara la Vía Chilena al Socialismo, “lo que Allende definía como ‘una revolución con sabor a vino tinto y empanadas’”, ya que era la primera vez que en el contexto de una democracia liberal burguesa era elegido “un presidente que se asumía pública y reiteradamente como marxista, y lo hacía sin ningún tipo de disimulo, con su apoyo a la Revolución Cubana, a la lucha de Vietnam y de manera consecuente con la que libraba cualquier pueblo por su liberación”. Por lo que, añadió, “lo de Allende fue un cambio radical para Chile con una profunda reforma agraria, con un programa que incluía la nacionalización de la banca y el cobre”, así como “el derecho de que cada niño recibiera medio litro de leche diario”.
Sin embargo, con el golpe de Estado de 1973 “llegan los Chicago Boys, que son los primos hermanos de la Escuela Austríaca” y lo hacen con su mentor Milton Friedman, una especie de gurú de Javier Milei, que por aquellos años se instalaron en Chile “para imponer un plan de saqueo de todas las riquezas y para revertir los avances que se habían construido con el gobierno de la Unidad Popular”. Ese escenario se fue propagando poco a poco por toda nuestra región, de la mano de la masacre cometida bajo el paraguas del Plan Cóndor. “Este tipo de programas no se pueden llevar a cabo en un sólo país y sin represión sangrienta de todo lo que huela a popular”, aseguró el dirigente comunista chileno.
Aquellos postulados vuelven a salir a la superficie en la actualidad con gobiernos neofascistas y pro-imperialistas como los que abundan en Nuestra América, al tiempo que ganan visibilidad en encuentros como el que celebró la semana pasada en Santiago el Foro de Madrid. “Hay cosas que son muy parecidas”, reflexionó Campos y citó como ejemplos que “lo que en Chile Kast llama Megarreforma, aquí es la Ley de Bases; allá están las AFP, que aquí en los 90 se impusieron como AFJP, y en mi país nunca se dieron vuelta algunas cosas claves, comenzando por la Constitución que sigue siendo herencia de la dictadura”. De manera que, a nivel continental, “ellos nunca pierden las esperanzas de volver a dominar como durante las dictaduras militares y, lamentablemente, en estos últimos tiempos sufrimos grandes retrocesos”, indicó.
En 1970 la UP ganó la elección por un estrecho margen, pero en los comicios municipales del año siguiente, los partidos que integraban este frente, entre ellos el PC, sumaron el 48,6 por ciento de los votos y ya en las elecciones parlamentarias de marzo de 1973, después de dos años de una brutal y constante agresión económica por parte de Estados Unidos, la Unidad Popular sacó el 44,2 por ciento. Pese a esa contundente manifestación de apoyo, seis meses más tarde se perpetraba el golpe de Estado diseñado por la CIA e instrumentado por buena parte de la clase capitalista que actúa en Chile, tal como lo hace en nuestro país hermano y en el resto de nuestra región en los días que corren a través de un esquema de representación política que es el que estuvo presente en la cita que el Foro de Madrid celebró en la capital trasandina la semana pasada.
Como no podía ser de otra manera, pocas horas antes de utilizar burdamente a la gesta de Malvinas en cadena nacional para intentar mejorar su deteriorada imagen pública, hasta ahí viajó Milei para elogiar a Pinochet, el mismo personaje que tuvo una participación determinante para que el submarino nuclear británico HMS Conqueror recibiera las coordenadas que le permitieron hundir al ARA General Belgrano fuera de la zona de exclusión que había delineado el propio gobierno británico; es decir, fuera del área de batalla. El hundimiento se produjo el 2 de mayo de 1982 y en ese acto criminal fueron asesinados 323 tripulantes del crucero. La orden la dio Margaret Thatcher, de quien Milei tiene un retrato en su despacho presidencial.