El Partido Comunista de la Argentina lo recuerda como a una de sus figuras claves, honrando su memoria y transitando sobre el camino que dejó su legado, en momentos en los que la lucha antiimperialista debe asumirse como la principal tarea de la etapa para todas las organizaciones revolucionarias.
Este miércoles 21 de enero se cumplieron 129 años del natalicio de Rodolfo Ghioldi, uno de los fundadores del Partido Comunista de la Argentina, que lo recuerda como a una de sus figuras claves, honrando su memoria y transitando sobre su legado. Tal como recalcó Jorge Kreyness, Secretario General del PC, en ocasión del acto por el 108 aniversario partidario, ese legado nos recuerda hoy que “la lucha antiimperialista tiene que ser la táctica y la estrategia de los movimientos revolucionarios de América”.
Con sólo trece años, Ghioldi se aproximó al Partido Socialista para integrar, junto a otros jóvenes, el ala izquierda partidaria de características antimilitaristas, internacionalistas y revolucionarias que dio nacimiento a la Juventud Socialista “Amilcare Cipriani”. Y con la constitución de la Federación de Juventudes Socialistas, es elegido miembro de su dirección desde donde en abril de 1916 lanzan su propio órgano, Adelante, del cual sería uno de sus más activos colaboradores.
Con la llegada de la Primera Guerra Mundial, el ala izquierda se opuso a la orientación proaliada del grupo parlamentario socialista, ya que defendió la neutralidad desde una postura internacionalista de clase. Con esa postura, participó como delegado al III Congreso Extraordinario del PS en el Salón Verdi de La Boca.
Una vez expulsados los sectores internacionalistas y en un contexto mundial atravesado por la Revolución Rusa, fue convocado el Congreso de los días 5 y 6 de enero de 1918, que votó la fundación del Partido Socialista Internacional. Si bien no pudo asistir a aquellas sesiones por estar enfermo, Rodolfo Ghioldi fue junto a Victorio Codovilla y Luis Emilio Recabarren uno de los gestores fundamentales del nacimiento del Partido Socialista Internacional y enseguida asumió la dirección del periódico La Internacional, órgano oficial de propaganda del PSI.
En diciembre de 1920 como parte de la dirección partidaria conformada en el III Congreso del PSI presenta el informe principal sobre las llamadas “21 condiciones” para adherir a la Tercera Internacional contenidas en la Circular Zinoviev. Ahí, el PSI pasó a ser el Partido Comunista de la Argentina. Fue electo secretario general del PCA y fue el primer delegado argentino destinado a Moscú para asistir a un Congreso de la Internacional Comunista.
Al año siguiente formó parte de las deliberaciones congresales de la IC, donde conoció personalmente a Lenin y demás líderes del comunismo internacional, tras lo que asistió como delegado de la Federación de las Juventudes Comunistas de Argentina (una vez conformada La Fede en 1921) al II Congreso de la Internacional Juvenil Comunista y como delegado del CC de los grupos comunistas sindicales al Congreso de la Profintern, la Internacional Sindical Roja.
Su vida fue la de un militante y un internacionalista con un particular interés y preocupación por la construcción de los Partidos Comunistas en nuestra región. En esta tarea fue que ya durante 1934 viajó a Brasil para cumplir, junto con el dirigente alemán Arthur E. Ewert, una misión en Río de Janeiro que le encomendó el Buró Sudamericano de la Komintern: participar en la organización de la insurrección que en noviembre de 1935 lanzara la Alianza Nacional Libertadora contra el gobierno de Getulio Vargas, bajo la dirección del dirigente comunista brasileño Luis Carlos Prestes. Ghioldi fue detenido, junto a su esposa Carmen Alfaya, el 23 de enero de 1936, sometido a torturas por la policía política de Río y condenado por un tribunal militar a cuatro años y cuatro meses de prisión que cumplió en la temible prisión de la isla de Fernando de Noronha. Desde la Argentina, el PCA creó el “Comité Popular pro Libertad de Rodolfo Ghioldi” y cuando en 1940 fue liberado una multitud de camaradas lo recibió en el puerto de Buenos Aires.
Entonces volvió a ponerse al frente de la dirección del PCA junto a Codovilla. Entre las distintas tareas que le tocó asumir se desempeñó en la secretaría general y como director del diario del PCA, La Hora. Fueron años difíciles en los que volvió a padecer cárcel, persecución y exilio, del que retorna en 1945.
Para las elecciones de 1951 es designado candidato a presidente por el PC, en una fórmula que comparte con Alcira de la Peña, y en plena campaña recibe un balazo que lo hiere de gravedad durante un acto en la ciudad de Paraná, Entre Ríos, en un artero un atentado contra su vida.
En abril de 1957 fue detenido, en el marco de la llamada “Operación Cardenal”, junto a su hermano Orestes, Ricardo Olivari, Emilio Troise, el escritor y dramaturgo Leónidas Barletta y Osvaldo Pugliese y trasladado a la prisión flotante del buque “París”, de donde es liberado junto a sus camaradas gracias a una masiva movilizacion que se agolpó en el puerto de La Boca. Poco después, en julio de ese año, fue elegido constituyente para la Convención reunida en Santa Fe que reformó la Constitución Nacional.
Desde 1953 hasta 1973, en la legalidad y en la clandestinidad, dirigió el semanario Nuestra Palabra, que pese a las constantes persecuciones nunca dejó de publicarse. A partir del 73 fue director del Centro de Estudios Marxistas del Comité Central del PC. La intensa labor propagandística y una profusa producción y difusión teórica, junto a su permanente práctica del internacionalismo proletario, marcaron su trayectoria política.
Sus escritos, recopilados en 1975-1977 en cuatro tomos, tratan temas que van desde la crítica filosófica hasta cuestiones militares, desde la doctrina marxista hasta temas específicos de táctica y propaganda. El apoyo a la Unión Soviética y el análisis del devenir de su historia fueron un tópico del que se ocupó de cerca, aunque siempre analizando a la par la historia y la política argentina, la situación brasileña y el contexto latinoamericano para proponer, desde el estudio general y particular de cada momento, alternativas para la transformación revolucionaria.
En 1985 fue el orador central del acto de bienvenida en el Obelisco porteño a la Brigada General San Martín de la FJC, recién llegada de Nicaragua. El hecho de recibir a la “Brigada del Café” representaba mucho más que un reconocimiento a los militantes internacionalistas de la Fede: simbolizaba el aliento que les daba a las luchas de los movimientos emancipatorios del continente que, bajo el influjo de la Revolución Cubana, estaban desarrollándose en distintos países y que inspirarían en gran parte el viraje del 16 Congreso del PCA. “El antiimperialismo es la táctica y la estrategia de la revolución en América Latina” afirmó en aquel multitudinario acto en el Obelisco, como se recordara con sentido del momento histórico el último sábado en el acto por los 108 años de la fundación del Partido.
Su apoyo a los debates partidarios por renovar una estrategia para la revolución en la Argentina fue de gran importancia. Esos debates promovieron el enfoque hacia una Revolución Socialista de Liberación Nacional, línea que terminaría por plasmarse en 1986 en 16 Congreso del PCA, que al morir unos meses antes él no podría llegar a ver.
Ghioldi, también conocido como Juan Olivieri, Indio o Ricardo Gramajo, entre otros alias que adoptó en distintos pasajes de la lucha clandestina, nació en Buenos Aires un 21 de enero, misma fecha en la que justamente su principal guía político, Vladimir Lenin, moriría unos veintisiete años más tarde. Fue uno de los más destacados continuadores del leninismo no sólo en nuestro país, sino también en nuestra región, donde aportó a la creación de Partidos Comunistas en el cono sur. En “Lenin y el pensamiento contemporáneo”, publicado por Anteo en 1972, profundiza en el análisis de las enseñanzas del gran líder de la Revolución Bolchevique anclándolas a la realidad concreta y haciendo énfasis en la lucha antiimperialista y el internacionalismo proletario como vía al socialismo.
Rodolfo Ghioldi fue un hombre de su época, un comunista cabal que comprendió como pocos la dinámica de aquel convulsionado siglo 20 y, desde esa perspectiva, supo trascender dejando un legado que cobra vigencia cada día, al tiempo que enriquece significativamente el ideario y la acción política de todos y todas las comunistas.
A 129 años de su nacimiento, vuelve a nacer en la solidaridad con Palestina, en la defensa de la Revolución Cubana, la Revolución Sandinista y la Revolución Bolivariana. Ghioldi renace en cada acto de repudio a las amenazas y el salvajismo del imperialismo yanqui contra los pueblos de Nuestra América y en cada voz que exige la libertad de Nicolás Maduro y Cilia Flores. Está presente cada día, en cada lucha contra el ajuste, la entrega y la represión que ordenan el FMI y el gobierno estadounidense. Y en la indispensable voluntad política por construir un gran Frente de Liberación Nacional y Social en nuestro país.